No se me ocurre una muestra más reveladora para compartir con los fans de lo que era nuestra vida en aquel momento”. La frase corresponde a la autobiografía oficial de Slash, el inconfundible guitarrista de los Guns N’ Roses, refiriéndose al tema que cierra su mastodóntico “Appetite for Destruction” (1987, Geffen Records), el álbum debut más vendido de todos los tiempos.

Un elepé insuperable donde se encuentran uno de los mejores y más revolucionarios primeros singles que existen como “Welcome To The Jungle”, uno de los riffs más famosos (y sencillos de aprender) de la historia en “Sweet Child Of Mine”, la probablemente mejor forma de cerrar un concierto de rock and roll (“Paradise City”) y la canción más sexual que se ha grabado en un estudio, “Rocket Queen”. Y como todo en esta vida tiene que ver con el sexo, es de esta última de la que vamos a hablar.

Corría el año 1987 cuando los planetas se alinearon y los miembros de Guns decidieron dedicar parte de su tiempo a encerrarse a grabar su primer disco. El grupo angelino era sin duda el más talentoso de los que habían salido de la escena glam, pero fuera del estudio no eran muy diferentes a los Mötley Crüe o Poison de turno. Rodeados de drogas inmundas y bailarinas de medio pelo y barra vertical, Axl Rose, Duff Mckagan, Izzy Stradlin, Steven Adler y Slash recorrían todas las noches los garitos que poblaban Sunset Boulevard en busca de desenfreno, procurando desintoxicarse de la rutina laboral intoxicándose con todo lo que podían.

Los cinco miembros eran de sobra conocidos en la costa californiana debido a su estancia en dos de las bandas locales más populares (Hollywood Rose y L.A. Guns) que precedieron a esa máquina de hacer dinero llamada Guns N’ Roses. Por ello, no había camello, groupie, stripper o prostituta que no hubiera tenido contacto con alguno del quinteto, lo que justifica que su ópera prima es una oda a las drogas duras, alcohol barato y el sexo sucio.

Son incontables las canciones dedicadas a la lujuria, el libertinaje y la concupiscencia. Del mismo modo, son innumerables los temas en los que se habla de la infidelidad y relaciones paralelas donde se desarrollan tramas orgiásticas con varios protagonistas. Sin embargo, sólo “Rocket Queen” puede presumir de tener dos personajes femeninos principales cuyas vivencias no convergen en ningún momento: Barbie Von Grief y Adriana Smith. Una es la estrella en la teoría, la otra en la práctica; Barbie pone el alma, Adriana el cuerpo; amor contra sexo; esencia vs presencia, esta es la intrahistoria de la canción más explícitamente erótica que se ha compuesto.

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Cuatro años antes de grabar el “Apettite” y dos antes de poner voz a GnR, Axl era cantante y miembro fundador de Hollywood Rose. En esa época, el vocalista estaba perdidamente enamorado de una joven adolescente llamada Barbie Von Brief, dueña de un prostíbulo y emblema del panorama underground que dominaba la ciudad. Tal era la admiración que Axl sentía por ella que se tatuó en el antebrazo su rostro para exponerlo en cada escenario que pisaba.

La joven musa, que apenas contaba con 18 años, se ganaba la vida de stripper mientras luchaba por cumplir el sueño de su vida: grabar un álbum. Mientras mantenía una relación con el pelirrojo artista, editó dos trabajos que apenas tuvieron reconocimiento pero que le permitieron hacer realidad su deseo de tener su propia banda. ¿El nombre de esta? Rocket Queen.

Cuando Axl la escribió, en su cabeza sólo estaba la dulce y díscola Barbie. Es cierto que hay muchas mujeres, ahora madres y esposas, que han servido de inspiración para las letras de Rose, famoso no sólo por su peculiar voz, su contoneo ofídico y su a menudo comportamiento errático sino por su facilidad para enamorarse hasta las trancas. “Rocket Queen” es quizá la más enérgica de todas sus poesías dedicadas, pero no por eso pierde un ápice de magnitud, gracias al guitarreo áspero y el rango quebrado con el que su compositor la recita.

Contada la perspectiva romántica toca narrar la jugosa, esa por la que este tema es todo lo que he venido mencionando hasta el momento. Nos situamos en el estudio de grabación. Allí se encuentra toda la banda junto a Adriana Smith, una –otra más– stripper que en ese momento mantiene un noviazgo con el batería del conjunto, Steven Adler, y que tiempo atrás tuvo una relación con Axl.

Tras grabar la pieza que cierra su primer LP, Axl considera que al tema le falta algo para ser redondo y sugiere añadir unos gemidos femeninos durante el solo de guitarra. Adriana se presenta voluntaria y propone que, como no hay nada más real que la propia realidad, mantenga in situ una relación sexual mientras la grabadora hace su trabajo. Desde aquí, la realidad supera a la ficción y a cualquier de nuestros mejores sueños.

Lo lógico sería pensar que la candidata fuera grabada con su novio, pero como en esa época y en ese grupo todo era extravagante, Adriana exige que sea con Axl para así dar una lección al promiscuo Steven. Ahora es el momento en el que te encuentras confuso, ojiplático y dedicando lindezas a la ilusa chica, pero agárrate que esto no ha hecho más que empezar.

Debido a esa sensación de creerse por encima del bien y del mal que adquieren todas las estrellas, del Jack Daniels y otras sustancias que confluían en el recinto y de que Slash, como compañero de habitación de Axl, conocía los polvos que en su día echaron Adriana y el cantante y cerciora que los gemidos darán el pego, todos aceptan con sorna e indiferencia e incluso presencian el espectáculo en primera fila. Sí, todos, novio incluido. El resultado: casi un minuto de sensuales gritos que dejan a los de Robert Plant en “Whole Lotta Love” a la altura de los de un púber virginal y convierten a este “Rocket Queen” en una de las piezas más alabadas por los fans.

Una canción de más de seis minutos que en directo llega a durar veinte, debido a que Slash, ante la ausencia de jadeos, se dedica a rasgar su Gibson como sólo él puede hacer, provocando en los espectadores una extática excitación similar a la de los gritos de Adriana Smith. Bueno, quizá no es igual, pero ya saben que, ante la falta de sexo, lo mejor no es comer chocolate, sino escuchar rock and roll.