Ya lo hemos dicho muchas veces, pero no está de más comentarlo de nuevo: la psicodelia goza de un excelente estado de forma en nuestro país. No dejamos de disfrutar de propuestas heterogéneas que expanden las fronteras del género y lo enriquecen. A buen seguro una de las más llamativas y recientes la encontramos en Bifannah, un cuarteto gallego que, no conformes con la mezcla clásica y conocida de psicodelia y garage, se animan a integrar en esta nuevos recursos, estilos y sonoridades con las que se han labrado una personalidad atractiva, característica y, ciertamente, exótica.

Guillermo Vázquez Zapata (voz y guitarra), Antía Figueiras (bajo y coros), Antón Martínez (batería) y Pablo Valladares (órgano) son cuatro amigos que comparten un proyecto común a pesar de las dificultades que puede entrañar la distancia. Procedentes de Vigo, actualmente residen en Galicia, Madrid y Londres, lo que no ha sido impedimento alguno para llevar a cabo su idea de integrar un grupo juntos. Para Bifannah la geografía no es un elemento adverso en sus aspiraciones. Muy al contrario, la transforman en su aliada. La mezcolanza de elementos de diferentes lugares y culturas y su ausencia de prejuicios conforman su gran valor. Así es como han conseguido dar lugar a “Maresia”, su primer larga duración.

De influencia sesentera, este álbum está compuesto por diez canciones repletas de un garage psicodélico que ornamentan con western y los ritmos más tropicales. Así, nos encontramos con temas como “Kala-Mala” (el más original del álbum dada su destacada sonoridad) y el aire fronterizo de “Aquela Maldição”, “A Bruxinha” o el que muestra la excelente, aunque escueta, trompeta de “Sol de Chuva”, de la que esperamos más presencia en futuras referencias. Pero “Maresia” sobresale, principalmente, por su buen hacer melódico, sus estupendas armonías vocales y sus teclados, los cuales reclaman un protagonismo incesante que se paladea con gusto.

Hablamos con Guille y Antón sobre ello, sobre cómo se lleva un grupo a distancia y sobre su particular estilo. Sobre “Maresia”, su visión de la escena psicodélica y algunos temas más. Vía Skype y a tres bandas, por supuesto. No podía ser de otra manera.

La primera pregunta es recurrente y obligada. ¿De dónde viene el nombre del grupo?

Antón: Eso se lo preguntas a Guille. [Risas]

Guille: La bifana, sin dos ‘n’ y sin ‘h’, es un plato portugués que se toma bastante allí, de noche, a ciertas horas. Y, bueno, el origen de cantar en portugués viene porque yo estuve viviendo cinco años en Portugal. También nosotros íbamos a Oporto porque es algo recurrente y fácil allí en Galicia, y después de una noche tomando bifana nos hicimos un poco la paja mental de qué pasaría con esa bifana, cómo estaría y tal; y a la hora de buscar nombre para el grupo nos molaba como sonaba. La sonoridad, el concepto, creo que nos da un poco pie a eso. Y la verdad es que no tiene mucha más historia.

¿Y lo de añadir la segunda ‘n’ y la ‘h’?

Guille: Es un tema estético para… [Risas] darle un poco más de fantasía al asunto.

Antón: Sí, yo creo que era para hacerlo un poco más exótico. Una palabra no relacionada. Nos gustaba que tuviese su origen en el tema del bocata, pero luego llamarnos como un bocadillo nos mataba todo el romanticismo. Entonces dijimos: vale, un punto medio”.

¿Cómo y cuándo se formó la banda?

Antón: Guille, Antía y yo nos conocemos desde hace muchos años. Guille y yo tocábamos en otro grupo antes y ellos dos tocaban por otro lado. Éramos amigos. Cuando yo me vine para aquí [Antón vive actualmente en Londres] fue cuando dejamos el otro grupo. Más o menos todos tuvimos nuestros momentos en los que separamos nuestros caminos vitales y profesionales, pero siempre con Vigo como punto de unión.

Siempre hubo una idea con Guille para hacer algo. Él hacía sus cosas por separado, también. Y yo le dije: si alguna vez necesitas que te eche una mano con la batería, el estudio o lo que sea…”. Fuimos masticando a lo largo del tiempo esa idea de hacer algo y siempre aparecía en la conversación después de cuatro cervezas. Una vez, un día, pasó en la primera cerveza, y dije: bueno, esto va en serio”. Entonces nos juntamos en una de mis escapadas a ver a la familia y todo muy bien. Nos juntamos una tarde, teníamos tres o cuatro ideas, bases que habíamos escuchado antes, y allí le dimos una oportunidad simplemente por ver cómo fluía. Y muy bien. Entonces nos lo planteamos como algo a distancia y nos pusimos a trabajar para hacer el EP. Todo fue muy rápido.

Una vez grabado el EP quedamos muy contentos, y dijimos: mientras se pueda hacer y vayamos haciéndolo sin sacrificar nuestras vidas y nuestros cerebros, podemos hacerlo a distancia”, y hasta ahora. Luego entró Pablo, porque en directo necesitábamos un cuarto [miembro]. También lo conocíamos de Vigo y de otros grupos, y le gustó la primera vez que nos vio en directo. Todo fue muy natural. Surgió y dijimos: bueno, vamos a hacerlo”.

¿Cómo trabajáis así? ¿En qué medida afecta que Antón esté en Londres al proceso de composición y a los ensayos?

Guille: La verdad es que tenemos algo sistematizado el tema de componer, que es lo que más conflicto puede llevar y al final es lo más fácil. Es mucho más complicado poder preparar un directo o versiones, que sí nos damos muchos empachos de ensayos. Una vez que estamos juntos intentamos aprovechar mucho el tiempo. Al estar a distancia nos obligamos a tener los calendarios mucho más claros a la hora de cerrar fechas y cómo planear el tema de los propios ensayos con un margen de tiempo suficiente.

Yo creo que, como ya nacimos con este tema, lo tenemos como integrado. A veces piensas que si estuviéramos los cuatro en la misma ciudad sería totalmente diferente. Por ejemplo, para componer el disco lo hicimos enviándonos las canciones, las ideas, y hemos estado desarrollándolas con tiempo. Luego, en la puesta en común, en los ensayos, íbamos redondeando un poco las canciones. De momento la cosa va tirando y a ver cómo sigue.

Antón: Sí que es verdad que los temas de los ensayos nos obliga a ser muy serios con ciertas cosas y a decir: vamos a estar tres días juntos. Pues vamos a estar a esto, a esto y a esto”. Lo mismo cuando compartes ideas o cuando escuchas. Todo te lo tomas más en serio. La productividad crece un poquito más.

Y otra cosa que yo creo que se nota es que no llegamos cansados de las canciones al estudio. Muchas de las canciones se acaban de hacer en el estudio. Tenemos cuatro o cinco ideas claras, sabemos donde las queremos llevar, pero muchas veces salen simplemente por estar allí, cuando probamos nuevas sonoridades e instrumentos. Agota, el estudio, pero no llegamos agotados antes. En el estudio queremos probar todo porque no tuvimos tiempo antes, pero intentando mantener la frescura de que salgan las cosas de forma natural.

Comentaba Antón que tras el primer EP se incorpora Pablo Valladares para hacerse cargo del órgano. Y, de hecho, es un instrumento con mucho protagonismo en “Maresia”. ¿Teníais enfocada la idea de darle un mayor protagonismo a ese instrumento?

Guille: Sí. Realmente, en el momento en que grabamos el LP, las teclas las grabó Antía. En el EP, ese sonido, el teclado, ya nos gustaba, nos gustaba tirar por ahí. Ese tipo de teclados no los habíamos probado nunca con un grupo y Antía tiró por ahí, pero tocaba también el bajo, metía los coros y claro, tenía menos capacidad en las presentaciones en vivo. Había cosas que nacían de melodías de guitarra y voz, otras que partían de la base de teclado… Pero no fue nada premeditado tampoco, simplemente al tener una persona centrada en su instrumento creció un poco todo. Creo que también Antía, con los bajos, pudo tener más tiempo para desarrollarlos, igual que con las percusiones también pudimos darnos más margen. Es un paso natural, como si metiéramos, y no descartamos para los próximos discos, algunos vientos. Pues tendremos que llevar a un saxofonista y a un trompetista, pero es un proceso natural. No era nada premeditado, pero sí que al final tiene su peso.

¿Cómo describiríais vuestra música?

Antón: Pufff esa…

Guille: Cuando nos preguntan nunca sabemos exactamente qué decir. Creo que hay bastantes pinceladas de cosas que evidentemente nos gustaban y que queríamos poner en práctica, y que salen con mayor o menor éxito y resultado, como se nota en la música. Creo que hacemos música con reminiscencias de los años sesenta y setenta en todo su aspecto amplio: desde garaje, pop, psicodelia… El tema del portugués nos lleva a descubrir cosas hacia la tropicalia, pero siempre intentando traerlo e interpretarlo hacia el siglo XXI, alejándonos de lo, entre comillas, pureta. Más que definir qué hacemos, que son más bien etiquetas, hablamos de por dónde nos gusta llevar las canciones, porque luego sí que hay canciones que son más de su padre y de su madre y es imposible etiquetar: esto es un 20 % garage, más otro 10 % pop, más…”. Entonces, el resultado total es un poco eso.

Antón: El otro día nos dijeron que no sonábamos tanto a psicodelia, sino a músicas del mundo, que me parece la etiqueta más maravillosa del mundo porque todo es música del mundo. Sí que es verdad que, entre el EP y el disco, lo que escuchábamos se amplió de manera muy grande, porque empezamos a meter el oído en bandas de sesenta-setenta, tropicalia-Brasil y de ahí pasamos a la África con idioma portugués para ir a África en general. El espectro de sonidos e influencias creció exponencialmente. Además, al no estar juntos tampoco nos contagiamos mucho de gustos. Si estuviésemos todos juntos en la misma ciudad al final estaríamos compartiendo lo que escuchamos en todo momento y no llegaría ese momento en el que llegas al ensayo para componer los cuatro juntos y de repente dices: voy a hacer esto”, y nadie se lo espera. Creo que eso enriquece bastante.

Queríamos hacer un disco que nos sorprendiera, que tuviera dinámicas y matices que con el tiempo pudieras ir descubriendo.

Al principio comentó Guille que el origen de cantar en portugués viene porque él estuvo viviendo cinco años en Portugal, pero, ¿por qué cantáis en portugués?

Guille: Es un capricho casual a la hora de empezar a ver las canciones y elegir en qué idioma cantar, que es un debate en el que se centran todas las bandas, salvo alguien que ya lo tenga muy claro desde el principio. Ya habíamos probado con otros proyectos el tema de cantar en español o en gallego, y lo del portugués es un poco ensayo-error y la posibilidad de probar con otra sonoridad. Sobre todo por la sonoridad y todas las posibilidades que nos daba. Algo que en su momento no teníamos tan presente, y ahora igual sí, es que nos permite acercarnos a diferentes grupos y diferentes estilos que a lo mejor en inglés nos reduciría un poco más. Es la excusa para buscar otro sonido. Nos gusta cómo suena, da a las canciones matices diferentes y nos permite hacer letras más cómodas sin tener que recurrir al inglés ni a la sonoridad directa del castellano, para el que tenemos un oído más sensible. Pero bueno, igual dentro de unos años cantamos en otra cosa. Sería raro, pero no estamos cerrados a nada.

Vuestro primer EP fue autoproducido. ¿Cómo surge la oportunidad de firmar con The John Colby Sect?

Antón: Bueno, el proceso normal de un grupo es ensayar, hacer muchas canciones, tocar y luego grabar algo. Para nosotros fue completamente al revés. Decidimos ensayar, componer, hicimos cinco temas y los grabamos. Supongo que esperando ese empujón que nos pudiese dar el que a alguien le gustase y nos dijera: vamos a por ello”. Lo subimos a Bandcamp y no lo enviamos a muchos sitios, pero sí a unos sellos así pequeños que nos sabíamos. Teníamos referencias de grupos, de gente de la escena que nos gustaba y creíamos que podían apreciarlo. Y unos con los que hablamos fueron con The John Colby Sect, que los teníamos controlados por un grupo de Coruña, Fogbound, de psicodelia también, de Galicia.

Nos sonaba así, de lejos, y teníamos una referencia. Se le mandó y muy rápido, en un par de semanas, tres semanas, decidieron que sí, que les apetecía, les gustaba mucho. Nosotros teníamos que ser muy claros con el tema de la distancia, diciéndoles que teníamos ciertas limitaciones, pero bueno, pareció funcionar. Ellos ya tenían experiencia, de hecho, porque el batería de Fogbound, Pibli, también vive en Asturias. Obviamente, Asturias no está tan lejos como Londres, pero tienen una forma de trabajar más o menos parecida de ensayar cuando hay conciertos, ensayar todos juntos, y el resto del tiempo ensaya cada uno por separado.

Hablamos con ellos [con The John Colby Sect] y nos dieron muy buenas vibras. Eran una pareja de baile, como se dice, adecuada, porque entendieron las peculiaridades de nuestro proyecto y nosotros entendimos sus peculiaridades, porque es gente que va a darlo todo por ti, pero dentro de sus posibilidades y del tiempo que puedan tener, de las posibilidades económicas y demás. De hecho, después de estar con ellos, tardamos meses en conocerlos. Fue un día terrible porque Juan no llegaba al concierto, llegó tarde. Inés estaba enferma y no pudo venir a vernos. Pero nada, ahora somos muy amigos y nos une una relación, no sólo de interés mutuo, sino que forman parte ya del proyecto. Ellos pelean porque nos vaya bien y nosotros peleamos porque a ellos también les vaya bien. Es bastante recíproco.

¿Cómo fue el proceso de grabación de “Maresia”?

Guille: Pues aquí se me pierden un poco las fechas, pero digamos que en otoño del año pasado se puso sobre la mesa la posibilidad de preparar un disco de larga duración. Nosotros no sabíamos muy bien si quizá a John Colby les interesaba sacar un single e ir creciendo poco a poco. Ellos vieron claro que era el momento de apuntar alto, de hacer un disco. Teníamos algunas canciones hechas que nos gustaban y otras que estaban hechas y no habíamos grabado, pero que al final se quedaron fuera. Nos pusimos un periodo total: desde que empezamos a componer hasta tenerlo listo para grabar, creo que fueron entre tres o cuatro meses. Grabamos demos, preparamos un poco las canciones, las estructuras, con el problema de la distancia y tal, pero le metimos bastante caña. Conseguimos, a diferencia de la anterior vez, grabar demos para poder trabajar sobre ellas, hacer una especie de bocetos de las canciones, para probar, para frikear un poco. Y nos apetecía, también, darles un punto más para que las canciones crecieran. Queríamos hacer un disco más especial que el anterior, original para nosotros, que nos sorprendiera, que no fuera un disco que nos aburriera pronto. Que fuera un disco que tuviera dinámicas, que tuviera matices que con el tiempo pudieras ir descubriendo.

A partir de ahí: coordinar fechas, elegir un poco cómo grabábamos, con quién y luego cómo mezclábamos, que también fue bastante viajero. Al final grabamos el disco en el mismo lugar donde grabamos el EP, en el estudio Terraforma, en Galicia (en Hío), con Ibán Pérez, y eso sí que fue bastante intenso. Fueron días de dejarnos la cabeza y el espíritu allí. Decidimos hacerlo sin ayuda de producción. Ibán sí que, evidentemente, ayuda a producir, pero es más ingeniero de sonido que productor. Dábamos por hecho que la labor de preproducción ya la habíamos hecho nosotros, y es bastante exigente hacerlo sin una visión externa, de manera que te puedas sentir liberado para decidir todo el tema de detalles y tal.

Lo grabamos en cinco días en total, y después se mezcló con Jasper Geluk, que es un técnico de sonido que conocimos cuando tocamos con los Allah-Las en Madrid. Es técnico de directo de los Allah-Las y técnico de grabación de Jacco Gardner, por ejemplo. Y cuando llegó a Holanda le escribimos que nos habíamos conocido, que nos había gustado…”. Y hablando con él vimos que era posible hacer la mezcla a distancia, vía Skype, con los parámetros que buscábamos en común y con cómo él podía entender nuestras canciones. Había canciones que no teníamos muy claro cómo mezclarlas, decíamos: tenemos esto, a ver cómo enfocamos todo este tema”, y al final resulta que sí que pillaba justo lo que nos gustaba. Creo que fue una combinación perfecta. Y luego la masterización se hizo en los estudios Brazil, aquí en Madrid. Así que el disco fue entre Galicia, Holanda y Madrid. Fue a tres bandas también. Esa es la historia.

Antón: De hecho, con Jasper, lo que dice Guille de las maquetas, yo creo que nos ayudó muchísimo a nosotros y ayudó también, en general, a Ibán a saber enfocar un poco lo que buscábamos, aparte de referencias escritas y de discos que decíamos: queremos que el sonido de bajo vaya más con esta idea”. Yo creo que el tener un poco las estructuras ayudó mucho. Ayudó a Juan e Inés de The John Colby Sect a saber más o menos lo que íbamos a hacer [Risas], porque si no podían asustarse mucho, aunque luego se llevaron grandes sorpresas porque, obviamente, una cosa es la maqueta y otra cosa es cómo lo tenemos nosotros en nuestra cabeza, que confiamos en lo que podemos hacer y lo que queremos hacer.

Pero en el caso de Jasper se la mandamos repitiéndole veinte veces: por favor no le hagas mucho caso [a la maqueta] o directamente no se las mandamos”. Queríamos oídos frescos, que no estuviesen mediatizados por nada. Queríamos que la primera mezcla, al menos, fuese completamente sin idea. Lo que viniese de él. A lo mejor había ciertas cosas en las que tú estás empeñado, como en que una guitarra es fundamental en ese tema y, de repente, él considera que el teclado es maravilloso, tú nunca lo valoraste así y le da un carácter distinto. Entonces, creo que lo de las maquetas fue inteligente hasta cierto punto. Creo que es bueno tenerlas, pero luego jugar con ellas y decir: ahora las vamos a utilizar, ahora no”. Y fue un poco ese equilibrio, el tenerlo controlado hasta cierto punto.

Hay gran variedad de influencias en el disco que amplían el abanico estilístico del grupo respecto al EP del pasado año. Quizá “Kala-Mala” es la canción más llamativa por ese ritmo tan marcadamente brasileño, pero también hay una apuesta fuerte por la música western en canciones como “Aquela Maldição” y “A Bruxinha”. ¿Este proceder fue premeditado o surgió de forma natural?

Guille: En el caso de “Kala-Mala” sí que puede ser más premeditado, porque metimos bastantes percusiones. En la grabación tuvimos la oportunidad de traer a un amigo de Ibán que tenía instrumentos brasileños y tocaba. Teníamos el matiz de por dónde queremos llevar todas las canciones, pero en el estudio era donde se matizaba mucho más. Igual que en “Sol de Chuva”, de repente, decidimos meter la trompeta, también. Son matices, arreglos instrumentales que a lo mejor en directo hay momentos en los que sí se pueden defender y otros no, siempre teniendo claro que queremos ser bastante fieles a lo que somos en directo, al natural.

Pero sí que nosotros podemos clasificar como cuatro o cinco estilos dentro del disco. Lo del western, por ejemplo, sí que estaba en mente. A la hora de componer salían guiños, y demás estilos asumidos, porque nos hacían gracia o porque nos apetecía llevarlo por ahí para darle un toque a la sensación final del disco, que es un poco de viaje casi geográfico a través de las canciones. Yo creo que sí teníamos miedo, al principio, de que cada cosa fuera de su padre y de su madre, pero al final el grupo es el que le da el matiz, el pegamento a todo para que “Kala-Mala”, “Faz-Me Mal” o “Aquela Maldição” estén en el mismo disco, lo escuches y digas: pues hay variedad de sonidos, pero siguen siendo fieles a su propio estilo”. Y en general, ese estilo, creo que sí nos puede acercar a algo más propio, más personal, algo nuestro. Es una cosa más personal que tratar de hacer un disco mucho más lineal, o más monotemático, en el que tengamos ocho canciones del mismo palo y dos arriesgando.

En este caso nos ha salido así. A lo mejor en el futuro tenemos un disco conceptual de ocho canciones en el que van todas hiladas. Pero, de momento, nos pedía eso el cuerpo y yo creo que ninguno de los cuatro se arrepiente de haber decidido ir por ese abanico de estilos.

“Magic Mamba” es la única canción que ya apareció en el EP que publicasteis a principios de 2016 y que habéis mantenido en el LP. ¿Por qué precisamente esa?

Antón: Siempre decimos lo mismo, pero por cuestiones de tiempo previo al EP y por tiempo de grabación hubo canciones del EP que no tuvimos esos tres meses para pensar en arreglos o profundizar en cada canción. Y “Magic Mamba”, mientras la tocábamos, era de esas cosas que envejecía bien, como se dice. Nos gustaba, nos parecía que tenía un carácter que, además, podía funcionar con el resto del disco. Por ejemplo, “Skeletor”, del EP, también funciona muy bien en directo, pero ya no la veíamos tanto en lo que era la intención global de las diez canciones del disco. Pero “Magic Mamba” sí. Tiene ese toque bossa nova, ese ritmo con el aro. Pero después de grabarla, como que nos quedamos así, y dijimos: esto podía haber crecido más”. Nos quedó esa espinita. Es que esta base rítmica la podíamos hacer así. ¿Y si le metemos percusión?¿Y si la aceleramos un poco más?¿Y si metemos algún arreglo más?”. Pensamos en la canción así. La enfocamos de esa manera y vimos claro que podía crecer y que funcionaba en el conjunto del disco. Lo decidimos así, y la verdad es que bien. Durante un par de semanas pensamos que era la que mejor había quedado del disco.

El diseño de la portada también es vuestro.

Antón: Sí. Antía diseña, ilustra… tiene un estilo muy característico. Ella es la que se encarga de casi todo el trabajo gráfico del grupo, todos los carteles y demás. Y para la portada teníamos también bastante claro por dónde queríamos llevarlo. La intención era un poco esa idea general, ese significado que no le importa a nadie salvo a los diseñadores y a los que diseñamos la portada [Risas]. Trabajamos entre los dos. Yo le eché una mano. Fuimos dándole forma y concepto a eso que decía Guille, esa sensación de viaje casi geográfico. Pero también jugamos con dos ideas, casi como dos orillas, donde estamos nosotros, o Brasil o cualquier otro sitio, jugando con la idea del amanecer y los espacios naturales que creíamos que funcionaba muy bien a nivel conceptual para el disco. Es un poco dualidad entre todo: entre colores, día-noche, portada-contraportada. Un poco eso, trabajando entre los dos. Siguiendo el estilo de Antía le dimos forma a lo que quedó como portada.

Una pregunta que también les hice a Fogbound: en España han surgido muchas bandas influenciadas por el rock psicodélico en los últimos años, y lo interesante es que cada una tiene un carácter muy personal que enriquece la escena. ¿Cómo la veis y/o la estáis viviendo vosotros?

Guille: Sí, estoy de acuerdo con lo que dices. Hay mucha variedad. Es que dentro de la psicodelia, ahora mismo, y todo el revival que hay desde hace como ocho años o cosa así, la propia esencia es que sea variado: desde Fogbound, que hacen más freakbeat, a Puma Punku, que hacen una cosa tirando más a sintetizadores y más actual. Es que hay un montón de referencias que yo no diría que es una respuesta a lo que puede pasar en Estados Unidos o en Australia, pero sí que, evidentemente, todo se ve influenciado. También es un estilo con un público bastante concreto. Sí que hay grupos que tienen la mano mucho más abierta y que pueden llegar a otros públicos.

No sé si hablaría de escena, porque la gente hace la guerra un poco por su cuenta, como casi siempre, salvo puntos geográficos muy concretos como puede que pase en algunos lugares de Galicia. Pero sí creo que se están haciendo grandes aportaciones a la escena. Vemos como se va hinchando la etiqueta de la psicodelia en España. Y también es verdad que veo que hay mucha gente que llama psicodelia en cuanto puede a algo, pero eso ya… [Risas] eso ya se va sabiendo y se va viendo a veces, va cantando. Pero sí que hay grupos como Melange, que nadie se esperaba que surgiera un grupo así en España, y de repente empiezas a sumar y a ver, y hay grupos con muchísima riqueza estilística y con unas referencias brutales. Y bueno, hay que aprovechar el momento, supongo.

No sé cómo, no sé de qué manera, el disco tiene algo, una especie de equilibrio difícil de identificar, pero parece que es bastante fácil de percibir para oídos de muchas clases.

Hay muchos sitios en Internet donde se habla de vosotros. Presentáis una propuesta musical atractiva que ha llamado la atención de muchos medios, pero, ¿cómo ha sido la recepción del álbum por parte del público?

Antón: Yo al vivir en otro país estoy un poco más desconectado. Sólo veo cómo responde el público cuando estoy tocando o después de tocar. Y, de hecho, desde el disco sólo hemos tocado en verano y es un poco distinto. Yo tengo muchas ganas de empezar a presentar más en salas, porque al final tocar en festivales es bastante frío. Salir lejos del público, al ser una banda que está empezando, relativamente, solemos tocar a primeras horas, entonces como que la gente no está tan en modo para disfrutar de la música, todavía están tomando alguna cerveza o quejándose de que la zona de acampada no está suficientemente bien.

No sé. En general, una de las cosas que yo creo, a un nivel personal, que no sé si es compartido, es que el disco le gusta casi a cualquiera. Hay gente que tiene muchísima cultura musical, gente que nos hace ilusión que nos diga que de verdad le gusta el disco, gente que tiene colecciones de discos kilométricas con muchísima riqueza de distintas décadas, hasta gente que no te esperarías que le gustase música como la nuestra, y les gusta. Yo tengo compañeros de trabajo aquí que han escuchado el disco. No entienden nada, pero les gusta, y no escuchan nada parecido a lo que escuchamos nosotros. A mis padres les gusta. Lo que hacía antes en otros grupos no, ahora sí. Creo que no sé cómo, no sé de qué manera, el disco tiene algo, una especie de equilibrio difícil de identificar, pero parece que es bastante fácil de percibir para oídos de muchas clases.

Estamos esperando a ver cómo es la acogida. Creemos que, en general, bien. En cuanto a, si se puede llamar crítica especializada, hemos tenido buenas palabras. De momento nadie lo odia. Supongo que escribir sobre cómo odias algo no es tan fácil como escribir sobre lo que te gusta. Y el público, en general, bien también. Pero ya te digo, yo tengo ganas de empezar con un circuito más de salas, o ahora en el Monkey Week, que va a ser un poco más cercano, con más tiempo para que luego alguien que te haya visto en directo comparta sus impresiones de primera mano contigo y ver cómo funciona a ese nivel.

Guille: Y saliendo también un poco, porque al final, ahora en verano hemos hecho Galicia y ha tenido buena acogida. Pero también tenemos ganas de sentir lo que es presentar el disco en Madrid o en el Monkey Week y todo lo que vaya saliendo de aquí al verano que viene. Tenemos bastantes ganas de salir de Galicia, porque al defenderlo fuera cambia bastante. Para mucha gente puede ser una novedad, habrá gente que igual no nos conoce tanto y que se hará con el disco. Lo que más ganas tenemos es de tocar fuera, tocarlo mucho, presentarlo por ahí y ver como respira la gente, que creo que puede ir más allá de lo que esperábamos.

Pues por mi parte nada más. Si queréis decir algo, hablar de algo que no hayamos tratado y que os gustaría comentar…

Guille: Nada, el tema de las fechas. Estamos el día 7 en Madrid, que vamos a hacer jornada completa. Vamos estar en Delia Records por la tarde, luego por la noche en la Wurli [Wurlitzer Ballroom] y luego pinchamos, creo. Y la semana siguiente vamos al Monkey Week, que estaremos el viernes por la tarde y el sábado también, con algo, pero no sé decirte muy bien que es [Risas]. Vamos al Monkey Week a lo que nos digan: ¿Queréis tocar aquí?”, venga, vamos, pa’lante, a jugar al toque”. Vamos como si fuéramos con el campamento puesto. Y esperamos fechas para Navidades, en Vigo, y poder ir cerrando cosas muy pronto. Y nada, a la espera de más fechas.

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