Varias de las mayores  leyendas de la música popular alcanzaron su punto artístico más alto en los sesenta. Pero no todos los artistas lograron brillar en aquella década dorada. Uno de los que se quedó a mitad de camino en la carrera por alcanzar el estrellato fue Bobby Jameson. El estadounidense buscó por todos los medios consolidarse, pero no alcanzó el sitial que tanto anheló. Tras el fracaso llegó el abuso de drogas, la depresión y el completo anonimato. Su obra no fue revisitada con el paso del tiempo, así que tampoco encontró en la madurez la reivindicación que hubiese querido. Finalmente, en 2015 murió sin alcanzar su sueño de ser una estrella del rock. La suya fue una vida de frustraciones y excesos.

Pese a su perenne lamento, Jameson tuvo un golpe de lucidez en sus últimos años. Desde el 2007 se encargó de sellar sus memorias en un blog. Gracias a esos relatos, Ariel Pink pudo conocer su historia. El de Los Ángeles se identificó rápidamente con Bobby. Puede que haya sentido que había cierto paralelo entre sus vidas. Como el difunto, Rosenberg pasó una larga temporada sin alcanzar la visibilidad que buscaba. Pero, a diferencia del surgido decenios atrás, Pink sí logró la consolidación. Desde 2010 no ha parado de crecer. Tanto que hoy por hoy es uno de los compositores más importantes del panorama musical.  Tal vez se sienta afortunado. Puede que por ello haya decidido, a través  del título de su más reciente disco, “Dedicated to Bobby Jameson”, hacer una pequeña reverencia al compositor con el que sintió identificación.

Pequeñas novedades para un gran disco

El cambio de discográfica (de 4AD a Mexican Summer) es sumamente importante para entender la dirección tomada por Ariel Pink. El artista ha tenido la libertad para grabar de forma similar a como lo hacía a inicios de los dos mil, cuando era una figura de culto en los circuitos más independientes: en su propia casa, de manera sencilla.

Es El LP es el primero del norteamericano para el sello Mexican Summer. Los tres anteriores fueron publicados por la disquera 4AD. Es sumamente importante conocer este dato para entender la dirección tomada por Ariel en el material del 2017. Gracias a su nuevo vínculo contractual, el artista ha tenido la libertad para grabar de forma similar a como lo hacía a inicios de los dos mil, cuando era una figura de culto en los circuitos más independientes: el trabajo ha sido registrado en su propia casa, de manera sencilla. El resultado: sonido lo-fi un tanto más cercano al de sus primeros elepés.

Pero más allá de eso no hay mayores novedades en el ámbito musical. Pink vuelve a apostar por un pop de autor tan potente que es imposible no engancharse desde la primera escucha. Toma lo mejor del rock progresivo y psicodélico, dream pop, soul, post-punk y funk y obtiene una mezcla altamente adictiva e inconfundible. Sólo él podría estar detrás de esos retorcidos mostros sonoros de apariencia juvenil. En el aspecto lírico, tampoco arriesga demasiado. Continúa por la ruta que ha seguido durante toda su trayectoria. Aunque el compositor se esmera en llenar sus canciones con letras que en un primer momento llevan al oyente a creer que no sería mala idea encerrarlo en un psiquiátrico, es posible encontrar ciertos hilos de coherencia entre los versos de los diversos tracks. Por un lado, el cantautor presenta composiciones cuyos hilos conductores son los altibajos de la vida: ilusión, desesperación, locura, enamoramiento, frustración, etc. Por otro, explota su imaginario a través de la creación de personajes que tienen como único punto de intersección el ser extremadamente estrambóticos. Es así como, por ejemplo, el público entra en contacto con seres como el Santa Claus forajido, la amante fantasma que aparece todos los días a las 5 de la tarde, la patrulla de la muerte o… Bobby Jameson.

El nuevo material es como un híbrido entre “Worn Copy” (oficialmente lanzado en 2005) y “Before Today” (2010). Del primero toma el acabado intencionalmente sucio; del segundo, la contundencia y regularidad. Ya que se menciona a los larga duración anteriores, es momento de aprovechar para decir que la producción del 2017 es más sobria, pero menos espectacular, que la del 2014, “pom pom”.

Fotografía: Eliot Lee Hazel

El laberinto Rosenberg

Pink vuelve a apostar por un pop de autor tan potente que es imposible no engancharse desde la primera escucha. Toma lo mejor del rock progresivo y psicodélico, dream pop, soul, post-punk y funk y obtiene una mezcla altamente adictiva e inconfundible.

Con el panorama más claro, es justo ingresar al laberinto Rosenberg. “Time to Meet Your God” da una gran bienvenida cargada de teclados y guitarras que disparan balas sonoras sacadas del rock progresivo setentero. Por un momento, el oyente  podría pensar que aún está escuchando los delirios del trabajo anterior. Pero no es así. Tan pronto como aparece “Feels Like Heaven” se dará cuenta de que el acabado de las melodías es distinto. La pista resalta por esa bella atmósfera dream pop que parece creada por los mismísimos Cocteau Twins. ¡Gran corte! El tono adormilado de la voz de Pink contrasta con la ilusión contenida en sus versos de amor: “I’ll be your dreamboat lover and roll the dice / We’ll shine in paradise / Get to know the things you fantasize / With you I swear it feels / It feels like heaven”Acto seguido el músico pasa del enamoramiento al temor. Los personajes retorcidos empiezan su desfile. Los primeros en pasar son los siniestros policías de “Death Patrol”, quienes atrapan a un aterrorizado cantante al ritmo de soul setentero: “They’re on the streets / They’re on patrol / Taking directives / Day by day / I know a captor when told takes hold / I told our agent “What do you know?”.

De pronto, el narrador muta hasta convertirse en un drogadicto paranoico en “Santa’s in the Closet”. Como marca el título, el pobre hombre se retuerce de miedo mientras alucina que todos a su alrededor son forajidos vestidos de Papá Noel: “Santa Claus is at the bar / Santa wants to break the law / Santa’s goin’, goin’ down / And Santa wants to go to hell”. Musicalmente el artista continúa en los setenta, pero esta vez con un regusto disco lleno de hipnotizantes sintetizadores y precisas líneas de bajo. Para la siguiente, Ariel retrocede unos años y toma una inclinación más psicodélica. “Dedicated to Bobby Jameson” inicia con unos tremendos teclados muy al estilo de The Doors. En la pieza, el vocalista recuerda el momento más oscuro del perturbado compositor fallecido en 2015: “He was a Tinseltown Tranny / And mayor of the Sunset Strip /…/ Safe and sound / What’s become of Jameson / Staring at dawn / Take heed from the sun / Seventy one”.

Presenta composiciones cuyos hilos conductores son los altibajos de la vida (ilusión, desesperación, locura, enamoramiento, frustración) y explota su imaginario a través de la creación de personajes que tienen como único punto de intersección el ser extremadamente estrambóticos.

A continuación, Rosenberg pasa al apocalíptico panorama de “Time to Live”. El oscuro sonido de la primera parte de la canción encaja a la perfección con unas voces, cual almas en pena, que claman por salir del inframundo: “Time to live / Time for life”. A medida que pasan los segundos, un aura shoegaze va cobrando protagonismo.  Las guitarras se tornan cada vez más feroces, mientras Pink plantea un escenario cargado de frustración y decepción. Temáticamente, podría guardar cierta conexión con la pista de apertura: “There is no future, there’s no present, only pain / And when you cry, your love is dying all the same / It’s time to die, we must be vigilant and safe”. Mientras un gran tramo de la creación ofrece un audio caótico, los instantes finales están marcados por la paz sonora del fondo del mar. Esta tranquilidad encaja a la perfección con el comienzo acústico de “Another Weekend”. En ella, la pena por la pérdida del ser amado se apodera de los sentidos versos de Ariel: “Feel a body floating all around me / I turn around, but you are not there / Though I fail to ignore this resignation / You’re standing there / Every day, about five in the evening / I thing of all that went wrong / We were once so happy together / But not for long”.

Casi sin darse cuenta, el oyente ha llegado a la mitad del LP. Es el momento de “I Wanna Be Young” y sus destellos soul, que la conectan con “Death Patrol”. Líricamente podría guardar cierta relación con la pieza dedicada a Bobby Jameson. En el corte el narrador se muestra frustrado por el paso de los años. Como se mencionó en la génesis del texto, el artista fallecido en 2015 pasó gran parte de su vida atrapado en el recuerdo de su etapa juvenil, cuando luchaba por convertirse en una estrella de rock. Luego, la pegajosa “Bubblegum Dreams” aparece para recrear cómo sonaría un single de The Jesus and Mary Chain versionado por The Archies. O al revés. Así de divertidamente absurdo y genial es Ariel Pink.

Desde 2010 Ariel Pink se ha convertido en una especie de rey Midas de la música popular: todo lo que toca lo convierte en pop… pop bizarro, personal y retorcidamente divertido. El disco no presenta cortes de relleno, cada una de las piezas atrapa y desconcierta por algún detalle en específico.

Tras la sobredosis de guitarras distorsionadas y azúcar, es el turno de la irrupción de tres nuevos personajes que se suman a larguísima lista de criaturas creadas por el norteamericano. Mientras en discos pasados el público fue testigo de la aparición de seres como la rana fiestera en Las Vegas (“Exile on Frog Street”) o el eternamente servicial chico de la peluca (“Little Wig”), en “Dedicated to Bobby Jameson” está presente cuando la posta la toman otros aún más ilógicos y/o divertidos. El primero de este tramo es el de “Dreamdate Narcissist”, un patético pseudo-promiscuo de la era digital: “What a fine day / After we spa / Netflix and chill and we pick some new dogs / She sent for my Uber ‘cause she wanted some dick / ‘Cause I’m a dreamdate narcissist”. El segundo es la amante fantasma de “Kitchen Witch”, en la que la atmósfera dream pop de “Feels Like Heaven” recobra protagonismo. El tercero, y tal vez más interesante, es el embaucador magnate de la industria musical que protagoniza “Do Yourself A Favor”. La pista es la última que podría vincularse directamente a Bobby Jameson. En ella, mientras la guitarra marca un sencillo inicio acústico, surge un cantante con una voz que a más de uno le hará recordar al gran Lou Reed.

Tras un intrincado (pero rápido) trayecto el oyente ha llegado al final de una producción notable. Rosenberg no falla en el remate. En “Acting”, adopta el código funk para hacer una interesante reflexión. Propone que la vida no es más que una gran actuación. Todos creamos personajes y nos aferramos a sus virtudes y defectos. Podemos representar a cretinos como el narcisista, el empresario de la discográfica o los guardias de la patrulla. O también podríamos interpretar a sus tristes víctimas.  Pero, ¿qué hay detrás de las apariencias? Tal vez un cúmulo de sentimientos (como la desesperanza, ilusión o  frustración) que nos muestran en nuestra real fragilidad. Puede que eso haya sido lo que el músico encontró en los ‘posts’ de Jameson.

“Dedicated to Bobby Jameson” llega para pelear un puesto en las listas de lo mejor del 2017. El disco no presenta cortes de relleno, cada una de las piezas atrapa y desconcierta por algún detalle en específico. El LP no es una obra maestra, pero encanta. Si uno quiere ser quisquilloso, sin duda señalaría que su punto flaco está en la falta de una secuencia narrativa sólida, ordenada y clara. Pero no se puede pedir peras al olmo. Esta es una obra de Ariel Pink, no del David Bowie de inicios de los setenta. Como tal, está llena de caos, disparates y extravagancias. Desde 2010 el norteamericano se ha convertido en una especie de rey Midas de la música popular: todo lo que toca lo convierte en pop… pop bizarro, personal y retorcidamente divertido. Si Jameson hubiera escuchado el larga duración que Rosenberg le ha dedicado sin duda habría encontrado cierto consuelo.

Ariel Pink – Dedicated to Bobby Jameson

8.9

Ariel Pink sigue en racha positiva en esta década. Aunque “Dedicated to Bobby Jameson” es menos espectacular que “pom pom”, no deja de ser un disco excepcional. El angelino apuesta por una producción más en la línea lo-fi de sus primeros trabajos, pero con la contundencia de los lanzados en los últimos años. Pop de autor de primer nivel.

  • Quienes disfrutaban del sonido lo-fi de los primeros años sin duda estarán contentos con la producción de este LP.
  • En “Acting” Rosenberg se muestra extrañamente sincero. La pista funciona para dar cierto orden al caos del disco.
  • Cualquiera de las 13 canciones podrían ser singles principales. La capacidad de Pink para crear disparatadas (y brillantes) melodías pop sigue vigente.
  • Sin duda la dedicatoria del álbum servirá para que los medios y el público repasen los trabajos de uno de los tantos músicos que se perdieron en los sesenta.
  • La versión digital cuenta con un bonus track poderosísimo, “Revenge of the Iceman”. Una especie de final alternativo.
  • El retorcido ingenio de Ariel para crear personajes chiflados.

  • Unos demenciales giros como los de “Dinosaur Carebears”, de “pom pom”, habrían encajado a la perfección.
  • Con algo más de fuerza en el lado narrativo el disco habría sido una obra maestra.