Si me rindo al mal uso del término ‘indie’ que estoy quemado de criticar en vano puedo empezar esta reseña diciendo abiertamente que éste es el mejor disco indie del año. Al menos, tal y como entiende el indie la mayoría, pese a ser publicado por una major como RCA. Y como vivimos en democracia, a veces uno simplemente tiene que ceder y acatar que la mayoría ha elegido al señor de la barba y las frases chistosas como presidente, o que para esa misma mayoría ‘indie’ es cualquier cosa que vaya al Sonorama o no conozca.

A rey muerto (o desaparecido en combate), reina puesta

“Visions Of A Life” borra de un plumazo la posibilidad de que Wolf Alice fueran flor de un día y de paso nos ha hecho recuperar la fe en el rock de la vieja Albión.

En cualquier caso, atendiendo al muy chorra concepto de indie en su variante británica, alguna vez hemos hablado también de la obsesión de la prensa de allí por sacar unos nuevos Arctic Monkeys, como parte de una inexplicable ceguera que no ve que Turner y los suyos son, aparte de únicos, probablemente los últimos de su estirpe. Pero se suele decir con razón que a rey muerto (o, en este caso, desaparecido en combate), reina puesta. Y en esas estamos. Incluso para los muchos a los que su notable debut convenció, un solo disco era insuficiente para gritar a los cuatro vientos que tenemos en Wolf Alice a los nuevos ocupantes del trono de este indie. Pero ahora ya sí se puede ir calentando la voz, porque eso está a punto de cambiar.

Me resulta difícil imaginarme a Ellie Rowsell y sus escuderos en la resaca de su sonado debut planteándose qué hacer con su vida. Joder, lo hemos petado, chavales. Y ahora, ¿qué? Lo que hemos hecho no valdrá otra vez y la cuneta está llena de Vaccines y Wombats, así que haremos lo que hacen los buenos surfistas: aprovechar esa resaca [NdA: en mi vida he surfeado, disculpas si la resaca no se aprovecha]. Y de ese bajón anímico, físico y mental ha nacido “Visions Of A Life”, el disco que borra de un plumazo la posibilidad de que Wolf Alice fueran flor de un día y que de paso nos ha hecho recuperar la fe en el rock de la vieja Albión.

Fotografía: https://www.facebook.com/wolfalicemusic/

Tú cree en el estribillo y nosotros en ti, Ellie

Ahora que parece que los derroteros más interesantes de la música alternativa británica los toman bandas/proyectos/artistas alejados de las guitarras se antoja casi épico hacer lo que han hecho Wolf Alice. No el crear un disco guitarrero, que eso lo siguen haciendo muchos, sino hacerlo innovando y aportando algo bueno y fresco.

Ahora que parece que los derroteros más interesantes de la música alternativa británica los toman bandas/proyectos/artistas alejados de las guitarras (no hay más que ver los Mercury de los últimos años, con Young Fathers, Skepta, Sampha, Benjamin Clementine…, underground al margen) se antoja casi épico hacer lo que han hecho Wolf Alice. No el crear un disco guitarrero, que eso lo siguen haciendo muchos, sino hacerlo innovando y aportando algo bueno y fresco como la sección de los yogures del súper. Y todo eso mientras Ellie Rowsell sigue gritando (en Formidable Cool) que creamos en el estribillo: como para no hacerlo si es ella la que lo canta.

Los británicos mandaron a sus seguidores más acérrimos una colección de doce postales con los nombres de las canciones y una fotografía tomada por Ellie para cada una. El caso es que, no sé las demás, pero la de Heavenward, un paisaje de bosque nevado, encaja de manera perfecta con la música de la canción que titula. ¿Se han dejado el grunge por el camino hacia el shoegaze? El punk crudo de “Yuk Foo” zanja las dudas antes de que germinen: I wanna fuck all the people I meet, fuck all my friends and all the people in the street, ‘cause you bore me, you bore me to death”. Y a continuación llega Ellie disfrazada de Marilyn en Beautifully Unconventionaly se marca uno de los picos del disco cambiando la mala hostia por pop risueño. O se vuelve etérea como enDon’t Delete the Kissesy te pone el corazón blando como para untar en pan. Así son Wolf Alice, capaces de hacer malabares con los estilos porque, ¿para qué quieres aburrida coherencia si puedes tocar todos los palos que quieras?

Hay mil razones para contar ya y desde hace un tiempo con Wolf Alice como una de las bandas más (no prometedoras que para eso ya es tarde) sino interesantes y potentes del Reino Unido.

Hay claras intenciones de crecer musicalmente en este disco, visibles en la delicada y progresivamente oscura Planet Hunter. Pesada y envolvente, con un uso fantástico de los sintetizadores que recuerda a Sunflower Bean, otro acierto más para la colección. O en el spoken word esquizofrénico y suicida de Sky Musings, sobre una psicosis en medio de un vuelo de larga distancia. O en la refrescante Space & Time, que aparece en el momento justo para servir de punto y seguido evitando que se haga largo un disco que, objetivamente, lo es. Para cuando suena Sadboy ya se me debería haber entendido en mi defensa radical de estos chicos pero, por si acaso, unos coros muy Volcano Choir (valga sea la redundancia) y de nuevo un crescendo disimulado que termina de forma orgásmica. Tras ella, una St. Purple & Green que sigue en esa misma onda de forma algo más comedida. No estando un servidor acostumbrado a tanto halago, encuentro quizás ésta y After the Zero Hour extrañas y algo fuera de lugar, quizás los únicos momentos en que te acuerdes de mirar el reloj. O puede que sea una excusa para encontrarle una pega de verdad a un disco que roza el sobresaliente y la guitarra acústica de esa última tenga todo el sentido del mundo.

Este segundo disco confirma lo que a muchos ya nos parece una realidad: Wolf Alice son el presente, y el futuro, del rock británico.

Si todo lo anterior siguiese sin ser suficiente para convencerte de un álbum que lleva una candidatura a disco del año grabada entre los surcos del vinilo, el final con la canción que lo bautiza es la bala definitiva. Basta decir queVisions of a Life va de guitarras, que por ahí nos ganaron en un principio, a nadie se le olvide. Lo demás, viene después. Por eso el lugar privilegiado de este tema (al final de todas estas visiones vitales) es crucial, como reivindicador descarado de que, como decía Rowsell en el último verso de su disco previo, queremos que nos den rock ‘n’ roll.

Hay mil razones para contar ya y desde hace un tiempo con Wolf Alice como una de las bandas más (no prometedoras que para eso ya es tarde) sino interesantes y potentes del Reino Unido. Su rabioso y sobrio directo, el hecho de que hayan atraído a una buena cantidad de chicas jóvenes al rock, Ellie en sí misma, una producción hasta el momento siempre perfecta (esa batería de Joel Amey…) y un perfil bajo relativamente alejado de los focos (salvo aquello con FWF). Pero más allá de todo eso este segundo disco vale por sí solo para confirmar lo que a muchos ya nos parece una realidad: Wolf Alice son el presente, y el futuro, del rock británico.

Wolf Alice – Visions Of A Life

8.8

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Wolf Alice toman el cielo ‘indie’ (añadir comillas al gusto) por asalto armados con un segundo disco completísimo y demoledor. Misma profundidad que en su debut con un armazón sonoro más potente y variado.

Up

  • Variedad estilística rozando en la locura, siempre con las guitarras como eje.
  • Superado el tópico del difícil segundo disco: no han perdido la inspiración (ejem The 1975) ni la cabeza (ejem Fat White Family).
    Producción brillante de Justin Meldal-Johnsen.

Down

  • Mismo fallo del debut: con un par de temas menos ganaría en empaque.

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