Los ochenta están de moda y se pueden contar con los dedos de una mano los grupos que no se han subido aún al carro de las permanentes y los sintetizadores. Mi pregunta es: ¿tendrá Chaz Budick idea de la existencia de Mecano? Sería genial. Me lo imagino escuchando en su casa el “Aidalai” con sus camisas estampadas, flipando con los pre-sets de batería y los teclados de Nacho Cano, y me río yo solo. Pero me estoy yendo del tema principal.

El caso es que, tras aventurarse en un terreno mucho más analógico de lo que nos tenía acostumbrados con “What For?”, el líder de Toro Y Moi parece haberse decantado por una vuelta a las raíces como dios manda. Olvidándose del rollo psych-pop de su último lanzamiento, Chaz ha decidido revisitar en “Boo Boo” el chillwave que lo catapultó a la fama para introducir elementos frescos recogidos no sólo del campo de la electrónica sino también del trap, el neo-soul y el R&B. El resultado: una especie de sonido Frank Ocean-tero con toques de trap (sí, el chiste es mío y sólo mío).

“Boo Boo”: los ochenta en un ordenador

Olvidándose del rollo psych-pop de su último lanzamiento, Chaz ha decidido revisitar en “Boo Boo” el chillwave que lo catapultó a la fama para introducir elementos frescos recogidos no sólo del campo de la electrónica sino también del trap, el neo-soul y el R&B.

Para ser justos, el comienzo de este nuevo LP es de todo menos interesante. Empezando por la instrumental sin sal y la improvisada letra de Mirage, los primeros tres o cuatro temas del álbum bien podrían desmotivar al más ávido oyente. Se concentran en el primer tramo las peores composiciones de Chaz en este trabajo, combinando una producción soporífera con letras tan directas y simples que no hacen más que enfatizar la sensación de infinitud que ya de por sí transmiten instrumentales como la de No Show, corte que bien podría haberse quedado en B-side y que se hace tedioso a ratos por su relieve plano y su letra infantil. Tenemos más de lo mismo en Mona Lisa, con un groove que se desgasta a las dos escuchas y un estribillo que cuesta mucho tomarse en serio: “Is there love? (dressed in linen) / She’s a Mona Lisa gone / Is there love? (diva within) / She’s the kind to lead you on”. Sin duda el tema de la lírica flácida es una de las asignaturas pendientes del largo, lo que no significa que no haya otros elementos que le añadan interés al resto del trabajo.

La transición de Pavement funciona como punto de inflexión, comenzando aquí la remontada con Don’t Try y su instrumental espacial. La percusión digital se sumerge en sintetizadores cíclicos que, como olas que llegan a la costa, nos introducen, ahora sí, en el trance que tendría que haber llegado dos canciones antes. Mejor tarde que nunca. Sin sacarnos del agua todavía, Windows cambia completamente el tercio a nivel de producción para remeter un sonido en el que se dejan ver los flirteos de Chaz con el trap y se huele el humo de su roce con artistas como el mismísimo Travis Scott. Tras la experiencia, emerge nuestro recorrido en un Embarcadero nada necesario, cuyo sonido recuerda a la sala de espera de un dentista de pueblo o a un vídeo barato de autoayuda. Dos minutos de injustificada presencia.

Sin dejar de ser un esfuerzo notable caracterizado por el estilo y el buen gusto que distinguen a Chaz y su mente de diseñador, lo cierto es que no deja de parecer un esfuerzo frío y rutinario.

Sabiendo bien lo que le conviene, Chaz vuelve a resurgir con Girl Like You”, sin duda otro de los temas imprescindibles de este álbum en el que los aires neo-soul se vuelven a encontrar con un pegadizo groove para llevarnos de vuelta al Frank Ocean de “Channel Orange”. Sin embargo, el artista se levanta para volver a caer. Con sus más y sus menos, la parte central del álbum se desarrolla con garbo hasta aquí, dejando su mejor munición en el camino. Tal y como pasara al principio de “Boo Boo”, la tensión se desploma a partir de este punto, volviendo a los bajos niveles de insulina con You and Iy su estética pop de principio de siglo. Tras una leve ascensión, sin llegar ni de lejos al punto deseado, se extingue esta para pasar a Labyrinth”, otro corte con aspiraciones de melodrama que apenas se esfuerza en presentar una metáfora elaborada con su laberinto (no muy intricado) sobre una instrumental que recuerda tanto a “Every Breath You Take” que no se ni por qué hace falta señalarlo aquí.

En la recta final, Inside My Head vuelve a traer un ritmo bailable y pegadizo (menos mal) que nos hace dejar de bostezar y nos permite perdonar la letra, de nuevo, rígida y rectilínea cual autovía. Se agradece esta recarga de energía que, aunque se arrastra un poco hacia el final, es preferible al cierre del álbum: W.I.W.W.T.W.”. Tras un recorrido con baches en el que las alegrías y las decepciones se contrarrestan mutuamente, Toro Y Moi llega a la meta con un himno grandilocuente y flácido a partes iguales que apenas añade algo a la imagen final de su obra. Chaz se pregunta What is wrong with this world / It’s got me thinking too much”, pero uno no sabe muy bien lo que contestar, especialmente después de que lo repita a lo largo de 7 minutos de tediosa regularidad. Un disco nunca debería darte ganas de parar justo al final.

Al final lo más difícil sobre este trabajo es el veredicto. Sin dejar de ser un esfuerzo notable caracterizado por el estilo y el buen gusto que distinguen a Chaz y su mente de diseñador, lo cierto es que no deja de parecerme un esfuerzo frío y rutinario con el que el creador no se atreve ni a salir de gira. ¿Será consciente de que es una obra menor dentro de su discografía? Probablemente. Esperemos, pues, que el sucesor sea digno de espera.

Toro Y Moi – Boo Boo

5.8

En su nuevo trabajo, Toro Y Moi (Chaz Bundick) vuelve a las raíces más chill para reinventar su sonido e implementar su técnica estilística de una forma impoluta. El estilo, sin embargo, no hace la música, y en este caso más bien oculta carencias imaginativas de primer grado, carencias que se traducen en letras unidimensionales e instrumentales que sólo brillan a ratos.

  • La estructura del disco se deja fluir, introduciendo cambios sin perder la homogeneidad.
  • La capacidad de Chaz para crear una estética coherente y unitaria.
  • El artista toca varios puntos cardinales sin llegar a perder el norte, lo que añade gran variedad de ritmo y estéticas.

  • Las partes en las que se va por las ramas, dejándose llevar demasiado por el vibe ochentero sin llegar a concretar.
  • La producción tiene altibajos, consiguiendo un efecto trance que no se sostiene a lo largo del disco.
  • Las letras, repletas de cliché, son generalmente repetitivas y poco perfiladas.

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