Alex Crossan (a.k.a. Mura Masa) ha tenido que renovar varias veces el pasaporte antes de tener su primer disco de estudio (entendemos “Soundtrack to a Death” y “Someday Somewhere” como mixtapes) acabado. Su música ha sonado (y repetido) en festivales como Coachella, el Sónar o Glastonbury, donde este año competía en horario con un curioso cabeza de cartel: Jeremy Corbyn y su discurso de introducción a Run the Jewels en el inmenso Pyramid Stage. No obstante, una multitud de jóvenes aguardaba expectante ajena al gran momento político del festival. Esperaban fielmente a que los técnicos acabaran de montar un discreto set que iba a ser ocupado, en pocos minutos, por un joven británico de apenas 21 años. En ese momento Alex Crossan apareció y el largo centenar de asistentes estalló ante los primeros toques de percusión digital de “Love$ick”. El canto fue unánime, la reacción masiva de los que estuvieron sorprendió. En la zona donde antes debutaban grupos como Coldplay, Wolf Alice o Declan McKenna apareció un chaval que con el único poder de su portátil hizo vibrar al público como lo hicieron en su momento los anteriores.

El downbeat multicultural que pone banda sonora al 2017

En el proyecto de Crossan se entrecruzan pop, house y ritmos tropicales, ensamblados de tal modo que crean un ápice característico de Mura Masa.

Mura Masa se puede considerar todo un embajador de la cultura millennial. Su sonido tropical y caribeño conecta con los jóvenes productores que han encabezado el movimiento hacia el Tropical House o que han bajado las revoluciones del EDM en favor del Downbeat. Hablamos de Flume, Kygo, Martin Garrix, Snakehips y tantos otros que desde 2014 han marcado la sonoridad de muchos de los himnos adolescentes. No muy lejos de todos ellos encontramos el proyecto de Crossan, en el que se entrecruzan pop, house y ritmos tropicales, ensamblados de tal modo que crean un ápice característico de Mura Masa, sin ser drásticamente diferencial a como está sonando este 2017.

Si algo nos ha llamado la atención del disco de Mura Masa es la clara voluntad de representar una cierta esencia del cruce cultural y juvenil que se respira en Londres. En “Mura Masa” conviven grandes momentos pop como “1 Night”, movimientos urbanos como “All Around The World” o incluso espacios más propensos a la balada como “Second 2 None”. Esta destilería se sustenta sobre todo gracias a las colaboraciones estelares que Crossan ha conseguido reunir: Damon Albarn, Charli XCX, A$AP Rocky, Desiigner o nuevas voces como Bonzai o Tom Tripp. Orígenes y maneras de entender la música distintos que favorecen una visión abierta de los posibles nutrientes de la música electrónica de hoy en día, cada vez más dedicada a dar cobijo a artistas y géneros que encuentran en los ‘beats’ un puerto común. Quizá las guitarras y el rock más ‘pop’ están siendo sustituidos por dichos beats y en esta reflexión podemos entender un álbum como “Mura Masa”, que podría ser representativo de cierto cambio generacional. Así, cada vez nos llaman más la atención artistas de dormitorio que enganchan rápidamente a una generación curtida en el entorno digital y sus posibilidades, gracias a una aproximación desacomplejada y generalista hacia la música electrónica.

En “Mura Masa” conviven grandes momentos pop, movimientos urbanos o incluso espacios más propensos a la balada. Esta destilería se sustenta sobre todo gracias a las colaboraciones estelares que Crossan ha conseguido reunir: Damon Albarn, Charli XCX, A$AP Rocky, Desiigner o nuevas voces como Bonzai o Tom Tripp.

Messy Love” contiene los aromas esenciales para entrar y comprender el universo que Mura Masa había plantado en sus proyectos de SoundCloud: toques tropicales y variaciones constantes de base que van y vuelven. La voz se funde con todas ellas fracturándose a medida que el tema avanza, como gancho para sumergirnos en el vaporoso tejido musical de Mura Masa. Le sigue una pieza cuya gracia no tarda tanto en aparecer y que consigue ponernos a tono desde el principio: “Nuggets” respira juventud y espontaneidad; un perfecto cruce entre hip-hop y electrónica con el carisma de una sorprendentemente infravalorada Bonzai que demuestra que posee una actitud vocal versátil y fresca. En “Nuggets” se cruzan dos líneas: las drogas a las que Bonzai hace referencia y el amor que sentía entonces Alex hacia alguien. Estas tramas paralelas se pueden captar también en uno de los mejores temas del disco, “Love$ick”, grabado en Abbey Road junto con A$AP Rocky (en “Someday Somewhere” encontramos “Lovesick Fuck”, la primera versión del tema, en la que los instrumentales brillan bastante más). Mura Masa proyectó en la base de este tema el sentir de una relación sexual insatisfactoria y A$AP Rocky, por su parte, lo contextualiza en un ambiente escapista y nostálgico. El resultado se funde entre ritmos tropicales de steel drum que conjugan y guían perfectamente a través del downbeat que le proporciona la melodía electrónica.

Crossan construye un disco que busca solidez y una coherencia emocional y conecta directamente con ciertos anhelos de la cultura millennial; nos hace viajar al caribe pero lo viste con un velo de nostalgia y lejanía.

Igual de bombástica es “1 Night”, llevada a terrenos más comerciales y poperos. Charli XCX, una de las grandes revoluciones femeninas del año (con el permiso de Dua Lipa), aparece aquí con una personalidad que hace destacar este tema sobre el anterior, aunque compartan muchos elementos estéticos. Crossan centra los puntos álgidos en los estribillos, aunque mantiene un cuidado y grácil acompañamiento percutivo y una habilidad para crear volúmenes tan sólidos como atmosféricos a lo largo de la canción. Más canónica es “All Around The World”, quizá porque Desiigner siempre interpreta un papel muy similar en todas en las composiciones en las que colabora o porque el acompañamiento y efectos vocales de la canción son el resultado de un collage montado por Crossan tras recibir un paquete de sonidos varios de Desiigner. Aquí le quiso dar un protagonismo clave al colaborador, pasando desapercibido y dedicándose a vestir más que a hacer destacar sus bases.

Llegamos a un breve interludio titulado “give me The ground”, una muestra más de la versatilidad con la que puede gozar una propuesta musical como la que presenta “Mura Masa”. Siguiendo un patrón estilístico común (las sonoridades exóticas y un cierto anhelo de languidez nostálgica), teje ahora un breve y melódico soliloquio cuya modulación vocal parece heredera de Kanye West y Bon Iver. Como apuntábamos al inicio de esta reseña, en “Mura Masa” se reúnen distintos estados anímicos que van más allá del house tropical o del hit bailable de apariencia simple. Crossan construye un disco que busca solidez y una coherencia emocional y conecta directamente con ciertos anhelos de la cultura millennial; nos hace viajar al caribe pero lo viste con un velo de nostalgia y lejanía, casi haciendo referencia a los famosos vídeos waporwave de Los Simpson que han invadido Internet estos últimos años. Vídeos que suelen estar acompañados del denominado ‘chill-hop’ cuya sonoridad no difiere tanto de la propia del Mura Masa que conocimos en “Soundtrack to a Death”.

Alex Crossan ha encontrado una útil y sabrosa fórmula con la que conseguir una aceptación generalizada y posicionarse como uno de los productores emergentes más hábiles en la creación de hits, creando un sonido que suena tan único como familiar.

Pese a todo esto estamos ante un disco de electrónica de voluntad bailable. En ese tono entra “What If I Go?”, de nuevo con Bonzai, que ya casi forma parte orgánica del sonido de Mura Masa. Aquí el estribillo vuelve a ser el caballo ganador, la catapulta a la euforia y a la pista de baile; un tema accesible y dinámico en el que se alzan más los factores sintéticos y electrónicos que la evasiva caribeña de los cortes anteriores. Tanto “What If I Go?” como “Firefly” han sido composiciones que figuraban en la discografía de Mura Masa desde hace cierto tiempo. Este último tema, con NAO, fue uno de los puntos de inflexión principales entre los primeros trabajos de Mura Masa y el álbum que estamos analizando: el cambio de los sonidos experimentales al soporte vocal y hacia una producción más estable y fácilmente digerible. En otras palabras, “Firefly” es el primer tema ‘pop’ (por definición) de Mura Masa. En él se establecieron las bases sonoras del álbum y cómo se estructuraría formalmente. De hecho, si nos fijamos en la estructura de “Firefly” podremos encontrar bastantes puntos en común con la de “1 Night”. Así, nos damos cuenta de que Alex Crossan ha encontrado una útil y sabrosa fórmula con la que conseguir una aceptación generalizada y posicionarse como uno de los productores emergentes más hábiles en la creación de hits, creando un sonido que suena tan único como familiar. Bajo esta misma óptica podemos leer “NOTHING ELSE!” o “Helpline”, canciones de calibre y sonoridad mucho más comercial (a ciegas uno incluso podría decir que se trata de Maroon 5 o DNCE). De nuevo Crossan nos recuerda que no estamos ante un álbum cerrado, sino en un cruce de caminos en el que raíces musicales se encuentran y ofrecen un bufé variopinto, y así lo remata en la recta final del disco, en la que la pista de baile deja paso a una electrónica mucho más atmosférica y minimalista.

Second 2 None es una tierna y dulce balada electrónica con voz de Christine and the Queens. Ella le da la energía y él deja que fluya suavemente. Resuenan lejanos tambores metálicos y lluvia fuera. Christine pone voz a un corazón roto por la infidelidad y Alex amplifica los lamentos sampleándolos en los estribillos. Una composición romántica con la que dejarse llevar hacia “Who Is It Gonna B”. Los ingredientes son parecidos a “Second 2 None”, pero aquí Mura Masa decidió añadir una electrónica mucho más percutiva y constante que le da unos aires a medio camino entre lo clubber y lo íntimo. Y para rematar los dos cortes anteriores, “Blu”, con Damon Albarn, ejemplifica directamente esta atmósfera lejana y ensimismada con la que el británico quiso despedir el disco. Para Alex Crossan la colaboración de Damon Albarn significaba el colofón final de un álbum con el que quería radiografiar cierta cultura musical urbana de Gran Bretaña. La figura de Albarn es, entonces, una especie de piedra filosofal que condensa la herencia y el legado de la cultura que Crossan ha ido desgranando en el disco. En “Blu” lo nuevo y lo establecido se encuentran; Mura Masa, un chaval de apenas veinte años, comparte voz con una de las figuras insignia de la música británica. Quizá han cambiado las formas, pero el lenguaje es el mismo. La música une generaciones, culturas y orígenes, y en “Mura Masa” nos queda más que claro que el futuro del house debe pasar por la fusión y la apertura de miras hacia estilos y sonidos. Ya nada es de nadie y todo es para todos.

Mura Masa – Mura Masa

7.5

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Alex Crossan firma con “Mura Masa” una radiografía no sólo de la sonoridad tropical de las propuestas house mayoritarias de este año sino también del pulso musical que se puede respirar en ciudades como Londres, donde las barreras entre géneros y estilos cada vez están más disipadas y encuentran en la electrónica un manto común. Pulido, bailable y nostálgico, Mura Masa consigue saltar a un terreno generalista y consagrarse como productor musical de gran alcance.

Up

  • Una producción muy pulida, tanto a nivel de colaboraciones como de exigencia.
  • “Love$ick” o “1 Night” como perfectos himnos comerciales que conviven con lógica con otras canciones más modestas como “Blu” o “Second 2 None”.
  • Una propuesta sonora que marca un sello de identidad propio en el estilo de Mura Masa.

Down

  • Mura Masa se desintegra demasiado a favor de los colaboradores, sobre todo si tenemos en cuenta sus primeros trabajos, en los que brillaba más su alquimia.
  • El sonido conseguido en “Mura Masa” es completamente actual pero a la vez corre el riesgo de convertirse en efímero.
  • El disco presenta dos mitades muy diferenciadas que pueden polarizar la experiencia auditiva.

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