Lorde explicó en su momento que “Pure Heroine”, aquel apoteósico debut al que ha dado continuación hace unos meses con “Melodrama”, fue su elevator speech. Buscaba contar todo lo que quería en el menor tiempo posible, ya que pensaba que nunca volvería a tener otro momento de exposición así. Por lo tanto, el objetivo de un elevator speech (al igual que el de un álbum debut) es vender tu producto y llamar la atención lo suficiente como para que no se olviden de ti. Es justo reconocer que los británicos Everything Everything lo consiguieron gracias a “Man Alive” (basta con recordar el revuelo que causaron allá por 2010 y la consecuente nominación al Mercury Prize). Podríamos discutir si fue justo que un álbum tan desordenado y caótico se codeara aquel año con PJ Harvey, Adele o James Blake, pero la cuestión es que aparecieron en escena haciendo mucho ruido y ofreciendo una experimentación que, para quien firma esto, no llevaba a ningún lugar interesante. Sin embargo, lo consiguieron: el nombre de Everything Everything circulaba por el mundo y pasaron al primer nivel tras fichar por Sony, discográfica que publicaría sus consecuentes álbumes.

Si bien en su segundo trabajo “Arc” se comenzaba a vislumbrar cierta coherencia, seguían confeccionando canciones apabullantes a base de una instrumentación explosiva gobernada a su vez por la descontrolada voz de Jonathan Higgs. A decir verdad, de haber conocido a Everything Everything con sus dos primeros álbumes habría perdido la fe en su proyecto. Por suerte, me adentré en la obra de los mancunianos a través de “Get to Heaven” (2015), compacto que supuso un punto de inflexión en la carrera del grupo al abandonar sus exploraciones melódicas más extrañas para centrarse en hacer canciones ‘al uso’, por así decirlo. Al final demostraron que eran capaces de conjugar con acierto tanto influencias pop como disco y electrónicas para entregarnos piezas brillantes que funcionaron como vehículo perfecto para letras con alta carga de crítica social y reivindicativas, creando por el camino un dulce contraste entre forma y contenido. Los de Mánchester acertaron de pleno con ese trabajo, pero ahora tocaba volver al estudio con la presión de concebir otro larga duración que demostrara que aquello no fue flor de un día. Permitidme el spoiler: con “A Fever Dream” Everything Everything lo consiguen y se superan sobremanera.

El apocalipsis para Everything Everything nunca fue tan fiero, pop y onírico

Con “A Fever Dream” buscan asentar su posición como banda de art-pop reivindicativo de primer nivel, mezclando esta vez intensidad melódica con abstracción más relajada para crear un cuerpo sonoro sobre el que cabalgan la oscuridad y la rabia, sentimientos que tiñen cada uno de los temas del álbum.

Si con “Get to Heaven” dieron un puñetazo sobre la mesa, a raíz de “A Fever Dream” buscan asentar su posición como banda de art-pop reivindicativo de primer nivel, mezclando esta vez intensidad melódica con abstracción más relajada para crear un cuerpo sonoro sobre el que cabalgan la oscuridad y la rabia, sentimientos que tiñen cada uno de los cortes del álbum con ese rojo sangriento que protagoniza la carátula mientras hacen su particular retrato del desastre al que está abocado el ser humano. Higgs repetirá la jugada del disco anterior: escupir letras amargas acompañándolas de estribillos y temas realmente pegajosos. Y así será desde el primer instante de Night of the Long Knives”, con una introducción suave de teclados que va esbozando un remanso de paz el cual se quiebra con una explosión precedida por un misterioso It’s coming”. Los principales ingredientes del disco se presentan aquí: guitarras con un punto violento, contraste entre la potencia de los estribillos y la sobriedad de las estrofas y, finalmente, un Higgs que controla su falsete, entonando versos rápidos y tensos. En este track se hace referencia a la masacre que llevaron a cabo los nazis para llegar al poder absoluto y plantea que nuestro pasado está condenado a repetirse debido a la situación política de este 2017, temática que aparecerá en alguna ocasión más a lo largo de “A Fever Dream”. Seguimos alerta con Can’t Do”, canción que aunque no ofrece una letra tan trascendental (habla sobre el miedo a quedarse en blanco) sí mantiene bien el ritmo con una melodía muy adictiva.

Cuando en su momento hablamos de “Get to Heaven” poníamos de manifiesto que, aunque era un disco muy divertido y admirable, se echaba de menos algo de experimentación. Pues bien, ésta ha llegado (y de qué manera) con “A Fever Dream”.

Un ritmo marcado, en la línea del “Uprising” de Muse, nos conduce a Desire”. Las guitarras son cristalinas, el coro cobija a la perfección la voz de Higgs y el estribillo busca convertirse en un llena estadios. Hasta aquí Everything Everything han firmado los singles de rigor y han entregado la dosis pop que se esperaba de ellos, por lo que ahora se pueden permitir adentrarse en terrenos más oscuros y abstractos con los que añadir a su fórmula una frescura necesaria y deliciosa. Este viaje comienza con la misteriosa Big Game”. La batería y la voz se encargan de guiar una melodía de fondo algo melancólico, con sintetizadores que aparecen aquí y allá, dibujando un paraje robótico y aséptico que se torna en rabia industrial gracias a un juego de guitarras sucias y directas que acompañan una letra crítica con Trump y su actitud infantil. Siguiendo por esta senda llega una dulce Good Shot, Good Soldier” en la cual vuelven a predominar unos teclados que nos conducen suavemente a un estribillo que puede recordarnos a la faceta menos clubera de Caribou. Mención especial a ese momento a capela y su ensoñadora y bella progresión del final.

Llegados a este punto Everything Everything se dan cuenta de que no necesitan apostar siempre por la agresividad y el caos para pergeñar buenas canciones (ya sabéis, en el punto medio está la virtud). “Run The Numbers” toma el relevo con suavidad, continuando con la estética del corte anterior hasta llegar a un estribillo rabioso donde la banda al completo nos da una hostia que no vemos venir. Higgs no tiene pelos en la lengua a la hora de hablar sobre el Brexit y sobre esa gente que ignora la opinión de los expertos. A todos ellos parece querer dedicar unos solos de guitarra punzantes y unos agudos que se acaban clavando en nuestros oídos. Pasado este momento de pura rabia Jonathan se muestra de nuevo sosegado en “Put Me Together”. La batería analógica y las delicadas guitarras protagonizan una balada futurista que adquiere hacia la mitad cierto toque lisérgico y experimental en la línea de “21 M◊◊N WATER” (tema perteneciente al “22, A Million” de Bon Iver).

El ambiente más apabullante de “Get to Heaven” ha madurado y encontrado un equilibrio casi perfecto en “A Fever Dream”. Los sintetizadores consiguen describir a partes iguales tanto pasajes enérgicos y abrumadores como otros abstractos y oníricos, sirviendo siempre como soporte para las letras reivindicativas de Higgs.

Everything Everything buscan redimirse de los errores cometidos en el pasado pintando pasajes cargados de paz y belleza que compensen las fases más caóticas de su producción anterior. Entonces, con la homónima A Fever Dreamcontinúan explorando su naturaleza más plácida y consiguen firmar otro de los puntos álgidos del elepé. Los casi seis minutos que dura “A Fever Dream” son un viaje puramente onírico, marcado por un piano simple y pegajoso al que se adhieren unos sintetizadores brillantes y una batería mágica para dar lugar a un conjunto que bien podría venir firmado por Jon Hopkins. No obstante, los mancunianos deciden insuflarnos un chute de energía de cara al final con Ivory Towery su reminiscencia al “The Bends” de Radiohead. No es muy difícil imaginarse a Higgs moviéndose al son de los espasmos propios de Thom Yorke durante un estribillo rodeado por guitarras francamente afiladas y referencias a los trolls de internet. Esta dosis de adrenalina potencia a la perfección la cinematográfica New Deep”. El piano y la sección de cuerdas (combinación que podría recordar a The Cinematic Orchestra o a los Sigur Rós más delicados) ofrecen amparo a un Higgs reposado e introspectivo: Is there something wrong with all of this? Or is there something wrong with me?”. El broche de oro lo pone White Whale, el hijo bastardo que resultaría de Sigur Rós con la epicidad del “OK Computer” de Radiohead. Piano delicado, explosiones y detalles electrónicos se apagan en un último minuto de silencio postapocalíptico.

En nuestra crítica de “Get to Heaven” poníamos de manifiesto que, aunque aquel fue un disco muy divertido y admirable, se echaba de menos algo de experimentación. Pues bien, ésta ha llegado con “A Fever Dream” y es lo que me lleva a pensar que Everything Everything han podido firmar su mejor álbum hasta la fecha. El ambiente más apabullante de “Get to Heaven” ha madurado y encontrado un equilibrio casi perfecto en “A Fever Dream”. Los sintetizadores consiguen describir a partes iguales tanto pasajes enérgicos y abrumadores como otros abstractos y oníricos, sirviendo siempre como soporte para las letras reivindicativas de Higgs y ayudándonos a que, en ocasiones, nos olvidemos de este mundo tan jodido.

Everything Everything – A Fever Dream

8.5

Everything Everything vuelven a jugar con letras reivindicativas y furiosas, aunque esta vez apostando por desarrollos instrumentales más abstractos y melodías directas a partes iguales. El componente bailable sigue presente, pero en “A Fever Dream” se muestra sumergido entre capas de sintetizadores ensoñadores y guitarras llenas de fuzz que esbozan la banda sonora perfecta de esta deriva política en la que nos encontramos.

  • Higgs ha conseguido madurar su técnica vocal y en este disco suena mejor que nunca.
  • “Put Me Together” y “A Fever Dream”, ambas con sus exploraciones melódicas de sintetizadores oníricos, se alzan como el combo ganador del trabajo.
  • La fiereza de temas como “Run The Numbers” o “Big Game”.
  • El final épico tan Radiohead de “White Whales”.

  • La recta final avanza un poco torpe, con ritmos contrastados que no terminan de brillar.
  • Los que amaran su vena más caótica se verán decepcionados al encontrarse con un grupo que ha sentado cabeza y controla su fórmula.