Comentábamos el otro día varios miembros de esta casa que los lanzamientos tan espaciados de los grandes grupos nos hacen valorar incluso más no sólo la alta frecuencia de publicaciones de proyectos más pequeños (a nivel mediático) como Ty Segall o los mastodónticos King Gizzard & The Lizard Wizard (que ya llevan tres este año), sino la calidad que consiguen mantener con cada lanzamiento, algo que en los grupos de más renombre muchas veces por causas que desconocemos se pierde. Quizás se deba al cansancio de las enormes giras que mueven las bandas de este calibre o a los parones que suelen realizar y que necesitan en comparación con la producción constante y el ritmo incansable de muchos grupos underground. Los mundos en los que se mueven una clase de bandas y otras son completamente distintos en muchos aspectos y seguramente eso acaba repercutiendo de una manera u otra en la música, además de la inspiración y creatividad propias de cada músico.

En el caso de un grupo como Foo Fighters podemos decir que su carrera ha tenido algún que otro altibajo a lo largo de los años, habiéndose llegado a plantear la separación en ciertos momentos. Sin embargo, desde aquel maravilloso renacimiento que fue “Wasting Light” el grupo parece haber encontrado un equilibrio y una comodidad idóneos para seguir haciendo lo suyo sin salirse mucho de madre pero sin quedarse tampoco exactamente en el mismo sitio. Y aunque esta vez no traen una idea tan loca como la de “Sonic Highways”, lo de “Concrete and Gold” tampoco ha sido exactamente hacer un disco al uso con el piloto automático.

“Concrete and Gold”: nuestra fiesta es vuestra fiesta

“Concrete and Gold” es el álbum más grandilocuente y masivo que han grabado Foo Fighters.

Para hablar del origen y la creación de este trabajo debemos remontarnos a junio de 2015, cuando Dave Grohl sufrió un accidente en mitad de un concierto en Suecia y se rompió la pierna. Después de recibir atención médica el frontman pudo terminar el concierto y tras unas semanas de reposo viéndose obligado a cancelar actuaciones como la de Glastonbury el músico diseñó su propio trono y consiguió poner fin a la gira de su anterior trabajo, “Sonic Highways”, yendo más allá incluso y regalando el EP “Saint Cecilia” a todos sus fans como broche de oro a un periodo lleno de complicaciones.

Sin embargo, Dave no sólo no se había recuperado aún de su lesión sino que exponerse a ese ritmo de vida había empeorado su situación, por lo que a principios de 2016 y tras diversos rumores sobre una posible separación del grupo se anunció un hiatus indefinido. El plan inicial de Dave Grohl era mantenerse un año entero alejado de la música puesto que todavía no podía andar y tenía que asistir a múltiples horas de rehabilitación diarias. Sin embargo, tal y como él cuenta, todo cambió cuando a los seis meses volvió a coger su guitarra y empezó a escribir “Run”. Ese fue el punto crucial en el que nuestro querido frontman recuperó las ganas de volver al estudio, trabajando solo para recuperar toda la práctica que había perdido hasta conseguir reunir un puñado de canciones que enseñar al resto de la banda.

Todos estaban convencidos de que el material que tenían era bueno, pero creían que le faltaba algo. Querían hacer algo realmente grande, y Grohl tuvo la idea de contactar con el productor Greg Kurstin, al que había conocido tiempo atrás. Kurstin es conocido como productor de pop al haber trabajado con artistas como Adele, Sia, Beck o su propio grupo, The Bird And The Bee, por lo que crear un disco como “Concrete and Gold” fue un reto tanto para el productor, quien nunca había colaborado en un disco de rock, como para el grupo, que nunca había trabajado con un productor de pop.

De perdidos al río y en lugar de irse a su habitual Estudio 606 el sitio elegido para grabar este disco no fue otro que los EastWest Studios, en Hollywood, por los que han pasado gente de la talla de Frank Sinatra o The Rolling Stones. Lo que parecía una mezcla peligrosa acabó siendo un éxito sorprendente para todos y en palabras del propio Grohl Kurstin consiguió convertir una canción de Foo Fighters en algo mucho más grande, amplificando un sonido ya de por sí potente. No contentos con eso, las colaboraciones con otros artistas que se encontraban trabajando en el estudio durante la grabación de “Concrete and Gold” empezaron a ser habituales, y entre ellas podemos encontrar a Shawn Stockman de Boyz II Men, Inara George, Alison Mosshart de The Kills y Justin Timberlake haciendo coros en diversos temas, además de a David Koz al saxofón e incluso a Paul McCartney a la batería, por no hablar de Rami Jaffee como incorporación oficial y definitiva a los teclados tras haber colaborado en directo con el grupo desde 2005. En resumen, lo que empezó siendo un proyecto de superación personal se acabó convirtiendo en una auténtica fiesta en la que tras las horas de grabación se celebraban barbacoas de más de cuarenta personas.

Fotografía: Brantley Gutierrez

Dave Grohl ha descrito el álbum como “la versión que Motörhead harían del “Sgt. Pepper’s” de los Beatles” y como “un disco en el que los extremos del hard rock y la sensibilidad del pop chocan”.

Debido a todo lo mencionado anteriormente se puede decir que “Concrete and Gold” es el álbum más grandilocuente y masivo que han grabado Foo Fighters, descrito por Grohl como “la versión que Motörhead harían del “Sgt. Pepper’s” de los Beatles” y como “un disco en el que los extremos del hard rock y la sensibilidad del pop chocan”. Por lo tanto, que no os engañe esa introducción discreta de “T-Shirt” porque en cuanto os descuidéis os va a golpear como una apisonadora. Si hay algo remarcable de este tema es el escaso minuto y veinte que dura, una manera de introducir un disco que no veíamos desde hace veinte años en su aclamado “The Color and The Shape”. Pero donde se observa verdaderamente la mano de Kurstin en este trabajo es en “Run”, tema que ya conocíamos y que suena más pesado que nada de lo que habían hecho anteriormente, no sólo por su sonido mastodóntico sino por unos cambios de ritmo y una estructura que se sale de la clásica canción de Foo Fighters y aun así consigue mantener la esencia del grupo, basada sobre todo en los estribillos con mucha pegada. La pieza tiene doble lectura y es, por un lado, una invitación a disfrutar del tiempo que nos queda y, por otro, a revelarnos contra todo aquello que nos oprime y luchar (“Before the time runs out/ There’s somewhere to run / Wake up / Run for your life with me).

Para “Make It Right” el grupo tira de rock a lo Led Zeppelin con los coros de Justin Timberlake y un Taylor Hawkins en tan buena forma como siempre. Los riffs se entrecruzan con los versos sin dar descanso hasta el estribillo, mucho más marcado pero igual de enérgico. Y es entonces cuando llegamos a uno de los momentos álgidos del largo, esa “The Sky Is A Neighborhood” escrita a última hora cuando el disco ya estaba prácticamente terminado. Es uno de esos temas que se cuecen a fuego lento, con una batería y unos coros que se contienen y sirven de apoyo a la voz, la cual pronto cuenta con acompañamientos de cuerda y rompe en un estribillo memorable, con más coros y más épica de la habitual, pura carne de estadio. La metáfora del título viene a describir la armonía entre los seres vivos y el universo, siendo el uno parte del otro y viceversa, utilizando además el big bang como metáfora de los conflictos de nuestro mundo: “Oh my dear / Heaven is a big bang now / Gotta get to sleep somehow.

Lejos de exhibir signos de agotamiento, Foo Fighters demuestran con “Concrete and Gold” haber alcanzado la destreza suficiente como para seguir lanzando discos con un nivel aceptable, lejos de la mediocridad, lo cual ya es mucho decir cuando hablamos de bandas que llevan más de veinte años dando guerra.

No penséis que “La Dee Da” os va a dar un respiro porque ese riff de bajo tan saturado con el que comienza ya nos avisa de que no será así. Aunque no estamos ante una de las canciones que se convierten en himnos del grupo, sí es una de aquellas tremendamente divertidas que siempre se agradecen, con una instrumentación llena de reverb y efectos de sonido poco habituales en el grupo. Para “Dirty Water” por fin bajan las revoluciones, al menos durante la primera parte, totalmente acústica y con un toque amargo, contando además con coros y solos de guitarra bastante áridos que acrecientan esa atmósfera espiritual que predomina en la pieza. Pero, como augurábamos antes, la segunda parte se torna en un canto épico y tormentoso que se mueve del folk hacia un rock más machacón y extremo. Ahora llegamos a otro de los puntos álgidos de este trabajo. Aunque “Arrows” arranca con una armonía más propia de Queens of the Stone Age que de Foo Fighters la careta le dura poco, ya que tras una estrofa en la que Grohl no tarda en hacer suyo el tema el estribillo nos explota en la cara convirtiéndose en el verdadero himno del disco, en esa pieza capaz de mirar cara a cara a sus grandes obras como “Walk”, “Best of You” o “Times Like These”. No es casualidad que la canción esté escrita en clave femenina, puesto que Grohl ha aclarado que tener a un presidente abiertamente misógino (además de racista, homófobo y un largo etcétera) que está recortando (aún más) los derechos de las mujeres le hizo pensar sobre el futuro de sus tres hijas, algo que se refleja en esta pieza: “Arrows in her eyes / Tears where her heart should be/ War in her mind / Shame in her cries.

Volvemos a la cara más amable y calmada del grupo con una “Happy Ever After (Zero Hour)” muy melódica que recuerda enormemente a los Beatles (hola, “Blackbird”). Y es que cuando los Foo se quitan toda la tralla de encima lo que les queda es justo eso, una cara mucho más armoniosa que compensa la ausencia de guitarrazos. A continuación nos llevamos una agradable sorpresa con la extensa “Sunday Rain”, cantada por Taylor Hawkins, quien no se animaba a llevar la voz principal en un tema desde aquella “Cold Day In The Sun” del disco “In Your Honor”. Pero no es lo único destacable que mencionar aquí, y es que a la batería tenemos nada más y nada menos que a Paul McCartney, quien la grabó en tan sólo un par de tomas con Dave Grohl a su lado tocándole una versión acústica de la canción.

Tampoco hablamos de un disco especialmente destacable dentro de su carrera ni del panorama actual, pero canciones como “Arrows” o “The Sky Is A Neighborhood” nos hacen vibrar igual que “Everlong” o “These Days”.

Nos acercamos a la recta final con esa “The Line” que nos devuelve a los Foo más noventeros y que encaja mucho mejor dentro del disco que como single, siendo otro tema guitarrero con arpegios brillantes y un mensaje de esperanza: “The tears in your eyes / Someday will dry/ We fight for our lives / ‘Cause everything’s on the line/ This time. Y al acabar arranca de manera abrupta “Concrete and Gold”, guiada por una guitarra lenta y pesada y una melodía de voz mucho más amarga. Es un tema que Dave ha descrito como la fusión de Black Sabbath y Pink Floyd, comparación que quizás le queda un poco grande pero que tampoco va muy desencaminada gracias a esos coros del estribillo. Quizás resulta un cierre demasiado áspero para lo que es el resto del disco, pero sirve bien como mensaje final:

Our roots are stronger than you know
Up through the concrete we will grow

Lejos de exhibir signos de agotamiento, Foo Fighters demuestran con “Concrete and Gold” haber alcanzado la destreza suficiente como para seguir lanzando discos con un nivel aceptable, lejos de la mediocridad, y suficiente para al menos mantener contenta a su fanbase, lo cual ya es mucho decir cuando hablamos de bandas que llevan más de veinte años dando guerra. En cuanto a nuevos adeptos, está claro que este trabajo no va a convencer a un oyente a quien no le agradaran sus anteriores discos, pero tampoco parece algo que el grupo se proponga, ya que sus álbumes siempre acaban siendo lo que podemos percibir a primera vista, sin trampa ni cartón. No obstante, tampoco hablamos de un disco especialmente destacable dentro de su carrera ni del panorama actual, pero mentiría si dijera que canciones como “Arrows” o “The Sky Is A Neighborhood” no me hacen vibrar como lo hacen “Everlong” o “These Days”.

Foo Fighters – Concrete and Gold

7.8

Tras un año de silencio por la rehabilitación de Dave Grohl Foo Fighters vuelven a la carga con su noveno trabajo de estudio, “Concrete And Gold”, un disco más excesivo que de costumbre con Greg Kurstin en la producción y multitud de colaboraciones. El resultado es un pequeño lavado de cara que en esencia ofrece lo mismo de siempre: trallazos guitarreros con los que volver loco a un estadio.

  • Si hay algo que tienen todos los discos de Foo Fighters es un puñado de temazos y este no se queda atrás al respecto.
  • Mantiene el nivel en general y no se hace aburrido en ningún momento.
  • La producción de Greg Kurstin se nota; temas como “Run” suenan potentísimos.
  • Mejora lo mostrado en “Sonic Highways” y demuestra que Foo Fighters se mueven mejor fuera de conceptos o ideas concretas.

  • Las colaboraciones podrían ser más notorias. Si no nos las dicen ni nos enteramos de la mayoría, especialmente del saxo de David Koz en “La Dee Da”.
  • Sin ser un mal disco tampoco llega a las cotas de excelencia de sus trabajos de los noventa ni de “Wasting Light”.

Compartir