La vida de Alice Glass no ha sido la de una adolescente media nacida en su época. A los catorce años abandonó su hogar para vivir en una casa okupa, impregnándose de un espíritu rebelde, punk y antisistema totalmente gestado desde las entrañas. Esa rabia y ese caos tenían que sublimarse de algún modo, y con apenas quince años se unió al proyecto de Ethan Kath para formar Crystal Castles. La historia posterior está marcada por la conexión musical de dos egos embarcados en giras sin descanso que hicieron mella en la personalidad y la estabilidad de Glass. Esa saturación y la mala relación entre ambos llevó a la inevitable separación del dúo a finales de 2014. La pregunta entonces era cómo afrontaría cada uno esa ruptura. Ethan apostó por continuar con el dúo, sustituyendo a su ya excompañera por Edith Frances, cuyo registro es idéntico al de Glass, lo que permite que en una formación en la que la producción es lo fundamental no haya habido cisma alguno. Lo primero que conocimos de los nuevos Crystal Castles fue “Frail”, un tema que fue rápidamente contraprogramado por el “Stillbirth” de Alice, con un estilo más duro y mayor herencia de Marilyn Manson. A nivel de atención mediática, el primer envite se lo llevó Ethan.

Desde entonces han pasado dos años en los que Alice se ha liberado de los fantasmas del pasado y ha evolucionado como persona y como artista, llegando a su cénit a través de la publicación de su primer EP, “Alice Glass”. ¿Es este giro el que esperábamos? ¿Está llamada a incorporarse al primer nivel de las antidivas pop? ¿Ha recuperado con su lanzamiento gran parte de la atención, que parecía haberla abandonado para asumir que el referente del sonido Crystal Castles era Ethan y que la cantante importaba más bien poco a nivel creativo? Las respuestas son no, sí y sí.

La primera y la segunda pregunta pueden contestarse de manera conjunta. Crystal Castles siempre se han caracterizado por adecuarse a la etiqueta que un amigo mío les otorgaba: ‘música makinera para hipsters’. A pesar de las incursiones en un ambiente pseudogótico con temas como “Not In Love” o “Celestica” la dureza, los sintetizadores rítmicos y distorsionados y el coqueteo con el industrial siempre han prevalecido sobre cualquier otro elemento. Aunque Alice Glass sigue manteniendo algunas de las fórmulas que la condujeron antaño a la receta del éxito, ha disminuido las dosis de ingredientes extraídos del acid house y el techno más duro para aumentar otros que nos transportan a una oscuridad relatada con mayor esmero y menor desenfreno histriónico. Dicho de otro modo, la actual Alice parece más cercana en intenciones a la Grimes de antes de “Art Angels”, a Lykke Li o a Zola Jesus, quien recientemente ha regresado por todo lo alto con “Okovi”. De esta manera, y a pesar de que algunas de las progresiones melódicas semejantes a las que producía junto a Ethan se ponen de manifiesto en “Natural Selection” o en el single “Without Love”, encontramos otros estilos nuevos en su repertorio. Tal es el caso de “Forgiveness”, que en algunas fases puede remitir a la Kylie Minogue más discotequera. Hablábamos antes de la Grimes de “Halfaxa” o “Visions” y a ella nos llevan la producción y la modulación de la voz que convierten “White Lies” en la pieza más destacada de un EP que concluye con la extraña “Blood Oath”, enmascarada detrás de pasajes carentes de tonalidad como los que han caracterizado los últimos trabajos de Aphex Twin, y con la intimista balada “The Altar”, que parece perfecta para los créditos de una película de Tim Burton.

Con respecto a la última pregunta, y teniendo en cuenta todo lo dicho hasta ahora, podemos concluir que Alice ha recuperado una atención que parecía tener perdida tras la poca repercusión que alcanzaron sus primeros temas en solitario. En su EP debut ha demostrado que, manteniendo la esencia que la ha caracterizado en su etapa en Crystal Castles, es capaz de desviarse hacia otros géneros y sonidos que hacen muy recomendable tenerla en la recámara, especialmente si te gustan artistas como las antidivas mencionadas (Grimes, Zola Jesus…), pues podemos estar ante una artista que le dé una vuelta de tuerca a la música de baile alternativa, más alejada del inmovilismo del tropical house y el reggaetón que dominan con puño de hierro los circuitos comerciales.

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