El imparable ascenso de una banda como King Gizzard & The Lizard Wizard trae una cola de consecuencias indirectas que van saliendo a la luz con el tiempo. Una de ellas, quiero pensar (quizá ingenuamente), es el acercamiento de su público a estilos tocados, más fielmente o más de refilón, por el rey molleja en su actual maratón de publicaciones. El ejemplo más claro sería el del jazz y su reciente Sketches of Brunswick East, pero el que me interesa aquí es el doom que acariciaron con la punta de los dedos en su exagerado Murder of the Universe, y que quizá sembró la semilla del mal en alguno de sus muchos seguidores.

No os toméis esta mención a nuestros australianos favoritos como un truco sucio para ganar un puñado de visitas, sino atención hacia una banda relativamente desconocida que lo merece por méritos propios y puede sorprender a los oídos abiertos de mente que le den una oportunidad. Esa semilla de la que hablo se alimenta de riffs pesados y lentos como una tortuga galápago, y la envuelve un aura más negra que el humor de Charlie Hebdo. Si tú fuiste uno de esos a los que el MOTU generó algo más que curiosidad, te presento a unos polacos que lo mismo te enamoran que te encadenan en las tinieblas.

Dopelord son un cuarteto formado en 2010 en la ciudad de Lublin cuyas principales fuentes de inspiración son “la música de los 70, las pelis antiguas y las hierbas mágicas”. De hecho, podríamos tomar el nombre de su anterior trabajo como resumen de los tres puntales de la filosofía musical de Dopelord (y otros tantos grupos de su cuerda): “Black Arts, Riff Worship & Weed Cult”. Tras “Magick Rites” y aquel, dos álbumes sólidos pero no extraordinarios, es la demoledora calidad de este “Childen of the Haze” la que parece destinada a marcar un punto de inflexión en su carrera. Es difícil poner negro sobre blanco las razones por las que los polacos destacan en una escena si no saturada, sí repleta de bandas que fusilan a los grandes referentes del género como Sleep o Electric Wizard. Quizá sea su toque radicalmente pesado y pegajoso, quizá una influencia muy bien entendida del aroma tóxico de Belzebong o quizá simple y llanamente que hacen canciones muy por encima de la media de sus colegas. El caso es que, pese a no haberse labrado un nombre conocido fuera de las estrechas fronteras de este subgénero, Dopelord cuentan con todos los atributos para convertirse en la banda favorita de muchos stonerheads.

La cosa del pantano arrastrándote de las orejas

La demoledora calidad de este “Childen of the Haze” parece destinada a marcar un punto de inflexión en su carrera.

Que este “Hijos de la niebla” que tenemos entre manos no es para todos los gustos es evidente. No a todo el mundo, por muy melómano que sea, le gusta que le percutan los tímpanos los bajos de una canción como una bola de demolición o que unos riffs de guitarra sacados de un cenagal le llenen la cabeza de sonidos pesadillescos. Dicho esto, lo mejor de todo es que estamos ante un disco con la calidad y la melodía suficiente como para enganchar a alguien ajeno a este estilo. Esa es mi impresión, aunque quizá sea que he pasado tantas horas con estos polacos en los altavoces que me he acabado acostumbrando al tonelaje de su sonido.

Pese a no haberse labrado un nombre conocido fuera de las estrechas fronteras de este subgénero, Dopelord cuentan con todos los atributos para convertirse en la banda favorita de muchos stonerheads.

Al pulsar el play, el doom de Navigator va reptando lenta pero imparablemente, con una percusión capaz de saturar tus altavoces y sobre la que luchan por salir a flote tanto las voces reverberadas de Piotr y Pawel como los riffs gravísimos de su sección de cuerdas. Un comienzo inmejorable que, en vez de echar para atrás, atrae magnéticamente con el potencial de un electroimán industrial hasta que, demasiado tarde, te das cuenta de que no puedes salir de ese pozo. EnScum Priest se acelera el pulso y se aumenta la maldad del ambiente, con una atmósfera tan viciada como la, por cierto, espectacular portada del disco. Aquí sí que no se guardan los ases bajo la manga y descargan toda su imaginería desde un sampleado y terrorífico inicio, para continuar con unos guturales que ahuyentarán a los oyentes desprevenidos que aún sean capaces de escapar.

La Children of Haze que sigue y da nombre al disco es un pepinazo que empieza a hacer plantearse este disco como algo más que un ejemplo canónico del stoner-doom. Como anécdota, el inesperado homenaje a Kurt Cobain en su letra: we’d rather burn than fade away”. Skulls and Candles es el track más breve del álbum. Un oasis de calma retro, más sabbathiana que nunca, con un toque de peli de terror cutre setentera. Dopelord se muestran así afines a esa rama retorcida del género obsesionada con las sectas, el oscurantismo y esa estética de serie B en la que también entrarían bandas como Uncle Acid and the Deadbeats, Windhand o Salem’s Pot. Por su parte, enDead Inside (I&II) una tormenta se arremolina en el horizonte mientras a tu alrededor buscas refugio en vano. Entre el sludge mejor hecho del año y un final hard-rockero como oda a la flexibilidad del riff se erige la que probablemente sea la mejor de las pistas de un redondo en el que ninguna flojea.

Estamos ante el mejor disco del género en lo que va de año, con el permiso de esa maravilla de Elder llamada “Reflections of a Floating World”, y también ante uno de los mejores de metal en general.

Con semejantes antecedentes, la postrera Reptile Sun tiene una gran responsabilidad y la cumple coronándose como el tema más brutal de todo el álbum. Una batería aporreada sin piedad y bien de wah-wahs para dislocar las cervicales durante 6 minutos mientras se brama REPTILE SUN!” es la mejor manera de cerrar un LP cuya mayor virtud probablemente sea que no tiene una sola pega seria.

Con esto sólo pretendo subrayar lo evidente, y es que estamos ante el mejor disco del género en lo que va de año, con el permiso de esa maravilla de Elder llamada Reflections of a Floating World. Uno de los mejores de metal en general, de hecho, y que si no aparecerá en las listas de fin de año será porque somos pocos los afortunados que nos dejaremos abrazar por la espesa y hedionda niebla de Dopelord.

Dopelord – Children of the Haze

8.6

El tercer disco de los polacos Dopelord es un ejercicio prácticamente perfecto de stoner-doom tocado con tanta clase como potencia. Un diamante oculto en una ciénaga que merecería una escucha obligatoria en todo conservatorio y secta satánica que se precie.

  • Pensar que un disco puede contener maldad suena ridículo hasta que escuchas este.
  • Pese a lo pesado de su sonido, en ningún momento aburre o cansa.
  • Como colección de canciones sueltas siguen aguantando el tipo.
  • Su precio en Bandcamp: 6,66$.

  • No saca la cabeza de los tópicos y la trillada imaginería del stoner-doom.

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