Adoras a Kanye West. Odias a Kanye West. Pero, ¿a quién le importa? A Kanye West. Su nombre lleva resonando en todos los rincones de Internet, de las estaciones de radio, de las cadenas sensacionalistas de televisión, de tu habitación e incluso de la discoteca de tu barrio desde hace ya 10 años. ¿Por qué él?

Es posible que ya conocieses los trabajos anteriores a “Graduation” pero resulta innegable que las cosas cambiaron a partir de entonces. Es más, se podría decir que a partir de “Stronger”. También es posible que desconocieses o ignorases que el tercer corte de “Graduation” fue grabado en tres estudios alrededor del mundo, que se registrasen más de cincuenta versiones distintas del tema o que participasen en la mezcla final ocho ingenieros de sonido y once ingenieros de mezcla. Unas cifras que llevan a pensar que Kanye West es a fin de cuentas un productor que condujo todo este equipo hacia un objetivo concreto y premeditado: que te olvidases de las cifras y que simplemente te gustase la canción. Así de simple. “Stronger” gusta, tanto si escuchas rap como si no, tanto si adoras a Kanye West o como si le odias.

Con este tema Kanye puso al rap en un lugar distinto, elevándolo a lo más alto de las listas de grandes éxitos por motivos hasta entonces desconocidos. No se trata de rap de la calle, no nos habla de bandas, armas y drogas, y mucho menos de un intento de llevar estos temas a las cadenas de radio mainstream como hacía 50 Cent. “Stronger” representa el inicio de un rap aburguesado, cómodo, que recibe carta blanca para sonar en discotecas de todo el mundo donde será bailado y coreado tanto por futuros seguidores e incondicionales del EDM como por consumidores habituales de rap que no sentirían la necesidad de vestirse como si viviesen en las calles de Compton.

Y no nos olvidemos de Daft Punk. Decisión arriesgada la de samplear la que posiblemente sea la canción más celebre del más celebre de los conjuntos del olimpo de la electrónica. Concreto: de la electrónica europea. Pero a fin de cuentas una decisión acertada. Arriesgándose a sufrir un varapalo por parte de la crítica jugueteando con los intocables Daft Punk, Kanye se desmarcó acercando su música a los ‘puristas’ de la electrónica, ofreciendo un producto culto a la vez que entretenido. Consumo de masas comprometido con la calidad, o al menos con la concepción popular de lo que es o no es la calidad. Y esto derivó en algo que posiblemente ha marcado el posterior éxito de Kanye: que te gustase o no el rap ya no era una decisión puramente subjetiva.

“Stronger” no resulta un tema exclusivo y pese a lo fanfarrón u odioso que pueda parecerte el rapero de Chicago no puede ser tachado de placer culpable. Y si lo es, es posible que recibas algún comentario acerca de tu mal gusto. Lo sé, suena injusto no poder tener una opinión personal al respecto, no poder debatir el mérito de un tema de hace ya diez años; lo siento, de veras. Kanye West no lo siente. Y lo cierto es que al principio me equivocaba: a Kanye West le importa una mierda tu opinión.