El sol emitía sus últimos y abrasivos rayos cuando The Strypes salían para dar su concierto en la tercera jornada del pasado FIB. A finales de 2013 visitaron por primera vez España como teloneros de unos Arctic Monkeys sumidos en la gira del “AM”, último y notable trabajo de los de Sheffield. Cuatro años en los que los aún imberbes irlandeses han publicado tres discos totalmente distintos entre ellos, han pisado todos los grandes escenarios internacionales y han cumplido los sueños de cualquier banda veinteañera que se precie. Han cumplido sueños, sí, pero, ¿han cumplido con las expectativas?

Allá por 2013, el grupo formado por Ross Farrelly, Josh McClorey, Pete O’Hanlon y Evan Walsh editaba un primer elepé cargado de energía y descaro que monopolizó toda la atención de una prensa musical ávida de encumbrar a la nueva gran banda británica. “Snapshot” (Virgin EMI Records, 2013) cautivó no sólo a prensa y público, sino a grandes y legendarias estrellas que el resto de mortales anhelaríamos sólo cruzárnoslos por la calle. Así, cuatro chicos que no alcanzaban la mayoría de edad en España y ni siquiera podrían tener carné de conducir en EEUU protagonizaban pequeños shows mientras Roger Daltrey, Noel Gallagher o Jeff Beck eran algunos de los ilustres espectadores que contemplaban absortos su talento emergente.

Además, Elton John les propuso firmar con su productora y Miles Kane le recomendó a su amigo Alex Turner que apostara por ese cuarteto para abrir los conciertos de la gira más exitosa que los Arctic Monkeys han tenido hasta la fecha y que se ha mencionado al comienzo del texto. Sin embargo, es por todo esto por lo que uno puede preguntarse si tanto bombo inicial puede haber perjudicado una carrera prometedora en la cual los de Cavan no han sido capaces de lidiar con el (en ocasiones) peligroso éxito de un primer trabajo.

“Spitting Image”: la vuelta a lo seguro es eficaz, pero no suficiente

En su tercer larga duración han decidido volver por sus fueros y asegurarse de ejecutar un conjunto sobrio y eficaz, pero que apenas llega a rozar su mejor versión. Aun así, tampoco puede decirse que los irlandeses no muestren seguridad o no pretendan mejorar.

Con “Little Victories” (2015, Virgin EMI Records), segundo trabajo de The Strypes, apareció el temido cliché que asegura que, tras un primer álbum arrollador, llega uno pretencioso y recargado. Es cierto que hay que alabar su atrevimiento por intentar cambiar de estilo y registro, pero si un disco con dieciocho temas es osado para cualquier artista, para un LP cuyo antecesor bebía del más trepidante garage rock resultaba demasiado chirriante.

Es quizá por eso por lo que en su nuevo proyecto, “Spitting Image” (2017, EMI), han decidido volver por sus fueros y asegurarse de ejecutar un conjunto sobrio y eficaz, pero que apenas llega a rozar su mejor versión. No puede decirse que los irlandeses no muestren seguridad y no pretendan mejorar, ya que para esta ocasión han decidido trabajar con Ethan Johns (hijo del legendario productor Glyn Johns), quien ha colaborado con artistas de la talla de Tom Jones, Paul McCartney o The Vaccines, y que ha influido notablemente en el cuidado de la producción y el sonido limpio de los temas, como los propios integrantes de The Strypes nos contaron tras su actuación en el pasado FIB.

“Spitting Image” aúna el estilo mod de los 70 con tintes de garage rock e incluso punk rock de finales de los 90.

Así, el largo aúna el estilo mod de los 70 con tintes de garage rock e incluso punk rock de finales de los 90. Estos se aprecian en “Behind Closed Doors”, tema de apertura y segundo single que se lanzó. Con un ritmo francamente pegadizo es un buen punto de partida que sirve de preludio para lo que va a ser el resto del elepé. Poco riesgo, valor seguro. Le sigue “Consequence”, otra canción notable en la que empieza a notarse la mano del productor. Casi tres minutos de sonido nítido y buena música en los que los irlandeses cercioran no sólo su actitud descarada, sino también su edad.

(I Need a Break From) Holidays” supone la primera composición de relleno. A base de riffs trepidantes pero lineales, similares a los de grupos teenagers noventeros como Sum 41, los de Cavan hablan de lo complejo que es para un británico veranear en España. Sin embargo, más que esclarecer sus inquietudes consiguen labrar una historia que, debido a su simplicidad lírica y armónica, podría encajar en una secuela mala de American Pie. La cuarta canción del álbum contrasta con la anterior. “Grin And Bear It” conforma el primer momento en el que se atisba la interesante proyección que tienen estos chicos. Con un inicio cautivador y una melodía que recuerda a The Cure (y a este redactor de peculiar imaginación auditiva también le suena a “Pero a Tu Lado” de Los Secretos), esta pseudobalada demuestra que The Strypes tienen la sensibilidad musical adecuada para poder componer grandes temas lentos.

No es ningún secreto que The Strypes es una de las bandas nuevas con uno de los directos más disfrutables, y por eso da la sensación de que este “Spitting Image” está pensado para ser explotado en vivo.

Sin embargo, “Grin And Bear It” es como una loncha de un 5 Jotas entre dos panes cubiertos de moho. Si “(I Need a Break From) Holidays” era un tema que se antoja insuficiente, “Easy Riding” puede ser su hermano gemelo. Repetitiva y plana, es una reflexión contemporánea del ‘Carpe Diem’ y sobre aquello de que tiempos pasados siempre fueron mejores, sobre todo en lo que concierne a la música y todo lo que a ella rodea. “Great Expectations” da paso al mejor tramo del largo. Con un tono dylanesco, se narra una bonita historia de amor que cierra con un solo de saxofón que nada tiene que envidiar (salvo en lo evidente) a los sonidos de la Creedence. En “Garden Of Eden” llega el factor diferencial de este regular trabajo. Con un inicio psicodélico en el que se mezclan sirenas de policía con maracas, más de uno puede tener un lapsus y pensar que va a comenzar Steven Tyler a tararear que Janie tiene una pistola. Acompañada por un ritmo suave y la voz penetrante de Ross Farrelly, el track ejerce de gran punto de inflexión para un disco hasta el momento descafeinado.

A Different Kind Of Tension” vuelve a las melodías enérgicas de los dos primeros cortes, sin ser mejor que ninguno de ellos, por lo que resulta una composición indiferente durante su reproducción y olvidable tras ella. “Get It Over Quickly” sugiere un comienzo t-rexiano que sigue el hilo de “Easy Riding” aunque, a diferencia de la comparación hecha con “Great Expectations”, esta es mejor que su espejo. Mientras, “Turnin’ My Back” vuelve al garage del álbum debut. Tres adrenalínicos minutos en los que el ritmo va in crescendo y que terminan de reafirmar que este “Spitting Image” está pensado para ser explotado en las actuaciones. No es ningún secreto que The Strypes es una de las bandas nuevas con las performances más disfrutables, y si no me creen pregunten a Noel o a Roger o a Jeff si se los encuentran por la calle…

The Strypes tienen mucho que ofrecer y necesitan madurar, aunque “Spitting Image”, en su conjunto, no es el mejor ejemplo para demostrarlo.

La antepenúltima pieza es “Black Shades Over Red Eyes”, una composición con toques de rock setentero en la que Ross Farrelly confirma su potente torrente de voz, a caballo entre Luke Pritchard (The Kooks) y Dexter Holland (The Offspring). En esta ocasión puede verse el primer ejemplo, y en otras en las que debe rasgar más las cuerdas vocales, el segundo. Casi al final y no por ello menos importante, tenemos claro que “Mama Give Me Order” es la mejor canción del disco. Una guitarra acústica que justifica por qué Josh McClorey ha llegado a colaborar con Paul Weller y, de nuevo, la voz de Ross, son suficientes ingredientes para elaborar una composición que merece ser escuchada en bucle.

Por último, nos encontramos con el single de presentación. “Oh Cruel World” fue duramente criticado por medios de opiniones cuadriculadas y verdades absolutas. Un single inmejorable para cerrar, en el que la armónica es la gran protagonista, y que vuelve a coquetear con el sonido de Aerosmith. Un listón que podría resultar demasiado ambicioso, pero que una vez más (y como prácticamente todas las composiciones lentas del LP), denotan que The Strypes es una banda que tiene mucho que ofrecer y que necesita madurar, aunque “Spitting Image”, en su conjunto, no es el mejor ejemplo para demostrarlo.

The Strypes – Spitting Image

6.8

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Aún es pronto para dictar sentencia en la trayectoria de The Strypes. Los irlandeses apenas superan la veintena, y aunque es cierto que no han alcanzado las cotas que se esperaban y que se les atribuyó una enorme presión incluso antes de pisar un estudio, tienen margen de sobra para consagrarse como el gran grupo que pueden llegar a ser. Con “Spitting Image” han vuelto al ámbito donde están cómodos, algo muy bueno para recuperar la confianza, pero no para hacer historia.

Up

  • El atrevimiento a utilizar diversos tipos de instrumentos que van más allá de los habituales. El saxofón de “Great Expectations” o la armónica de “Oh Cruel World” dan al álbum una agradecida sensación de eclecticismo.
  • La voz de Ross Farrelly y la guitarra de Josh McClorey conforman la columna vertebral del grupo, concepto que reafirman en “Mama Give Me Order”.
  • Sacar “Oh Cruel World” como single de presentación. Una canción que se encuentra en el polo opuesto de lo que se entiende como el estilo de The Strypes, pero que sirve de perfecto cierre para un álbum que no destaca en su conjunto.

Down

  • Aunque es cierto que son veinteañeros, chirría un poco su portentoso compendio instrumental con sus letras juveniles. Es cuestión de mentalidad, ya que tienen las inquietudes propias de la edad, pero sus grandes referentes y la colaboración con Ethan Johns provocan que las letras se encuentren a años luz de la calidad sonora.
  • En “Little Victories” quisieron crecer antes de tiempo y el resultado fue el esperado. Esta vez han decidido aminorar el ritmo y jugar en el terreno que conocen y dominan, anulando cualquier opción para que el factor sorpresa entre en escena.
  • La nula capacidad que pueden tener algunos para ver su enorme potencial y que sólo los valoren por sus canciones más vertiginosas. Esto puede provocar que las composiciones más lentas, como “Grin And Bear It”, “Garden Of Eden” o las dos últimas no sean reconocidas como los temazos que son, al menos instrumentalmente hablando.

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