Cargar con el sambenito de ser ‘el grupo bajona‘ por definición no es, a priori, una cosa digna de celebrar. Sin embargo, el poder analgésico de las canciones de The National les ha aupado a una cómoda plaza en lo alto del podio de las bandas independientes del rock actual. Cómoda: no por falta de competencia (de tristes, desde el cariño lo digo, está el mundo lleno, y el mundo indie, más) sino porque disco a disco se han consolidado hasta tal punto que se hace prácticamente imposible esperar un álbum de The National no ya malo, sino mediocre.

Para un seguidor de The National cada escucha de “Boxer” o “High Violet” es un choque cataclísmico con una sola víctima: él mismo. Pese a ello, este último disco incluye en su portada una casa: simple, como pintada por un niño, oscura, cálida y único refugio visible frente al exterior. Exactamente como el hogar que uno encuentra cada vez que vuelve a cualquiera de los álbumes de los de Ohio. O como el estudio montado por Aaron Dessner y en el que se refugió la banda para grabar, con más calma que nunca, este su séptimo trabajo de larga duración: “Sleep Well Beast”.

Nueva dosis de morfina para los oídos

The National vuelven a demostrar que son expertos en esquivar la monotonía que a priori se le podría suponer y hasta perdonar a un grupo tan gris (en el menos malo sentido de la palabra).

La banda más elegante del rock actual (no hay que ser un lince para darse cuenta de que el porte fassbenderiano de Berninger es carne de portada de GQ) regresa, como decimos, tras el que fue uno de sus mejores discos, “Trouble Will Find Me”. Nobody Else Will Be There supone un comienzo anticlimático y que ejemplifica perfectamente la imagen mental que uno se forma al pensar en el sonido de la banda de Cincinnati. El pulso por los suelos, la maleta en la puerta y el corazón roto: eso es la escena a la que transporta, casi siempre, la voz de Matt Berninger. Por su parte, “Day I Die recupera la tensión ambiental que también se ha convertido en uno de los sellos personales de la banda. “Where will we be, the day I die?”, como encadenando el título con la anterior canción, como queriendo despertar (ahora sí) del sueño creativo en el que habían estado sumidos los últimos cuatro años:

“Let’s just get high enough to see our problems”

Dicen que nadie pinta cuadros de batallas perdidas, pero The National se han forjado toda una carrera haciéndolo, y por lo escuchado en “Sleep Well Beast” podemos decir que sin tropiezo alguno todavía.

Más rompedora resulta Walk It Back, cuyos sintetizadores de la era espacial te pillan desprevenido incluso a la décima escucha. Una base rítmica minimalista sobre la que la voz de Matt se luce casi sin quererlo, un puñado de samples y una moderada carga de experimentación que se agradece para seguir avanzando sin revolcarse demasiado en su propia melancolía. Le sigue EL SINGLE, con mayúsculas más que merecidas: The System Only Dreams in Total Darkness. El que fuera primer adelanto del presente disco es indudablemente el hit de esta colección de temas. Recordad el 1:42, cuando arranca ese riff entrecortado y se añade la segunda voz, porque sólo por ese momento exacto vale la pena conservar este álbum en formol y enseñárselo a los nietos. Incluso pese a momentos relativamente insulsos como Born to BegoEmpire Line, cuyos jugueteos electrónicos disarmónicos recuerdan a unos Radiohead del otro lado del charco. Claro que cuando una canción de este grupo te deja frío, basta acudir a su letra para rescatarle valor.

Las guitarras vuelven con más fuerza que nunca enTurtleneck, demostrando por enésima vez que The National son expertos en esquivar la monotonía que a priori se le podría suponer y hasta perdonar a un grupo tan gris (en el menos malo sentido de la palabra). Animada y rabiosa, con Berninger fraseando en registros que no le conocíamos, spoken word incluido, es sin duda otro de los highlights de este “Sleep Well Beast”. EnI’ll Still Destroy You hallamos un nuevo crescendo con esa épica que tanto les gusta mientras Matt le canta a la automedicación. O a drogarse, que no deja de ser lo mismo con otro nombre. Por cierto, premio ¿Dónde está Wally? al que encuentre la referencia a “I Need My Girl”. La temática dominante del disco, de haber una, sería una hipotética ruptura matrimonial, como queda patente enGuilty Party. Además se observa gracias al claro aumento del peso de la electrónica la influencia de LNZNDRF, el proyecto paralelo de Brian y Scott cuyo disco del pasado año aprovecho para reivindicar (pese a que se nos pasase reseñar).

En su séptimo disco siguen vistiendo la capa de derrotados, a sabiendas de que son una de las bandas más grandes de nuestros días. No es falsa modestia, sino el ADN de los tristes que, muy a menudo, son los mejores poetas.

Tras ella y encabezando el oscuro trío final,Carin at the Liquor Store trae de vuelta el canto desgarrador de Matt en “England”, “Ada” y las otras 432.851 baladas rompedoras de corazones que conforman el grueso del repertorio de la banda en un tema dedicado explícitamente a su mujer, Carin Besser. Joya de coleccionista para la que es el secreto mejor guardado de la banda, pues Carin colabora en la práctica totalidad de sus letras. El cómico título de Dark Side of the Gym puede dar pie a confusión, sólo hasta que comienza un nuevo piano lúgubre que da paso a una composición que encajaría perfectamente en el momento más dramático de una película ganadora de Oscar. Como colofón, Sleep Well Beastse presenta como una rareza basada en un único acorde gemelo de “Guilty Party” que se retuerce y evoluciona durante seis minutos (el tema más largo de la carrera de la banda). Es, sin embargo, otro experimento que gustaría a Thom Yorke pero que seguramente no se convertirá en la canción favorita de nadie, cosa que se puede decir de muy pocos de los temas de The National.

Dicen que nadie pinta cuadros de batallas perdidas, pero The National se han forjado toda una carrera haciéndolo, y por lo visto no les ha ido mal. En su séptimo disco siguen vistiendo la capa de derrotados, a sabiendas de que son una de las bandas más grandes de nuestros días. No es falsa modestia, sino el ADN de los tristes que, muy a menudo, son los mejores poetas.

The National – Sleep Well Beast

7.9

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Séptimo disco de The National, la banda empeñada en romperte el corazón y ponerte a mirar por la ventana en los días de lluvia. ¡Ahora, con extra de electrónica y madurez! La esencia, intacta…

Up

  • …Y la voz de Matt Berninger mejorando, todavía, hasta cotas estratosféricas.
  • Nuevas direcciones interesantes, tanto esa influencia digital de LNZNDRF como especialmente la tomada en “Turtleneck”.
  • “The System Only Dreams in Total Darkness” puede ser uno de los más épicos himnos que han confeccionado.

Down

  • Duración un tanto desmesurada. Se agradecerían un par de tracks menos.
  • Cuestión de gustos: un servidor preferiría algo menos de radioheadismo en ciertos momentos.

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