Cualquier artículo periodístico que quiera comentar la trayectoria profesional de The National coincidirá en su apertura que, a pesar de ser una banda que lleva 16 años en activo, su popularidad es relativamente reciente.

No podemos obviar que se trata de una banda nativa de Ohio que recoge siete discos en su mochila –el último, “Sleep Well Beast” (4AD, 2017), publicado este 8 de septiembre– e incluso un documental, “Mistaken for Strangers” (2013), dirigido por Tom Berninger, hermano del vocalista y frontman del grupo Matt Berninger.

No obstante, es de suma importancia tener en cuenta que el grupo nació como un pasatiempo en el seno de cinco amigos que se dedicaban a sus propios empleos (diseño gráfico en el caso del frontman y el bajista, por ejemplo) y que han pasado de tararear en la ducha a llenar hasta los últimos huecos de las salas de música.

Ahora, cuando prácticamente todo gira en torno a sus distinguidos pasos, The National no se andan con tonterías y se lo toman con calma. Una vez hecho el disco –con todo el trabajo de producción detrás, se entiende– reflexionan sobre lo que han estado meses gestando, además de leer y releer las continuas críticas que reciben sus canciones y sus letras, algo que no hace sino potenciar su interés por el perfeccionamiento de su discurso. Este ha ido variando conforme se han sucedido sus trabajos aunque, en líneas generales, ha seguido mostrándose salpicado por la amargura, el desapego, el desamor, la muerte o el no entendimiento de lo que rodea al protagonista de cada microhistoria. Este rasgo distintivo en un momento en el que las letras de las canciones calan de igual manera que los sonidos que las acompañan es, como poco, llamativo. ¿A quién le gusta sufrir leyendo entre líneas de barítono? Que les pregunten a los jóvenes de finales de los 70 y principios de los 80.

Lejos de toda esa parafernalia, donde la música era entendida acorde a la época por la radicalidad y la transformación que representaba, The National se imponen en las listas de los principales medios musicales por una sencilla razón: continúan haciendo lo que presentaron en un principio –quizá algo más pausados– pero con una evolución creciente y ansiosa por conseguir atravesar el esternón del quien los escucha.

Antes de comenzar el resumen de 10 joyas ocultas del grupo estadounidense es importante tener en cuenta que sus álbumes más vendidos, escuchados y reconocidos son los tres más ‘rockeros’: “Alligator” (Beggars Banquet Records, 2005), “Boxer” (Beggars Banquet Records, 2007) y “High Violet” (4AD, 2010), que marcan grandes contrastes con las canciones escogidas en este apartado (aunque alguna se ha tenido que colar por razones obvias).

1 | “Son” (“The National”, 2001)

Al momento de empezar a sonar esta canción las neuronas nos remiten a una figura fundamental en la historia de la música: Ian Curtis. Si bien es cierto que es necesaria una continuada atención para entender esta bienintencionada comparación, también lo es que la percusión inicial mantiene amplias similitudes con Candidate”, perteneciente al primer y único disco de Joy Division que vio con vida el malogrado de Mánchester, “Unknown Pleasures” (1979); y con “Atmosphere”.

Al contrario que la pluma de Curtis, Berninger relata en tonos graves que se alargan más allá del remate de sus consonantes, cuyas palabras que completan reverberan en el espacio y el tiempo sobre un fondo metálico y hueco en el que se dibuja una lección de vida de un padre a un hijo.

2 | “Thirsty” (“Sad Songs for Dirty Lovers”, 2003)

No acaba de empezar y queremos con ansia que no llegue el final de su melodía. La configuración de esta pieza parte de una línea de salida plana a la que, como en otras de las canciones escogidas, se van sumando de manera progresiva los diferentes ritmos de su revestimiento.

El cantante de Ohio sí parece guiar a su estilo y semejanza la continuidad de una pieza que, si bien no destaca por la originalidad de su temática o sus rimas, combina de una manera excepcional los graves de Berninger con los coros finales, a los que se une un fondo de cuerdas que eleva la calidad de la composición.

3 | “Without Permission” (“The Virginia EP”, 2008)

Ya desde los primeros segundos del quinto corte de este compacto The National trazan una quebrada línea de sonidos que comienza con la afinación de unas cuerdas y la inminente entrada del sonido de un órgano y que continúa con una lírica que ejemplifica la desolación de su título.

La sublime entonación de Berninger traslada al oyente hacia la más pura soledad de su letra, especialmente en la parte que entona en el estribillo aquello de “Every moment brings me down when you’re not around / But all I’m asking for is come back for just one day / And make it worth the while just to see your smile”.

Lejos de ser el estribillo la parte más movida de la pieza (como erróneamente se cree al hablar de cualquier composición), aquí éste se acompaña por otras líneas de guitarra que, a partir de delicadas pinceladas, solapan a la principal y dejan el regusto amargo a un lado si no se atiende con atención a lo que nos cuenta su historia.

4 | “Apartment Story” (“Boxer”, 2007)

La continua batería de Bryan Devendorf no hace sino colocar un caparazón sobre una historia de esperanza y reconciliación bajo la que se desperdiga un increíble bajo que permanece sin acompañamiento alguno hasta la inclusión de ciertas notas de teclado.

En cierto modo parece mantener una estructura en la que se van combinando los distintos instrumentos, guiados por el patrón de batería y en permanente despegue de la voz, la cual parece funcionar de manera aislada a lo que va sucediendo detrás, a su manera, buscando su propia solución.

5 | “Sugar Wife” (“Sad Songs for Dirty Lovers”, 2003)

Sencilla, sin un trasfondo fundamental y con ritmo atrayente. Con toda probabilidad esta canción fue compuesta en una servilleta de papel de esas que ensucian más que limpian porque cuenta con apenas tres frases.

Es, desde luego, toda una declaración de amor en versión morbosa y provocativamente simplista (Sugar wife / Can you make me a man / Baby doll can you make me a dad?”), pero la voz de Berninger se convierte en el susurro más nasal del disco, dándole así un toque tan fresco como identificativo con Eels (algo que también se refleja en los golpes secos de las percusiones).

Tampoco perdamos de vista los vientos de fondo ni las cuerdas, que nos instan a mantener la atención sobre su fondo musical.

6 | “Keep It Upstairs” (Cara B de “Abel”, 2005)

Perteneciente al EP “Abel” (2005) –una de las canciones del álbum “Alligator” de ese mismo año–, este track juega con un solo ritmo melódico de guitarra como línea de fondo, al que se funden diferentes instrumentos como una leve batería y unos cascabeles. A pesar de ser un tema tremendamente sencillo funciona de forma muy efectiva gracias a la inclusión de varias voces a lo largo de sus cuatro minutos y diecinueve segundos de duración, con tonos principalmente agudos.

The National nos regalan una historia sobre rutina y miedo al cambio en la que se busca romper con esa monotonía. “I was home entertaining some guests / When I fell off the chair and cracked open my head / Bees flew out and they flew up their skirts / And they cracked open the… flew out and they flew up their skirts / Because they wanted to travel the world” subraya la base coral que propone un tono diferente a la grave y habitual voz de Berninger.

Si nos movemos tres años hacia delante, en el “The Virginia EP” de 2008 nos encontraremos con el mismo tema pero en una forma más agresiva, quizá con menos encanto pero, desde luego, con mejor promoción; hablamos ni más ni menos que de “Blank Slate”, pieza que esta vez sí juega con Berninger como única voz al frente.

7 | “Anyone’s Ghost” (“Hight Violet”, 2010)

Progresivamente, cada riff que se genera entre las seis cuerdas de cada hermano Dessner parece alcanzar una profundidad mayor. Desde luego no hay quien pueda competir con la batería pero las aristas sobre las que se mantiene la voz y en definitiva la canción no mantendrían la misma estabilidad y oscuridad si desaparecieran.

En lo referente a la letra, que nos golpea con la misma intensidad que Devendorf a sus baquetas, novela desde el aspecto instrumental y destaca en “Anyone’s Ghost” frente a la posible monotonía del resto de cortes en conjunto.

8 | “Demons” (“Trouble Will Find Me”, 2013)

El objetivo marcado previamente en esta irreducible lista era el de no incluir ningún tema del penúltimo disco de The National porque se ha extendido a todos los reproductores de música del mundo y poco hay que contar que no se haya dicho.

Sin embargo, es imposible no pararse un momento para ver cómo funciona la mente de una persona deprimida y cómo lo cuentan los de Ohio, de nuevo a través de monólogos internos que responden más que preguntan porque las cuestiones ya han sido resueltas.

Lejos de “Sea of Love” o “I Need My Girl”, estos demonios internos que devoran el recuerdo de Berninger se hicieron físicos y palpables en “Demons” gracias a una agria oda al remordimiento. El vocalista hace penitencia con todo lo que encuentra a su alrededor para sentirse peor de lo que estaba al comenzar esta canción, algo por lo que parece regocijarse.

9 | “Exile Vilify” (single “From The Game Portal 2”, 2011)

Ni alternativa ni indie ni niguna etiqueta de pacotilla. En el mejor de los casos este tema es una clara obra clásica. Y para entender su completa trascendencia simplemente hay que reproducir ese primer minuto en el que la voz reposa sobre un suave colchón de piano, que tiene por sábanas unos violines los cuales proporcionan la delicadeza requerida. Perfección.

A través de ese constante diálogo interno en el que las preguntas retóricas conducen a un solo punto (“Exile / Have you given up?”), el corte conecta sin adornos con un momento por el que todos hemos pasado y con el que nos identificamos fácilmente: dar el paso o dejarlo todo como está.

10 | “Wake Up Your Saints” (“High Violet”, 2010)

Escuchar el segundo corte de la versión extendida del álbum que catapultó verdaderamente a The National es toda una experiencia refrescante y optimista. Por ello es de primera necesidad colocar en este repertorio una canción tan bien construida.

En dos palabras: ERA NECESARIO o HACÍA FALTA el inmenso optimismo que derrocha “Wake Up Your Saints”, empezando con unas suaves y agudas notas de piano en contraste con esos vientos que soplan como bramidos de elefantes mientras el resto de la instrumentación, entre la que se escuchan chasquidos de dedos que nos remontan al primer trabajo del británico Mika (¿quién no ha cantado a gritos su famosa “Grace Kelly”? ), es pura fantasía conjugada con versos sobre necesidad y arrepentimiento.

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