Interpol

Interpol –
Turn On the Bright Lights

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A principios de los 2000, Nueva York se encontraba en pleno renacimiento del rock con bandas como The Strokes o Yeah Yeah Yeahs. A esos grupos pronto se unirían Interpol con este sublime Turn On the Bright Lights (2002), el cual llevó la música de guitarras hacia el post-punk con canciones llenas de emoción, tristeza y, sobre todo, mucha fuerza.

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Hay milagros que sólo ocurren una vez. No quiero decir que no puedan volver a suceder, pero por algún motivo que desconozco a veces nunca se repiten. Puede haber muchos factores influyentes: la situación, el entorno, la inspiración, las ganas, la creatividad del momento… Las combinaciones son infinitas, pero sólo cuando todo converge en el mismo punto sucede la magia. En el caso de hoy la magia ocurrió hace ya más de quince años, durante aquel lejano 2002 en el que vieron la luz auténticas obras de arte como Yankee Hotel Foxtrot de Wilco o el trabajo del que hablamos: Turn On the Bright Lights de Interpol.

La Nueva York agonizante

Interpol incidieron más en el post-punk que en el rock, lo que les llevó a ser comparados constantemente con bandas de los setenta y ochenta como The Smiths o The Cure pero, sobre todo, con Joy Division.

Interpol se formaron originalmente en Nueva York allá por 1997, con Daniel Kessler a la guitarra y Greg Drudy a la batería, quienes reclutarían a Carlos Dengler al bajo y a Paul Banks a la voz y guitarra poco después. Tras un puñado de conciertos sin un nombre decidido para el grupo, en el año 2000 editaron el EP Fukd ID No. 3, tras el cual Drudy abandonaría el conjunto para ser sustituido por Sam Fogarino. Después de varios EPs, por fin conseguirían firmar un contrato con el sello discográfico Matador Records, con el cual lanzarían un último EP homónimo en junio de 2002 antes de lanzarse a la piscina con su primer trabajo de estudio, el cual vio la luz en agosto de ese mismo año.

Co-producido por Peter Katis y Gareth Jones, Turn On the Bright Lights se grabó durante el mes de noviembre de 2001 en los Tarquin Studios de Connecticut. Desde su lanzamiento, el disco recibió muy buenas críticas y fue bastante aclamado por el público, llevando al grupo a encabezar la escena musical neoyorquina del momento junto a contemporáneos como The Strokes o TV on the Radio. Sin embargo, el sonido de Interpol se alejaba bastante de la propuesta de estos grupos, incidiendo más en el post-punk que en el rock, lo que les llevó a ser comparados constantemente con bandas de los setenta y ochenta como The Smiths o The Cure pero, sobre todo, con Joy Division, debido en gran parte al parecido entre las voces de Paul Banks e Ian Curtis. Esta sería una maldición que nunca pudieron quitarse de encima, a pesar de que Interpol siempre han insistido en que los de Ian Curtis no han sido una influencia particular para ellos.

Comparaciones aparte, Interpol supieron aportar una perspectiva distinta a la música de guitarras, que se encontraba en pleno revival por aquel entonces. Es difícil hablar de todo lo que consiguieron abarcar sonoramente con una instrumentación que no era especialmente complicada, pero si tuviera que resumir los puntos fuertes del grupo serían principalmente dos: el ritmo y el espacio. El primer aspecto es algo que también me ha parecido especialmente potente en The Strokes; ambos conjuntos poseen un ritmo muy marcado, sin demasiadas complicaciones, repetitivo pero efectivo tanto en la batería (entre Fogarino y Moretti me quedo con el primero, eso sí) como en las guitarras, las cuales siempre se ejecutan en perfecta consonancia y se complementan de una manera tan transparente que pocos grupos consiguen reflejar. En cuanto al espacio, siempre me ha sorprendido lo increíblemente amplio que es este trabajo, a pesar de contar con canciones acongojantes y claustrofóbicas y de estar sumergido en una atmósfera triste, opresiva y pesimista.

Fotografía: Archivo

Un contraste continuo entre tranquilidad y agobio

Resulta sorprendente lo increíblemente amplio que es este trabajo, a pesar de contar con canciones acongojantes y claustrofóbicas y de estar sumergido en una atmósfera triste, opresiva y pesimista.

Pero hablemos de las canciones para ilustrar mejor estas características (además de muchas otras de sus virtudes), ya que este es uno de esos discos que te atrapan desde el primer segundo, con esa hipnótica “Untitled” que muestra las dotes del grupo para hacer mucho con muy poco. Kessler machaca un riff durante toda la canción, al que pronto se unen bajo y batería junto a los golpes de guitarra de Paul Banks, que recuerdan a una sirena y que suenan siempre en los momentos justos. Este tema era en su origen una especie de introducción que Interpol tocaban para abrir sus conciertos y que acabó convirtiéndose en la carta de presentación para su debut añadiendo letra y voz, la cual, por cierto, muestra a un Paul Banks que aguarda pacientemente el instante preciso para mostrarse ante su pareja con el fin de ayudarla, en contra de la desconfianza de esta:

“I will surprise you sometime, I’ll come around”

Interpol juegan constantemente con el contraste entre tranquilidad y agobio. En un primer momento te invitan a relajarte para después golpear sin aviso y ponerte el corazón en un puño con “Obstacle 1”, corte en el que Banks describe una relación rota e imposible de arreglar, lamentándose a través de riffs de guitarra que no hacen sino enfatizar su agonía (But it’s different now that I’m poor and aging / I’ll never see this face again / you go stabbing yourself in the neck). Mención aparte para el final ascendente y catártico con esos She packs it away en falsete y muy a lo Radiohead.

Avanzamos hacia otro momento clave en el álbum con “NYC”, acrónimo con doble sentido para New York City y para New York cares, frase que se repite durante el estribillo y que, en efecto, habla no tanto de la ciudad como de la rutina que uno se ve forzado a vivir al residir en ella, describiendo el agotamiento que produce y la necesidad de un cambio para escapar: It’s up to me now / turn on the bright lights. Esta es otra de las canciones que muestran la capacidad de la banda para transmitir esa sensación de amplitud a pesar de hablar del agobio que produce una gran ciudad, con unas guitarras y una batería que se desarrollan lentamente y reflejan el paisaje casi apocalíptico que reinaba en una ciudad que no mucho antes había sufrido el atentado del 11-S, el cual sirvió de reclamo también para este álbum.

Capacidad para hacer bailar

Interpol supieron aportar una perspectiva distinta a la música de guitarras, que se encontraba en pleno revival por aquel entonces. Es difícil hablar de todo lo que consiguieron abarcar sonoramente con una instrumentación que no era especialmente complicada, pero si tuviéramos que resumir los puntos fuertes del grupo serían principalmente dos: el ritmo y el espacio.

PDA” arranca con furia y vuelve a la temática de las relaciones rotas (muy frecuente en el disco), destacando por primera vez los coros de Daniel Kessler en el estribillo y una sección rítmica mucho más machacona y robótica, algo que continúa presente en “Say Hello to the Angels”, una de las canciones con más alma de hit de todo el álbum, en la que el grupo aumenta la velocidad y desarrolla unas guitarras mucho más melódicas, un poquito más cercanas a Television esta vez, y con un Paul Banks que realiza más giros en la voz y canta sobre un hombre obsesionado con el sexo:

“Oh each night I bury my love around you”

Parecía casi impensable tras las cuatro piezas anteriores, pero sí: Interpol también tienen capacidad para sacarte a la pista de baile. No podemos decir que su atmósfera pesimista se esfume aquí, pero sí se puede sentir una energía que vuelve con fuerza tras “Hands Away”, una pista casi instrumental que sirve un poco a modo de transición a pesar de un tramo central tremendamente emocional. Pero es “Obstacle 2” la canción que muestra nuevamente esa energía, alejada de la agonía y esta vez casi optimista gracias a un Paul Banks que canta sobre su deseo de enamorarse y compartir su vida con alguien una vez tenga un estado de ánimo estable:

“It takes a long time just to get all this straight”

El resurgir guitarrero de la Gran Manzana

Entre el buenrollismo de Casablancas y el gamberrismo de Yeah Yeah Yeahs surgieron también unos Interpol mucho más emocionales y pesimistas, llenos de rabia y frustración, preparados para encoger el corazón del más duro a través de un sonido post-punk muy claro y muy bien conjugado, sin acomodarse demasiado en el pasado ni excederse o empeñarse por ir mucho más allá.

Y, ahora, nos adentramos sin retorno en la oscuridad que reina en el resto del disco. Primero con “Stella Was a Diver and She Was Always Down” y después con Roland”, donde Interpol pisan nuevamente el acelerador intercambiando los versos de Banks con riffs muy potentes y que suenan mucho más agudos en la parte final. Pero la canción que tiene capacidad especial para hacer que las lágrimas vuelvan a brotar en los ojos del oyente es “The New”, con esa introducción tan triste, esa primera estrofa de Banks tan sincera y desgarradora (I wish I could live free / I hope it’s not beyond me / settling down it takes me / one day we’ll live together / and life will be better) y esa segunda parte más aguda e intensa con un piano y una guitarra que retuerce el tema y lo conduce de la tristeza a la frustración.

Para cuando llega “Leif Erikson” uno ya está totalmente roto, pero el final nos da un pequeño respiro con una canción guiada principalmente por los teclados y una línea instrumental horizontal y calmada, más centrada en prestar atención a unos versos llenos de metáforas y simbolismo. Aquí se trata una relación en la que cada una de las partes es totalmente diferente, buscando entenderse (The clock is set for nine but you know you’re gonna make it eight / so that you two can take some time, teach each other to reciprocate) y dejándonos intuir cierta paz interior a pesar de plasmarse en el sonido un miedo que nunca se va por completo.

En un momento en el que Nueva York se recuperaba del devastador atentado del 11 de septiembre, el rock resurgía con una fuerza que hacía años que no estaba tan presente en la ciudad. Entre el buenrollismo de Casablancas y el gamberrismo de Yeah Yeah Yeahs surgieron también unos Interpol mucho más emocionales y pesimistas, llenos de rabia y frustración, preparados para encoger el corazón del más duro a través de un sonido post-punk muy claro y muy bien conjugado, sin acomodarse demasiado en el pasado ni excederse o empeñarse por ir mucho más allá, dando como resultado un trabajo brillante y que, aunque como decíamos más arriba nunca volverían a repetir (o no al menos con semejante maestría), se acabó convirtiendo en uno de los mayores logros de la década.

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