Flamenco. Suena tan amplio. ¿Qué es el flamenco? Flamenco eres tú, como diría el poeta; pero qué va, ni de lejos. Flamenco no es casi nadie. Pocos son los escogidos, los poseedores del llamado duende, que no se puede definir pero que se siente. Es imposible perdérselo. Personalidades extravagantes que brillan con luz propia, vástagos de las mezclas más extrañas y los experimentos más atrevidos. Curioso que el género más tradicional no pueda existir sin eso, sin el mestizaje y el aventurismo de unos pocos visionarios. No se dan muchos ejemplos. Un Camarón por allí, un Morente por allá, un Raimundo Amador por aquí… desde luego no muchos más a lo largo de la historia. Este año, sin embargo, es una excepción. Tres quejidos han resonado en el tablao, a cada cual más diferente, aunque siempre más fuerte. Tres voces únicas, irrepetibles y, sobre todo, visionarias de un modo casi extraterrestre. Tres voces. Tres respiros que el flamenco dio este año: Quentin Gas, Exquirla y Rosalía. Sus historias se tocan lo justo, sus estilos colisionan y, sin embargo, juntos forman un tríptico extrañamente homogéneo, como partes de un todo que empuja, destructor y renovador al mismo tiempo.

Decía Camarón que la pureza no puede perderse si se lleva por dentro. Desde luego de falta de pureza no podrá quejarse Quintín Vargas, hijo de la bailaora Concha Vargas y cabeza pensante detrás de Quentin Gas & Los Zíngaros. Puede que no sea el lanzamiento que más ruido haya hecho este año, pero sin duda es uno de los más interesantes. El sevillano Vargas proponía con “Caravana” una migración sonora desde la India hasta la mismísima Lebrija pasando por Persia, Turquía y Tánger. La historia del pueblo gitano hecha música, describiendo sónicamente no sólo la trayectoria del flamenco sino también de la psicodelia (su prima lejanísima), ya sea con sitares indios o con sinuosas curvas de influencia neo-psych. A lo largo de “Caravana” se suceden sonidos exóticos y familiares con pasmosa familiaridad. Su objetivo: demostrar que en la música nada está tan lejos como parece. La personificación de esto es un gitano con un bindi en la frente tocando una Epiphone. Bendita mezcla la de Quentin. Mezcla que bebe tanto de Triana como de Tame Impala y que renueva la psicodelia y el flamenco desde donde tiene que ser: desde el sur.

¿Sólo desde el sur? Supongo que no será casualidad que Quentin escogiera para colaborar en “Deserto Rosso” a Niño de Elche, como tampoco lo es que sea precisamente el alicantino quien, junto a los madrileños Toundra (la banda de post-rock más aclamada del panorama nacional) estuviera encargado de dar vida a uno de los proyectos más anticipados de este último año. La revolución aflamencada de Niño de Elche buscando refuerzos en la tempestad sonora de Toundra… ¿Quién les iba a decir?

Exquirla surgió como surgen las mejores cosas: de la nada. Chocaron dos astros lejanos para consolidar uno de los mejores álbumes que ha parido España este año y dejarnos a todos con las piernas temblando. Reminiscencias sonoras de Morente (“Omega”, siempre “Omega”) y pasajes poéticos de Enrique Falcón. Tormentas distorsionadas y requiebros flamencos.Para Quienes Aún Viven” es un eco que devuelve la rabia de las voces perdidas. Todo en este disco es disonante y armónico al mismo tiempo, convirtiéndose en una experiencia contradictoria que sirve como reflejo de nuestra época, un testimonio de los pocos que aún respiran. ¿Flamenco? ¿Post-rock? Llámenlo como quieran.

Fotografía: Adrián Erre

También pueden llamar como quieran al dúo de Rosalía y Raül Refree. Esa misma. La que fuera voz y rostro detrás del hit de C. Tangana de 2016 volvía este año para sorprender al público con un disco delicado, solemne y experimental como pocos. Los Ángeles” es el producto de una millennial poco común, criada en la generación de Instagram, Twitter y YouTube, pero inmersa en la melancolía de La Niña de los Peines, la cinta magnética y las cartas de amor sin remite. Cantes tradicionales forman el ingrediente principal de un álbum que se ha granjeado la simpatía de veteranos y jóvenes gracias a su sonido aterciopelado, su desarrollo en tensión y, sobre todo, su descarnada honestidad, tanto en su contenido como en su forma. Guitarra y voz. Nada más hace falta para tenernos en vilo durante casi cincuenta minutos. La simpleza de “Los Ángeles” es probablemente uno de sus mayores fuertes y si bien la guitarra de Raül Refree es flamenca sólo a ratos, lo cierto es que es casi imposible alguien que acompañe mejor a este prodigio de niña a medio camino entre La Niña de los Peines y Rihanna. Si alguien alguna vez se preguntó cómo suena el flamenco del siglo XXI, sin duda este es su disco.

Híbridos de dos siglos. Bisagras de unión entre la historia y el futuro. Probablemente sea la primera vez en años que un grupo de artistas jóvenes (y digo artistas) se atreve a sumergirse en el flamenco para experimentar con él, moldearlo a su forma y destrozarlo una vez seco para volver a componerlo. Ya sea en los viajes sonoros de Quentin Gas, en la poesía gutural de Exquirla o en los silencios estruendosos de Rosalía, encontramos en todos ellos el oxígeno necesario para una escena seca en la que parecía que mirar atrás era el único camino (esto hablando del flamenco experimental). A dónde ir desde aquí es un enigma completo, pero sin duda el punto de partida es alentador: miles de jóvenes llenando salas, expuestos a un sonido, una cultura de la que probablemente sabían lo mínimo. Luego está la brújula de la industria, los periódicos y publicaciones interesados, los festivales que giran su vista en esta dirección… No son pocos los titulares que este año han rellenado sus líneas con al menos un nombre de los aquí mencionados. Desde los periódicos más asentados hasta los blogs más amateur, todos querían hablar de la sensación del año, sensación que venía con las venas del cuello hinchadas y un cierto olor residual a resina.

Unanimidad absoluta en cuanto al éxito de un esperado retorno: el del flamenco experimental, que sin tener ningún color los tiene todos. Celebremos pues su vuelta por tres caminos distintos: Quentin Gas por el amarillo desértico, Exquirla por el gris industrial y Rosalía por el blanco y negro. Tres necesarias voces para regar un campo que florece de nuevo. Estaremos expectantes.