Quizá los planetas están alineados de algún modo determinado, quizá la actualidad nos empuja irremediablemente a buscar una felicidad atrapada en un lejano pasado o quizá es el momento de revisar los fundamentos, pero todo está volviendo. Como si del ‘karma’ cultural se tratara, en pleno 2017 hemos podido ver en cartelera la versión en carne y hueso de Ghost in The Shell, La Bella y La Bestia o el regreso de personajes clásicos como Pennywise o Rick Deckard. Hemos vuelto a entonar las canciones de Operación Triunfo y hemos claudicado ante los valores postmodernos con estética ochentera de Stranger Things.

Como decíamos, todo vuelve. Vuelve el choker, las chaquetas de chándal de los noventa, Twin Peaks y vuelven las Polaroids. Ante este panorama de ‘comebacks’ masivos, ¿por qué debería James Murphy quedarse probando vinitos en Brooklyn cuando puede volver de entre los muertos a sudar y a lamentarse de que ya no tiene edad para estos trotes? Avisamos en este punto de que no juzgaremos el juego de ir y volver que han hecho LCD Soundsystem. En todo caso celebramos que haya nueva música, que James afirme que con “American Dreames con el disco que mejor se lo ha pasado y que quien los haya descubierto después de su último concierto tenga la oportunidad de disfrutarlos en vivo.

Fotografía: Ruvan Wijesooriya

LCD Soundsystem no vuelven solos, con ellos viene una herencia que suena a Talking Heads, Joy Division o David Bowie

Todos y cada uno de los elementos están cuidados al detalle, Murphy tiene muy claras sus ideas y la dirección de este disco, los temas adquieren un contexto y no se separan de él, el sonido está programado de manera que cada pista consiga sorprender y trabaja como una mezcla que sube como la espuma.

El arranque de “American Dream” con esa “oh baby”, que entra poco a poco pero pisa con una firmeza indiscutible desde sus primeros segundos de sintetizador, demuestra que ha valido la pena esperar. La épica del retorno suena como una gran luz que se prende con la misma fuerza que tenía justo antes de apagarse. LCD Soundsystem son románticos por naturaleza, y en “American Dream” tienen cancha libre para ofrecer su mezcla agridulce de sentimientos. Aquí no vamos a bailar tanto (pese a que los directos acaben funcionando de forma bastante diferente), ahora aquel “Sound Of Silver” suena más oscuro, más denso y reflexivo. Pero no nos engañemos: todos y cada uno de los elementos están cuidados al detalle, Murphy tiene muy claras sus ideas y la dirección de este disco, los temas adquieren un contexto y no se separan de él, el sonido está programado de manera que cada pista consiga sorprender y trabaja como una mezcla que sube como la espuma. No vamos a volvernos locos, para eso ya tenemos su debut, pero tampoco nos vamos a aburrir. Solamente con este inicio entre los dos sintetizadores nos ponen al día y hacen que aflore cierta nostalgia al reconocer un sonido que nos es habitual, que nos recuerda que efectivamente estamos escuchando un nuevo disco de LCD Soundsystem después de más de un lustro de inactividad. Imposible no acordarse de “All My Friends” o “Someone Great” con esa conjugación.

LCD Soundsystem son románticos por naturaleza, y en “American Dream” tienen cancha libre para ofrecer su mezcla agridulce de sentimientos. Aquí no vamos a bailar tanto, ahora aquel “Sound Of Silver” suena más oscuro, más denso y reflexivo.

Los métodos son más o menos los mismos que nos han ido presentando a lo largo de su discografía: una base de sintetizadores estática que aguanta una progresión lenta pero continua hacia un momento catártico en el que se funden todas las intervenciones de la canción. Y, cómo no, la voz de James Murphy encargada de brindar ese sentimiento de nostalgia o desazón. “oh baby” es el slow-burner característico de LCD Soundsystem que nos lleva hacia “other voices”, la cual nos remite a sus amados Talking Heads sin huir de la línea característica de los norteamericanos. Como en sus anteriores elepés, en “American Dream” ensamblan los elementos sonoros con los que siempre han trabajado y los adaptan a las necesidades de cada canción. Sin renunciar a nada consiguen que con los mismos ingredientes la receta les salga innovadora y redonda: nos perdemos en el ritmo de los cencerros mientras las guitarras y el bajo nos llaman como la misma flauta de Hamelín. Así desempeñan una “other voices” que podemos entender perfectamente como una metáfora de este regreso, sobre todo en el momento en el que Nancy interviene: “Push back the wall / Push back the calendar / We’ve got, we’ve got friends who are calling us home. El tema presenta un mundo incierto, pero aboga por ponerse manos a la obra y volver con la misma pasión por aquellos a los que aún les importe.

El bajo le cede cierto protagonismo a una potente y cálida batería que se fundirá más tarde con un brillante sintetizador. En “i used to” regresa ese ‘nerd’ musical por el que James Murphy es conocido. Aquí visita el pasado a través de unos ojos que miran con cierta irrelevancia mientras intentan encajar en un espacio guiado por ese sonido de matices tardíos y crepusculares. “change yr mind”, por su parte, se desenvuelve de un modo más misterioso, mostrando una cara de LCD Soundsystem que no teníamos tan controlada pero que a la vez nos vuelve a conectar con los Talking Heads de “Remain In Light”. De nuevo el fantasma de la separación de la banda planea sobre la mente de James, que parece pedir un cambio de mentalidad a sus seguidores más conservadores, y muestra cierta ansiedad al recordar los motivos que llevaron a acabar con LCD Soundsystem: “I’ve just got nothing left to say […] And I’m not dangerous now / The way I used to be once / I’m just too old for it now / At least that seems to be true”.

Como en sus anteriores elepés, en “American Dream” ensamblan los elementos sonoros con los que siempre han trabajado y los adaptan a las necesidades de cada canción. Sin renunciar a nada consiguen que con los mismos ingredientes la receta les salga innovadora y redonda.

Vamos ahora con “how do you sleep?”, uno de los mejores cortes del álbum para el redactor de estas líneas. Pese a la parecida actitud de los sintetizadores respecto a “Dance Yrself Clean”, “how do you sleep?” tiene una personalidad muy marcada. La distante voz con la que empieza a cantar James favorece una percusión que podría pertenecer perfectamente a un evocativo ritual folklórico. Pronto aterriza el sintetizador que dicha percusión estaba invocando y se impone con contundencia, marcando una actitud rabiosa y constante. Este tema es un golpe tremendo del potencial que tienen LCD Soundsystem y aquello que los hace tan únicos; el crescendo hacia una histeria progresiva nos atrapa irremediablemente dentro de un laberinto rítmico del que no podemos escapar a la vez que James escupe toda su rabia a un solo individuo. Es curioso: mientras nosotros estamos entregados al ritmo él dirige sus dardos transoceánicos hacia una sola persona, que podría ser un co-fundador del sello DFA con el que no acabó muy bien, según parece.

Seguimos flotando cuando un sonido más terrenal nos trae de vuelta. “tonite” es otra de las jugadas clave de este disco, uno de los grandes momentos de diversión para James. Si queríamos saciarnos de los ‘antiguos’ LCD Soundsystem, aquí tenemos casi seis minutos en los que el ritmo propio de “Sound of Silver” acoge la temática clave de los neoyorkinos: la industria musical y el hacerse mayor combinados con ironía y fiesta. Aparecen aquí ciertas referencias a la relación con la música que tienen los jóvenes de hoy en día, a las ideas de juventud eterna y a la negación del crecer. Nos alegra escuchar al ‘cascarrabias’ que declara que antes sí se disfrutaba de la vida, porque en esencia ese es James Murphy: el predicador de lo analógico que ha vuelto para hacernos bailar rememorando todo aquello que algunos nos perdimos (pero que él sí vivió).

LCD Soundsystem firman canciones en las que tienen el control total de lo que va a pasar y juegan con nuestras expectativas. Los minutos pasan como segundos ante los calculados cambios de ritmo y cadencia que empujan hacia cierta catarsis afectiva. El disco juega con nuestros sentimientos, con brotes de sensibilidad aquí y allá que nos elevarán a varios metros del suelo.

Seguimos con “call the police”, que formó parte del primer adelanto de “American Dream”. Robusta, coral y muy bailable, en ella optan por dar protagonismo a unas guitarras que pasan por encima de los sintetizadores y consiguen contagiar esa locura sin inmutarse. Esta es la gracia de “American Dream”: funciona como un movimiento transversal entre el rock guitarrero, la electrónica oscura y ‘trippy’ y los movimientos más dulces como “oh baby” o “american dream”. Todos ellos desarrollados con coherencia, solidez y habilidad para conseguir que el álbum vaya creciendo casi sin darse cuenta. Se disipa aquel punk gamberro y aquellos aires más desenfadados de sus primeros trabajos, siendo este el más oscuro de todos, pero parece que James tenía mucho acumulado en todo este tiempo y quería calcular bien el impacto de sus oraciones. No obstante, el álbum no ha querido rebajarse y presenta auténticos momentos de desenfreno como “emotional haircut”, que entra con absoluto vigor y va liberando la bilis a medida que avanza. Un cañonazo que radiografía alguna de las imágenes más asfixiantes de ese recurrente paso del tiempo, pero sin que eso pare el furor que James y los suyos tienen dentro.

La despedida corre a cargo de “black screen”, cuyas referencias directas a David Bowie empañan el halo atmosférico en el que sumen la canción. 12 minutos en los que conviene dejarse llevar hacia esa dimensión sideral que construyó Bowie y en la que, según cuenta, James tuvo demasiado miedo de intervenir. Al más puro estilo de Brian Eno, cristalizan un juego rítmico que eleva las idas y venidas de la guitarra por encima de un sintetizador persistente y lánguido que acaba metamorfoseando en un emocional piano encargado de apagar esa pantalla, que queda en negro, como el firmamento por donde hacen navegar al oyente.

Si empezábamos la reseña señalando “oh baby” como un destello de luz que vuelve a brillar, ahora se encargan de apagar poco a poco ese faro, demostrando el calibre romántico y tierno de “American Dream”, siempre inspirado en figuras eternas de la música occidental. Quizá dando demasiadas explicaciones LCD Soundsystem firman canciones en las que tienen el control total de lo que va a pasar y juegan con nuestras expectativas. Los minutos pasan como segundos ante los calculados cambios de ritmo y cadencia que empujan hacia cierta catarsis afectiva. No es que nos pongamos tontos por escucharlos de nuevo, es que el disco juega con nuestros sentimientos, con brotes de sensibilidad aquí y allá que nos elevarán a varios metros del suelo. Igual visto así los singles no tenían mucho sentido ya que encajados entre estos diez temas adquieren un significado totalmente distinto. Igual, visto así, LCD Soundsystem son la banda sonora perfecta para un eterno crepúsculo.

LCD Soundsystem – American Dream

9.0

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El regreso de LCD Soundsystem se ha hecho esperar pero sin duda ha valido la pena. “American Dream” muestra la reafirmación y perfeccionamiento de un sonido que es tan propio como heredero de Talking Heads, Can o incluso David Bowie. En “American Dream” oscurecen su locura y ponen un precio más alto a la pista de baile, pero siguen demostrando su valía tras los teclados y sobre todo un gusto por las guitarras que no habían lucido tanto hasta ahora.

Up

  • La maestría con la que montan y desmontan los elementos de cada canción, logrando escenificar tremendas epopeyas o llenando cada verso de absoluto sentimiento.
  • La oscuridad y el posado amenazante que sobrevuela la mayoría de canciones.
  • Nancy en “other voices” (Tell ‘em Nancy!).

Down

  • Se puede echar de menos el protagonismo que habían tenido los sintetizadores y que estos no se descoloquen más aleatoriamente en las canciones.