Se han hecho de rogar, pero ya podemos disfrutar del debut en largo de The Sherlocks. Oriunda de Sheffield y con un puñado de singles en su haber, esta banda ha logrado con su buen hacer musical que miles de seguidores estuvieran a la espera de este momento para disfrutar de un trabajo discográfico que parecía no llegar nunca. Sus integrantes acaban de entrar en la veintena y ya llevan nada menos que siete años construyendo un proyecto que empezó a cristalizar a finales de 2014, cuando decidieron lanzar al mercado “Live for the Moment”, su primer y acertado single.

El grupo está constituido por dos pares de hermanos. Por un lado, encontramos a Kiaran (voz y guitarra rítmica) y Brandon Crook (batería), y por otro, a Andy (bajo) y Josh Davidson (guitarra solista). Juntos han edificado sin prisas, puliendo y refinando el material que iban publicando y curtiéndose en los escenarios, eventos en los que han ido formando una base sólida de fans que no deja de crecer. Empezaron haciendo mucho ruido, y les bastaron tres singles en el mercado y un directo solvente para, en 2015, actuar en los festivales de Reading y Leeds. Continuaron liberando sencillos, teloneando a grupos como The Libertines y Kings of Leon, creando expectación y augurando muy buenas perspectivas. Así es como han llegado con todas las garantías a este momento. Y, por supuesto, han cumplido.

“Live for the Moment”: (el primer gran paso) en busca de la gloria

“Live for the Moment” es un elepé rodado, repleto de ganchos, fresco y adictivo, en el que cada canción es un himno que difícilmente nos podremos sacar de la cabeza.

Compuesto por siete canciones ya publicadas y cinco inéditas,Live for the Moment es un elepé rodado, repleto de ganchos, fresco y adictivo, en el que cada canción es un himno que difícilmente nos podremos sacar de la cabeza. El grupo cita entre sus influencias a The Libertines, The Jam, Oasis, The Stone Roses y Arctic Monkeys, y tampoco faltan los que los comparan con Circa Waves o The Courteeners. Ciertamente, en la homogénea mezcla resultante hay un poquito de cada uno de ellos, de manera que la música de The Sherlocks nos suena característica a la vez que familiar, sobre todo por el particular timbre vocal de Kiaran, el cual evidencia un sorprendente parecido con el de Alex Turner.

El grupo cita entre sus influencias a The Libertines, The Jam, Oasis, The Stone Roses y Arctic Monkeys. Ciertamente, en la homogénea mezcla resultante hay un poquito de cada uno de ellos, de manera que la música de The Sherlocks nos suena característica a la vez que familiar.

¿Y de qué son capaces? Pues basta pulsar el play para escuchar una Will You Be There brutal. Rock del de siempre, del que nos gusta, del atemporal, del guitarrero. Entramos en una atmósfera lóbrega donde encontramos unas estrofas y unos estribillos que invitan a cantar desde el primer momento, introduciendonos en un universo musical en el que es recomendable subirse a la línea melódica que dibuja la guitarra solista de Josh Davidson. Una maravilla, con permiso de la excelente Live for the Moment, la canción de The Sherlocks. Optimista y con un riff genuino, este corte muestra uno de los mejores coros que escucharemos a lo largo del registro. En la era de la inmediatez, Kiaran nos invita a vivir el presente, a construir poco a poco, sin prisas y sobre bases sólidas, tal y como ellos han hecho con su carrera musical. Así, canta: Please don’t try and run before you can walk”, un verso que alcanza toda su dimensión en el puente antes del estallido definitivo. Un tema obligado en cualquier playlist que se precie.

Sin ser un álbum rompedor, “Live for the Moment” está constituido por doce grandes momentos de maravillosas melodías y extraordinarias bases instrumentales que se disfrutan con enorme placer.

Y de ahí pasamos a Escapade, donde Alex Turner parece tomar el control del micrófono. Estribillos enormes de marcado carácter bailable serán el principal atractivo de una pieza eminentemente rítmica donde el control de los tiempos juega un papel determinante, al igual que ocurre en el resto del álbum, para hacerla, si cabe, más jugosa y recreativa. La cara más popera del conjunto se revela en la amigable Chasing Shadows, todo un petardazo de optimismo concebido para derribar estadios. A tal propósito apelan sus efectivos uoooh oh oh oh” y su grandilocuente sonoridad. Más comedidos se muestra en Blue, un tema fuertemente influenciado por los mancunianos Oasis, en cuyos estribillos se aprecia cierta melancolía. Este sentimiento será el preponderante en la segunda mitad del álbum, salvo algunas excepciones, tomando el relevo a la euforia y el ímpetu que desprendía el inicio del LP, pero manteniendo intacto su poder y su gancho.

Así llegamos a la extensa Nobody Knows, de gran estribillo y mejor puente. Más de seis minutos de duración en cuya segunda mitad The Sherlocks exploran su lado más psicodélico. Juegan con las guitarras y sus efectos para crear una atmósfera envolvente y mesuradamente caótica en la que podemos gustosamente abandonarnos durante un par de minutos. Después llegará la calma de un pasaje que parece inspirado en algún interludio de aquel “Noel Gallagher’s High Flying Birds” con el que el mayor de los Gallagher debutaba en solitario seis años atrás.

Siempre existe ese quiebro, un juego de dinámicas determinado, esa soberbia melodía o ese arreglo mágico, a veces casi imperceptible, que nos levanta de la silla, hace que se nos erice la piel, nos ponga eufóricos o sintamos una necesidad irrevocable de cantar a pleno pulmón, de sentir la música, de emocionarnos.

Una batería poderosa y un riff memorable que no podremos evitar tararear sin darnos apenas cuenta serán los que den inicio aWas It Really Worth It?, una pieza sentimental de excepcionales estribillos que se establece como la primera de una triada de canciones absolutamente espléndida. De manera que esta da paso a Turn the Clock”, una composición lenta que destaca por unos majestuosos arreglos de cuerda que nos sorprenden por lo inesperado. Pero no será la única sorpresa que nos depare la composición. Para hacer de esta un corte más épico y melancólico si cabe, The Sherlocks introducen un solo de armónica intimista, de corte folk, que da la pincelada definitiva al tema. Por su parte, en Last Night vuelven a subir las revoluciones y dejan apartada la melancolía de forma momentánea. Pocos serán los que puedan resistirse a ese verso del estribillo que entona: Last night can you remember?”. Pero si hay algo destacable en este punto es el puente. Para un servidor, el pasaje absoluto del álbum en lo que a esta parte de la estructura de la canción se refiere. Incierto, frio y misterioso. Fantástico. Tal vez demasiado escueto, por ponerle una pega. De tener un desarrollo más amplio sería un lugar extraordinario en el que pasar estas calurosas tardes de verano.

Más madera llega con Heart of Gold, en la que el sintetizador toma una posición de mayor relevancia. A lo largo del álbum hemos podido percibir algunos arreglos furtivos realizados con dicho instrumento, pero es aquí donde se eleva para llevar la composición a una nueva dimensión, especialmente en su última parte. Con el final a la vista llega Motions, una pieza diferente, más acústica, que se introduce en sonoridades country para deleitarnos con un estribillo melancólico y hermoso que rápidamente pasa el testigo a Candlelight, una canción de amor con una base instrumental exuberante comandada por la guitarra solista de Josh Davidson. La adición de coros y sintetizadores serán los elementos que nos vayan acercando a un colofón épico del que casi duele desprenderse, dejando a su término una sensación de vacío y agradecimiento por el gran momento que acabamos de vivir. Una emoción semejante a terminar un libro o una serie que te ha emocionado, en la que has empatizado con uno o varios personajes, te has metido dentro, lo has sentido y vivido hasta que llega el desenlace y te preguntas: ¿y ahora qué? Yo diría que, en esta ocasión, la opción más sensata es volver a darle al play.

Los de Sheffield son una banda ambiciosa que aspira a volver a llevar el rock a las masas, liderando una nueva ola de la música de guitarras que, según aventura Kiaran, está por llegar. Quieren ser grandes y marcar un punto de inflexión como antes hicieron Oasis o Arctic Monkeys.

Seguramente, The Sherlocks sean, junto con The Big Moon, la gran revelación musical de la temporada. Los forofos de los discos debut de las bandas mencionadas por el grupo como influencias encontrarán aquí otro gran registro que incorporar a su lista de imprescindibles. Sin ser un álbum rompedor, “Live for the Moment” está constituido por doce grandes momentos de maravillosas melodías y extraordinarias bases instrumentales que se disfrutan con enorme placer. Es curioso como cada canción puede ser mejor que la anterior con independencia del orden en el que se reproduzcan los temas. Siempre existe ese quiebro, un juego de dinámicas determinado, esa soberbia melodía o ese arreglo mágico, a veces casi imperceptible, que nos levanta de la silla, hace que se nos erice la piel, nos ponga eufóricos o sintamos una necesidad irrevocable de cantar a pleno pulmón, de sentir la música, de emocionarnos y volver a reproducir la pieza.

Los de Sheffield son una banda ambiciosa que aspira a volver a llevar el rock a las masas, liderando una nueva ola de la música de guitarras que, según aventura Kiaran, está por llegar. Quieren ser grandes y marcar un punto de inflexión en el devenir de los acontecimientos como antes lo hicieron Oasis o Arctic Monkeys. Y esto no lo digo yo, lo dicen ellos mismos. Asimismo, manifiestan abiertamente que su aspiración es llenar estadios a partir del lanzamiento de su segundo álbum. Tal vez pequen de soberbios. No sabemos si lo conseguirán. Calidad y buenas canciones, desde luego, no les faltan. Actitud parece que tampoco. Sólo cabe esperar que no se lancen a la consecución de dicho objetivo a cualquier precio. El tiempo lo dirá. De momento, las bases están puestas.

The Sherlocks – Live for the Moment

8.5

“Live for the Moment” es el esperado debut de The Sherlocks en el que el cuarteto de Sheffield nos sorprende con doce canciones rebosantes de maravillosas melodías y extraordinarias bases instrumentales que se disfrutan con enorme placer. Un trabajo discográfico cocinado a fuego lento y pulido minuciosamente que ha resultado en un debut fresco y adictivo en el que cada canción es un himno que difícilmente nos podremos sacar de la cabeza.

  • No hay relleno. Cada canción es un single publicado o en potencia.
  • Cada pieza puede ser mejor que la anterior con independencia del orden en el que se reproduzcan los temas.
  • Aspiran a ser una banda de estadio de calidad, sin épicas ni coros impostados.
  • Las melodías son tremendamente pegadizas. Y las bases instrumentales, extraordinarias.

  • La sombra de Alex Turner planea sobre algunos temas, dado el característico timbre vocal de Kiaran en conjunción con algunas de sus construcciones melódicas, lo que puede ser un hándicap de cara a conseguir un estilo genuino que los cargue de personalidad y los diferencie. Un carácter que no admita comparaciones.
  • Se han tomado mucho tiempo para concebir un álbum bien trabajado y repleto de ganchos muy efectivos. ¿Cuánto les llevará sacar el siguiente? ¿El tiempo jugará en su contra?

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