Voy a comenzar avisando de que esta reseña está destinada a todos aquellos nostálgicos que años atrás disfrutábamos de Coldplay como esa gran banda de estadio que han sido en los momentos que han querido o cuando comercialmente les ha interesado. Es importante reseñar a día de hoy “A Rush of Blood to the Head”, el que fue segundo álbum de Chris Martin y los suyos, pues de esta manera se puede analizar con retrospectiva su sonido en comparación con la evolución que ha sufrido el cuarteto británico.

Una de las primeras claves para entender a Coldplay es que a nivel musical han querido siempre ser relevantes en el circuito del pop-rock y pop-dance comercial, y si para ello necesitaban dar un giro de ciento ochenta grados a su estilo se hacía sin problema. Tras la publicación del exitoso “Viva La Vida or Death and All His Friends” (2008) la música de radiofórmula a nivel mundial se mudó definitivamente del pop-rock a un panorama ambiguo entre el R&B y el dance liderado por Lady Gaga, Rihanna, David Guetta, etc. Las grandes bandas de estadio (U2, Bon Jovi, Muse, Metallica…) perdieron su hueco en la misma, a pesar de lo cual siguieron liderando las ventas de discos gracias a la solidez de sus afianzadas carreras y a la fidelidad de millones de fans. Sin embargo, no contar con un hit claro en la BBC o la MTV (algo que se contagiaba al resto de medios de promoción del mundo) dificultaba la captación de nuevos seguidores entre la juventud. Coldplay no querían caer en aquella criba, y de ahí nació “Mylo Xyloto” (2011), que incluía aquellas dosis dance que sobresaturaban las ondas (“Every Teardrop Is A Waterfall”) o colaboraciones con artistas de la corriente dominante como Rihanna (“Princess of China”). A pesar de ello, el single con mayor repercusión fue “Paradise”, que situaba las cuerdas y los coros fáciles de “Viva La Vida” de nuevo como protagonistas. El set point temido por Chris Martin estaba parcialmente superado.

En vista de ello seleccionaron la intimista “Magic” como carta de presentación de “Ghost Stories”. No funcionó como habían esperado y enseguida rectificaron para asociar el álbum al sonido EDM más blandito (Avicii, Calvin Harris…) con “A Sky Full Of Stars”, que incluía una buena sobredosis de buenrrollismo y colores situando el sonido Coldplay más cerca de “Sofía” de Álvaro Soler que de cualquier retal de lo que fueron antaño. La misma dinámica sirvió para dar forma (en líneas generales) a “A Head Full of Dreams”, repleto de ingenuidad musical (“Adventures Of A Lifetime” o “Up & Up”) y que se la juega a los duetos con artistas del mundo R&B/dance (Beyoncé, Tove Lo). Recientemente los hemos visto unirse al rapero Big Sean, a The Chainsmokers e interpretar en Hamburgo junto a Shakira sus hits “Chantaje” y “Me Enamoré” en un castellano sólo comparable al inglés de Rajoy. Ya sólo falta (y no sería descabellado) el dueto con Maluma.

¿El verdadero sonido Coldplay o una estrategia de marketing más?

Vista la trayectoria de Coldplay cabe preguntarse si el estilo heredero del sonido británico de los 90 era realmente el auténtico o si también fue un producto de la mercadotecnia para adherirse a un género que captaba adeptos muy fieles, y que a pesar de no tener las cifras millonarias de Britney Spears o Mariah Carey se percibía como más auténtico y duradero.

Y ahora volvamos a “A Rush of Blood to the Head”. Teniendo en cuenta su trayectoria posterior sorprende aún más que Coldplay un día se situaran en ese guitarreo entre lo íntimo y lo sucio en sus dos primeras obras (la que aquí nos concierne y “Parachutes”), así como en algunos temas de “X&Y” (“White Shadows”, “Square One”, “Talk”…). Podemos hacer un viaje a los 90 para encontrarnos con el resurgir del brit pop más puro (Oasis, Blur), la fusión del estilo brit con la herencia glam de Bowie (Pulp, Suede), el terreno más noise dentro del género (The Verve) y la banda que lo cambió todo: Radiohead. En la frontera de los 2000, Coldplay formaron parte junto a Travis y Keane de la segunda ola del brit pop, claramente influenciada por la idolatría de todas las bandas mencionadas anteriormente. Visto lo visto, cabe preguntarse si aquel estilo era realmente el auténtico de Coldplay o si también fue un producto de la mercadotecnia para adherirse a un género que captaba adeptos muy fieles, y que a pesar de no tener las cifras millonarias de Britney Spears o Mariah Carey se percibía como más auténtico y duradero. Tomando esta tesis por cierta, podríamos concluir que en cualquier caso Chris Martin es un tipo inteligente que sabe lo que quiere y cómo conseguirlo. Si tiene que hacer una pieza dance la hace. Si tiene que introducir coros de estadio lo hace. Él actúa como algunos grandes directores de Hollywood que desarrollan guiones a partir de encargos de la industria, sabiendo lo que el público quiere y fabricándolo a medida. Por ello, si en 2002 tenía que consolidar a toda una generación de fans a través de la interesante línea que habían comenzado a trazar en su debut, lo hacía, y de maravilla.

Fotografía: Kevin Westenberg

Coldplay supieron combinar a la perfección la energía que los caracterizó en sus inicios con los pianos delicados y las cuerdas que tan buen resultado les han dado a lo largo de su carrera.

Cabe decir que en “Politik” no nos vamos a encontrar con una letra rompedora ni diferente a los clichés más utilizados en el mundo del pop. Sin embargo, su posición como punto de partida del álbum es perfecta, pues tiene todas las papeletas para ser una pista que abra directos gracias a unos magistrales golpes iniciales de percusión. Además, las subidas y bajadas de intensidad le aportan una enorme carga emocional. Todo ello hace que hablemos de un tema con todos sus ingredientes perfectamente medidos para entrar a formar parte de la banda sonora de una formación con el objetivo de consolidarse como grupo de estadio. Algo similar harían años más tarde Muse con “Uprising”. La línea romántica, en el sentido más estricto de la palabra, vuelve a ser protagonista en “In My Place”. En este caso, el protagonista de la canción llevaba un camino errante y gracias a esa persona adecuada ahora es otro. Por ello, la esperará de forma perenne en “su lugar. Algo más de un lustro después, en 2008, los irlandeses The Script se inspirarían en esta letra para construir su mayor hit, “The Man Who Can’t Be Moved”. Musicalmente Coldplay supieron combinar a la perfección la energía que los caracterizó en sus inicios con los pianos delicados y las cuerdas que tan buen resultado les han dado a lo largo de su carrera. “In My Place” fue el primer single promocional del álbum y les hubiera dado su primer número 1 en Reino Unido de no haber sido por un olvidadísimo Darius Campbell (emergido de un talent show similar a Operación Triunfo). Algo similar le ocurrió a “Speed Of Sound” tres años más tarde (en este caso la culpable de evitar su primer 1 fue “Crazy Frog” de Axel F). Finalmente lograrían liderar la lista británica con “Viva La Vida” en 2008. Pero seguimos desgranando “A Rush of Blood to the Head” y de nuevo nos encontramos con el enamoramiento postadolescente en “God Put A Smile Upon Your Face”, que destaca por contener uno de los riffs de guitarra más pegajosos que Coldplay han concebido. Las distorsiones y las segundas voces hacen de esta una pieza de brit pop en estado puro.

A pesar de que la mayoría de las letras no salen de unos parámetros sobrexplotados Coldplay consiguieron con “A Rush of Blood to the Head” dar forma a su obra maestra.

A continuación llega el que en mi opinión es el punto álgido del álbum, representado en primer lugar por “The Scientist”, en la que la ciencia y el amor se juntan para dar forma a una carta de disculpa, de reconocimiento de los errores y vicios que llevaron a una relación a un fracaso que ahora se quiere remediar partiendo de cero: “Nobody said it was easy, it’s such a shame for us to part. Nobody said it was easy, no one ever said it would be this hard. Oh, take me back to the start. Tras el amor vinculado a la ciencia llega una nueva exposición de exactitud con “Clocks”, con referencias al disparo a la manzana de Guillermo Tell y a los cambios que la amada causa en nuestro interior (la sal en el mar, los tigres esperando ser domados) y sobre todo con un piano que quince años después se ha convertido en parte del imaginario popular igual que el solo de guitarra de “Thunderstruck” de AC/DC o el órgano de “Walk Of Life” de Dire Straits.

La demostración de que “A Rush of Blood to the Head” no ha juntado cuatro o cinco potenciales singles resultones y ha rellenado el resto con caras B llega con “Daylight”, una preciosa canción de corte más noise que las anteriores y con un sonido más cercano a lo que años después serían algunos de los momentos más brillantes del irregular “X&Y”. Además, por primera vez el amor deja paso al júbilo personal, a la celebración de la vida (pese a que ha acabado siendo el monotema de Coldplay en aquel momento sonaba diferente y entusiasta). Volvemos a la tónica amorosa con “Green Eyes”, una historia en la que unos ojos hacen a alguien sentirse “más ligero desde que los conoce”, presentada esta vez bajo una carcasa acústica que recuerda a los Oasis de “Wonderwall”. El ambiente íntimo continúa (aunque con carácter menos acústico) en “Warning Sign”, en la que otra vez Chris Martin se lamenta por ese amor al que dejó marchar, entonando a través de metáforas aquella reflexión de que uno no valora lo que tiene hasta que lo pierde.

Probablemente el único álbum en el que no parece haber una parte importante del mismo introducida con calzador a base de temas que bien hubieran podido ser descartes.

Uno de mis temas favoritos del disco es “A Whisper”. Quizá porque me parece que va un paso más allá que el resto en ese sonido sucio, distorsionado, que incluye elementos que conectan el indie, el noise pop, el grunge y el brit más clásico. Todo ello hace que sea una auténtica bomba que contraría al susurro que nos promete su título. El paso del tiempo y el pacifismo confluyen en “A Rush of Blood to the Head”, tema que da título al álbum y que va constantemente in crescendo para adquirir la catarsis emocional que requieren frases como “You said I’m gonna buy a gun and start a war if you can tell me something worth fighting for”. Si “Politik” era la canción perfecta para comenzar el álbum, “Amsterdam” lo es sin duda para cerrar. Coldplay casi siempre han optado por concluir sus álbumes con una canción suave e hipnótica (“Til Kingdom Come” en “X&Y”, “Everything’s Not Lost” en “Parachutes”), pero ninguna alcanza el clímax de “Amsterdam”, en la que tras una letra enigmática podemos adivinar el viaje de un turista que se ha aventurado a probar alucinógenos en un típico coffee shop de la ciudad. “Come here, oh my star is fading and I swerve out of control, and I swear, I waited and waited, I’ve got to get out of this hole / You can say what you mean but it won’t change a thing; I’m sick of the secrets, stood on the edge, tied to the noose.

En definitiva y a pesar de que la mayoría de las letras no salen de unos parámetros sobrexplotados, Coldplay consiguieron con “A Rush of Blood to the Head” dar forma a su obra maestra. Años después podemos decir que quizá sea junto a “Viva La Vida (And Death And All His Friends)” (con permiso de “Parachutes”, que flojea algo en su tramo final) el único álbum en el que no parece haber una parte importante del mismo introducida con calzador a base de temas que bien hubieran podido ser descartes. A día de hoy son conscientes de que el éxito está más ligado al disco que nunca, y no tienen problema alguno en hacer horrores como “A Head Full Of Dreams” siempre que en él haya un “Hymn For The Weekend” que junto a una soberbia Beyoncé les asegure la continuidad en el Olimpo del mainstream. Por ello, volvemos a la pregunta: ¿es “A Rush of Blood to the Head” el verdadero sonido Coldplay o fue una estrategia más, como gran parte de lo posterior, de un genio de la composición y del marketing que simplemente da a su público lo que quiere? Dejemos la pregunta abierta, disfrutemos de cada una de sus canciones y emocionémonos con ellas.

Coldplay – A Rush of Blood to the Head

8.4

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Coldplay publicaron hace quince años el que, hasta la fecha, continúa siendo su álbum más completo: “A Rush of Blood to the Head”. A pesar de no salir de los clichés del pop en cuanto a lírica, cada nota, cada instrumento y cada voz están perfectamente introducidos, dando lugar a un conjunto de canciones memorables que ya son historia del brit pop.

Up

  • Los momentos en los que el noise pop entra de lleno a través de la distorsión, como en “A Whisper”.
  • El piano de “Clocks” y la guitarra de “God Put A Smile Upon Your Face”.
  • Las letras de “Daylight”, “A Rush of Blood to the Head” y “Amsterdam”.
  • Su contribución a la creación del fenómeno Coldplay como la gran banda de estadio del siglo XXI.

Down

  • A pesar de la belleza musical de algunos de sus grandes hits (“God Put A Smile Upon Your Face” o “The Scientist”) las letras no son menos tópicas que las de un disco de Malú.
  • Aunque en este álbum no es tan evidente como en los posteriores, en ocasiones parece que el objetivo musical es más comercial que expresivo.
  • “Green Eyes” y “Warning Sign”. A pesar de ser buenos temas están por debajo de los otros nueve.