Queens of the Stone Age es una banda complicada y (hoy en día) con muchos tipos diferentes de posibles seguidores que en realidad no lo son. Hay fans de Kyuss que todavía no perdonan su desaparición (los más stoners). Hay quienes siguen preguntando por Nick Oliveri pese a ser la suya la expulsión más justificada de una banda en el último cuarto de siglo (los más puretas). También hay quienes los conocen como la banda demasiado rockera del tío que ahora es amigo de los Arctic Monkeys (los más jóvenes). Pero también hay fans que se han perdido entre los proyectos paralelos de Homme (Eagles of Death Metal, Them Crooked Vultures, últimamente Iggy Pop…) y han abandonado el culto de QOTSA o, al menos, lo han dejado de lado (los más abiertos). Y en ese último grupo paradójicamente es donde más encaja su propio líder.

Siempre rozando el mainstream con los dedos, Josh Homme ha conducido a las reinas por el camino que le ha ido dando la gana desde el comienzo. Y cuando estas se le quedaban pequeñas simplemente alargaba su lista de escarceos con artistas del ramo. El último con Iggy Pop en ese también polémico Post Pop Depression sumado a un acercamiento a sonidos del glam oscuro del último Bowie parece haber marcado el camino a seguir en la banda nodriza del de Joshua Tree. Spoiler de la séptima temporada de QOTSA: como no podía ser de otra manera, el resultado es bueno.

Un anverso frívolo de “…Like Clockwork”

Ambiente similar al generado en su anterior elepé pero con menos oscuridad y un punto más de bailable, sintetizadores y ritmazo incluidos.

Concebir su anterior disco, “…Like Clockwork” (2013), requirió que la banda se sumergiese en la depresión que arrastraba su líder tras las complicaciones derivadas de una operación de rodilla que salió mal allá por 2010. El resultado fue un disco rompedor, oscuro, terapéutico y más personal que nunca (perdón por el cliché), que polarizó por un lado a la crítica y los fans más nuevos o abiertos de mente y por otro a los seguidores más clásicos de los Queens, que se sintieron traicionados. En cualquier caso, si por algo se han definido en su carrera ha sido por no estancarse jamás en un mismo sonido. Le guste a quien le guste, y a muchos no lo hace.

Fotografía: Andreas Neumann

En general en este álbum se dice adiós a las letras sobre amores jodidos o drogas sacadas de Miedo y Asco en Las Vegas que ocultaban oscuras reflexiones sobre la insignificancia de la vida humana. QOTSA han abandonado la autopista del rock pesado para cogerle el gusto a las curvas sonoras.

Todos sabemos que los comienzos de los álbumes de QOTSA son demoledores (con la poco discutible excepción de “Era Vulgaris”). En esta ocasión, Feet Don’t Fail Me” no falla mientras nos ofrece una pista sobre la dirección por la que tirará este “Villains” que nos ocupa. Ambiente similar al generado en su anterior trabajo pero con menos oscuridad y un punto más de bailable, sintetizadores y ritmazo incluidos. Le sigue The Way You Used To Do, primero de los adelantos, en el que ya entrevimos esa cara casi disco que sobrevolará todo este álbum. Una nueva faceta que parece querer borrar la oscuridad a base de detalles electrónicos y un optimismo que estaba desaparecido. Ahí viene otra de las grandes novedades de este disco, y es que la producción corre a cargo de Mark Ronson, lo cual, aunque a priori no adultera la identidad de la banda (véase el sobresaliente “Arabia Mountain” de los Black Lips), a posteriori parece haber eclipsado un poco ese adorable gañanismo de las Reinas a partir de loops y juguetitos que endulzan su sonido hasta el límite aceptable de lo pop.

Afortunadamente a veces se imponen las guitarras, como en la bluesera y poderosa Domesticated Animals, construida en torno a un único riff machacón a la manera de “Burn the Witch”. Su violín final (a Nick Oliveri no le habría gustado) empalma con el comienzo de Fortress, con un inicio oscuro y experimental que desemboca en una balada plagada de sintes en la que Homme canta sobre lo absurdo de intentar esconderse detrás de letras crípticas en vez de mostrarse abiertamente. Como si el vampiro del tiempo y la memoria se hubiese quitado su calavérica máscara y hubiese decidido salir a quemar zapatilla. Cosa que termina de cumplir en Head Like a Haunted House, pura invitación al pogo como en una rave desquiciada repleta de soniditos electrónicos y riffs ásperos. En este elepé hay algo de esa proximidad a la muerte que una vez pasada deja un poso de querer vivir a toda costa. Entonces uno se acuerda del atentado en Bataclan, del que Homme se libró por no girar con los Eagles of Death Metal, y encuentra que las piezas encajan (acudió tres meses después a tocar en París perdiéndose por ello el nacimiento de su tercer hijo).

Porque hace ya tiempo que su sonido es perfectamente reconocible a pesar de los cambios de estilo, la trayectoria de Queens of the Stone Age se puede leer como la evolución ejemplar de una agrupación que sabe que quien se detiene, muere.

Aunque en general en este álbum se dice adiós a las letras sobre amores jodidos o drogas sacadas de Miedo y Asco en Las Vegas que ocultaban oscuras reflexiones sobre la insignificancia de la vida humana, Hideaway es la excepción que confirma la regla. Un blues lento y sexy con el groove que sólo Homme posee y una muy fina lírica romántica sobre una relación depredador-presa: “Innocence is what you lose, like keys and dreams and old tattoos”.

Por su parte, la extrañaUn-Reborn Again encajaría mejor cerrando el disco. De nuevo encontramos sintetizadores con un aura negra mezclados con el sonido robot rock oriundo de la banda, especialmente de su “Era Vulgaris”. Y no, no te han petado los altavoces a mitad de canción, es que Homme ha sido un troll desde antes de que existiese el concepto. Mientras te obliga a subir el volumen para oír la música se ríe de todos sus compañeros pintando una banda de villanos paródicos y patéticos, protagonistas de este trabajo. Aunque, como acostumbran, lo importante aquí no es el concepto sino los riffs. Descarados y ledzeppelianos como los presentes en la excesiva aunque potente The Evil Has Landed o contenidos como en la sentidaVillains of Circumstance”, que cierra el álbum con un aire ajeno a lo que conocíamos de la banda, como si les hubiesen poseído unos Spiritualized del desierto.

La conclusión es clara: si hay una cosa que tendría menos sentido que continuar en la huida hacia delante sonora que llevan a cabo Homme y los suyos sería tratar de regresar allí donde ya triunfaron. Por ello y porque hace ya tiempo que su sonido es perfectamente reconocible a pesar de los cambios de estilo, la trayectoria de Queens of the Stone Age se puede leer como la evolución ejemplar de una banda que sabe que quien se detiene, muere. Al menos mientras el Chevrolet Camaro de Joshua aún tenga el depósito lleno y una interestatal vacía por delante.

Queens of the Stone Age – Villains

7.4

Séptimo trabajo de las reinas literales del rock y nueva prueba de que QOTSA han abandonado la autopista del rock pesado para cogerle el gusto a las curvas sonoras. Con un punto bailable cortesía de Mark Ronson, “Villains” deja un sabor agridulce por quedarse en un disco notable de una banda sobresaliente.

  • Estamos ante un grower en toda regla. Al igual que su predecesor, cuanto más lo escuchas mejor entra.
  • De nuevo espectacular trabajo artístico de Boneface, que ha sido capaz de reforzar la personalidad de QOTSA a base de ilustraciones.
  • Bonito detalle de Homme haciendo una versión especial del vinilo sólo para tiendas de discos.

  • La producción de Ronson (o la ida de olla de Josh, es difícil distinguirlos) se vuelve demasiado protagonista en ciertos momentos.
  • Falta candela guitarrera en un temazo duro y a la antigua: no hay un “My God is the Sun”.
  • Ligero exceso de minutaje no justificado en algunos temas.

Compartir

1 Comentario

  1. Por no querer repetir la maestra densidad del anterior disco, buscar algo más bailable-liviano y conseguirlo sin perder la identidad (es decir no tan liviano) yo le pongo un 8,5.

Dejar respuesta