Iván es un tipo tranquilo. Baja las escaleras de su hotel y me invita a una cerveza para hablar de casi todo (casa, familia, feminismo, cómics o libertad de expresión). Se le ve calmado, a pesar de que lleva un día de promo “de locos”. Ha venido a Madrid a celebrar el Día de la Música, donde dentro de un rato se cantará una con su colega Mikel Erentxun y se pasará por la firma de libros de su nueva biografía. Yo lo conozco de haber sido su telonero hace unos días con mi grupo en la Razzmatazz de Barcelona y es tan majo que hace como que se acuerda. Eso le honra.

¿Cómo ha sido la vuelta a Madrid, después de tocar en el Palacio de Deportes en diciembre y de volver hace un mes a La Riviera?

Muy bien. A lo largo del año acabo viniendo mucho a tocar aquí. Es una ciudad que me encanta. Mañana es el último concierto de la gira Mahou y estará con nosotros Martí Perarnau al bajo, porque no viene Ricky [Falkner]. Ya le ha sustituido a los teclados y en las guitarras y ahora le toca el bajo.

¿Te gustan estos conciertos grandes en La Riviera o lo que hacías antes en salas, más íntimos?

La Riviera me encanta, es mi sala favorita. Me parece que tiene el tamaño perfecto, 2000-2500 personas. Yo siempre que he ido lo he pasado genial.

¿Qué tenéis en el horizonte después?

Pues empezar con festivales a ‘topor’. Primero Polifonik, después Orense, la semana siguiente en Arnedo y Gijón. La siguiente Málaga, Portamérica, Xátiva, Cádiz, Santander, Burriana, Cap Roig…

Yo no puedo hacer todo el rato canciones bonitas porque mi vida no es así.

Hablando del Portamérica… Han cambiado la sede y ya no es en Nigrán…

Sí, un disgusto… Ha habido algunos problemas con el ayuntamiento. Es un puto drama. No por mí, que yo toco en Caldas o donde sea, sino por los vecinos. Es una pena porque pierden mucho. El ayuntamiento ahora quiere montar otro festival y me dan ganas de decirles que no valoran para nada la experiencia. Los festivales se van arreglando con los años. Estoy quemado con esto.

Una pena. Además de en Nigrán, ¿dónde está la casa de Iván Ferreiro?

Pues está aquí mismo. El concepto de casa me servía para contar cuando estaba en mi casa todo el rato, pero también en mi cabeza estaba en otro sitio. Estar en casa es sentirse cómodo y en mi caso el concepto de casa vale también para el escenario. La casa está donde te quieren.

Entonces… ¿estás más cómodo de gira que en casa?

La verdad es que estaba hasta la polla de estar en casa. A mí me gusta mi casa, pero me gusta pasar los fines de semana fuera.

Hablemos del disco, que está grabado en tu propia casa…

Eso es. Cuando empecé a escribir el disco pensaba hacer las maquetas en el sótano, pero todo se inundó de mierda. Se rompió una fosa séptica, que por suerte no me rompió nada más, pero tuve que recogerlo y cambiar el suelo… así que esas maquetas que tenía que haberlas montado en el estudio acabé montándolas en el salón. Y aunque pensábamos grabar en Barcelona, llegó un momento en el que dije: ahora que lo tengo arreglado lo grabamos aquí. Un disco que se llama “Casa”, grabado en casa. Todo bien.

Así que grabamos casi todo ahí, incluidas baterías, pero luego fuimos a mezclar a Blind (Records), y al final acabamos regrabando las baterías allí, porque yo tenía un solo sonido de batería que es el de mi sala que es un desastre. Aun así, estoy contentísimo con el resultado usando mi casa para grabar esa primera parte.

¿Y cuándo entra Ricky en escena?

Desde el principio, se vinieron Ricky y todos a grabar. Grabamos casi todo juntos menos algunos coros. Teníamos pensado hacerlo en un mes, pero en quince días lo teníamos, así que nos fuimos a Blind para grabar baterías, un par de tecladitos y lo mezclamos ya.

¿Qué tal con Ricky a los mandos?

Pues ha sido el productor. Venía de trabajar con él en el anterior y también coprodujo el “Confesiones de un artista de mierda”, que lo producía Suso [Saiz]… Ya llevamos unos años siendo amigos e inevitablemente teníamos que acabar trabajando juntos. Yo lo conocí cuando estaba con “Picnic Extraterrestre”, que hicimos una gira con Standstill y nos hicimos muy amigos. Empezamos a quedar todo el rato, a reír mucho y es uno de mis mejores amigos, le adoro. Y cuando íbamos a hacer “Confesiones”, Suso le pidió que le echara una mano y en “Val Miñor” fue cuando le dio finalmente la alternativa. Y desde entonces ahí vamos… Ahora además de bajista. Es un placer.

Volviendo al disco, este parece más alegre que los otros…

Se supone que “Val Miñor” era el disco alegre… pero lo que pasó con ese disco es que Amaro y yo llevábamos un buen rato tratando de escribir canciones alegres porque te dan una luz distinta. Y en ese disco hicimos nuestra entrada en eso y tengo la sensación de que algo se nos pegó. Es decir, notamos que está empezando a pasar. “Casa” es un disco que cuenta cosas tristes, pero no es para nada un disco triste, y en “Val Miñor” que a lo mejor contaba menos cosas tristes parece que había un poco más de tristeza…

Yo hago música para que le guste a los demás. Lo que no voy a hacer es cambiar lo que hago para que le guste a más gente.

Es complicado…

Mira, el tema de la tristeza es algo que no acabo de pilotarlo bien. Porque hay cosas que yo considero que no son nada tristes y yo creo que la gente lo ve de una forma muy triste. Seguimos teniendo algunos problemas estéticos con la tristeza y a veces cuando vemos que algo es lento damos por hecho que es triste o quizá porque la melodía tiene algo… pero no estamos prestando atención a lo que dice la canción.

Tú lo ves todo con otros ojos, claro.

El único disco triste que considero que he hecho es “Las Siete y Media”. Los demás sólo cuentan cosas y la vida está llena de cosas negras, blancas, rojas y verdes. Pero la gente se queda siempre con lo triste. No sé por qué.

Entonces, ¿este tu mejor disco?

Yo estoy encantado de que todos piensen que es el mejor. Es lo que queremos todos los que hacemos discos, que nuestro último disco sea el mejor. Es curioso, porque siempre te hacen esta pregunta y respondo que el último es el mejor, y ahora todo el mundo dice que éste es el mejor… así que me toca defender a los otros discos. Pero creo que llega en un buen momento y que mi carrera es muy lenta: llevo mucho tiempo, pero me cuesta mucho subir peldaños y creo que este año la gente me ha descubierto y ha visto las cosas de otra manera y esa gente que está escuchando “Casa” cuando vuelva a otros discos se dará cuenta de que no hay tristeza, sino un cierto cinismo o una amargura. Pero creo que van a enfrentarse de otra manera a los discos y van a darse cuenta de que la vida es bastante ambigua. Y porque una canción diga siete cosas negativas y siete cosas positivas no es triste. Considero que no puede existir la felicidad ni la belleza sin el tormento y la suciedad… si no, ¿cómo vamos a hacer algo bonito? Yo no puedo hacer todo el rato canciones bonitas porque mi vida no es así y porque yo sé lo que es bonito y lo que me emociona porque hay una parte en la vida que me recuerda que hay que disfrutar de las cosas de puta madre.

Fotografía: Wilma Lorenzo
¿También con las canciones?

Creo que, de alguna forma, hay gente que sigue oyendo las canciones a la antigua usanza, no dándose cuenta de que el texto está lanzándote veinticinco mensajes y no uno. A veces hay unas músicas y es alegre lo que se está contando. Pero insisto, aún tenemos un problema a nivel de sociedad con la tristeza.

En este disco hay poca. Por ejemplo, en “La otra mitad”, que tiene bastante de crítica social, parece la canción más alegre.

Pues es la más dura de todas. No es sólo una crítica social, es la relación de alguien con un amigo con el que tuvo un puto problema, o alguien que tuvo un problema con su novia o con su vecino. Es la más alegre porque es la más pop y a mí me encanta porque llega al final en el que dice, oye, no pasa nada, entiendo que estés lleno de mierda y que me vayas a tocar los huevos, pero entiende que me mantenga fuera y déjame que me mantenga fuera. Pero no es el mensaje más positivo de todos, aunque esté considerada como una de las canciones más alegres del disco.

Es la favorita de Quique González según leí en una entrevista en la que él y muchos colegas te ponían por las nubes. ¿Es verdad todo lo bueno que se cuenta?

Me da una vergüenza que te cagas. Yo no creo que tenga que pasar a la historia de la música. Yo quiero vivir bien y hacer mi trabajo. Yo creo que lo que me he ganado es el respeto de mis compañeros que me han visto trabajar todos estos años y que me han visto en días buenos y cagarla en un escenario. Pero todo esto de pasar a la historia a mí me la trae bastante floja porque yo no estaré aquí cuando llegue ‘la historia’. Lo mío es trabajar: hacer canciones, que me dejen grabarlas, que me dejen tocarlas y luego disfrutar mucho con el trabajo de mis amigos.

Podrías sacar un disco de colaboraciones con ellos…

De momento creo que no [Risas]. Mientras tenga ideas seguiré tirando para adelante. Pero me guardo eso para cuando no las tenga.

Esas ideas te han llevado a ser número uno en ventas. ¿Te sientes cómodo siendo un artista comercial?

Pues la verdad es que sí. Creo que hay un gran error con eso. Yo hago música para que le guste a los demás. Lo que no voy a hacer es cambiar lo que hago para que le guste a más gente. Pero en el fondo mi sueño es vender un millón de discos y mandarlos a todos a la mierda. Que me digan: hay una entrevista a las seis y contestar que no voy porque soy millonario y no me hace falta conceder entrevistas [Risas].

Cuando fuimos número uno fue una alegría que te cagas, era la primera vez que llegábamos ahí. Sobre todo por mi manager, por la gente de Warner, porque vi todo lo que habíamos trabajado para llegar ahí. Es una cosa que siempre me había dado bastante igual. A mí lo que me preocupa es cuántos bolos voy a tener este año. Pero la verdad es que llegar ahí hace ilusión. Hablando con mi manager me decía: “Iván, ¿te acuerdas cuando íbamos a tocar a Vitoria y vendíamos una entrada…?”. Hubo un tiempo en el que no pasaba nada y ahora es emocionante por eso. Además, los de Warner me hicieron una fiesta e incluso me emocioné allí. En fin, es un número uno que no es sólo mío: es de mi hermano, es de mi oficina que llevan veinticinco años aguantándome… me alegró más pensar en toda la gente que hay detrás que el número uno en sí mismo. De hecho, siempre me he sentido el tipo con menos papeletas del mundo para ser número uno.

Siempre me he sentido el tipo con menos papeletas del mundo para ser número uno.

Has dicho que este número uno es también de tu hermano, que además ha compuesto la mitad del disco.

Él dice que esta vez ha hecho menos. Él considera que este disco es más mío que suyo. Mientras lo hacíamos él iba tirando hacia un rollo porque suele traer muchas temáticas distintas y va haciendo canciones. Y en un momento dado yo tenía lo mío y estábamos un poco desconectados. Él no veía el camino. Así que puede que en este disco haya metido yo más mano. Aunque él está todo el rato. Yo hago canciones como el “Pensamiento Circular” y coincide que me sale a mí solo. Pero otras veces empiezo con una canción y cuando llega Amaro la terminamos. O al revés, como en el caso de “La otra mitad”, que es suya. Él tenía toda la canción y la primera estrofa de la letra y yo construí con él lo que viene después.

Pero en realidad es el 50% de esto. Aunque esta vez me vio que tenía muy claro lo que quería y quizá por eso me dejó un poco más. Tuvimos alguna discusión por “La otra mitad”. Yo quería decir “mi viejo corazón” y él quería decir “tu viejo corazón” [Risas]. Amaro y yo podemos estar discutiendo por un pronombre un mes. Auténticas charlas con argumentos y bibliografía, incluso.  En este caso fue la única vez que lo impuse yo. De hecho, él se quería llevar la canción para su disco en solitario. Se llevó “Enfermedad estéreo”… y cuando lo vi tocando ésta y diciendo que no iba muy bien para mi disco… tuve que decirle: “¡basta ya! ¡Ya está bien de llevarte calidad de aquí!” [Risas].

Sois una familia muy musical. Ayer subiste un vídeo haciendo música con tus hijos.

Si, así los voy metiendo un poco en el tema de la música. Yo cuando no hago canciones hago electrónica. No para que la oiga nadie, no la oigo ni yo, pero me gusta tocar botones. Mis hijos han entrado bastante bien en eso. No les he dado nada la vara con la música, pero son muy melómanos y están todo el día oyendo música. Ahora además les ha dado por la electrónica y nos ponemos de vez en cuando en casa a darle. En ese vídeo que dices estábamos probando con unos nuevos aparatitos. El pequeño quiere estudiar piano y seguir con la electrónica. Y el mayor igual, pero con la guitarra. Quiere hacer bases de hip-hop porque le encantan las peleas de gallos y tiene un amigo que hace rimas. Él no quiere enseñar la cabeza, quiere cortar el bacalao en la sombra.

Tus hijos también escuchan Maluma y de hecho se montó una buena con un tuit tuyo. ¿Se puede decir de todo en la música?

Creo que se montó polémica porque no expliqué bien el tuit y luego lo expliqué mejor en Facebook. Yo no sé qué harán los demás padres, pero yo cuando mis hijos escuchan música me siento a ver de qué va el texto. Por ejemplo, les gustan los Youtubers, pues me siento y veo qué es lo que ofrecen y les digo cuando pienso que el que sale ahí es un puto gilipollas o alguien que tiene algo que decir. Creo que tenemos que enseñarles a distinguir entre las cosas que les gustan. No elegirlo por ellos, pero sí explicarles las cosas.

En este caso concreto (con la canción de Maluma), me senté con ellos y les dije: mirad, el rock está lleno de machismo y la música está llena de machismo y además la música es un sitio donde uno puede permitirse ser un asesino en serie si quiere. Pero hay temas muy sensibles en determinadas épocas y no estaría bien sacar en el año 1945 una canción sobre quemar judíos. Hay temporadas en las que hay que tener un poco de cuidado, incluso con el humor, aunque pienso que se puede hacer humor y música de todo.

Yo lo único que hago es sentarme con ellos y hablarles del texto. Y lo hago con Calamaro, con canciones que hablan de drogas, o les explicó que tal canción no es de amor… sino más bien de amor a la cocaína [Risas].

Es que comparar a Calamaro con Maluma…

El tuit lo redacté un poco rápido y sin pensar. De hecho ya no he vuelto a redactar mal desde ese día. Pero básicamente lo que dije fue que los padres deberíamos juntarnos con nuestros hijos y ver qué están escuchando. Y explicarles las cosas: mira, este tío es un capullo y está hablando de las mujeres de una forma que no mola una mierda.

Por eso me hace gracia cuando llegan algunos y me dicen: ¿y qué pasa con los Rolling Stones? Y les digo que eran otros tiempos, porque parece que se pierde la perspectiva histórica. Como con el especial de Martes y Trece de Navidad, en el que dicen: mi marido me pega, quién me va a pegar a mí ahora… Era muy heavy. O había un programa con la Pantoja y Paquirrín en el que el programa entero era una caricatura de ese niño… Los tiempos son distintos.

Pero ahora mismo hay que decirles a nuestros hijos que hay músicos que mandan mensajes que no molan nada. Además, yo estoy especialmente sensibilizado con el tema del machismo, me parece que hay mucho machismo que no vemos, aunque creamos que no, y es más necesario que nunca hablar de este tema con los niños y las niñas, sobre machismo e igualdad.

Además, hay que ver a quién ofendes. A mí no me importa ofender a la iglesia de Roma. Puedo tenerla de enemigo. Pero yo no quiero hacer una canción y ofender a una chica de la calle que no conozco de nada. No me parece que sea el mensaje que quiero mandar.

Estoy especialmente sensibilizado con el tema del machismo y es más necesario que nunca hablar con los niños y las niñas sobre igualdad.

Pero defenderás hasta la muerte el derecho a enviar ese mensaje.

Claro, yo defiendo que en la música se puede hablar de todo. Estaríamos buenos si no se pudiera… Pero es curioso que un rapero que está quemado con un tema vaya a la cárcel y un reguetonero que está hablando de putear a las mujeres siga tan tranquilo.

Es peor meterse con Carrero Blanco ahora mismo que meterte con una mujer. Estamos en un puto problema. Pero hay mucha música sonando y nadie se para a ver qué dice. Me hace mucha gracia, volviendo al tema del tuit, que mucha gente cita canciones mías o canciones de Leiva que no tienen nada que ver con el asunto.

Si Leiva dice en una canción “te quiero reventar la boca” es una metáfora de dar un beso fuerte… Si hay que explicar esto ahora… Aunque por supuesto yo creo que hay que explicárselo a los niños: oye, que esto no habla de meterle un puñetazo, habla de otra cosa. Esto no tiene nada que ver con lo que dice Maluma.

Aunque el rock también manda mensajes ‘polémicos’.

Sí. La chulería en el rock ha existido siempre, con las drogas y con las mujeres. Es una cosa que tendrá que ir suavizándose. Si a nivel metafórico mi relación no puede ser una pelea pues estoy jodido. Si mi letra no puede contar que lo que tengo con mi chica es un tipo de batalla, aunque por supuesto nunca voy a levantarle la mano a mi chica, ni la insulto, ni nada por el estilo.

Una canción es como un videojuego. Puedes matar gente en un videojuego. Que luego la gente se queja de que los videojuegos son violentos… en fin, mis hijos distinguen entre el telediario y la película que viene después. No son gilipollas. Si queremos tener una sociedad mejor tendremos que empezar a educar mejor y con conceptos.

Aunque vivimos en un momento complicado. Mira la que le cayó a Leiva con el vídeo del “Espidifriends” o la que se ha montado con lo del anuncio de Mahou. Yo me he callado, pero la verdad es que Mahou es la única empresa que se deja pasta en grupos españoles y organiza conciertos. Y ahora con lo de los 6000 botellines nos escandalizamos. Al final han retirado el anuncio y a los que han perjudicado es al grupo, que iba a tener un montón de bolos y ahora ya no. Y el anuncio no se lo pagaron con cervezas. Pero es un ejemplo más del cuidado que tenemos que tener con todo ahora. Porque puede venir cualquier capullo, le da la vuelta, y parece que estás echando mierda sobre los músicos. Cuando no es así. O lo explicas todo de la hostia con un post en Facebook o tienes que resignarte a vivir en esta esclavitud. Me niego.

A mí no me importa ofender a la iglesia de Roma, puedo tenerla de enemigo, pero yo no quiero hacer una canción y ofender a una chica de la calle que no conozco de nada.

Por último, tenemos un pequeño test para ti. Responde lo primero que se te ocurra. ¿Un grupo referente en este momento para ti?

Egon Soda. Por la calidad del sonido y el trabajo en las letras.

¿Un grupo joven al que no le vas a perder la pista?

Mucho y Rufus y Novedades Carminha… A todos estos.

¿Un disco en español?

“Enemigos de lo ajeno”, de El último de la fila.

¿Un disco de algún artista internacional?

Cualquiera de Radiohead. Yo me tengo un poco prohibido el “OK Computer” porque me quedo ahí en bucle… pero mi preferido es “In Rainbows”.

¿Una serie?

La nueva de Twin Peaks o The Leftovers.

¿Última película vista?

La llegada.

Recomiéndanos un libro.

“La estación de la calle Perdido” de China Mieville o “Los últimos días de París”, también de él. Es un autor que me encanta.

¿Un cómic?

El gran cómic es Watchmen, pero como ya lo conoce todo el mundo recomendaría a la gente que se comprara Moebius. Y a nivel español cualquiera de Daniel Torres, como Roco Vargas.

¿La canción que te habría gustado componer?

“Insurrección”. De hecho, es mía. [Risas]

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