Durante el verano de 1987, hace ya varias décadas, se publicó el ejemplo más contrastado que denota que, cuando un producto es bueno, y este es inmejorable, está condenado a triunfar. Y que el boca-oreja no sólo es la publicidad más barata, sino la más eficaz. En un dato: salió al mercado en julio de 1987, capado y con las cuerdas vocales arrancadas de cuajo por la censura impuesta por la MTV y, por consiguiente, por el resto de la prensa especializada y carente de personalidad. Un año después era número uno en Estados Unidos. A día de hoy es el álbum debut más vendido que se ha lanzado.

La historia de la mejor banda transitoria que ha existido cuenta con absolutamente todos los clichés que envuelven al lema ‘sexo, drogas, rock and roll’ o, más bien, que lo desmitifican. En su día a día había sexo (con groupies carentes de erotismo y prostitutas más propias de esquinas que de saldo), había drogas (asequibles para cualquier yonqui mundano) y había rock (en giras haciendo autostop y en bares mugrientos de suelo pegajoso y ambiente cargado).

El virtuosismo musical que los cinco integrantes del grupo poseían y mostraban en los escenarios estaba condicionado por su actitud fuera de ellos. Esto provocaba que nadie con algo que perder quisiera contratarlos, pese a que prácticamente toda la industria se mostraba fascinada con su estilo.

Cuenta la leyenda que, una de esas noches de pubs inmundos, los miembros de Poison, entonces en alza, fueron a tomar algo con su productor mientras los en ese momento desconocidos Guns N’ Roses daban uno de sus enérgicos y habituales directos. El productor quedó tan fascinado por lo que vio que le dijo a Bret Michaels y los suyos que daba igual dónde se encontraba cada conjunto y dónde acabaran. Jamás serían tan buenos como el grupo que acababa de contemplar.

Así, de reunión a reunión y tiro porque me toca, la banda iba alimentando la leyenda bicéfala de ‘gran grupo para ver, pésimo para colaborar’, hasta que apareció Mike Clink, cuyo gran mérito fue armarse de paciencia y ser (junto al mánager Alan Niven) la única persona que logró dar con esa cadencia, tan extraordinaria como inverosímil y fugaz, en la que talento y constancia se alinean.

¿El resultado? El último gran primer disco de rock puro y majestuoso.

“Appetite For Destruction”: cuando la excelencia encontró su lugar en el tiempo y el espacio

Las influencias de hard-rock y glam que los miembros originales habían adquirido de sus proyectos anteriores unido a una personalidad conjunta arrolladora provocaba que la banda fuera un reloj perfectamente engranado cuando ejecutaba sus directos. Y una bomba de relojería en todo lo demás.

Los Guns N’ Roses tenían todo de su mano para editar un disco que aunara lo mejor de cada género, gracias a las influencias de hard-rock y glam que los miembros originales habían adquirido de sus proyectos anteriores. Esto, unido a una personalidad conjunta arrolladora, provocaba que la banda fuera un reloj perfectamente engranado cuando ejecutaba sus directos. Y una bomba de relojería en todo lo demás.

Decía Píndaro que no hay nada más meritorio que saber aprovechar las oportunidades. El grupo contaba con composiciones propias, cierta relevancia en el panorama musical, expectativas que cumplir y vía libre para comerse el mundo. Con giras cerradas como teloneros de monstruos como Iron Maiden o Aerosmith, era el momento de salir al mercado y dejar que la lógica hiciera el resto para que el elepé funcionara. Así que Axl, Slash y compañía mostraron por primera vez interés, y sobre todo, actitud para encerrarse en el estudio a grabar “Appetite For Destruction” (1987, Geffen Records).

Ya desde el nombre del álbum y la portada elegida la sombra de la censura sobrevolaba al disco. “Appetite for Destruction” era un diseño de un artista californiano en el que aparece un robot que acaba de violar a una mujer y está a punto de matarla. Por supuesto, la discográfica se negó en rotundo a sacar una carátula tan explícita y controvertida, por lo que finalmente decidieron utilizar el ya mítico boceto de la cruz adornada con las calaveras de los componentes de la banda.

El ejemplo más contrastado que denota que, cuando un producto es bueno, y este es inmejorable, está condenado a triunfar. Y que el boca-oreja no sólo es la publicidad más barata, sino la más eficaz.

La polémica continuó con Welcome To The Jungle”, canción que abre el largo. Elegida como segundo single de la banda, el tema escrito por Axl Rose en el que refleja su perspectiva de Los Ángeles fue tachado de demasiado violento. Por ese motivo, la siempre comedida MTV optó al principio por no emitir el videoclip oficial, aunque tras los ruegos del mismísimo David Geffen decidieron ponerlo un domingo a las 4 de la madrugada. Sabia resolución, porque 24 horas después era el vídeo más visto del canal. Cosas de la inercia. Controversias aparte, ya con el primer tema se puede apreciar la cruda y peculiar naturaleza de la banda. Convertida ya en un himno gunsnrosiano, gracias a frases como You know where you are?, you’re in the jungle baby, you gonna die!” que un vagabundo le dijo al cantante después de atracarlo, “Welcome To The Jungle” es una muestra conveniente para los no iniciados.

Si el tema de apertura fue el segundo single, la segunda canción fue el single de presentación. It’s So Easy es la única composición previa a la creación de Guns N’ Roses. Compuesta por Duff Mckagan, la letra habla de la facilidad con la que Duff –para quién no lo sepa el motivo por el que la marca de cerveza de Los Simpsons se llama así– vivía el día a día pese a no contar apenas con dinero. Lo lógico es presentar un single con un vídeo. De hecho, existía un videoclip en el que aparecía la entonces novia de Axl atada y vestida con ropa sadomasoquista. Con todos los antecedentes contados, sobra decir por qué nunca vio la luz como elemento promocional.

Decía Píndaro que no hay nada más meritorio que saber aprovechar las oportunidades. El grupo contaba con composiciones propias, cierta relevancia en el panorama musical, expectativas que cumplir y vía libre para comerse el mundo.

Si nos atenemos a las continuas referencias a un ambiente errante y lleno de aventuras y desventuras en el que se movía el grupo, Nightrain completa la trilogía ‘beat’ del LP. Titulada así por una de las marcas de vino más baratas de EE.UU y surgida mientras Slash e Izzy Stradlin lo consumían, el tema es uno de los más populares entre los fans. “Out Ta Get Me no tuvo la repercusión de las anteriores, pero es una eficaz manera para separar las composiciones más descarnadas del resto del largo. Seguidamente, tanto “Mr. Brownstone” como “Paradise City” poseen –en mi opinión– un gran hándicap dentro del álbum. Nada relacionado con la música, la lírica o la estructura, sino con el orden que siguen en el LP. Una de las cosas que este humilde redactor echa en falta en este mayúsculo trabajo es la concordancia a la hora de colocar los temas. “Mr. Brownstone” habla de la adicción a la heroína que tanto Slash como Izzy mantenían, y habría sido perfecta si se hubiera emplazado tras “Nightrain”. Si el “Brown Sugar” de los Rolling Stones deja claro que Sus Satánicas Majestades han sido elegantes hasta para hablar de sus tinieblas, “Mr. Brownstone” pasa de retóricas y figuras literarias para referirse la droga cuya sensación tras consumirse dicen que es inigualable.

Si la oda al caballo tenía que haber estado colocada –nunca mejor dicho– un puesto por delante, Paradise City” sería idónea como colofón. He tenido la suerte de ir a bastantes conciertos en mi vida y la mala suerte de llegar a la mayoría quince, veinte o treinta años tarde. De todas las vivencias puedo decir que Steven Tyler me pareció mejor frontman que Mick Jagger y que no hay mejor forma emotiva de acabar un concierto que “Hey Jude” ni mejor manera de terminar un directo cargado de adrenalina que “Paradise City”. Nacida en la parte trasera de una furgoneta, el tema puede perfectamente ser la continuación de “Welcome To The Jungle”, con su pegadizo estribillo y su trepidante desenlace. El videoclip, uno de los más reconocibles de los GnR, mezcla una serie de conciertos, entre los que destaca el que dieron como teloneros de Aerosmith en Nueva Jersey. Repleto de gente tarareando y brincando con la actuación, cuentan las malas lenguas que, en ese momento, la mayor parte del público asistió fundamentalmente para ver a los chicos malos de L.A. Se desconoce si fue así, pero sólo que exista el rumor es más que meritorio dado que Aerosmith es la banda americana que más discos ha vendido nunca.

El gran error del álbum es el miedo a tener más de una composición lenta y de larga duración, lo que privó a “November Rain” de estar en “Appetite For Destruction”. Aparecer aquí le hubiera quitado brillantez a esa obra colosal –en el amplio sentido de la palabra– que es “Use Your Illusion”, pero también pretenciosidad.

My Michelle” es un track dedicado a una amiga de la banda. La letra es una segunda versión, ya que Axl hizo un boceto romántico y pomposo que se alejaba de la realidad de Michelle. Por petición de la protagonista, el vocalista reescribió el tema y quedaron la turbia trama que se conoce y otra intrahistoria más para añadir en el inventario del conjunto californiano. Mientras, “Think About You fue escrita por Izzy y por ello es él el quien realiza el solo de guitarra. Puede que Axl y Slash sean las caras más reconocibles de los Guns N’ Roses, pero sin duda alguna la figura clave del grupo siempre fue Izzy Stradlin.

De “Think About You” pasamos a ella. La número nueve. El himno y punto de inflexión que cercioró el éxito comercial y supuso el primer número uno en las listas. Con uno de los comienzos más reconocibles –y más sencillos– de la historia de la música, Sweet Child O’ Mine es la esencia de Guns N’ Roses. El proceso creativo solía constar de riffs sacados por Slash e Izzy para posteriormente ser completados con las letras de Axl. El archiconocido riff fue un juego que Slash comenzó a hacer antes de una actuación, hecho por el cual el guitarrista del sombrero desprecia a la canción. Sin embargo, nadie puede negar la magnitud de una composición redonda que, ya desde su lanzamiento, se coló entre las mejores baladas de la historia. Siguiendo con la inercia antes mencionada, cabe destacar que el grupo sopesó no lanzarla como single, ya que consideraba que utilizar dos canciones de más de seis minutos podía resultar demasiado pesado. Nada más lejos de la realidad. Por desgracia, y aquí está el gran error del álbum, el miedo a tener más de una composición lenta y de larga duración privó a “November Rain” de estar en él. Si el disco es superlativo, imaginen como hubiera sido con ella dentro.

Un álbum en el que se aúna, de la forma más categóricamente salvaje posible, el cliché de ‘sexo (real), drogas (baratas) y (mucho) rock and roll’.  Es probable que su éxito fuera el principio del fin, pero la magia de la excelencia reside en su irracionalidad y en que, durante 54 minutos, hicieran olvidar la evidencia del desenlace.

You’re Crazy, antepenúltimo track del elepé, fue originalmente compuesto en acústico, pero se cambió para entrar en el disco. No es para nada un mal tema, pero tras leer lo de “November Rain” estoy convencido de que más de un lector piensa que podía haber entrado por “You’re Crazy” y ésta haberla dejado en acústico, como posteriormente salió en el segundo trabajo del grupo, “G N’ R Lies”. A ella le sigue Anything Goes, tema que como “Out Ta Get Me” o “Think About You”, cumple con su rol secundario.

Por último y como guinda al mastodóntico pastel entra Rocket Queen. Mi tema favorito de todo el “Appetite For Destruction”. Más de seis minutos –que en directo se convierten en unos veinte gracias a Slash y su guitarreo interminable– en los que se escucha mejor que en cualquier otra composición la voz desgarrada de Axl o la batería de Steven Adler. Y sí, un orgasmo. Reconozco que, más incluso que la música, me apasionan las historias que la conforman, y por ello “Rocket Queen” tiene que estar en el pódium de leyendas que envuelven a una canción. Los gemidos que acompañan a la guitarra de Slash son reales y pertenecen a Adriana Smith, en ese momento novia de Adler. Cansada de las continuas infidelidades del batería, Smith decidió montárselo en el estudio con Axl, mientras el resto de miembros –Adler incluido– observaban, para así cerrar mejor que nadie un álbum en el que se aúna, de la forma más categóricamente salvaje posible, el cliché de ‘sexo (real), drogas (baratas) y (mucho) rock and roll’.

Guns N’ Roses – Appetite for Destruction

9.9

“Appetite For Destruction” es un álbum indispensable en cualquier colección. Un conjunto de casualidades que aunó durante un breve espacio temporal a unos virtuosos musicales, tan talentosos como incontrolables, para componer uno de los grandes trabajos del rock and roll más casto. Es probable que su éxito fuera el principio del fin, pero la magia de la excelencia reside en su irracionalidad y en que, durante 54 minutos, hicieran olvidar la evidencia del desenlace.

  • Es uno de los ejemplos más claros en los que se demuestra que, cuando algo es bueno, no necesita publicidad alguna. Y esto sólo ocurr(ía)e en lo relacionado con cualquier arte.
  • La imperdible intrahistoria que engloba a la banda más efímera y exitosa de la música tiene como súmmum este álbum.
  • Pese a ser puramente hard rock, posee un eclecticismo comercial pocas veces conseguido, fruto del talento que atesora. Todo aquel con mínimas características melómanas se rinde ante él.
  • Tiene todos los ingredientes musicales y extramusicales que lo convierten en una joya inmortal.

  • Que no entrara “November Rain”. Le hubiera quitado brillantez a esa obra colosal –en el amplio sentido de la palabra– que es “Use Your Illusion”, pero también pretenciosidad.