Demasiadas veces han sido separados los géneros de la música. Viene de muy lejos el debate entre la música popular y la culta, como cualquier otra fórmula de proporcionar integridad a un colectivo buscando el enfrentamiento con los demás. Ninguna estantería quiebra porque en ella convivan CDs de 2pac, Radiohead, The Clash y Beethoven. Esto es algo que los amantes de la música tenemos muy claro: No existirían unos sin los otros, la deuda que se tienen entre ellos es innegable, y su principal motivación (unos más y otros menos, por supuesto) es compartir su arte con nosotros, su forma de ver el mundo, o cuanto menos hacernos pasar un buen rato con su trabajo. Tanto los Beatles como Miles Davis, Pink Floyd o Sonic Youth han reconocido la influencia que tuvo para ellos el genio de Stockhausen, que colocaba a los instrumentistas en helicópteros y tuvo la mesa de mezclas más grande que se haya visto jamás. ¿Cómo hubiera podido existir la espectacular “A Day in the Life” si el maestro y la vanguardia electroacústica no hubieran dejado su huella en el cuarteto de Liverpool? Incluso los patrones se invierten, y los nuevos compositores admiten extraer influencias por bandas de rock. La nueva música está desterrando estos patrones y acoge técnicas de cualquier estilo sin tener en cuenta las barreras impuestas por los medios.

¿Pero qué se está haciendo ahora mismo? ¿Cuáles son las últimas tendencias musicales? Pocas formas habrá tan acertadas de introducirse en este mundo como escuchar las voces de la última ola de jóvenes compositores sudamericanos y, al respecto, “E-Piano Video & Electronics” ofrece un amplio abanico no sólo con audio, sino añadiendo un espectáculo de vídeo y documental que resulta imprescindible para apreciar las obras en su totalidad. Para ello hemos decidido elaborar una pequeña entrevista con el intérprete del álbum de la discográfica granadina IBS, grabado en el Teatro Liceo de Salamanca: el pianista Alberto Rosado, un conocido personaje de la difusión de la música contemporánea en nuestro país.

Una pregunta que parece sencilla: ¿Con qué obra disfrutaste más?

No es tan sencilla, porque realmente las siete obras las he disfrutado mucho. Hay algunas con las que he sufrido, pero que después las disfruté enormemente, como “Disparate volante” de Arturo Fuentes, “I+D” de Iñaki Estrada, “Páramo de voces” de Hilda Paredes, “SEPT” de Cristian Morales o “Eclipsis” de Aurelio Edler-Copes, obras que son complicadísimas pero que una vez que las tocas disfrutas como un ‘mico’ haciéndolas. Y hay otras que son menos complicadas, como por ejemplo “Mar i lluna” de Ramón Humet o “Tortured Vinyl” de Jesús Navarro en las que disfrutas de los horizontes nuevos que se abren en el sonido modificado en tiempo real o en las sonoridades del piano tocado por dentro.

En esta última tienes que tocar directamente en las cuerdas. Cuando la tocaste, ¿te sentiste como un DJ?

Pues algo parecido. Esa es la idea de Jesús, que juega mucho a estar entre los dos bandos, de la música contemporánea y electrónica, y ésa es la idea. Yo me lo pasé muy bien, aunque había tocado muchas veces el piano por dentro, lo que Henry Cowell empezó a hacer a principios del siglo XX. Jesús da un paso más, hace un guiño a lo que los DJ hacen con los vinilos.

¿Qué anécdotas han surgido durante la grabación?

A ver, a ver… Ha habido un poco de todo. El momento de la grabación siempre es complicado y hay líos con focos que no funcionan, cables que dan ruidos, cosas así. La grabación ha sido muy compleja al meter tres cámaras, grúas, carriles para las cámaras, más los compositores que estaban ahí en todo momento echando una mano… ha sido una especie de hazaña. Todas las obras, salvo la de Navarro, las había tocado ya en público y las anécdotas son más de gente que se queda alucinada al ver que con un piano y un ordenador se pueden hacer todo este tipo de cosas, con imágenes, electrónica, sonido en vivo…

¿Qué efectos, modificaciones, tuviste que realizar con el piano que pueden resultar extrañas para el público de la música tradicional?

En el caso de la obra de Navarro sí que hubo que explorar en las entrañas del piano, pues se utilizan gomas de cámara de bici en los dedos para tocar directamente las cuerdas como si de un arco se tratara, o la bola del diapasón tocando directamente con las cuerdas del piano a modo del sitar. También en la obra de Estrada tuve que tocar en principio con un arco eléctrico diseñado con él o con púas de guitarra eléctrica accionando las cuerdas directamente. El resto de modificaciones del sonido han venido dadas por la utilización de medios electrónicos, que incluyen la transformación del sonido en tiempo real, algo que también se utiliza en la música rock. Me apetecía un montón servirme de esos elementos y fue uno de los motivos por los que contacté con todos esos compositores y les pedí que aumentaran el repertorio de piano con electrónica.

No quiero emplear el término clásica o moderna, porque lo que pretendo es borrar esas fronteras.

Me llamó la atención encontrar una versión interpretada por el Cuarteto Kronos de un tema de los islandeses Sigur Rós. ¿Qué puntos de contacto crees que existen entre el rock, el jazz y las obras de este disco?

La relación que existe entre el rock, el jazz, todas las músicas actuales y la música, entre comillas más seria, la clásica y clásica contemporánea, existe desde que la música es música. Bach, Beethoven o Brahms utilizaban música popular dentro de sus obras: danzas de la corte, música de las tabernas o la que tocaban los gitanos. En el siglo XX se multiplica esta relación con compositores como Stravinsky o Ravel con el jazz, Bártok con la música folklórica o el mismo Falla con el cante jondo. Más adelante, en el mismo siglo, Pierre Boulez y Frank Zappa mantuvieron una relación muy estrecha: el primero estrenó muchas obras orquestales y de ensemble del segundo. Yo he querido acercarme un poco a ese tipo de relación con otras músicas y, por ejemplo, tengo un proyecto de los estudios de Ligeti mezclados con la música africana, que he hecho últimamente. Las obras de este CD-DVD (e-piano) podrían ser interpretadas en cualquier festival de música electrónica, pues tienen una base intelectual fuerte y un empleo de la electrónica refinada, emparentada con otras músicas. No quiero emplear el término clásica o moderna, porque lo que pretendo es borrar esas fronteras. Obras como la de Arturo es muy cañera, rockera, con cantidad de notas muy rítmicas, casi al estilo de Zappa, y una electrónica muy actual, la de Jesús Navarro conecta con la forma en la que se torturaba a un vinilo hace diez o quince años. Me gustan ese tipo de sinergias y hay compositores actuales como Pierre Jodlowski que utilizan mucho este tipo de fusión entre el lenguaje un poco más tradicional con otro más electrónico.

Has mencionado varias veces a Zappa y me gustaría que concretaras una relación entre los intérpretes clásicos y ese tipo de música. ¿Qué autores fuera de la música clásica recomendarías?

Me gustan todos los que han tendido puentes de alguna manera. El jazz me fascina, así que imagínese músicos como Keith Jarrett, Bill Evans y de los actuales Uri Caine, y lo que hizo con las Variaciones Goldberg o las obras de Mahler, que convierte en una especie de fusión de todas las músicas. Más reciente, el español Marco Mezquida y su utilización de técnicas extendidas en el piano dentro de un lenguaje jazzístico. En otro campo de la música más pop pues… siempre me ha gustado Sting, primero con The Police y luego en solitario. Sting toca muchos palos, se ha hecho acompañar de grandes músicos tanto del jazz como de la clásica y ¡hasta grabó un disco con canciones de John Dowland!, compositor del renacimiento inglés. Está también Björk que me parece una artista siempre en la punta de la innovación, de la especulación, algo que yo siempre pretendo desde la clásica: crear espectáculos nuevos siempre sorprendentes.

Como pianista háblanos de las diferencias técnicas entre lo clásico y lo contemporáneo.

Bueno, realmente no hay muchas. Hay una evolución técnica que empieza en las primeras obras para piano de Haydn y Mozart, que se va adecuando al repertorio. En el siglo XX lo que hay es un refinamiento del lenguaje y por tanto de la técnica que de alguna manera sigue progresando en ese refinamiento. Dicho esto no es que ahora sea más fácil tocar una sonata de Mozart que hace dos siglos. De hecho yo diría que casi es justo al contrario, para mí sería más fácil tocar un estudio de Ligeti, aunque aparentemente parezca muy complicado, que uno de Chopin. Prácticamente la historia es la misma, bajar los dedos para que suban unos macillos y hagan resonar una cuerda, y el truco está en hacerlo con diferentes ataques, velocidades, apoyo, intensidad…

¿Qué impresión genera conocer personalmente al autor de una obra?

El mundo de la clásica contemporánea nos ofrece la oportunidad de trabajar codo a codo con el autor. Es verdad que en este último siglo la distancia entre el intérprete y el autor ha sido grande, cosa que no ocurre en el mundo del rock, pues los intérpretes son, por regla general, los propios autores, algo que ocurría en el XIX con la música clásica. El disco ha supuesto conocer de una manera directa a cada uno de los creadores de las obras que he grabado. El trabajar con estos compositores hace que de alguna manera pienses, estudies y abordes la música de manera muy diferente. Yo no toco igual a Brahms o a Schubert después de haber visto cómo piensan los compositores y de haber trabajado intensamente con ellos.

El compositor de música contemporánea está, tristemente, muy poco valorado en nuestra sociedad.

¿Y en cuanto a la cercanía? Parece mayor en la música clásica que con los superventas del rock como los Rolling…

Sin duda, creo que es más fácil acercarse a un compositor como Hosokawa o Lachenmann, por nombrar a dos de los más famosos, o a cualquiera de los que participan en este disco que a un divo como Mick Jagger o Lady Gaga. El compositor de música contemporánea está, tristemente, muy poco valorado en nuestra sociedad. Dentro del mundo de las artes son los últimos del escalafón en cuanto a valoración, si los comparamos con el éxito y visibilidad de pintores, arquitectos, directores de cine o músicos del mundo del rock y pop. Quizás esto haga que generalmente (porque alguna excepción sí que existe) uno pueda acercarse y trabajar directamente con ellos de una manera cercana. El mundo de directores, cantantes e instrumentistas de música clásica es diferente, ahí el divismo vuelve a aparecer, por desgracia.

¿A qué obra le recomendarías enfrentarse primero de este cd a alguien que no haya tenido contacto previo con la música clásica contemporánea?

Creo que casi cualquiera les podría enganchar a la primera. Si tengo que dar una única opción a alguien que, por ejemplo, disfruta con la música rock y electrónica, quizás podrían comenzar a sumergirse en este mundo con la obra de Jesús Navarro (“Tortured Vinyl”) porque está muy cercana a la música electrónica de DJ; además tiene una base rítmica en el fondo, ese sonido de vinilo de hace unos cuantos años, y explora unos sonidos del piano que a cualquiera le va a abrir la mente y le va a dejar con ganas de seguir escuchando el disco DVD.

¿Que otros compositores recomendarías para el neófito?

He citado anteriormente a uno de esos que intentan crear puentes: el francés Pierre Jodlowski, con su “Série Blanche” o “Time & Money”. Si teclean su nombre en YouTube enseguida van a encontrar a un fantástico compositor que escribe todo tipo de música, alguna muy cercana al campo del rock o el pop. También Rafael Zendo con su obra “Scratch Data” o, por supuesto, los compositores que conforman este disco. A partir de ahí hay un terreno enorme para sumergirse, compositores españoles, europeos, americanos, asiáticos que merecen la pena ser escuchados.

¿Quieres añadir algo más…?

Ha sido para mí una sorpresa muy grata que una revista como El Quinto Beatle se ocupe de este CD/DVD de IBS en el que he puesto ilusión, dinero, puff… un montón de horas. Un disco que salió a la luz en diciembre y que aún le cuesta arrancar, por eso me emociona mucho que haya una revista como la vuestra, fuera del terreno de la contemporánea, interesada por el proyecto. Paco Moya, el director de la discográfica, está haciendo un trabajo buenísimo porque cree que este disco lo tiene que oír mucha gente y está convencido de que cualquiera va a poder disfrutarlo con toda su intensidad.