Salieron de la nada sin que nadie lo esperase y publicaron no sólo uno de los mejores debuts de 2015, sino uno de los mejores discos de ese año, con una propuesta original y muy personal pero, sobre todo, cargada de rabia y con un discurso político claro y cimentado por su riqueza musical. A pesar de recibir buenas críticas en general algunos los tildaron de oportunistas y pusieron en duda la solidez y la verdad de su mensaje. Dos años después y tras los acontecimientos que han provocado que grupos como Foxygen intenten evadirse de la situación actual y otros como Arcade Fire traten (no con todo el éxito que pretendían) hacer una crítica al mundo en que vivimos, Algiers buscan ir de frente y dar otro golpe sobre la mesa con su segundo trabajo: “The Underside of Power”. El golpe que necesitábamos cuando más lo necesitábamos. Porque sí, escapar de la realidad viene bien a veces, pero otras muchas hay que afrontarla y, más allá de eso, enfrentarla.

“The Underside of Power”: la ira de una generación

Algiers buscan ir de frente y dar otro golpe sobre la mesa con su segundo trabajo. El golpe que necesitábamos cuando más lo necesitábamos.

El debut de Algiers fue casi un milagro al estar formado por miembros residentes no sólo en distintas ciudades, sino en distintos continentes. Ahora parece que el grupo ha podido formalizarse de manera mucho más estable, no sólo entre sus tres componentes originales, sino que para esta ocasión han contado con Matt Tong (batería de Bloc Party que ya les acompañó en su anterior gira) y Adrian Utley, miembro de Portishead, en la producción. Esto ha acrecentado las virtudes de un grupo que ya destacaba en su primer trabajo y ha expandido sus horizontes sonoros, permitiéndose una mayor experimentación y equilibrio en las canciones que conforman este nuevo LP.

Una mayor estabilidad y la presencia de Matt Tong y Adrian Utley en la producción ha acrecentado las virtudes de un grupo que ha expandido sus horizontes sonoros, permitiéndose más experimentación y a la vez equilibrio.

La tónica general no ha cambiado mucho respecto a lo que encontrábamos en su álbum debut homónimo. Una mezcla de góspel, blues y soul con post-punk y una capa de industrial para dotar de una crudeza más notoria a sus canciones. Algiers son provocativos y claros desde el minuto uno, abriendo “Walk Like a Panther” con una carta de Fred Hampton, antiguo miembro de los Panteras Negras (grupo socialista nacido en Estados Unidos y compuesto por la población negra), a su hijo, en la que le instaba a que continuase siendo un revolucionario y no olvidase que pertenecía al proletariado. Poco más hay que decir, y es que casi sin dar tiempo a que acabe el discurso Fisher entra con toda la ira y la seguridad que su voz transmite, acompañado de beats electrónicos, un teclado y un bajo, regalándonos un tema agresivo y oscuro marca de la casa.

Cry of the Martyrs” propone una especie de góspel acelerado y retorcido en el que las palmas, los coros y el bajo se combinan con la electrónica intentando evocar un canto popular revolucionario. La propia canción está inspirada en figuras como la de Che Guevara o la activista anti-Apartheid Eleanor Kasrils en el tiempo que pasaron en prisión, con el objetivo de reflejar su convicción por sus ideales y su esperanza por un mundo mejor: “I’ve seen it written on the other side of history / listen to the martyrs cry for me.

Sus reminiscencias del góspel y del soul conviven con el techno y el industrial a través de un discurso político sugerente, con referencias a sucesos del día a día y a personajes históricos y autores como el tan recurrente T. S. Eliot.

Si algo no esperábamos los fans de Algiers era escuchar algo como “The Underside of Power”, un acercamiento mucho más tradicional (dentro de lo tradicionales que pueden ser estos chicos) al soul, con una mayor presencia de guitarra y de batería y una estructura mucho más clara. El tema es un crescendo constante y cuando uno llega al estribillo ya se ha rendido completamente ante una pieza que es pura carne de hit. El optimismo y la esperanza por una nueva revolución y caída del poder se apoderan de un grupo mucho más anclado en la penumbra normalmente (“Because I’ve seen the underside of power / It’s just a game that can’t go on). Quizás sea la parte más experimental del grupo la que los hace tan especiales, pero es innegable que ante canciones como esta uno no puede sino desear más estribillos así de redondos. Pero el disco no sigue por ahí y “Death March” vuelve a cambiar de tercio con un tema cuya batería y bajo quieren volverlo hipnótico, como si fuese un baile zombie. Y es que ese es precisamente el simbolismo con el que intentan identificar al capitalismo y al fascismo, como virus capaces de infectar a toda la población y controlarla de manera sutil (“They pay no mind just to wind you up / Informed autosuggestion / State-sanctioned assassination). Seguidamente, “A Murmur. A Sign.” se presenta como un tema más cercano al dark-wave techno y al ambiental, siento una antigua pieza de Franklin que tenían olvidada y que decidieron recuperar y renovar tras ponerse a trabajar con Adrian Utley. El piano protagoniza “Mme Rieux” y nos regala una balada escrita por Ryan Mahan en la que imagina una conversación con su madre sobre la muerte de Dios, una pieza especialmente personal y delicada.

El racismo y la violencia contra la población negra es otro de los temas frecuentes de Franklin, algo que se manifiesta en una “Cleveland” muy electrónica en la que incluso los coros suenan robotizados. El título hace referencia por un lado a Rev James Cleveland (de quien toman prestado un sample de su canción “Peace Be Still”) y por otro a Tamir Rice, un niño afroamericano de 12 años que fue asesinado por la policía de Cleveland en 2014. Así, Franklin menciona a diversos ciudadanos afroamericanos difuntos cuyas muertes fueron pasadas por alto y anuncia como si se tratase de un profeta que la justicia llegará pronto y que no caerán en el olvido. Por su parte, “Animals” es un trallazo directo más que a Donald Trump a la sociedad y a los medios que normalizan las conductas y ataques de éste, cayendo y apoyando sus ideas de manera más o menos consciente (“Don’t feed the animals, you could become one of them). Musicalmente parece un tema punk retorcidísimo mediante beats electrónicos y riffs capaces de cortarte con sólo rozarlos, siendo la pieza más agresiva e incendiaria del disco. “Plague Years” se vuelve al techno y crea un tema prácticamente instrumental lleno de efectos y melodías sugerentes que conforman un ambiente de opresión y angustia.

Cada paso que dan está totalmente premeditado y a conciencia, sacando el máximo partido a un estilo que en el debut sorprendía y que aquí no sólo lo sigue haciendo por su propuesta en sí, sino por una mejora notoria que les consolida como una de las bandas más interesantes del momento.

Quizás se me esté yendo la olla aquí pero es empezar “Hymn for an Average Man” y venirme a la cabeza los Radiohead del “Amnesiac” más pasados de rosca si cabe, con ese piano que provoca malestar mediante su repetición, esos coros de ultratumba y esa segunda mitad en la que el tema explota y se vuelve asombrosamente aterrador (hasta la batería tiene el toque jazzístico y esos ritmos rotos que tanto les gusta a los de Oxford). Son Franklin, su característica voz y su alma soul para hacer completamente suyo el tema, cantando sobre los fantasmas que aterran cada noche a la gente que trae las mayores desgracias al mundo. A continuación nos acercamos al final con una “Bury Me Standing” en la que los instrumentos (incluyendo un saxofón) van y vienen, desvaneciéndose y tomando forma otra vez, creando una atmósfera acongojante y que sirve de transición hacia “The Cycle/The Spiral: Time to Go Down Slowly”, último corte en el que Franklin entona una carta que escribió a su pareja tras una discusión y nunca le entregó. Otra pieza bastante acelerada, con mayor presencia de teclados y guitarra y poniendo un broche final espléndido con ese “We are the cycle that begins / We are the spiral to the end.

Está claro que Algiers pisan firme y con total seguridad de sí mismos. Cada paso que dan está totalmente premeditado y a conciencia, sacando el máximo partido a un estilo que en el debut sorprendía y que aquí no sólo lo sigue haciendo por su propuesta en sí, sino por una mejora notoria que les consolida como una de las bandas más interesantes del momento. Sus reminiscencias del góspel y del soul conviven con el techno y el industrial a través de un discurso político sugerente, con referencias a sucesos del día a día y a personajes históricos y autores como el tan recurrente T. S. Eliot. Si bien a veces se echa en falta un poquito más de concreción tanto en lo sonoro como en lo lírico, no hay ninguna duda de que Algiers siguen creciendo y de que “The Underside of Power” es un trabajo a la altura de lo esperado.

Algiers – The Underside of Power

8.5

Después de un debut tan sólido y una propuesta tan atractiva las expectativas con Algiers eran altas y “The Underside of Power” las cumple de sobra. Un trabajo continuista y urgente que pule lo mostrado en el anterior y continúa experimentando y construyendo su propio sonido mediante la combinación de la música negra tradicional y la electrónica más moderna. Un triunfo para un grupo que hasta ahora se ha mostrado impecable.

  • Sin desmerecer su experimentación, “The Underside of Power” es un señor temazo.
  • Van más allá del debut, especialmente en la parte instrumental, mientras que en la electrónica se percibe una mejor implementación.
  • No baja el nivel en ningún momento.
  • Buscan meter el dedo en la llaga y lo hacen con acierto.

  • A veces tiran demasiado por la abstracción y las letras pierden algo de garra. Siendo un grupo tan implicado políticamente podrían ensuciarse un pelín más.
  • En general siguen siendo poco accesibles para el gran público, lo cual no es malo en sí pero puede echar para atrás a mucha gente. Una pena.

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