El pop y el rock español de los últimos 35 años ha sufrido un cliché estandarizado: recurrir a la Movida Madrileña como punto de influencia de un sinfín de formaciones posteriores que han tenido en común poner la mirada en el hedonismo, la juventud y el afán creativo de una de las mejores generaciones de nuestra música. En 1984 el sonido de la factoría madrileña había abandonado todo aroma underground que pudiese tener en sus inicios, dando lugar a discos con un sonido menos natural, pero más elaborado y cualitativo. No es de extrañar que bandas ya por entonces asentadas publicaran algunos de sus respectivos cénits. Así, veía la luz “La Ley Del Desierto”, el mítico álbum de Radio Futura en el que se incluían joyas como “Semilla Negra” o “Escuela de Calor”. Alaska y Dinarama ponían de acuerdo a crítica y público con “Deseo Carnal” e Ilegales se confirmaban como exponentes del rock urbano con “Agotados de Esperar El Fin”. Además, irrumpían en la escena con sendas óperas primas 091 desde Granada con “Cementerio de Automóviles” y Golpes Bajos desde Vigo con “A Santa Compaña” (estos últimos después de haber arrasado un año antes con el EP que llevaba el nombre de la banda). Y mientras todo esto ocurría, quienes quizá sean los dos mejores grupos de la historia del pop-rock español nacían a no demasiados kilómetros de distancia. En Barcelona, Manolo García y Quimi Portet daban forma a El Último de la Fila, y en Zaragoza Enrique Bunbury, del grupo Proceso Entrópico, se unía a Juan y Pedro Valdivia para dar lugar a una banda influenciada por el post-rock.

En los siguientes años se consolidaría la formación definitiva, con la salida de Pedro Valdivia y la llegada de Andreu. Y mientras la Movida Madrileña absorbía el flujo del interés de los medios de comunicación de masas y de la radiofórmula, en Valencia proliferaba un sonido oscuro, importado de Centroeuropa (fundamentalmente de Reino Unido y Alemania), que deambulaba entre el rock y la electrónica. Aunque lo que vino a denominarse Movida Valenciana ha caído en el olvido o se ha estigmatizado por el recuerdo del camino que tomó en los años 90 a través de la Ruta del Bakalao, lo cierto es que las salas de la capital del Turia acogieron en la segunda mitad de los 80 los matices más góticos, la new wave, industrial, acid house y la fuerza del krautrock. Bandas como Tangerine Dream, que no tenían acogida en las escenas madrileña, barcelonesa o viguesa tuvieron su apogeo en Valencia, que hizo las veces de ‘Berlín español’. En el documental “72 horas… Y Valencia fue la Ciudad” (de Óscar Montón y Juan Carlos García) Bunbury reconoce la influencia y la importancia que tuvo para él la escena valenciana de aquellos años. Por un lado por las bandas internacionales de estilo siniestro que allí actuaban: en palabras de Búnbury “viví una cierta explosión de grupos que en aquel momento nos gustaban mucho, veíamos que Valencia era la cuna de todo eso, el lugar al que los aficionados de ese tipo de música queríamos ir. Y por otro lado porque a día de hoy no se podría entender la historia de Héroes del Silencio sin los primeros conciertos en la sala que les vio crecer vertiginosamente: Ku Manises. Quizá la influencia de aquel sonido explique la repercusión que los maños tuvieron en Alemania. El estrellato los esperaba.

Fotografía: Archivo
Fotografía: Archivo

“El Mar No Cesa”

Y llegamos al momento del gran debut, 1988. “El Mar No Cesa” es un disco que reúne todos los aciertos y errores posibles de un primer trabajo; un álbum que parece una majestuosa preparación para lo que vendría dos años después, como esa ola que retrocede en el mar para romper con furia en la orilla liberando toda su energía. En “El Mar No Cesa” la voz de Bunbury, a pesar de su profundidad característica, aún no tenía la madurez que mostraría ya en “Senderos de Traición”. De hecho, cuando se publicó el recopilatorio “Héroes del Silencio. Canciones 84-96” la voz de los temas de este disco fue regrabada. Personalmente siempre he visto “El Mar No Cesa” como el disco perfecto para disfrutar en la naturaleza. Quizá sea porque con la producción de Gustavo Montesano es el LP más acústico de Héroes del Silencio o porque es el que a su vez encarna los gritos más imperantes; esas coletillas, casi disfrazadas de chascarrillo que todos los fans de la banda corearían incluso dormidos. No hay canción que represente mejor esa etiqueta de los gritos imperantes que Mar Adentro, que recoge algunos de los elementos que predominan en el álbum: el gusto por la soledad tomado en herencia de los escritores decimonónicos del Romanticismo, el mito de la libertad, el miedo a la perdición y ese “de cada mirada por Dios que sigue poniendo un nudo en la garganta veintinueve años después. Pero detengámonos en esa herencia romántica: en La Lluvia Gris nos hallamos ante una letra poética, sencilla y enigmática en la que se percibe especialmente la influencia de la poesía inglesa del siglo XIX (William Blake, Oscar Wilde, Lord Byron…) presente en la lírica del grupo a través de los años como reconocería el propio Bunbury, quien citaría a otros grandes de la palabra escrita como Mario Benedetti o Alejandro Casona. Ruge en este tema con especial fuerza la guitarra de Valdivia, al igual que en El Estanque”, que lleva a Héroes a indagar por la senda de The Cure o The Smiths. Los sonidos más oscuros procedentes de Gran Bretaña también dejan huella en Héroe de Leyenda o “No Más Lágrimas”, que fue el tema elegido como primer (y único) sencillo del posterior EP “En Directo”, grabado por el grupo en Villanueva del Arzobispo (Jaén) en 1989.

Y he dejado para el final las que en mi opinión son las dos joyas de la corona: “Hace Tiempo”, que se recrea en esos recuerdos del pasado, en esa gente que solía estar, que se fue por otros derroteros y de quienes más vale preservar una imagen antigua, idílica y a la carta antes que atreverse a deformarla con un cambio, quizás a peor, que los haga irreconocibles a ellos pero también a nosotros mismos. De nuevo el solazo de guitarra de Valdivia nos inunda para dar paso a ese grito que los fans de Héroes no podemos ignorar, ese “hace tiempo que ya no te veo; habremos cambiado quizás a peor. Y por último, ¿qué decir de Flor Venenosa?, en la que Búnbury hace emerger una fuerza que hace imposible no creer cada palabra que sale de su boca. Resumiendo, “El Mar No Cesa” fue un debut más que notable. Los cimientos estaban arraigados.

“Senderos de Traición”

Si su debut había sido el resultado de la combinación entre el sonido valenciano, la fusión de los matices más oscuros del rock con la new wave y la todavía juvenil voz de Enrique, “Senderos de Traición” estuvo marcado por su evolución vocal y por la mano de Phil Manzanera, ex guitarrista de Roxy Music, que supo trasladar esa oscuridad y el misterio de Héroes del Silencio del directo al estudio, sentando las bases del éxito masivo del grupo aragonés en Europa. Alemania particularmente se rindió a la efervescencia de estribillos como el de “Entre Dos Tierras”, en el que encontramos el más que célebre “no seas membrillo. Quizá uno de los momentos más emotivos de la trayectoria de la banda maña es “La Carta”, escrita desde lo más profundo de las entrañas de Bunbury con la mente puesta en su padre, con quien había mantenido una serie de discrepancias. “Malas Intenciones” es esa reiteración del despecho y la voluntad de vaporización del aprecio hacia alguien en quien no confiamos, pero en quien en el fondo no podemos evitar pensar: “quisiera no pensar más de un segundo en ti.

No puedo olvidarme del tema que quizá más se acerca en sonido a “El Mar No Cesa”: ese mítico “Despertar” que remite a un perdón, quizá a esa persona llena de “malas intenciones”. Tampoco podemos pasar por alto el magnífico clavicordio que da pie de forma magistral a uno de los temas más especiales del álbum: “El Cuadro II”. Con ella nos encontramos de nuevo en una atmósfera romántica que nos lleva a la lírica británica de Lord Byron o al universo que hace funambulismo entre la vida y la muerte de Edgar Allan Poe, pero también al surrealismo propio de Luis Buñuel en su relato y a esas “pistolas de Warhol sin munición que protagonizan una historia a la que podemos atribuir ciertas referencias a la drogadicción.

En este recorrido por “Senderos de Traición” aún destacaré “Con Nombre de Guerra”, un tema que cabe preguntarse si hoy sería aceptado por el mundo depredador de las redes sociales, por su forma de tratar la prostitución. De manera abierta y sin tapujos el cuarteto nos dice que “dejemos los besos para los enamorados y pensemos en lo nuestro que por eso te he pagado, aunque esta noche seas sólo mercancía para mí. ¿Crítica, apología o descripción de una realidad? Que cada cual extraiga su interpretación. No puedo terminar el repaso a este gran álbum sin referirme a ese himno intergeneracional del rock en castellano que es “Maldito Duende”, en el que a pesar de hallarnos de nuevo bajo la mística literaria salpicada de mitología y referencias a la soledad y la naturaleza propias del Romanticismo se puede intuir que el telón de fondo es el de una persona adicta a la cocaína que desea a la vez escapar y permanecer, con un tono similar a la forma en la que David Bowie trataba las drogas en su clásico “Beauty and the Beast”.

“El Espíritu del Vino”

En 1992 Héroes del Silencio trataron de hacer las Américas, con pésimo resultado debido al caos con que EMI organizó la gira. El éxito al otro lado del charco les llegaría con “El Espíritu del Vino”, su álbum más cercano al art rock; denso, con una mayor pluralidad de sonidos y para el que la guitarra de Valdivia fue reforzada por una segunda voz: la del mexicano Alan Boguslavsky. La producción fue tratada de nuevo bajo la batuta de Manzanera, aunque esta vez los zaragozanos abandonaron los estudios españoles y llevaron a cabo la grabación en los Gallery Studios de Londres, donde Manzanera produciría posteriormente otros superventas del pop-rock en castellano como “Circo Beat” de Fito Páez o “Minage” de Mónica Naranjo.

La promoción del álbum comenzó de forma más arriesgada que en otras ocasiones, al elegirse como primer single “Nuestros Nombres”, un corte más cercano al hard rock. A pesar de ello, el éxito masivo no les dio la espalda y lograron un número 1 más en 40 Principales. No obstante, la inaccesibilidad del rock al chart con más repercusión en España no era ni de lejos la de hoy en día, pues por aquel entonces la promoción en radiofórmula de grupos como Bon Jovi, Aerosmith, Nirvana, Guns N’ Roses o R.E.M. era una tendencia habitual. Para el segundo single volvieron a arriesgar, esta vez con un tema de casi siete minutos: “La Herida”. Con esta balada protagonizada por el brillo de una armónica que comienza en un plano casi acústico y que evoluciona en un rock de estadio marca de la casa la jugada de nuevo les salió bien y el sencillo se convirtió en otro himno que todo fan de Héroes recita sílaba por sílaba.

A pesar de ser un elepé más eclético en cuanto a la lírica, en “El Camino del Exceso” volvemos a encontrar algunos de las tópicos de toda su trayectoria: la referencia al Romanticismo británico a través del pintor y poeta William Blake, el relato de un mundo obsesivo marcado por las drogas y la conexión entre lo esotérico y lo mundano: “quemamos con malas artes el Espíritu del Vino y no va a regresar. Al igual que en el álbum aparecían de nuevo los rasgos de su esencia también lo hacían nuevos intereses, como los viajes a India o Nepal que aparecen en “Bendecida”, una canción de amor de Bunbury dedicada a Benedetta Mazzini, en la que se descubre el mundo maravillado por ella y por su compañía, algo que pensaba que “no era mi estilo. La historia no tendría final feliz, pero de esto hablaremos más adelante. Antes tenemos que terminar el repaso a “El Espíritu del Vino”, y lo haremos con dos temas. El primero de ellos es “Tesoro”, marcado por las secciones de cuerda perfectamente introducidas, que lo convierten en una de las cumbres del apartado emocional de la banda. El otro es, por supuesto, “La Sirena Varada”, inspirada por la obra de idéntico título del dramaturgo Alejandro Casona en la que se trata de manera metafórica la confrontación entre la imaginación y la realidad a través del amor imposible entre la ‘sirena’ y el fundador de una sociedad alternativa al margen del sentido común y la lógica. Así, vemos como la literatura vuelve a salpicar a las estrofas de la banda. Esta tendencia, sin embargo, decrecería con “Avalancha”.

“Avalancha”

Nunca ha quedado muy claro cuándo comenzaron las desavenencias en Héroes del Silencio, pero de forma paralela a la publicación de “Avalancha” empezaron a darse declaraciones de Enrique que hacían entrever que el final estaba próximo. Si lo grabaron en ese ambiente o no es algo que no sabemos. Sin embargo, los intereses de Valdivia se habían centrado en los últimos años en bandas adoptivas del sonido Seattle como Pearl Jam o Alice in Chains, mientras Bunbury buscaba acercarse a sonidos más vinculados al industrial como los de Nine Inch Nails. En lo que al aspecto estilístico se refiere, “Avalancha” se situó más en el camino de Valdivia, siendo el álbum más cercano al hard rock del cuarteto aragonés (quinteto si tenemos en cuenta a Alan). Influyó en esto sin duda la mano de Bob Ezrin, quien contaba entre sus logros la producción de grandes álbumes de Kiss, Alice Cooper o Lou Reed, pero sobre todo del enorme y eterno “The Wall” de Pink Floyd.

El álbum fue presentado con “Iberia Sumergida”, un tema que, desgraciadamente, más de dos décadas después sigue siendo de lo más actual. En tiempos de Roldán, Paesa y de los últimos coletazos del gobierno de Felipe González, Iberia se evoca a través de una metonimia como la totalidad de una España hundida por aquello que hoy se han venido a llamar las cloacas del Estado. Otro tema en el que podemos hallar cierta crítica social (aunque no de forma tan evidente como en “Iberia Sumergida”) es “Opio”, donde ese “las cosas más triviales se vuelven fundamentales nos puede hacer imaginar ese mundo sobreexpuesto a una publicidad encargada de convertir en indispensable aquello que nunca habíamos necesitado ni querido.

El sonido más ruidoso inspirado en Soundgarden o Nirvana que buscaba Valdivia podemos encontrarlo en cortes como “Días de Borrasca (Víspera de Resplandores)”, y la parte más folk y cercana al rock argentino que asumiría Bunbury en su carrera en solitario (especialmente a partir de “Flamingos”) aparece ya reflejada en “En Brazos de la Fiebre”, vinculada al desengaño amoroso que Bunbury había sufrido con la protagonista del tema “Bendecida” de “El Espíritu del Vino” y que se refleja con mayor claridad en “La Chispa Adecuada”, una de esas piezas que definen a Héroes del Silencio como la gran banda que fueron. Todo en ella es perfecta: sus arreglos orientales melancólicos (probablemente introducidos como referencia a la India y a Nepal por los viajes mencionados en “Bendecida”), la letra (romántica y realista a la par) y la voz de Enrique, que emerge delicada para acabar rompiendo entre aullidos.

“Radical Sonora”

Llegó entonces el momento más temido para los fans de la banda: una separación solamente truncada por la gira realizada en 2007. Si bien el resto de miembros se embarcaron en proyectos minoritarios, Bunbury volvió a romper todos los esquemas con “Radical Sonora”, impregnado por un sonido fresco que miraba a esa Alemania que tan bien había acogido siempre su música. Algunos de los intereses que Enrique había forjado en los últimos años, enfocados a la música de Nine Inch Nails o The Chemical Brothers, se reflejan en “Servidor de Nadie”, que resulta perfecta para hacer evidente el cambio de etapa. También en “Despacio”, con un cierto toque de trip-hop, se puede mirar a la música forjada en los primeros 90 en Bristol con formaciones como Massive Attack aunque, eso sí, con el sello personalizado de la épica del zaragozano.

La faceta más acústica y literaria nos hace viajar en este caso hacia el mundo de Lewis Carroll entremezclado con la mitología griega en “Alicia: Expulsada Al País de las Maravillas”, donde se da una vuelta de tuerca al clásico para enfrentar de nuevo a la realidad con la imaginación, de manera similar a la realizada en “La Sirena Varada”. Por último, no hay canción que defina mejor el álbum que “Salomé”. En ella la base electrónica, los detalles de música oriental y la letra eclética encajan a la perfección en esa sonoridad sórdida que ponía los cimientos de una fructífera carrera en solitario.

Fotografía: Archivo
Fotografía: Archivo

“Pequeño” y “Pequeño Cabaret Ambulante”

La búsqueda del sonido industrial, electrónico y duro no fue duradera. Si bien “Radical Sonora” exploraba esos parajes, “Pequeño” supuso un viraje hacia el estilo que a la postre se ha convertido en la insignia de la carrera en solitario de Búnbury: el de la fusión entre la música meditarránea y la iberoamericana. Si en álbumes de Héroes del Silencio ya se hacía evidente la admiración por bandas sudamericanas como Soda Stereo o por la musicalidad oriental y árabe, será en “Pequeño” cuando las fórmulas del tango, de la ranchera y de las cuerdas entren definitivamente en sus composiciones para alejarse del hard rock.

En este viaje a los sonidos latinos, por primera vez tiene cabida en su música el flamenco, como en “Sólo Si Me Perdonas” o en la magistral ¿Dudar? Quizás”, que comienza transportándonos a través de su instrumentación al mundo árabe para acabar rompiendo en unos vientos muy latinos y en un quejío flamenco de pura cepa. Infinito es un perfecto tango pop, que fusiona la música del compositor argentino Astor Piazzolla con el rock latino. Finalmente, no podemos olvidarnos del juego entre el piano y las secciones de cuerda de “El Extranjero”, que hace referencias a la conformidad del músico en diversas partes del mundo: “me siento en casa en América, en Antigua quisiera morir. Parecido me ocurre con África. Tiene además algunos detalles críticos con la xenofobia y el endogrupalismo: “los nacionalismos qué miedo me dan; ni patria ni bandera, ni tierra ni condición, ni límites ni fronteras”. Emociona especialmente la versión en vivo de este tema, la cual encontramos en “Pequeño Cabaret Ambulante”, grabado en México D.F. en octubre del 2000.

“Flamingos”

La confirmación de que Bunbury se decantaba por los caminos explorados en “Pequeño” llegó en “Flamingos”, donde le influencia del rock argentino acaba de consolidarse como sello distintivo. Los pianos sincopados, la riqueza melódica, y la multitud de pistas que fueron utilizadas para la producción de cada tema definen a uno de los álbumes imprescindibles del rock español. No hay canción que represente mejor este estilo que la enérgica “”.

En cuanto a la lírica, algunas de las letras aparecerán abiertas a mundos menos oclusivos que en obras anteriores. Un ejemplo de ello es la locura de un mundo kamikaze representado como un combate de boxeo en el que sobrevuelan balas perdidas y se respira el napalm en el ambiente que abre el disco a través de “El Club de los Imposibles”. También, y siguiendo con la apelación a ese “mundo loco o en el que Dios es sordo se presenta “Sácame de Aquí”.

Fotografía: Jerónimo Álvarez

Si consideramos que “Enganchado a Ti” es una nueva referencia a las drogas (se puede jugar con la ambigüedad entre dicha temática y la de un amor tóxico) hallamos, tras un envoltorio de música cabaretera, una carta explícita que no se esconde detrás de retórica estética como en “Maldito Duende”. La claridad al hablar de las drogas se repetirá en la ranchera fronteriza “La Ciudad de las Bajas Pasiones”.

El espacio, el universo y lo inexplorado han sido una fuente de inspiración para numerosos artistas, como David Bowie con su “Space Odity”, R.E.M. con “Man On The Moon” o Soundgarden con “Black Hole Sun”. Si hablamos de pop-rock en castellano podemos recordar “La Nave Espacial” de Fito Páez, “Europa VII” de La Oreja de Van Gogh, o “Los Planetas” de La Buena Vida, pero sobre todo “Llamando a la Tierra”, la maravillosa versión que M-Clan hicieron del clásico “Serenade” de la Steve Miller Band y “Lady Blue”, que combina naturaleza, vida, física, humanidad y muerte para dar lugar a cinco minutos y medios perfectos, adornados en el videoclip por unas frases de la novela “El País de las Últimas cosas” de Paul Auster.

“Bushido”, “El Viaje A Ninguna Parte” y “Freak Show”

Antes de publicar “El Viaje A Ninguna Parte”, Bunbury se unió con una serie de músicos que estaban trabajando en la misma dirección que él: Carlos Ann, Shuarma (Elefantes) y Morti (Skizoo). De aquella unión salió “Bushido”, un proyecto que pasó bastante desapercibido y que ha caído bastante en el olvido.

En “El Viaje A Ninguna Parte”, Bunbury habla a modo de road movie de sus viajes por Centroamérica, convirtiéndose de nuevo en ese “extranjero” del que hablaba en “Pequeño”. De nuevo el mundo aparece presentado como un lugar caótico condenado al desastre. Eso sí, siempre se pueden extraer pequeñas maravillas como Santo Domingo, Marraketch o Leonard Cohen de entre “Los Restos del Naufragio”. La madurez musical que Bunbury había mostrado en la evolución seguida en “Flamingos” se hace evidente en “La Chica Triste Que Te Hacía Reír”, una canción con tintes de jazz y ambiente de piano bar. Esta nueva andadura musical fue acompañada de la gira “Freak Show”, que se recogió a través de un nuevo álbum en directo (encapsulando momentos de cinco conciertos), y en el que se encuentran grandes canciones como “El Rescate”, con unos vientos magistrales y un público que no deja de acompañar a Bunbury en cada palabra emitida por su garganta.

“El Tiempo de las Cerezas” y “Helville Deluxe”

Tres años después del experimento llevado a cabo en Bushido llegó la grabación de “El Tiempo de las Cerezas” junto a Nacho Vegas. De esa unión destaca “Látex”, que vuelve, década y media después de la publicación de “Con Nombre de Guerra” a tratar abiertamente el mundo de la prostitución.

Uniones al margen, la creatividad personal de Bunbury vivió un interludio entre 2004 y 2008, una época en el que la gira llevada a cabo por Héroes del Silencio en 2007 cobró todo el protagonismo. La nostalgia acabó por desembocar en “Helville Deluxe”, un álbum representado por “Porque Las Cosas Cambian”, que se puede interpretar en cierto modo como un homenaje a esa reunión de la banda que dinamitó los parámetros del rock español a principios de los 90. Pero para esa nostalgia (o para las preguntas sin respuesta) están las “Bujías Para el Dolor”, donde reaparecen el alma guitarrera que nunca se fue y el anhelo de libertad representado esta vez por el mar y su patrona, la Virgen del Carmen.

“Las Consecuencias”, “Licenciado Cantinas” y “Palosanto”

Las texturas más melódicas y la melancolía del pop iberoamericano se fundieron en sus tres últimos álbumes, en los que la estela del Nuevo Mundo cobra cada vez más protagonismo. El primero de ellos, “Las Consecuencias”, que si bien no destaca por ser el mejor disco de Enrique, incluye una maravilla como es la versión de “Frente A Frente” (original de Jeanette) junto a la voz rasgada de Miren Iza, vocalista del grupo vasco Tulsa. Siguiendo con las versiones, llegamos a “Licenciado Cantinas”, en el que Bunbury grabó versiones de algunos clásicos de grandes compositores americanos del siglo XX como Agustín Lara, Lhasa de Sela, Bobby Cruz o Federico Barreto y Rafael Otero, de quien tomó ese “Odiame”, que nos transporta al folklore peruano, aunque con ciertos tintes mexicanos. Por su parte, interpretó junto a Eliades Ochoa la magistral “Mi Sueño Prohibido”, un bolero tradicional cubano.

Y es que al final, escuchando “Palosanto”, comprendemos que los rockeros como Bunbury son “Los Inmortales”, y que cuando disfrutamos de su música “Más Alto Que Nosotros Sólo el Cielo”.

Hemos repasado a lo largo de estas líneas 50 canciones imprescindibles de uno de los mejores autores españoles: 25 de su época con Héroes del Silencio, y 25 de su etapa en solitario. Seguro que seguiremos disfrutando durante años de sus nuevas creaciones, pero con este pequeño homenaje celebramos los 50 años de Enrique Búnbury, piedra angular de la cultura ibérica, de la iconoclastia popular de las últimas décadas, y por supuesto del rock.