Ahora que tenemos a medio mundo seriéfilo a fuego (nunca mejor dicho) con Juego de Tronos, Daenerys Targaryen, Jon Snow, Cersei, El Rey de la Noche, los Caminantes Blancos y un largo etcétera sería una buena ocasión utilizar alguna fotografía de las miles de millones de célebres y no tan celebradas muertes de la serie para ilustrar esta lista. No obstante, a decir verdad no hubiera sido sencillo escoger tan sólo una muerte o imagen de un villano (y mira que hay opciones) que representara tan bien como lo hace nuestro querido Negan de The Walking Dead los discos que son, en este punto del año, las mayores decepciones o las obras más catastróficas que han llegado a nuestros oídos.

Así pues, seleccionamos seis álbumes de 2017 analizados a fecha de hoy los cuales no nos importaría que Negan destrozara a manos de su Lucille. Y claro, cuando para más inri nos topamos  en Internet con la joya que puedes visualizar a continuación no podemos más que dar por zanjada nuestra búsqueda sobre qué villano es ideal para ilustrar esta selección.

Hechas las presentaciones, demos paso a nuestro particular circo de atrocidades.

Ed Sheeran – “Divide”

Decía Adam Smith que el mercado se regula a sí mismo, lo de la mano invisible y tal. En fin, uno podrá criticar la teoría liberal todo lo que quiera, pero lo que es innegable es que la mano existe y la prueba está en que se ha cebado con Ed Sheeran, regulándolo a base de bien para adaptarlo a un mercado que, para qué nos vamos a engañar, lo trata bastante bien por muy monstruosas que sean sus canciones. Es lo que pasa cuando la demanda es decadente, que la oferta se hace aún peor.

De este modo, el nuevo álbum de Ed Sheeran es todo lo que esperabas, pero peor. Prepárate para sumergirte en una experiencia aterradora en la que sangrías, música celta y raps hemipléjicos se unen para dar lugar al que probablemente sea uno de los álbumes más decadentes de este año. Terminarás llorando y no de emoción.

Katy Perry – “Witness”

Si el “Witness” de Katy Perry fuese un restaurante, sería el Starbucks de la calle X en la ciudad Y, por lo que leer una crítica de un álbum de Katy Perry requiere el mismo nivel de desorientación vital que leer una crítica del Starbucks de la calle X en la ciudad Y, como si el café helado de éste no contuviera la misma bacteria fecal que todos los Starbucks del planeta Tierra, o como si el “Witness” de Katy Perry no fuese igual de prescindible que cualquier otra cosa que pongan en la MTV.

¿Entiendes lo que intentamos decirte…?

¿Cómo? ¿Todavía sigues ahí, estimada persona que busca reseñas de álbumes de Katy Perry por Internet? ¿¡En serio!? Okay, supongo que no hay nada que se pueda hacer por ti… Al menos no podrán acusarme de no haberlo intentado. Hablemos del “Witness” de Katy Perry, pues, si tantas ganas tienes… Adelante.

Drake – “More Life”

La verdad es que otra cosa no, pero a Drake visión de negocio le sobra. Al fin y al cabo, si fue capaz de llegar al platino con un árido y soporífero “VIEWS”, ¡estoy seguro de que puede vender cualquier cosa que lleve su cara! Prueba de ello es su último trabajo, “More Life”, un álbum/mixtape/playlist en el que Drake vuelve a darnos veintidós (bueno, vale, veintiuna) razones de peso para reafirmar sus posaderas en el trono de artista sobrevalorado.

Lo primero que le crea a uno reticencia al abordar “More Life” es el interminable tracklist de veintidós canciones, como si las veinte de “VIEWS” no hubieran sido suficiente para enseñarle a Champagne Papi que, por muy típico que suene, calidad es siempre mejor que cantidad. Ahora que lo pienso, lo cierto es que tanto “More Life” como “VIEWS” podrían haber sido trabajos infinitamente más dignos de no haberse empeñado en estirar el chicle de semejante manera; y es que ahí está el que, desde mi punto de vista, es el mayor problema de Drake: no es que sea malo, es que es más aburrido que un acuario de almejas. Es muy, muy difícil no cansarse después de escuchar cinco canciones seguidas del canadiense, sobre todo si cada una de ellas se limita a reproducir un sonido tan previsible como manido, exento de cualquier elemento de sorpresa que pudiera haber tenido en el pasado.

Lana Del Rey – “Lust For Life”

Desde que salió “Born To Die” en 2012 Lana Del Rey no ha vuelto a hacer nada tan bueno. Probablemente, no lo haga nunca. Es bastante difícil superarse después de ese monolito del pop moderno, de esa épica tan grandiosa como decadente que tanto rompió los esquemas al público y a la crítica. Sin duda, Elizabeth Grant debió pensar en esto cada vez que se enfrentó a la perspectiva de lanzar un nuevo trabajo, y tomó una determinación: si el monolito es realmente tan grande, lo mejor será dormir a su sombra.

No es del todo reprochable, porque su estilo sonoro y lírico triunfó precisamente por desmarcarse del de la mayoría, pero tres discos después la excusa ha caducado, porque si hay algo que define el estadio actual del Hollywood sadcore de Lana Del Rey es la desidia. Y no, no hablamos de una apatía poética, sino de un pasotismo genuino que permea a todo el proceso compositivo, de una languidez irritante en el apartado vocal y una vagancia que a veces roza la vergüenza ajena en lo que a las letras concierne.

Cabría pensar que el hecho de que Lana Del Rey rompiese su racha de disco por año ayudaría a hacer de su siguiente trabajo uno más meditado, quizás incluso marcase una cierta evolución. Sin embargo, sólo sirvió para tomar prestados elementos de sus trabajos previos y de otras tendencias del momento, mezcladas sin demasiada atención y, en general, no saliendo muy bien paradas. De toda esta amalgama de elementos en conflicto consigo mismos surge “Lust For Life”, y el resultado final deja mucho que desear.

Father John Misty – “Pure Comedy”

Musicalmente hablando, “Pure Comedy” es, en su conjunto, el sermón definitivo. Sí, en el sentido más peyorativo del término. Es un trabajo aburrido, absurdamente extenso, plano y repetitivo, especialmente a partir de “Leaving LA”, un corte totalmente prescindible, monótono y plomizo, que hace gala de una excelente capacidad para dinamitar las ganas de seguir escuchando el resto del álbum. La ambición resta efecto al disco. Saber componer es también saber cuándo hay que contenerse, y la inexplicable y, en ocasiones, torpe extensión de las canciones, no muestra sino una descuidada incontinencia compositiva por parte del músico. No obstante, encontramos grandes canciones y, a buen seguro, si nos aventuráramos a valorarlas como unidades independientes, la percepción del trabajo podría cambiar, relativamente, puesto que hay temas que ni un cambio de enfoque sería capaz de redimir, aunque los haría más llevaderos. Nos decía Fernando Vilaboy, de Fogbound, que “por desgracia o no, tienes que sacar el LP”, y ahí es donde Tillman ha sufrido una caída aparatosa. Al final, como casi todo en la vida, es cuestión de perspectiva, pero la que nos propone el ex-batería de Fleet Foxes es la relativa al conjunto de canciones, y así es como corresponde analizar y valorar el plástico.

Royal Blood – “How Did We Get So Dark?”

El dúo de Worthing anunció hace unos meses la salida de su segundo trabajo, noticia que fue recibida con gran interés. Producido por Jolyon Thomas y Tom Dogerty (quien ha colaborado con grupos de renombre como los Pixies o Killing Joke), “How Did We Get So Dark?” (Warner Bros. Records, 2017) posee las mismas características que su antecesor, adornadas con arreglos que se acercan al glam rock de los 70 y el glam metal ochentero y una duración propia de discos punk (poco más de media hora). Riffs pegadizos, una batería imponente y una voz más relajada que contentará a los seguidores de la banda, les aportará nuevo material para sus desbocadas actuaciones en directo, y poco más.

“Royal Blood” supuso un golpe sobre la mesa ante una escena musical que necesitaba frescura y agresividad. Quizá sobrevalorado por una crítica ansiosa de nuevas figuras, la banda británica ha optado por seguir la estela que tan buenas impresiones causó y ha intentado edulcorar con arreglos un álbum que en ningún momento muestra novedades ni avances técnicos, algo similar a lo que le ha pasado al nuevo trabajo de Kasabian, con la diferencia de que su último elepé es su sexto álbum de estudio, y el de Royal Blood el segundo. Eso sí, ni ahora son un grupo del montón, ya que este “How Did We Get So Dark?” tiene rasgos genuinos, ni antes eran ‘la salvación del rock and roll británico’.

¡Dracarys para todos!

Vale, os hemos dejado con la miel en los labios hablando de Juego de Tronos y no nos podemos despedir sin otra joya realizada por algún internauta al que todos deberíamos hacer una reverencia como mínimo. No todos los héroes llevan capa.