En 2012, James Mercer declaraba que siempre había admirado aquellos artistas que se presentan a sí mismos como bandas completas haciendo referencia a Neutral Milk Hotel o Lilys. Y lo cierto es que desde aquel excelente “Port of Morrow” Mercer ha sido la única constante en The Shins, un proyecto que ha pasado por los altibajos de una banda de indie-rock sacudida por un éxito casi espontáneo.

Con una formación completamente distinta (a excepción de Mercer) The Shins regresan cinco años después de “Port of Morrow” con Heartworms, un trabajo que redefine el concepto de autoría en la banda norteamericana. Si en 2012, tras una despedida algo agridulce y no libre de cierta polémica Mercer decidía reformar The Shins desde cero, en 2017 no sólo vuelve a hacerlo sino que nos deja un álbum producido y grabado de manera completamente independiente. The Shins pasa a ser un proyecto totalmente personal, con todo lo que eso conlleva.

James Mercer vuelve con ganas de pasarlo bien, y se lo agradecemos

En términos de experimentación y exploración “Heartworms” no supone una brecha en su carrera. No obstante, resulta el más divertido de escuchar, presentando una curiosa variedad de estilos.

La primera impresión es la de que pese a haberse liberado de cualquier presión externa o de haber renovado la banda en más de una ocasión Mercer no acaba de sorprender con nuevos sonidos. The Shins siempre será su proyecto predilecto, y el peso del bagaje de más de diez años firmando bajo un mismo nombre es inevitable. Es por esto que hablando en términos de experimentación y exploración “Heartworms” no supone una brecha en su carrera. No obstante, el quinto larga duración de The Shins resulta el más divertido de escuchar, presentando una curiosa variedad de estilos y géneros en cada uno de sus cortes. En definitiva, una pequeña joya que pese a no suponer un gran paso en su discografía es más que bienvenida, y mucho más en verano.

Con una lírica cada vez más personal que pasa por sus temores, sus hijas e incluso su infancia Mercer se deja llevar por los ritmos pop de los Beach Boys adentrándose en algunos momentos en territorios de la psicodelia más arrolladora. Pese al uso de sintetizadores, en la mayor parte de sus temas “Heartworms” suena orgánico y vivo, del mismo modo que han demostrado bandas contemporáneas como Animal Collective o Deerhunter.

Uno de los puntos reprochables del LP es la falta de melodías memorables o de ideas a la hora de construir estribillos pegadizos, algo a lo que Mercer nos tiene malacostumbrados. Pero esta falta de ‘hits’ o de riffs prodigiosos queda compensada por unos arreglos excelentes y un tratamiento de cada canción al detalle, cada una de ellas trabajada por igual, cada una aportando nuevos matices y colores al conjunto. “Heartworms” puede no resultar tan memorable a largo plazo e incluso puede tacharse de mirar atrás y fantasear con regresar a “Oh, Inverted World” en algunos cortes pero esto no lo priva de ser un álbum mucho más entretenido. Mercer vuelve con ganas de pasarlo bien, y se agradece.

Con una lírica cada vez más personal que pasa por sus temores, sus hijas e incluso su infancia Mercer se deja llevar por los ritmos pop de los Beach Boys adentrándose en algunos momentos en territorios de la psicodelia más arrolladora. Pese al uso de sintetizadores, en la mayor parte de sus temas “Heartworms” suena orgánico y vivo.

Unos compases de surf rock, unos aullidos en falsete y diez segundos les bastan a The Shins para introducirnos de lleno en un mundo colorido, optimista y hasta bailable. Resulta difícil resistirse. Name For You se retuerce, busca melodías y se despliega ante nosotros a medida que pasan los segundos. Da la sensación de que Mercer está improvisando esta canción que dedica a sus hijas, animándolas ante un futuro exigente y en cierto modo desfavorable. Un arranque potente pero sencillo (y amigable) que contrasta con Painting a Hole, un segundo corte abrasivo que no da un respiro en sus casi cinco minutos de duración. Un pulso constante de golpes de guitarra y batería que avanza inmutable, deteniéndose únicamente en momentos puntuales por una voz filtrada, que armoniza con unos agudos distantes. La elección de una lírica menos explícita y más centrada en la construcción de determinadas imágenes acompaña a la perfección a un tema más introspectivo y complejo en su construcción interna. Prestemos un poco de atención a los arreglos, detallistas pero sin llegar a caer en sonidos barrocos. Pop psicodélico sin concesiones, y del bueno.

Pese a seguir en un registro similar Cherry Hearts nos da un pequeño respiro. El ritmo implacable y artificial de “Painting a Hole” queda sustituido por sintetizadores igualmente acelerados pero en este caso mucho más orgánicos. Ecos y reverberación aplicada por igual a guitarra, teclados y voz construyen un tema acuático que acaba desencadenando un estribillo que pide a gritos ser coreado. Es esta quizás la primera pista del LP en la que The Shins buscan un estribillo potente y pegadizo. Pero acercarse demasiado a estructuras que resultan predecibles como es en este caso puede hacer que el resultado resulte ingenuo e inofensivo. En este sentido Fantasy Islandresulta mucho más memorable. En concepto no se aleja demasiado a “Cherry Hearts”, pero si en ese caso nos encontrábamos en una isla tropical, repleta de posibles aventuras en un entorno salvaje, ahora nos quedamos en la playa del resort de esa misma isla, tomando el sol y ahogando nuestras penas en vermut. Posicionándose en un futuro no muy lejano, Mercer huye de sus problemas volando a esa isla idílica para sincerarse con nosotros. Melancólico nos habla de sus miedos como niño, de su falta de atención y de su miedo a mostrar debilidades. “Fantasy Island” logra ser un tema sincero, creíble pese a su construcción infantil y su literalidad. Una confesión desgarradora en cada I don’t want to show you my fears” acompañada de unos suaves arreglos psicodélicos como anestesia.

La falta de ‘hits’ o de riffs prodigiosos queda compensada por unos arreglos excelentes y un tratamiento de cada canción al detalle, cada una de ellas trabajada por igual, cada una aportando nuevos matices y colores al conjunto.

Mildenhallsupone un punto de inflexión en “Heartworms”. Pese a seguir en el la línea personal e intimista de “Fantasy Island” abandonamos los sintetizadores y saboreamos un agradable corte country. Para rememorar su infancia Mercer acompaña la voz con los arpegios de una guitarra acústica, dotando a todo el tema de cierto tono melancólico. Resulta curiosa la elección del country y una de las melodías más sencillas de todo el trabajo para explicar los primeros pasos en la música de uno de los iconos del indie rock. Pero, a su vez, es inevitable acordarnos de “New Slang” (la que fue probablemente la canción que lanzó a la fama a The Shins) cuando escuchamos la quinta pista de su quinto álbum. Lo cierto es que todos estamos acostumbrados a la frustración que supone descubrir canciones de relleno en álbumes notables, pero dicha frustración resulta mucho mayor si se trata de discos como “Heartworms”, en el que cada tema presenta un sonido distinto y explora variaciones de género. La única premisa para que un trabajo de estas cualidades funcione es arriesgar, y en cierto modo perder un poco la visión de conjunto. Es por esto que Rubber Ballzme resulta especialmente molesta. No encuentro ningún tipo de novedad en ella, y resulta perezosa no sólo a la hora de escuchar sino en su propia ejecución, con melodías que no conducen a ningún sitio. En ese sentido Half a Millionnos regala uno de los estribillos más memorables y potentes de todo el LP. El séptimo corte del álbum se agarra a nuestra memoria a corto plazo desde la primera escucha, presentando un ritmo mucho más rockero y, por qué no decirlo, fácil. Pero no nos engañemos, la construcción de este tipo de melodías ‘fáciles’ no está al alcance de cualquiera, y en eso reside el éxito de “Half a Million”. James Mercer se pone a la altura de Rivers Cuomo como gran compositor de líneas pegadizas y no defrauda.

“Heartworms” resulta finalmente una exploración personal, una puesta en común de las preocupaciones existenciales de James Mercer. Es posible que una formación en constante renovación esté dando a The Shins la posibilidad de seguir sorprendiéndonos pese haber encontrado su particular fórmula del éxito.

Pasamos del pequeño tributo a Weezer a la psicodelia más inofensiva y popera de grupos como Tame Impala en Dead Alive, un tema que alcanza todo su potencial en el arranque de su segunda mitad con un interesante solo de sintetizador. Resulta irónico que una canción que tanto en su propio título como en su estribillo invoca a the dead alive” sea sucedida por Heartworms, una composición que nos trae a la memoria las melodías del rock más clásico de Grateful Dead. Una pieza de amor no correspondido, escrita con cierta ingenuidad, que despunta en la totalidad de un álbum que en algunos momentos resulta demasiado profundo en sus reflexiones e inquietudes. En ella Mercer intenta impresionar a la chica con una canción; eso es todo. Lejos quedan el dolor y la falta de afecto más pesada y oscura de “Fantasy Island”. The Shins afrontan la recta final del álbum con So Now What”, un tema estrenado hace ya tres años y que fue grabado especialmente para la película Wish You Where Here de Zach Brazz, con quien ya habían trabajado anteriormente en “Garden State” (2004). Lo cierto es que este single que ya pudimos escuchar en 2014 encaja a la perfección en su quinto larga duración y recoge los sonidos acomodados y expansivos de “Fantasy Island”. Es como si en 2014 ya se vaticinase el acercamiento a los sintetizadores que han experimentado The Shins. Y como ya avisa Mercer en el estribillo: “Somehow we cruise to the end” llegamos a The Fear, último corte del disco y uno de los más interesantes.

Todos los temores, inseguridades e inquietudes plantadas a lo largo del álbum se ven recogidas en los últimos cinco minutos de “Heartworms”. Cinco gloriosos minutos de folk acompañado de una percusión orgánica y puntillista y pequeños detalles como los toques de armónica en los últimos segundos. Pero pese a los lamentos de Mercer en una de las letras más desesperanzadoras del elepé los arreglos musicales no resultan tristes, sino más bien parecen transmitir cierta resignación, y en cierto modo cuesta creer las palabras del propio Mercer. Más que un lamento, “The Fear” suena como una premonición, un aviso a los oyentes ante un futuro que se aproxima amenazante, un futuro en el que ya será demasiado tarde para dar marcha atrás y afrontar nuestros fallos. Parece que aún hay esperanza al fin y al cabo.

“Heartworms” resulta finalmente una exploración personal, una puesta en común de las preocupaciones existenciales de James Mercer. No se aleja demasiado del resto de trabajos de The Shins en cuanto a lírica o temática global pero sí supone un cambio notable en cuanto a producción o experimentación con los diversos géneros entre los que transita el álbum. Es posible que una formación en constante renovación esté dando a The Shins la posibilidad de seguir sorprendiéndonos pese haber encontrado su particular fórmula del éxito. Quizás las despedidas agridulces sean necesarias después de todo.

The Shins – Heartworms

8.0

El quinto álbum de The Shins, convertido definitivamente en el proyecto personal de James Mercer tras reformar la banda en dos ocasiones, se mueve en su mayor parte entre los sonidos de una psicodelia orgánica y colorida pese a no llegar a abandonar del todo aquello que les hizo grandes. La libertad de poder producir su propio material inspira a Mercer a firmar un LP notablemente entretenido a la escucha.

  • La producción detallista y cuidada, necesaria en un álbum altamente colorista.
  • La utilización de diversos géneros y su relación con el pasado, presente y futuro de la banda.
  • Un arranque excepcional con “Name for You”.
  • Un álbum que pese a su incursión en la psicodelia (algo que puede acabar siendo denso y pesado) resulta ligero y nos brinda algunos momentos pop que consiguen arrancarnos una sonrisa.
  • El artwork escogido para la portada me parece personalmente uno de los mejores de 2017 hasta la fecha.

  • Algunas canciones como “Rubber Ballz”  o “Dead Alive” no están a la altura del resto del LP. Se lamenta la presencia de canciones de relleno.
  • Habría resultado interesante algún tema más que explorase la vertiente ‘folk’ de “The Fear”, uno de los tracks más interesantes del álbum y que encaja a la perfección con sus intenciones creativas y expresivas.

Compartir