La voz es el instrumento más perfecto, comprendido y extendido del mundo. Por ese motivo existen solos de instrumentos que en muchos casos equilibran la balanza en su favor para contrarrestar el talento de un inmenso timbre vocal. En el caso de Trevor Sensor es este aspecto el más llamativo (y, con toda seguridad, el más recordado por todo aquel que se deje llevar por una simple escucha de su álbum debut “Andy Warhol’s Dream”) debido a su sequedad vocal, rasposa y abrupta. Este rasgo distintivo ha sido lo que ha llevado a uno de los sellos discográficos de mayor tirón de los últimos tiempos, Jagjaguwar, a patrocinar su álbum debut. La firma de artistas en la misma línea fresca y novedosa, muy diferente a los millones de valientes que deciden hacer de la música su aliento, se encarga de llevar adelante grupos dispares como Foxygen, Dinosaur Jr., Bon Iver o los más que escondidos Unknown Mortal Orchestra.

Teniendo en cuenta este amplio y cualitativo repertorio no es de extrañar que hayan decidido dar a conocer el talento de un joven de 23 años nacido en la ciudad estadounidense de Sterling, en el estado de Illinois, que cambió sus imitaciones de Kurt Cobain y Billy Corgan (miembro fundador de The Smashing Pumpkins) por literatura y filosofía inglesa. Entre estos viajes intelectuales que incluyeron algunos de los autores más leídos y reconocidos del siglo XX, Trevor Sensor fue cocinando un universo autográfico con el que se subió a un escenario de un bar allá por 2015 y, gracias al cual, este año ha podido presentar su nuevo disco. Previo a éste, el de Illinois ha ido entregando durante estos dos últimos años algunas de las composiciones que aparecen en él, como “The Reaper Man”, sencillo principal de 2015; así como el EP de cinco cortes titulado “Texas Girls And Jesus Christ” y el directo en acústico para Audiotree.

En este preludio sus composiciones estuvieron marcadas por una fuerte influencia de Bob Dylan al hacer uso único de su guitarra y su voz, la cual, con el tiempo, ha ido adquiriendo tintes más amargos para “Andy Warhol’s Dream”, un álbum grabado en el estudio Electrical Audio en el que colaboró la ‘mitad’ de Foxygen, Jonathan Rado, y el compositor y multiinstrumentista Richard Swift.

“Andy Warhol’s Dream”: momentos de destreza y ornamentación

Es necesario destacar que en este nuevo campo de batalla Trevor Sensor se mueve con desparpajo, ya que su trabajo se ha reintegrado en piezas más melódicas y cargadas de instrumentación. Sin embargo, en estas nuevas líneas, aunque continúe emanando la naturaleza feroz con la que se dio a conocer hace apenas dos años, en cierta manera se han alejado de su esencia menos pulcra, correcta e improvisada.

Fotografía: https://trevorsensor.bandcamp.com/

En este nuevo campo de batalla Trevor Sensor se mueve con desparpajo, ya que su trabajo se ha reintegrado en piezas más melódicas y cargadas de instrumentación.

No obstante, a lo largo de los 11 tracks que componen este lanzamiento no falta todo tipo de armonías crecientes que desembocan en claros y pegadizos estribillos. Una muestra de ello es su tema de apertura, “High Beambs”, con el que establece una línea más optimista y ligera que en los nombrados cortes previos. Ya su propia forma de comenzar la canción dibuja un rumbo más cuidado con el uso del piano. En contraposición, la siguiente, Lion’s Pride”, abre con una guitarra seca a la que se van sumando otros elementos con un ritmo continuado y sin complicaciones que protegen sus letras de desencanto y añoranza.

A continuación, en On Your Side se atreve con guitarras eléctricas y cuerdas de fondo que respaldan una canción convencional y ligera desde su inicio y durante sus escasos 2 minutos y 39 segundos. Ésta transpone al que escucha de manera suave y uniforme hacia su tema principal, The Reaper Man, una canción que será cantada y coreada conforme se vaya conociendo la figura de este muchacho lampiño. Sin embargo, si comparamos esta nueva versión del tema musical frente al que ya propagó en acústico al comienzo de su corta carrera musical se demuestra que, aunque exista un innegable interés por el revestimiento de sus canciones, éstas pierden sus matices más sutiles nacidos de la belleza de la espontaneidad.

Aunque exista un innegable interés de Trevor Sensor por el revestimiento de sus canciones, éstas pierden sus matices más sutiles nacidos de la belleza de la espontaneidad.

Seguidamente, casi en la mitad del álbum Sensor plantea Stolen Boots”, que parte de una forma casi idéntica al conocidísimo himno de mitad de los 90 “Don’t Look Back In Anger” de los hermanos Gallagher. Por contra a esta semejanza son remarcables sus partes vocales más agudas, donde el artista alcanza un timbre que apenas podría asociarse a la rugosidad de su tono principal para consumar una preciosa canción en el ecuador de la escucha que se agradece con especial consideración, evidenciando que una ornamentación más austera convalida cualquier intención de disfrazar una composición para convertirla en un himno. El tema que pone título a la obra es muy diferente a las demás piezas por su incorporación completa del piano, a partir del cual, con cuatro pares de notas, configura Andy Warhol’s Dream”, el que podría decirse que supone el último corte de la primera parte y donde se puede apreciar el incontestable talento de un Trevor Sensor quien, no obstante, no logra despuntar con un corte que empuje a pulsar el botón de repetición para escuchar de nuevo.

Es con It Wasn’t Good Enough con la que remueve de nuevo en busca de sus raíces de marcada tendencia folk en lugar de dar continuación al disco con los nuevos tintes pop que propone, además de que aquí arranca la segunda parte del disco, mucho más progresiva y completa. Esta estratégica incorporación del tracklist pone en evidencia los diferentes nichos armónicos con los que pretende tejer un variopinto y ecléctico entramado rítmico. A lo largo de su recorrido incluye una multitud de líneas de guitarra que aportan robustez al género en el que mejor bucea para llegar a un cenit que hereda de la manera más impecable.

Por el momento ha dado a conocer una privilegiada voz y una reformulación de la denominada música ‘Old Time’ que merece especial atención. Sin embargo, ante el miedo de no encajar en el panorama musical con una propuesta arriesgada prefiere tantear diferentes ramificaciones del folk para organizar una sucesión de canciones dispersas y diferentes.

Llegando a su octava canción (y a cuatro más de concluir el elepé), en Sedgwick” Trevor Sensor se suelta la melena para adquirir una postura más rockera y desenfadada a lo que ha acostumbrado durante sus cortes previos. De nuevo cambia de registro y, podría decirse, que se vuelve más comercial en el buen sentido de la palabra, debido a la estructura que presenta la composición, que crece con la misma fuerza con la que comienzan sus primeras notas, pudiendo llegar a recordar a los mismísimos Arcade Fire con un predominante bajo que acompaña todo el track. Este monumental cambio poco tiene que ver con ese inconfundible estilo musical con el que abre en un principio y con el que continuará por la senda de las tres canciones restantes, ya que con “In Hollywood, Everyone Is Plastic” remodela su registro hacia un punto de vista más simple y, no por ello, menos acogedor, recordando algunos de los trabajos de Dylan a finales de los 60 y principios de los 70 como “New Morning” (Columbia Records, 1970) por la presencia de un órgano de fondo y ritmos sincopados. 

Regresando de nuevo a una composición a base de piano, Sensor propone The Money Gets Bigger”, en la que su repetida estrofa “I’m gonna be someone tonight eriza hasta el último pelo de nuestro cuerpo. Así, lo que no consigue durante la mayor parte de la canción lo obtiene con un final cerrado, frágil e ingenioso, donde puede incluso sentirse el tacto de las yemas de los dedos posándose sobre las teclas blancas y negras del instrumento base del corte. Precisamente por este puntilloso detalle que la siguiente y última canción, “Starbone Eyes”, se reproduce de manera chocante al principio con una guitarra extremadamente austera que subyace bajo su voz agria y seca, incluyendo otras cuerdas más distorsionadas que no liman del todo las esquinas del álbum para cerrarlo de manera magistral.

De esta forma concluye un disco que podría ser impoluto de no existir cierta diferencia entre una parte y otra. Si bien es cierto que su voz desciende hacia unos tintes menos pedregosos que en otros temas, Sensor mantiene una orientación que se balancea entre sus principales vértices del folk donde la distorsión de la guitarra intermedia y final dibuja una tímida sonrisa en el que lo escucha. Que la espera de una nueva entrega se haga esperar o no es cosa del artista, pero tiene todo en su mano para conseguir que sus proyectos alcancen una calidad entrañable y mítica.

Por el momento ha dado a conocer una privilegiada voz y una reformulación de la denominada música ‘Old Time’ que merece especial atención. Sin embargo, ante el miedo de no encajar en el panorama musical con una propuesta arriesgada prefiere tantear diferentes ramificaciones del folk para organizar una sucesión de canciones dispersas y diferentes que lleguen a lo más profundo de las entrañas cualquiera que sea la formación cultural y musical de cada uno. Por contra, mantiene las principales directrices con las que lanzó sus primeros singles, lo cual verifica la perseverancia de sus intenciones personales y profesionales.

Trevor Sensor – Andy Warhol’s Dream

7.2

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Darse a conocer con un trabajo de alto nivel es lo más deseado por cualquier artista, pero es necesario fijarse en sus inconvenientes: la comparación con el siguiente trabajo será mirada con lupa y, de no ser la esperada, será pisoteada con descaro. Por eso este compositor de 23 años decide empezar fuerte pero a buen seguro guardándose algunos ases en la manga que, por su manera de tocar y sentir sus canciones, se entiende que albergan en algún lugar de su rizada coronilla.

Up

  • El sello Jagjaguwar señala que quien se cubre bajo su manto no es cualquiera y Trevor Sensor lo demuestra con este primer trabajo que combina un puñado de inquietudes armónicas.
  • Incluye un amplio repertorio melódico en el que se mueve con gran soltura y propone un nuevo punto de vista de lo tradicional dirigido a los oyentes contemporáneos.
  • Su enorme bagaje cultural y musical es esencial para la concepción de su imagen como artista.

Down

  • Será erróneamente (aunque de manera prácticamente obligada) comparado con otros artistas como The Tallest Man On Earth, Foxygen o Bob Dylan y el que fuera su ídolo al comienzo de su carrera, Woody Guthrie. En este caso por temas como “It Wasn’t Good Enough” o “Lion’s Pride”.
  • El disco no es especialmente extenso pero no consigue destacar ninguna de sus canciones por encima de las demás.
  • Aunque sus temas se diferencian sin ninguna complejidad hubiera sido redondo si hubiera incluido algún tema más cañero (aparte de “Sedgwick”) para evitar caer en cierta monotonía.
  • Se echan en falta temas menos engalanados y más reflexivos donde se tercie únicamente con la compañía de una acústica y percusiones básicas.