En física y matemáticas me enseñaron que un seno no es más que un coseno desfasado un cuarto de periodo. Aunque juntas se ven como razones trigonométricas distintas, al final una es realmente la otra adelantada. Esto me sirve para introducir que, a nivel musical, ese ‘Spain is different’ del que alardeamos es, simplemente, una prueba más de que siempre vamos a la zaga de las grandes tendencias que triunfan fuera de nuestras fronteras.

Un gran ejemplo se vivió durante el pasado 2016 en el que pegó tan fuerte el sonido ochentero, que ya llevaba más de un año predicándose al otro lado del charco (Mucho y Miss Caffeina pueden dar fe de ello). En muy contadas ocasiones nos ponemos a la par de esas tendencias internacionales haciendo desaparecer el desfase temporal que mencionaba al principio. Y así, cuando ocurre, el reconocimiento es asombroso. ¿Quiénes fueron en 2016? Las Hinds, que aparecieron en el lugar adecuado en el momento adecuado. ¿Cuál me gustaría que fuera ejemplo de 2017? L.A. con “King Of Beasts”, su nueva producción sucesora del notable “From the City to the Ocean Side”.

España también sabe producir radiofórmula de carácter anglosajón

Este “King Of Beasts” se acerca a la radiofórmula y a sonidos más ‘mainstream’ con los que ampliar público y perspectivas. Un viaje en el que han primado los instintos y la búsqueda de melodías perfectas, proceso que ha culminado en la placa más pop del mallorquín.

Luis Alberto Segura, cerebro del proyecto, lleva varios años perfilando un rock que tocó techo en el mencionado “From the City to the Ocean Side”, del cual nos cautivó aquella influencia americana que, aunque se dejaba entrever en algunos cortes de “Dualize” (2013) o “Heavenly Hell” (2009), tomó plena forma en su álbum de 2015. La elegancia que destilaban cortes como “Living by the Ocean” o “In America” se ha dejado algo de lado para este “King Of Beasts” en aras de acercarse a la radiofórmula y a sonidos más ‘mainstream’ con los que ampliar público y perspectivas. El cuerpo le pedía himnos y temas fáciles de digerir, así que para lograrlo tomó los mandos y la producción de su quinto álbum de estudio demostrando toda la seguridad que ha ido adquiriendo con el paso de los años. Esto llevó a Luis Alberto Segura a iniciar un viaje en el que han primado los instintos y la búsqueda de melodías perfectas, proceso que ha culminado en la placa más pop del mallorquín.

Fotografía: José Manuel Ferrater

Parece que L.A. han dado un giro de 180 grados, pero realmente en “King Of Beasts” encontramos una evolución lógica de su sonido agrupando lo mejor y más electrizante de los discos anteriores.

Parece que L.A. han dado un giro de 180 grados, pero realmente en “King Of Beasts” encontramos una evolución lógica de su sonido agrupando lo mejor y más electrizante de los discos anteriores. Si acaso la mayor diferencia artística ha llegado a través del OP-1, sintetizador con el que también se comenzó a confeccionar el “22, A Millionde Bon Iver. Como pasó con el artista de Wisconsin, ese aparato ha permitido a Luis ampliar su paleta sonora y, en cierta medida, diseccionar su música para crearla desde otra perspectiva. La introductoria King Of Beasts #7, esa glitchy Elephant Interlude –10y la parte final de Adios Savannahson los momentos en los que más uso se da a ese teclado para crear secuencias, ruidos y melodías sintetizadas que te transportan a nuevos ambientes al inicio, mitad y final del álbum.

Y es que estos interludios se tornan más que necesarios dentro de un elepé que dura 51 minutos estructurados en nada menos que 17 canciones. Pero empecemos por el principio, ya que la primera mitad es una sucesión de hits comenzando con una Leave It All Behind que toma cuerpo poco a poco a partir de un riff de guitarra simple y conciso. Un tempo tranquilo es más que suficiente para dirigirnos hacia un estribillo que nos deja extasiados y nos obliga a gritar a los cuatro vientos ese “Just wanna leave it all behind”. Recoge el testigo, como una descarga eléctrica, Helsinki”. Introducción rápida, cambio de tempo, estribillo con guitarras explosivas… Pensemos en el estilo de grupos como Simple Plan bañados en una pátina de madurez exquisita.

Los singles consiguen despuntar por sí mismos, pero podrían haberse lucido y trascendido mucho más dentro de un conjunto más preciso.

Estos dos temas han sido suficiente para ganarse al oyente, pero aún quedan balas en el cargador y siguen acertando con Where the Angels Go, con esos “ooh ooh ooh y una insistente batería que es imposible quitarse de encima (¿alguien piensa en unos Coldplay sin tanta purpurina de por medio?). Seguidamente, Killing Mepresenta una voz ligeramente distorsionada y un inicio que nos trae a la mente los Spoon de “Inside Out” para culminar en uno de los estribillos más intensos del elepé. Para compensar este derroche de energía a continuación encontramos un pop la mar de sensual en Turn the Lights On. Mención especial para el bajo, rotundo, y un sintetizador del último puente que podría venir firmado por los Love of Lesbian de “El Poeta Halley” sin problemas. Hasta aquí se comprende a la perfección que L.A. han querido utilizar todos los elementos que hacen triunfar a grandes grupos, y lo han bordado.

La primera mitad de este trabajo cierra de forma introspectiva. Bajan las revoluciones, Luis Alberto se pone intenso y entrega Wind, primer adelanto del álbum y el que más se separa del conjunto. Es oscuro y algo etéreo, con una percusión pesada envuelta por un piano más bien ligero, una guitarra dulce y la voz algo ronca del mallorquín. Por su parte, House of the Wasted Truth” (quizás jugando con el título del clásico “House of the Rising Sun”) es un corte de acústica y voz que adquiere mayor cuerpo en Suddenly – Sound City, donde el folk de Bon Iver y su segundo álbum parece convivir con la esencia del Dylan más primerizo dentro de una elegante composición llena de detalles.

Habría sido uno de los discos del año nacionales si Luis Alberto hubiera metido la tijera sobre la mitad. Pero tirarse a la piscina para acabar confeccionando 17 temas no le ha salido del todo bien, y es una pena teniendo en cuenta una primera parte sin máculas.

Y hasta aquí, o si acaso hasta la contigua “Elephant Interlude –10”, debería haber durado “King Of Beasts”. L.A. habrían firmado un disco concreto y directo, en el que cada tema tiene madera de single y todo se encuentra en equilibrio. Pero no, quizás con la necesidad de retarse a sí mismo Luis Alberto llega a incluir siete canciones más. ¿Merecen la pena? El impacto de un sintetizador ciertamente rancio que abre la rockera The Keeper and the Rocket Manhace pensar que no, pero no tiraremos la toalla tan pronto. Más interesante resulta Fire In Your Eyesy su mestizaje de rock espacial, pero la ejecución es tan precipitada que no termina de lucir como debería. En cuanto a Stay”, se ha confeccionado para ser esa canción con la que, en un concierto, se ponen luces rojas y todo el mundo salta al ritmo de un riff de guitarra directo y cargado de fuzz. Es electrizante y contagiosa, pero también altamente repetitiva y agotadora.

Hasta aquí la segunda parte del compacto no convence, y adelanto que el final no hará que cambie nuestra perspectiva. La estética nocturna y onírica de “Lost & Gone”, con una delicada guitarra acústica y unos atractivos sintetizadores, podría haber confluido en algo más complejo y no tan abrupto, y es que ese cierre tan precipitado nos conduce a Again Today, un corte de rock básico que no transmite absolutamente nada. Sin embargo, antes de acabar “King Of Beasts” remonta (algo), sobre todo gracias a esa reminiscencia a Spiritualized con Suddenly – Reprise”. Se trata de un corte suave con sintetizadores, un pequeño añadido de acústica, la guitarra eléctrica y la voz de Luis dirigiéndote con delicadeza a “Adios Savannah”, un auténtico broche de oro para cerrar el disco. Final dulce donde los haya para compensar el regusto amargo del último segmento del trabajo.

Las cosas claras: habría sido uno de los discos del año a nivel nacional si Luis Alberto hubiera metido la tijera sobre la mitad. Pero tirarse a la piscina para acabar confeccionando 17 temas no le ha salido del todo bien, y es una pena teniendo en cuenta una primera parte sin máculas. Pero, ¿provocan estos patinazos que se pierdan al completo los grandes momentos de “King Of Beasts”? A decir verdad los singles consiguen despuntar por sí mismos, pero podrían haberse lucido y trascendido mucho más dentro de un conjunto más preciso. Todos sabemos que Luis Alberto es un hombre al que le apasionan los retos, y tal vez ya tenga puesta la mira hacia su siguiente trabajo con mayor contención.

L.A. – King Of Beasts

6.9

“King Of Beasts” de L.A. es un álbum que abraza sin ningún temor la radiofórmula más rockera con las miras puestas en el mercado internacional. Encontramos ráfagas de singles y a un artista que amplía su horizonte musical. Sin embargo, la ambición del mallorquín ha provocado que también haga acto de presencia una desmesura de canciones que termina por lastrar bastante al conjunto.

  • L.A. sale a ganar y lo hace desde el inicio.
  • La primera mitad del álbum. Es un single tras otro, empezando por “Leave It All Behind” y terminando con “Wind”.
  • “Suddenly – Reprise” y ese toque de rock espacial tan peculiar.
  • Luis Alberto ha sabido sacar el mejor potencial de su voz.

  • La segunda parte del disco. En comparación con la primera resulta muy lenta y los temas no terminan de brillar.
  • Que “Lost & Gone” no se haya desarrollado un poco más.
  • El sintetizador rancio robado de Raphael en la apertura de “The Keeper and the Rocket Man”.

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