Dan Auerbach no puede dejar de crear. Luego de publicar en 2014 el álbum “Turn Blue” con The Black Keys formó una nueva agrupación, The Arcs. Con ella lanzó el estupendo LP “Yours, Dreamily” en septiembre de 2015. Tras eso, como aún quería trabajar el verano pasado empezó a componer con algunos de sus vecinos en Nashville, todos referentes de la música estadounidense (John Prine, Duane Eddy o Pat McLaughlin entre otros). Según el nacido en Akron, fruto de las reuniones surgieron entre sesenta y setenta canciones. De ellas eligió diez para dar forma a su nueva obra en solitario, “Waiting On A Song”, un trabajo lleno de ligeras (pero contagiosas) melodías que sin muchas pretensiones repasan algunos de los géneros favoritos del compositor.

Viaje musical con regusto pop

El recorrido sonoro que Auerbach propone a través del country, rock de la primera mitad de los sesenta, soul y funk es ameno gracias al carácter pop que reviste a los tracks.

El punto fuerte de este elepé radica en el carácter pop que reviste a los tracks. Gracias a eso, el recorrido sonoro que Auerbach propone a través del country, rock de la primera mitad de los sesenta, soul y funk es ameno para el oyente. Sin embargo, tan pronto como se empieza a sentir afinidad por las brillantes creaciones surge el principal obstáculo que impide que esta producción tenga un lugar asegurado en la lista de lo mejor de 2017: la poca ambición lírica. Los cortes están, en general, temáticamente desconectados entre sí. En buena parte del disco el cantante recurre, sin tanta lucidez como antaño, a los tópicos que ha explotado hasta el cansancio a lo largo de su carrera: ilusión amorosa  y amores frustrados.

La propuesta del solitario Dan

Tan pronto como se empieza a sentir afinidad por las brillantes creaciones surge el principal obstáculo que impide que esta producción tenga un lugar asegurado en la lista de lo mejor de 2017: la poca ambición lírica. En buena parte del disco el cantante recurre, sin tanta lucidez como antaño, a los tópicos que ha explotado hasta el cansancio a lo largo de su carrera: ilusión amorosa  y amores frustrados.

El álbum llega ocho años después de la primera aventura en solitario de Dan, “Keep It Hid”. Con aquel notable trabajo el compositor demostró que es capaz de arreglárselas de forma eficiente sin Patrick Carney.  En el disco, el músico agregó detalles psicodélicos y/o propios de la música country para marcar distancias del clásico sonido garage con raíces blues que The Black Keys desarrollaban por esos días. Además, apostó por unas letras más íntimas y oscuras. Incluso realizó un intento de secuencia narrativa con los cortes “Mean Monsoon”, “The Prowl” y “Keep It Hid”. El nuevo material, en cambio, sigue otro camino: hay un audio mucho más limpio y trabajado, una mayor inclinación hacia el pop y unos versos menos inspirados.

“Waiting On A Song” no sólo guarda claras diferencias con el LP lanzado en 2009, sino también con “Turn Blue”. Para ese disco, la pareja Carney-Auerbach encontró en la psicodelia el recurso estilístico idóneo para dar mayor peso y coherencia al tema propuesto en todas las canciones: la crisis post-ruptura amorosa. Aunque el resultado del esfuerzo no fue el mejor, al menos sirvió para que el dúo mostrara una nueva faceta sonora. Para el nuevo elepé, Dan deja completamente de lado los experimentos psicodélicos. La más reciente producción tal vez es más próxima a “Yours, Dreamily”. La fuerte inclinación hacia el soul fue lo que dio identidad a The Arcs. Ese camino es utilizado, aunque en menor medida y sin tanta fortuna, en buena parte de “Waiting On A Song”.

Como ya es habitual, Auerbach grabó el material en su estudio de Nashville. Pero todas las pistas fueron totalmente compuestas y arregladas fuera del lugar de grabaciones. Este procedimiento, según el cantante, es tradicional en la ciudad. Él y sus colaboradores llegaron al local de grabación sólo para registrar las piezas. Un dato interesante es que el trabajo es el primer lanzamiento en la historia del sello discográfico del propio compositor, Easy Eye Sound.

El lugar de privilegio que tiene en la música popular contemporánea le da libertad para, prácticamente, hacer lo que le venga en gana, llevar a cabo los proyectos musicales que quiera. El problema de esto radica en que a veces las aventuras sonoras no darán los mejores resultados.

El disco inicia con la canción a la cual debe el nombre, “Waiting On A Song”, compuesta por el de Akron y John Prine. Los delicados arreglos de teclado y vibráfono del legendario Bobby Wood (que ha trabajado con Elvis Presley y Dusty Springfield entre otros) dan comienzo a una hermosa creación de country pop. De pronto, aparece la voz limpia de Auerbach para hablarnos acerca de las dificultades propias del proceso creativo: “I’ve been thinking and been humming / I’ve been picking and I’ve been strumming / Just waiting, waiting on a song”. Tras un acertado solo a la mitad, el narrador reflexiona hacia el final sobre la importancia de estar atento en el momento en el que surge la inspiración: “You fall down on your knees / And pray one comes along / When these railroad gates come down / You gotta stop and turn around / Or you’ll be waiting / Waiting on a Song”. Tras unos primeros minutos formidables, el oyente está listo para saber qué otras novedades temáticas ha preparado Dan. Entonces, aparece una grata sorpresa: “Malibu Man”, una entrañable composición a medio paso entre el quiet storm y el funk setentero. De acuerdo al de Estados Unidos, el tema fue escrito junto a McLaughlin y David Ferguson en homenaje a su amigo, el reconocido productor musical Rick Rubin, algo que podría quedar en evidencia en las líneas cercanas al cierre: “I’m a myth of man / I ride the waves when I can / I make the music so people will buy it / I take pride in my ways / And my colosal paydays / I’m just an old-fashion retailers’ riot”. Mención aparte merecen los bellos detalles de violín que surgen a lo largo de la pista y el correcto coro femenino que acompaña al cantante cuando llega el momento de las frases “Malibu man / Isn’t life great? / He’s got the world in his hands / Malibu Man”.

“Waiting On A Song” aprueba el examen, pero con sobresaltos. El LP sirve para que recordemos que Auerbach es capaz de crear melodías que quedarán dando vueltas en nuestra mente durante días, pero también para que nos animemos a exigirle un poco más.

A continuación, es el turno del sonido cercano al pop rock de inicios de los sesenta. En “Livin’ In Sin” lo más interesante radica en el contraste entre el optimismo de las melodías y el cinismo de la letra: “The world’s in an awful mess / But you and me we’re awful blessed / We know we have always been / Livin’ in sin”. Al llegar a este punto el público ya es consciente de que los viejos tópicos no han sido dejados de lado para este disco: “Your touch is electrical / I’m so susceptible / We know we have always been / Livin’ in sin”. La línea rockera continúa con “Shine On Me”, creación para la que Auerbach contó con el aporte de las líneas de guitarra grabadas y enviadas desde Inglaterra por el mítico Mark Knopfler. En la pieza, prescindible, aparece un protagonista lleno de optimismo que muestra que los malos momentos (tal vez aquellos que motivaron las letras del LP “Turn Blue”) han quedado atrás: “So I climbed the cliffs of Dover / To go dry out in the sun / Now I’m like a four leaf clover / ‘Cause I hide from everyone”. El problema con esta pista es que permite retomar una de las polémicas que ha estado siempre ligada a la carrera musical de Dan: el plagio o, si se quiere, el excesivo parecido entre sus composiciones y las de otros artistas. En este caso queda al gusto de los oyentes escoger de dónde proviene la melodía del inicio y/o del coro: ¿de “Got My Mind Set On You” de George Harrison? ¿De “Let My Love Open The Door” de Pete Townshend? ¿De “Queens Of Hearts” de Juice Newton? Vale recordar que algo similar ocurrió con las canciones “Little Black Submarines” (en la que algunos fragmentos guardan similitud con los de “Aqualung” de Jethro Tull), “Weight Of Love” (que posee detalles similares a los que aparecen en “Breathe” de Pink Floyd), “Busted” (que toma partes de “Skinny Woman” de R.L. Burnside) y, en especial, “The Arc” (similar a “Ark Of The Covenant” de The Congos). Al de EE.UU. le sobra talento, no debería necesitar este tipo de artimañas.

Tras el bajón, el de Akron le recuerda al oyente que, cuando quiere, puede hacer composiciones musical y líricamente ricas. Es el momento del  regusto country de “King Of A One Horse Town”. Las líneas de guitarra acústica que abren la creación dan paso a un personaje que contará sus dificultades para salir de su zona de confort: “I thought about leaving but I don’t know / Wouldn’t even know anywhere to go / Guess I’ll stay on desolation row / Go get stoned and hang around / The beat of my drum is the only sound / I would jump into the ocean but I’m scared I’d drown”. Según Auerbach, en esta canción aparece por primera vez el instrumento de cuerdas de Duane Eddy. Es necesario destacar los arreglos de violín presentes a lo largo del corte. Acto seguido, surge la bonita melodía pop de “Never In My Wildest Dreams”. Una serie de detalles de viento realzan el encanto de la composición. De acuerdo al artista, la letra gira en torno a la frustración y obsesión que genera pensar en un amor imposible: “Never in my wildest dreams / Would my dreams com true / You’re just too good to touch / I can’t discuss it much”.

Al de Akron le queda mucho por ofrecer, tanto musical como líricamente. Dan, querido, ya es hora de que nos hagas comer nuestras críticas con un SEÑOR DISCO (así, con mayúsculas), ¿no?

Ahora, el sonido funk toma protagonismo con “Cherrybomb”, corte que da inicio al tramo menos inspirado del disco. Lo más destacable del track es, tal vez, el solo de guitarra que aparece en la parte final. Esta vez Dan retoma el viejo tópico de la frustración amorosa: “So if you ever go climbing in a cherry tree / Remember what old cherry she done to me / I thought our love was strong / But her fuse just wasn’t that long”. Como en “Money Maker”, del disco “El Camino”, el personaje habla acerca de una mujer interesada en su dinero: “Took a job at the mil so I could earn for it / Make her pretty, all the heads are gonna turn for her / But as soon as the money went away / My cherry blew up right in my face”. El estilo rockero recobra protagonismo en la siguiente canción, “Stand By My Girl”, tal vez la única que podría encajar sin problemas en alguno de los álbumes de The Black Keys. Obviamente, los poderosos riffs resaltan nítidamente. En la pieza, el estadounidense presenta a un protagonista atrapado en una relación tóxica: “I love girl with fire in her eyes / That’s what I used to say / But now I’ve come to realize / If I wanna live another day / I can’t be living that way”. Los arrebatos guitarreros aparecen también al inicio de la siguiente composición, “Undertow”. Ahora, al igual que en “Malibu Man”, el toque soul impregna toda la melodía.  Los recuerdos de las malas experiencias amorosas aparecen para torturar al cantante: “Undertow / Sad old memories from so long ago / Here they come to drag me down below / Here it comes, the undertow”. Los detalles de vibráfono, como en “Waiting On a Song”, dan el toque final a la canción. La línea sonora continúa en “Show Me”, la composición final del elepé. Detalles de teclado, violín y vibes se intercalan para dar vida a un track en el que el narrador ha encontrado una nueva ilusión. Esta vez, pide una señal que le permita saber si su sentimiento es correspondido: “If it’s yes, you gotta let me know / If it’s no, please let me go / I got this heart here on my sleeve / Girl, come on and show me”.

Dan Auerbach ha demostrado ser uno de los artistas más prolíficos de lo que va del siglo. A lo largo de su trayectoria ha regalado un puñado de hits que quedarán por siempre en la memoria de toda una generación. El lugar de privilegio que tiene en la música popular contemporánea le da libertad para, prácticamente, hacer lo que le venga en gana, llevar a cabo los proyectos musicales que quiera. El problema de esto radica en que a veces las aventuras sonoras no darán los mejores resultados. “Waiting On A Song” aprueba el examen, pero con sobresaltos. El LP sirve para que recordemos que Auerbach es capaz de crear melodías que quedarán dando vueltas en nuestra mente durante días, pero también para que nos animemos a exigirle un poco más. Al de Akron le queda mucho por ofrecer, tanto musical como líricamente. Dan, querido, ya es hora de que nos hagas comer nuestras críticas con un SEÑOR DISCO (así, con mayúsculas), ¿no?

Dan Auerbach – Waiting On A Song

6.9

Dan Auerbach continúa sus aventuras musicales lejos de Patrick Carney. Con “Waiting On A Song” presenta un puñado de melodías pop nutridas con detalles de soul, country, funk y rock de inicios de los sesenta. Pese a que en algunos cortes presenta gratas novedades, en general líricamente repasa los tópicos habituales, pero sin la claridad de otras ocasiones. Un LP lleno de altibajos.

  • La capacidad de Auerbach para crear melodías pop.
  • El refresco lírico presente en “Waiting On A Song”, “Malibu Man” y “King Of A One Horse Town”.
  • Los correctos riffs de “Stand By My Girl”.
  • La inclinación hacia el soul encuentra su mejor versión en “Malibu Man”.

  • No es la primera vez que Dan Auerbach pisa la delgada línea que separa a la referencia musical del plagio. “Shine On Me” deja muchas dudas. Aun si no fuera una copia la pista es completamente prescindible. Una lástima por el buen Mark.
  • El tramo comprendido entre “Cherry Bomb” y “Show Me” retoma, con mucha menos inspiración que en trabajos anteriores, temas, a estas alturas, bastante gastados.
  • Una obra en líneas generales no muy acertada si se toma en cuenta que en ella han participado varios pesos pesados de la música estadounidense. En especial se pudo aprovechar mucho más la presencia de John Prine en el aspecto lírico.
  • Siempre se echará de menos el blues de discos como “Thickfreakness”. ¡Qué bien habría caído una buena dosis del viejo sonido del Delta (mucho más ahora que los Black Keys ya están bastante alejados de él)!

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