Tengo cierta curiosidad por saber cual va a ser la reacción de la gente ante esta crítica; si pensarán que me he pasado siete pueblos o si por el contrario he sido muy benevolente. Lo cierto es que, si bien sigo pensando que Foster the People no tienen el reconocimiento que podrían y deberían tener como grupo comercial viendo muchos de los artistas que copan las listas de ventas y éxitos, me sorprendió para bien en la pasada edición del Mad Cool la cantidad de gente que asistió al concierto que dieron los angelinos en la última jornada del festival y el entusiasmo con el que lo recibieron. Y es que desde aquel debut de 2011 llamado “Torches” tan cargado de hits y canciones para sacarte a la pista de baile nunca he dejado de pensar que Foster the People eran uno de los grupos más idóneos que existían para dar el salto del mundillo ‘indie-para-la-mayoría-comerciales-para-la-minoría’ a ‘comerciales-para-la-mayoría’. Y aquí están, seis años después, presentando su ya tercer álbum de estudio, “Sacred Hearts Club”, con esa misma meta en mente, al menos a priori.

“Sacred Hearts Club”: los reyes de la pista

Sin olvidar su influencia de los Beach Boys, a su fórmula dance pop e indietronica del primer disco y al toque psicodélico y exótico del segundo le han añadido influencias del pop de radiofórmula actual, con el beat como elemento sobre el que cimentar los temas, y escarceos con el pop-rap, el electropop y el R&B.

¿Y qué se puede hacer cuando tu objetivo es lograr canciones con gancho? ¿Importa la complejidad? ¿Importa la producción? ¿Importa el contenido lírico? ¿Importa la originalidad? La respuesta más corta es que la melodía sigue primando por encima de todo y, sobre todo, que la clave son los estribillos. Pero si bien comparando “Torches” con “Sacred Hearts Club” no parece que haya llovido tanto ni que el grupo haya dado un giro de 180º en su carrera, tampoco se puede decir que todo siga igual. Básicamente y sin olvidar su influencia de los Beach Boys, a su fórmula dance pop e indietronica del primer disco y al toque psicodélico y exótico del segundo le han añadido influencias del pop de radiofórmula actual, con el beat como elemento sobre el que cimentar los temas, y escarceos con el pop-rap, el electropop y el R&B. En definitiva, que ahora más que nunca Foster the People es un grupo idóneo para sonar tanto en festivales de índole hipster como en un Bershka.

No nos confundamos, el tono de estas líneas no pretende ser jocoso ni mucho menos. Un servidor disfrutó como un enano de “Torches” en su día y actualmente sigue volviéndose loco con canciones como “Houdini” o “Helena Beat”. Habrá a quien Foster the People le parecieran insustanciales y sobreproducidos desde el primer momento, pero creo que su capacidad para crear canciones muy pegadizas y fáciles de disfrutar es innegable. Y eso es algo que me ha vuelto a pasar con este disco. Normalmente me cuesta mucho que una canción se me pegue de primeras debido a la cantidad de música nueva que tiendo a escuchar. Sin embargo, cuando el grupo adelantó algunas canciones del disco me di cuenta de que a veces me encontraba tarareándolas cuando apenas las había escuchado una o dos veces. Así que a corto plazo creo que el grupo sigue consiguiendo lo que siempre se ha propuesto.

Ahora más que nunca Foster the People es un grupo idóneo para sonar tanto en festivales de índole hipster como en un Bershka.

Pero un disco lo forma un conjunto de canciones, y Foster the People siempre han tenido el defecto de concebir trabajos con muchos altibajos, con canciones brillantes y otras totalmente olvidables, y esto es algo que parece acrecentarse con cada disco que sacan al mercado. Esta vez los hits vuelven a encontrarse mayormente al principio, con una “Pay The Man” que deja ver una mayor presencia de los beats y los samples y con Mark Foster cantando sobre no tener miedo a ser uno mismo y dejar de esconderse. Más presencia de sintetizadores como en el debut, pero más sutiles. Al contrario de esta, “Doing It For The Money” se tira hacia una instrumentación más recargada, con muchos teclados en el estribillo y ritmos que recuerdan al “Currents” de Tame Impala en más de una ocasión. La letra vuelve a girar en torno a disfrutar de la vida y mantenerse fiel a uno mismo, y es que el grupo ha recalcado las ganas que tenían de hacer un disco lleno de positividad y energía en tiempos difíciles, algo que parece ya una constante en este 2017.

Sit Next To Me” recurre al desamor y a las relaciones rotas siguiendo con esa fórmula de estrofas minimalistas con mucha presencia de bajo y estribillos más potentes con un toque funky. Es innegable que los de Mark Foster saben hacer canciones con muy buen rollo y que esos “It’s alright invitan a dejarse llevar y a pasarlo bien. A continuación, las guitarras se apoderan de “SHC”, tema que parece sacado de su segundo disco y cuyo pre-estribillo directamente es clavado al de esa “Are You What You Want To Be?” con la que abrían aquel “Supermodel” (2014). En cualquier caso el riff da muy buen resultado y ese juego con el falsete tan característico remata el estribillo.

La sensación con “Sacred Hearts Club” es que Foster the People tienen capacidad para incorporar influencias de diversos estilos a su fórmula clásica y seguir sacando hits con su propio sello pero que, por el contrario, el asunto se les va totalmente de las manos cuando intentan ir más allá y experimentar, algo que ya sucedía en “Supermodel”.

Y a partir de aquí es cuando vienen los altibajos continuos. “I Love My Friends” se deja escuchar pero se queda a medio gas, mientras que “Orange Dream” no aporta demasiado como tema de transición. Mientras, “Static Space Lover” remonta el vuelo con la participación de Jena Malone en la voz y un estribillo que destapa completamente el amor del grupo por los Beach Boys, siendo muy colorista y detallado en la producción. Seguidamente, “Lotus Eater” no sólo mantiene el nivel sino que intenta que nos vengamos arriba, siendo el tema más guitarrero del elepé y casi de su carrera (más cercano casi a Franz Ferdinand que a esos M83 o MGMT con los que se les suele comparar). No obstante, el mayor problema del disco viene con la recta final, que cae en picado estrepitosamente: “Time To Get Closer” es otro corte de transición totalmente desubicado y “Loyal Like Sid & Nancy” es probablemente de lo peor que han hecho nunca, un acercamiento muy desacertado al hip-hop y al R&B que prácticamente no encuentra lugar en el resto del compacto, algo que también ocurre de cierta forma con las dos últimas canciones, “Harden The Paint” y “III”, un intento de volver a la psicodelia pop de “Supermodel” sin grandes resultados, con sintetizadores que suenan a pastiche, coros con vocoder y estribillos totalmente olvidables, completamente alejados de lo que el grupo es capaz de hacer. La verdad es que es una pena que un arranque tan sólido concluya con un final tan flojo, porque podría dejar mucho mejor sabor de boca del que acaba dejando.

La sensación que uno acaba teniendo con “Sacred Hearts Club” es que Foster the People tienen capacidad para incorporar influencias de diversos estilos a su fórmula clásica y seguir sacando hits con su propio sello pero que, por el contrario, el asunto se les va totalmente de las manos cuando intentan ir más allá y experimentar, algo que ya sucedía en “Supermodel”. La irregularidad de este trabajo y su recta final hacen que el conjunto sume menos que cada una de las partes, y aunque sabiendo el tipo de grupo que es uno no espera encontrarse el disco del año, al final lo que se analiza aquí es todo el trabajo y por mucho que brillen algunos temas por separado el resultado final podría dar más de sí. Si en “Torches” lo consiguieron, deberían poder volver a hacerlo.

Foster the People – Sacred Hearts Club

6.1

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Foster the People nunca han tenido miedo de esconder su deseo de conseguir canciones fáciles de disfrutar y pegadizas ante todo, algo que les vuelve a salir de maravilla en “Sacred Hearts Club”, un tercer largo mucho más influenciado por sonidos R&B y electropop en el que consiguen brillar mucho más cuando no se salen de su zona de confort.

Up

  • Temazos  como “Pay The Man”, “Sit Next To Me” o “Lotus Eater”.
  • Intentan no estancarse y seguir añadiendo nuevas influencias a su sonido.
  • Se siguen manejando de lujo en los estribillos.

Down

  • Muy irregular, falto de consistencia y de coherencia.
  • Los temas más experimentales suenan a pastiche y carecen de gancho.
  • Ni siquiera los momentos más brillantes están al nivel de su debut.