Desde que salió “Born To Die” en 2012 Lana Del Rey no ha vuelto a hacer nada tan bueno. Probablemente, no lo haga nunca. Es bastante difícil superarse después de ese monolito del pop moderno, de esa épica tan grandiosa como decadente que tanto rompió los esquemas al público y a la crítica. Sin duda, Elizabeth Grant debió pensar en esto cada vez que se enfrentó a la perspectiva de lanzar un nuevo trabajo, y tomó una determinación: si el monolito es realmente tan grande, lo mejor será dormir a su sombra.

La alargada sombra de “Born To Die” cinco años después

Si hay algo que define el estadio actual del Hollywood sadcore de Lana Del Rey es la desidia. Y no, no hablamos de una apatía poética, sino de un pasotismo genuino que permea a todo el proceso compositivo, de una languidez irritante en el apartado vocal y una vagancia que a veces roza la vergüenza ajena en lo que a las letras concierne.

No es del todo reprochable, porque su estilo sonoro y lírico triunfó precisamente por desmarcarse del de la mayoría, pero tres discos después la excusa ha caducado, porque si hay algo que define el estadio actual del Hollywood sadcore de Lana Del Rey es la desidia. Y no, no hablamos de una apatía poética, sino de un pasotismo genuino que permea a todo el proceso compositivo, de una languidez irritante en el apartado vocal y una vagancia que a veces roza la vergüenza ajena en lo que a las letras concierne.

Cabría pensar que el hecho de que Lana Del Rey rompiese su racha de disco por año ayudaría a hacer de su siguiente trabajo uno más meditado, quizás incluso marcase una cierta evolución. Sin embargo, sólo sirvió para tomar prestados elementos de sus trabajos previos y de otras tendencias del momento, mezcladas sin demasiada atención y, en general, no saliendo muy bien paradas. De toda esta amalgama de elementos en conflicto consigo mismos surge “Lust For Life”, y el resultado final deja mucho que desear.

“Lust For Life”: un paraíso de dejadez y referencias vagas

Cabría pensar que el hecho de que Lana Del Rey rompiese su racha de disco por año ayudaría a hacer de su siguiente trabajo uno más meditado, quizás incluso marcase una cierta evolución. Sin embargo, sólo sirvió para tomar prestados elementos de sus trabajos previos y de otras tendencias del momento, mezcladas sin demasiada atención y, en general, no saliendo muy bien paradas.

Love” fue el primer single de este trabajo, y si bien no puede decirse que sea una mala canción, es una que te deja frío. No era un primer tiento ni de lejos interesante, ni por su sonido, que regresa a los tiempos de “Ultraviolence” con un cierto ritmo, ni por sus letras, que hablan sin romanticismo ni reprimenda sobre las generaciones jóvenes y despreocupadas de forma vaga y sin llegar a decir nada en concreto. Los “ah ah ah” marca de la casa vuelven sin remilgo, y todo resulta, en general, familiar. No necesariamente malo, insisto, pero sí poco sorprendente.

Lo que sí sorprendió, pero en el mal sentido, llegó con “Lust For Life”, la canción que da nombre al disco y que está tan mal por tantos sitios que cuesta decidir por dónde empezar a hablar. ¿Qué es lo más sangrante de todo, esas secciones medio recitadas con una voz que intenta ser espiritual y sugerente con la que luego hace esos “doo-wop doo-wop”, ese beat machacón pero al mismo tiempo flojo o la insufrible carga edulcorante que aporta The Weeknd? Cuesta decidirse, pero para ponernos las cosas más complicadas aún la vergüenza ajena empieza a asomarse a las letras. Es la segunda canción consecutiva en la que se habla de quitarse la ropa como quien pide una pizza (y con esa frase hace todo el preestribillo), pero además tiene frases tan poéticas como My boyfriend’s back / and he’s cooler than ever” que luego tiene la poca vergüenza de rimar con “forever” más de una vez. Y los arreglos vagamente electrónicos y esplendorosamente horteras no le hacen ningún favor a la orquestación que, de hecho, está debajo de esa molesta capa de maquillaje, y en general enmascara una melodía ya de por sí bastante pobre.

Lo más suave que puede decirse es que es un desorden, que carece por completo de coherencia lírica y sonora, que la disposición de las canciones es un despropósito que hace al disco sea mucho más cansino de lo que sería si estuviera bien estructurado, y que en general es una amalgama casi aleatoria de temas a los que no se ha prestado atención.

La canción en sí misma ya es preocupantemente mala, pero introduce otro problema fundamental del disco: el orden de canciones. Desde estos dos primeros singles, el disco va cuesta abajo en lo que a ‘fuerza’, por así decirlo, se refiere, y tengamos en cuenta que aún nos quedan catorce canciones que prácticamente no bajan de los cuatro minutos largos. Pero ese es un problema al que aún no tenemos que enfrentarnos, porque “13 Beaches” aparece para redimir lo que va de disco hasta ahora. Este tema vuelve a la base de “Ultraviolence” (toques electrónicos incluidos) y la acerca a la cinematográfica sensibilidad orquestal del debut para dar lugar a un tema adecuadamente intenso, con cambios de ritmo bien medidos y algo que va a ser especialmente escaso en este disco: sinceridad. Del Rey parece volverse Lizzy Grant por momentos para hablar de su falta de intimidad y el acoso del público, y aunque su estribillo, líricamente genérico, difiere del resto de la canción, no desmerece el resto del tema, quizás el mejor del disco. Cherry” parece querer retomar el testigo oscuro de la época en la que Dan Auerbach producía a la neoyorquina, pero aderezado con una base a caballo entre los ritmos setenteros y una electrónica heredera del trap, aderezado con una plétora de “bitches” y “fucks” que no viene a cuento de absolutamente nada y que, una vez más, sólo sirven para aumentar el nivel de irritación. A este sinsabor le sigue “White Mustang”, la canción más corta de todo el elepé y la primera en la que esa molesta languidez hace acto de presencia. No me refiero a que la pieza sea especialmente pausada ni atmosférica, sino al hecho de que Lana canta a desgana, y lo mismo podría decirse de las letras o la melodía, que aquejan una flojera preocupante.

Este mismo hartazgo sonoro lo encontramos en “Summer Bummer”, un tema ya puramente trap con muy poca chicha y un estribillo de lo más flojo, en el que la parte más interesante y con más fuerza es la aparición de los raperos A$AP Rocky y Playboi Carti. El primero de esta pareja vuelve a ser featured star en el siguiente tema, “Groupie Love”, un poco más cercano al estilo de “Honeymoon” y al que los arreglos orquestales y electrónicos sientan bastante mejor. El título sintetiza bastante bien toda la parte lírica, que no tiene nada especialmente sorprendente. La colaboración de A$AP Rocky, que antes no venía del todo al caso, aquí le sienta como un guante a la canción, porque no abusa de su propio espacio y aporta una fuerza y un sonido particular a los arreglos dulces y atmosféricos. Pero, salvo que sea algo muy específico, si tu colaborador sale mejor parado que tú en tu propio tema, igual algo no estás haciendo del todo bien, menos aún si le haces aparecer en dos canciones seguidas. Pese a todo, este es uno de los puntos más destacables del álbum, bien producido, realmente agradable y con un estilo más o menos característico. In My Feelings” es otra canción de puro relleno que encarna algunos de los peores vicios no sólo de este disco sino de la propia artista: Lana canta con toda la vagancia que guarda en su ser, sin claridad ni definición, los arreglos están compuestos por notas informes que no suenan a nada y, por enésima vez, su idea de ‘sugerente’ es decir “bitch” y “fuck” muchas veces cantando como si no tuvieses sangre en las venas. Y en esta línea de percusión electrónica trapera y tonos bajos llega “Coachella-Woodstock in My Mind”, y llegados a este punto uno ya pasa olímpicamente de pensar en lo ridículo de los títulos y las letras. Y oh, mira, una referencia a Led Zeppelin. Mirad, esto ya es cansino, y la culpa no la tiene la canción ella sola, porque hasta intenta hacer algo cuando llega el outro, pero es todo tan repetitivo y tan vago que da exactamente igual.

“Lust For Life” es la prueba irrefutable de que Lana Del Rey, que ya se había apoltronado en su propio estilo, ha perdido totalmente las riendas de su trabajo y no parece importarle en absoluto. Podría decirse que hay signos de evolución en su sonido, que toma elementos de ayer y de hoy y los junta para hacer algo nuevo, pero agarrándonos a un clavo ardiendo.

Y, cómo no, no podría haber un disco de Lana Del Rey sin algún “Dios bendiga América”, y aquí es literal. “God Bless America – And All The Beautiful Women In It” es un intento de retomar la grandiosidad de cosas como “National Anthem” pero con un resultado infinitamente más pobre, tanto lírica como sonoramente. Es un popurrí de recursos de todo pelaje mezclados sin ninguna mano: la canción empieza con una guitarrita de la que se olvida hasta el final de la canción, la orquestación y el piano aparecen de forma intermitente y lo del sonido de disparos como percusión hacía gracia cuando Mia cantaba “Paper Planes” en 2007, pero no ahora. Pero bueno, al menos es un poco diferente. Por su parte, “When The World Was At War We Kept Dancing” vuelve a coger la guitarra durante unos compases, quizás porque la canción vuelve a tratar sobre los Estados Unidos, pero esta vez desde un enfoque más inquietante, o eso pretende. Y no tiene el más mínimo sentido que esta canción vaya detrás de una que habla de su país con tantísima pasión (y sí, voy a obviar el hecho de que piense que América es lo mismo que Estados Unidos porque ya paso). Aquí se pregunta, textualmente, si este es “el fin de América”, pero no profundiza apenas en este temor, y resulta disonante teniendo en cuenta cuál es la canción que viene antes. Podría parecer que este contraste es intencional pero, en lugar de componer una dialéctica consistente, da la sensación de que estas canciones se ignoran mutuamente.

Beautiful People Beautiful Problems” quiere volver al piano apacible y las letras ambiguas pero menos pretenciosas. En general, esta es una canción que no tiene ninguna intención más allá de referenciar la vida tranquila a la que la propia Lana cantaba en “Video Games”, hace ya cinco años. La colaboración esta vez corre a cargo de Stevie Nicks, cantante de Fleetwood Mac, cuya voz cascada contribuye al tono dulce de la canción con acierto particular. Otra participación inesperada es la de Sean Lennon, frontman de The Claypool Lennon Delirium, en la agradable balada pseudo-psicodélica “Tomorrow Never Came”. No tiene una letra particularmente inspirada, pero está hecha con buen gusto, y Lennon aporta un esperable pero agradecido toque Beatle a la mezcla que le sienta realmente bien. Lo de referirse textualmente a Lennon y Yoko ya es un canteo distinto, pero es una mácula que no ensombrece la incuestionable calidad del tema. Después de este bloque de baladas, llega la tríada final del disco, una particularmente pesada, no por su calidad sino por su insidiosa lentitud y densidad. “Heroin” es el tema que abre este segmento final, y es mucho más sólido que la mayoría de canciones precedentes. Su primera mitad es lenta y sensual, cargada de tonos bajos que rompe al llegar a su segunda parte, donde los arreglos adquieren brillantez y Lana lanza gritos pulcros pero rabiosos. La letra, cargada de antítesis, emula la inquietante placidez de la droga a la que se refiere el título, pero sin olvidarse de la parte más dura y trágica de esta experiencia: la del mundo real.

Queremos creer, una vez más, que esta será la ocasión en la que Lana Del Rey deje de quemar su propia fórmula y, por fin, decida evolucionar de verdad. Sigue siendo una artista con talento, eso es imposible de negar, pero si necesita tirar de sí misma para llevar un disco adelante y éste es el resultado, quizá sea hora de replantearse algunas cosas.

Change” sólo se sirve de un piano lento e intenso y sabe medir su ritmo, sus esfuerzos y sus subidas y bajadas de tono, porque oye, Lana se ha acordado de lo que es cantar con ganas. La parte que más flojea, quizás, es su letra, porque al mismo tiempo que habla de que el mundo se va a la porra y que la gente se la trae floja dice que tiene confianza en el cambio y en las personas y tal, y te mezcla el miedo a la bomba con dramas personales ambiguos. En general está bien ejecutada, pero son cinco minutos sin nada realmente interesante. Por fin, para cerrar, “Get Free” rompe el silencio con una guitarra reverberante, que luego expande su paleta sonora hasta dar lugar, tras la introducción, a un tema con un estilo particular que, no me creo que vaya a decir esto, ¡logra combinar elementos de los tres discos anteriores con acierto! ¿Puede ser verdad? Parece ser que sí, es una canción con energía pero también emotiva y personal, con subidas y bajadas de ritmo interesantes y bien medidas. Joder, Lana, ¿por qué has tardado tanto en enseñarnos lo bueno? Casi dan ganas de decir que el disco acaba bien.

Pero eso supondría pasar por alto muchas, muchísimas cosas que lastran a este disco hasta límites ridículos. Lo más suave que puede decirse es que es un desorden, que carece por completo de coherencia lírica y sonora, que la disposición de las canciones es un despropósito que hace al disco sea mucho más cansino de lo que sería si estuviera bien estructurado, y que en general es una amalgama casi aleatoria de temas a los que no se ha prestado atención. Si hay algo que define este disco es la desgana, ya hablemos de su composición o su producción en general.

Y sin embargo, de un modo extraño, no es un fracaso, no suspende, pero es la prueba irrefutable de que Lana Del Rey, que ya se había apoltronado en su propio estilo, ha perdido totalmente las riendas de su trabajo y no parece importarle en absoluto. Podría decirse que hay signos de evolución en su sonido, que toma elementos de ayer y de hoy y los junta para hacer algo nuevo, si buscas un clavo ardiendo al que agarrarte, pero vamos.

En resumen, “Lust For Life” es un disco mediocre que no merecía su propio final, y quiero creer, una vez más, que esta será la ocasión en la que Lana Del Rey deje de quemar su propia fórmula y, por fin, decida evolucionar de verdad. Sigue siendo una artista con talento, eso es imposible de negar, pero si necesita tirar de sí misma para llevar un disco adelante y éste es el resultado, quizá sea hora de replantearse algunas cosas. Sin embargo, si se decide a mejorar, la música pop podría tener de vuelta a una artista capaz de hacer virar a todo el género en la dirección que señale. Y eso es algo que esperamos ver más pronto que tarde.

Lana Del Rey – Lust For Life

5.1

“Lust For Life” marca el fin del estilo al que Lana Del Rey nos tiene acostumbrados. Su insistencia por apegarse a una fórmula exitosa ha terminado en vía muerta, y como resultado tenemos un disco caótico, desorganizado y hecho sin ganas. Pese a sus ocasionales triunfos es difícil salvar este disco e imposible obviar sus muchas lagunas y catástrofes. Solo cabe esperar que, después de este trabajo, Lana se decida a madurar y hacer evolucionar su estilo para, por fin, explotar su talento.

  • “13 Beaches” y “Tomorrow Never Came” son, cada uno en su línea, los mejores temas de todo el disco.
  • Hay muchos elementos familiares que, en ocasiones, llegan a sorprender encontrando nuevos giros.
  • Las canciones con buenas letras están a kilómetros del resto.
  • La tríada final, a pesar de su densidad y lo poco que tiene que decir, está bien ejecutada y es un esfuerzo meritorio por cerrar el disco con dignidad.
  • A$AP Rocky es un acierto inesperado y agradecido.

  • El orden de canciones es una catástrofe por pura dejadez, y tanto por temática como por sonido están completamente desconectados.
  • Hay demasiadas canciones y son demasiado largas, factor que, sumado a su estructura, contribuye a que la escucha se haga pesada y molesta.
  • Las letras, las más de las veces, son mediocres; cuando no, son de vergüenza ajena.
  • Las colaboraciones no están bien distribuidas a lo largo del disco. Lo de The Weeknd es particularmente sangrante.
  • No hay un estilo definido, sino una mezcla aleatoria y poco meditada de elementos de sus discos anteriores y de otras tendencias, que aunque a veces da lugar a aciertos suele acabar bastante mal.

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