Allí donde la masa de un riff lisérgico aumenta de manera exponencial, donde la psicodelia coquetea con temeridad y alevosía con las sonoridades del doom metal y las carreteras que atraviesan la San Francisco del Verano del Amor se comunican con una autopista que cruza el desierto… en esa zona de indefinición se sitúa el stoner rock. No pretendo ahora dármelas de experto y soltar una cátedra sobre lo que deba ser el stoner rock. Por la red hay decenas de artículos para aquellos no iniciados que quieran saber más acerca de uno de los géneros más atractivos y quizá más injustamente desatendidos de las últimas décadas. Además, cualquier dogma que soltara podría servir como cebo para la ira y el rasgamiento de vestiduras de los más veteranos en el asunto.

Fue a mediados de los noventa cuando aquellas bandas metaleras en la forma y psicodélicas en el fondo como Kyuss, Sleep o Fu Manchu hicieron germinar un género allí donde Blue Cheer, Black Sabbath o incluso Grateful Dead habían dejado una semillita. El caso es que ya han pasado más de veinte años y podría decirse que el stoner rock está viviendo una especie de mini-segunda edad de oro. Pero este segundo torbellino stoner muchas veces tiene más incidencia cuantitativa que cualitativa. Haced la prueba y comprobad en Rate Your Music la cantidad de álbumes que ha parido el género en los últimos meses. La cantidad es simplemente inabarcable y hacer una mínima criba puede resultar agotador, puesto que hasta dar con algo que realmente merezca la pena podemos encontrarnos con más de media docena de grupos fusilando el “Welcome to Sky Valley” de arriba a abajo.

Éste no es el caso de Elder. Los de Massachusetts llegan a su cuarto álbum de estudio logrando un sonido plagado de referencias aunque eminentemente personal que, por si fuera poco, no ha parado de mutar, progresar y enriquecerse con cada nuevo trabajo de estudio. De un stoner más asentado en el doom metal, DiSalvo y compañía han ido acercándose cada vez más a lo sugestivo de la psicodelia y el space rock jugueteando incluso con ciertos elementos progresivos en el presente “Reflections Of A Floating World”.

“Reflections Of A Floating World”: vuelo autopropulsado hacia ninguna parte

Cuando este conjunto stoner quiere asomarse al prog lo hace siendo plenamente consciente de que si quieres cruzar el desierto, tus botas acabarán manchadas de polvo y lodo.

Claro que no sólo puede ponderarse la consecución y perfeccionamiento de una receta propia, lo fundamental es que el plato se muestre apetecible y creo que no soy el único que puede permitirse aseverar con rotundidad que el menú que Elder lleva años ofreciéndonos a los amantes de la psicodelia pesada resulta de lo más sabroso. El trío practica un stoner en el que, cómo no, los riffs de varios quilates actúan como piedra angular en la arquitectura de sus composiciones. Sin embargo, las fuertes sacudidas propinadas desde la contundencia de sus rasgueos no impiden al grupo alzar el vuelo e invitarte a sobrevolar sin motor paisajes mutables e infinitos. Ese dinamismo que transita a través de la tensión entre lo pesado y lo espiritoso propia de las grandes bandas del género es un elemento que Elder han hecho suyo y han imprimido de diferentes maneras en cada uno de sus álbumes.

Fotografía: Tinnitus Photography

Las fuertes sacudidas propinadas desde la contundencia de sus rasgueos no impiden al grupo alzar el vuelo e invitarte a sobrevolar sin motor paisajes mutables e infinitos. Ese dinamismo que transita a través de la tensión entre lo pesado y lo espiritoso propia de las grandes bandas del género es un elemento que Elder han hecho suyo y han imprimido de diferentes maneras.

Los once minutazos de “Sanctuary” son un buen ejemplo de lo que digo. Estamos ante la primera de las seis olas con las que los bostonianos amenazan (ya desde la propia carátula) con golpearnos en este LP. De hecho, la imagen de una ola rompiendo con fuerza contra las rocas y dejando a su paso un eco sordo y un rastro de espuma resulta una metáfora bastante sugerente de la forma en que se comportan las canciones de DiSalvo, Couto y Donovan. El disco se inaugura con unos guitarrazos poderosos, de esos que podemos encontrar en aquel monumento al riff que fue “Lore”. La progresión del tema es enérgica y vigorosa, pero cocida a fuego lento, invitando a cerrar lo ojos y soñar, dando muestras de lo cómodo que se encuentra el trío desarrollando largos pasajes instrumentales en los que no sobra ni una décima de segundo. Los noventa segundos de ambientación psicodélica que abren “The Falling Veil” vuelven a dejar patente que a Elder no sólo les interesa poner el fuzz a tope y hacer ruido. DiSalvo y compañía parecen disfrutar moviéndose entre compases más propios del doom y el stoner unas veces y otros momentos más cercanos al rock progresivo e incluso a la sugestión del post-rock. En cualquier caso, es un gusto comprobar cómo, a pesar de ser grandes músicos, jamás caen en una suerte de síndrome del músico de estudio, poniendo demasiado énfasis en la técnica. Al contrario, cuando este conjunto stoner quiere asomarse al prog lo hace siendo plenamente consciente de que si quieres cruzar el desierto, tus botas acabarán manchadas de polvo y lodo.

Sin recurrir a piezas de stoner rock tan totémicas como las de sus segundo y tercer álbum, Elder han conseguido un discazo finísimo dentro de su género con “Reflections Of A Floating World”. Ponerse fino en el stoner, ¡menuda incoherencia!, pensarán algunos. Pero así es.

La ensoñación y acidez que contiene “Staving Off The Truth” conseguirán elevarnos otro par de metros más sobre el nivel del mar, aunque es ciertamente probable que por el camino nos llevemos algún que otro guantazo en la frente. Continúan aquí alimentando su faceta más empírica y preciosista sin perder apenas fiereza: ahí siguen las cuerdas reverberando con violencia junto a una batería que imprime ritmos sólidos como una roca, pero sin que todo esto actúe en detrimento de su capacidad para dibujar finuras y cuidar con mimo cada detalle. En este punto podría compararse el stoner de Elder con una robusta catedral gótica de contundentes cimientos y macizas columnas y contrafuertes que muestra al tiempo una detallista ornamentación. Le sigue “Blind” y a mí ya se me acaban las palabras. Aquí ya no es que nos hagan levitar, es que nos ponen directamente en órbita. Nos encontramos ante una de las mejores y más extensas canciones creadas por los norteamericanos construida a base de capas de distorsión, riffs atronadores, una sección rítmica asincopada que pide siempre nuestra atención, expresivos solos de guitarra y una actuación vocal de DiSalvo que roza el sobresaliente. Como ya hemos dicho en otras ocasiones hablando de psicodelia: lo importante no es destino, sino disfrutar del trayecto. Especialmente en “Blind”, Elder proponen un viaje a ninguna parte sencillamente espectacular.

Sin demasiados alardes de vanguardismo ni pretensiones tecnicistas, sin utilizar una paleta de colores radicalmente diferente a la de sus obras anteriores ni variar en exceso la fórmula de los grandes clásicos, los bostonianos han creado un cuadro personal, hermoso y progresista a partes iguales en el que cuidan con mimo hasta el más mínimo detalle sin comprometer la garra del fuzz saliendo de los amplificadores a borbotones.

Tras algo así consiguen que volvamos a caernos de culo con “Sonntag”, una pieza enteramente instrumental donde dan rienda suelta a su vena más experimental. Habrá, como siempre, algún metalero de pro que sienta en sus carnes el amargor de la frustración y el desengaño, pero a mí me parece que esa manera de refugiarse en el krautrock mediante la repetición mántrica de una idea tan aparentemente simple es un acierto mayúsculo que abre horizontes aún más amplios a su sonido. Cierran con “Thousand Hands”, que reúne todas las bondades del trío proyectando un lisérgico y poderoso crescendo que puede servirles para presumir de ser capaces de crear un sonido tan rico como el emitido por treinta músicos con la precisión de uno solo.

Al final, sin recurrir a piezas de stoner rock tan totémicas como las de sus segundo y tercer álbum, Elder han conseguido un discazo finísimo dentro de su género con “Reflections Of A Floating World”. Ponerse fino en el stoner, ¡menuda incoherencia!, pensarán algunos. Pero así es, sin demasiados alardes de vanguardismo ni pretensiones tecnicistas, sin utilizar una paleta de colores radicalmente diferente a la de sus obras anteriores ni variar en exceso la fórmula de los grandes clásicos, los bostonianos han creado un cuadro personal, hermoso y progresista a partes iguales en el que cuidan con mimo hasta el más mínimo detalle sin comprometer la garra del fuzz saliendo de los amplificadores a borbotones.

Elder – Reflections of a Floating World

8.5

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El cuarto disco de Elder gustará a todos los amantes de la psicodelia y los sonidos pesados que no tengan miedo al cambio.

Up

  • El punto justo entre la experimentación y el respeto por los clásicos.
  • Enfatizan el componente evocador de sus canciones.
  • El cruce imposible entre el kraut y el stoner en “Sonntag”.

Down

  • En el aspecto lírico es donde resultan menos memorables.