Es un chico especial, éste Tyler, the Creator. Él siempre lo ha sabido de sí mismo. Posiblemente su madre también lo intuyera desde que era adolescente y dejó su currito en FedEx. Su padre seguro que no, porque si hay algún aspecto de la identidad del nacido Tyler Gregory Okonma que ha sido abordado en sus letras de manera 0% ambigua es el odio que profesa hacia la figura paterna ausente. En algunas canciones con rabia, en otras más tirando a la pena, pero lo poco que parece haber de obvio en su extremista personalidad es que a ese señor de Nigeria no cree deberle nada aparte del apellido africano (y el maldito bello facial, claro).

El noble arte de la autocita sónica en “Flower Boy”

Tyler, the Creator se da un paseo a trote por el enternecedor soul de la edad del pavo a través del cual está tratando de construir su universo privado y fantástico definitivo.

Otro asunto que quedaba bastante zanjado (o al menos, eso se creía previamente al lanzamiento de “Flower Boy”, su cuarto álbum de estudio sin contar la mitológica mixtape debut “Bastard”) es el de la imposibilidad práctica de que Tyler, the Creator fuera homosexual porque en sus canciones acostumbra a soltar perlitas muy ofensivas del tamaño de “How many fags can a lightbulb screw? / Well if it has a dick, maybe two or six(“¿Cuántas bombillas se necesitan para encender a un marica? / Si la bombilla tiene polla, quizás dos o seis). Sus hipérboles y metáforas (que son como la sangre en las películas de Tarantino, tan roja, tan viscosa y caudalosa, tan melodramática que parece imposible que alguien no se dé cuenta de que carece incluso de la intención de ser tomada en serio) deben necesariamente convertirle en un homófobo irredimible (OBVIAMENTE), igual que la violencia gratuita en Kill Bill convierte a su director en genocida en potencia (POR SUPUESTO).

¿Pero qué sucede cuando, en el cuarto sencillo del nuevo “Flower Boy”, dice que lleva desde 2004 besando a chicos blancos? Pues oleadas de personas explotándoles la cabeza, dejando sus trabajos de 8h a 17h y yéndose de retiro a la India para reencontrarse con el cosmos porque en ésta sociedad de la información ya no puede uno confiar ni en que los raperos que escriben versos sobre bombillas y gays sean, en el fondo e irremediablemente, empotradores de pelo en pecho con Premium Membership del Opus Dei. Malditos artistas, ¿por qué sus obras no podrán ser el reflejo inequívoco y directamente proporcional de sus propias personalidades? Qué estrés de postmodernidad.

Sigue habiendo algo que no acaba de petar, un click que no se escucha, una losa que no deja ir. El chico especial que nos instó a encontrar nuestras alas tiene todavía él mismo la tarea pendiente de encontrar su par.

Y ahora que ya hemos tratado sin conocimiento de causa las preferencias sexuales de un extraño, y por si a algún raro le interesa más el hecho de que Tyler, the Creator haya sacado un disco que el tipo de carne que le gusta meterse en la boca en privado, “Foreword” es el primer indicio de que hay un algo latente a lo largo de “Flower Boy” que ya se ha oído antes. La constante vital que abre el álbum (intercalada por la profesión de un par de tacos ahogados) se precipita al vacío en un arreglo de cuerdas medio etéreo, recurso que ya empleó para aquel onírico “Slater/Escape-ism” del que fue partícipe el infame Frank Ocean en su “Wolf” de 2013. La novedad, por ahora, recae sobre el refinamiento oral del antaño hiperblasfemo Tyler, quien va subiendo en una correcta aliteración hasta alcanzar a la otra novedad/descubrimiento del disco; el británico Rex Orange County.

Hablando de Ocean, en “Where This Flower Blooms” cuela su primer cameo del “Flower Boy”, que, por cierto, es hermana gemela de “48”, otra en la que también intervino Franky hace 4 años. El interludio “Sometimes…” es también reciclaje de la sección final de “BLOW MY LOAD”, con el mismo Shane Powers (DJ de Golf Radio, la radio interna de Golf Media, aparato propagandístico de Tyler) que simula conducir un programa radiofónico ficticio. El giro de guión viene cuando la voz de un chico le contesta al conductor, claramente frustrado, que quiere que pinche la canción “que va sobre él” (“The one about me”). Se sobreentiende que esa es la siguiente en la lista, “See You Again”, una que, curiosamente, retrata a un ser ideal que sólo existe tras los párpados del rapero protagonista (“You exist behind my eyelids, my eyelids). El romántico que llevaba dentro y que asomó en “FUCKING YOUNG/PERFECT(igual de bien acompañado por la muy infravalorada Kali Uchis) se consagra aquí con frases que no queda claro si son extremadamente cursis o ñoñamente ingeniosísimas (“I wonder if you look both ways when you cross my mind). Y subiéndonos al tren de la teoría de la conspiración homosexual, ¿es posible que el romanticismo de Tyler suene tan sincero y convincente en “See You Again” porque se dirige más claramente a un hombre que a una mujer? Es posible.

Por suerte o por desgracia, su carrera artística parece ser de fondo; se aproxima a la meta, pero no la alcanza. Con toda la rabia, con toda la energía adolescente desbocada, disparando hambre y sed de vida y muerte a presión, a través de todos los orificios de su piel, con la ausencia total de filtros mentales y emocionales que mecen la guarida creativa de Tyler, the Creator.

Y de pronto, ¡bam!, patada en la boca a la sensiblería; “Who Dat Boy” es fresca e intensa a la vez, ligera pero adictivamente pegajosa y, sobre todo e indudablemente, bestial. Materializa, además, la cooperación de los dos inseparables Tyler, the Creator y A$AP Rocky, emperadores de la Costa Oeste y Este modernas, respectivamente. Fascina ver la influencia mutua que llevan ejerciendo el uno sobre el otro desde el mitológico Rocky and Tyler Tour, y cómo la del junior Tyler supera a la del senior Rocky con creces (véase el colorido videoclip para “Yamborghini High” de la neoyorquina y eternamente oscura A$AP Mob). Aun así, Rocky posee un carisma en la dicción con el que Tyler jamás podrá soñar y que le permite decir todo tipo de basura sonando a Yves Saint Laurent (lean su verso en “Who Dat Boy” en silencio, escúchenlo luego y noten la abismal diferencia de impresiones). En “Pothole” aparece un salvaje Jaden Smith que por Twitter dice ser hijo mental de Tyler o estar enamorado de él o todo al unísono, seguida de “Garden Shed”, la salida del armario de la discordia en la que nuestro Young T describe su presunta homosexualidad como algo que, creyó de joven, sería no más que una fase (“Truth is, since a youth kid, thought it was a phase / Thought it’d be like the Frank; poof, gone / But it’s still going on). Boredom”, el tercer single, junta a Rex Orange County, Corinne Bailey Rae y Anna of the North en un bucle estético de frases carentes de sentido que, dichas juntas y repetidas, molan un huevo. Y ya está. A Tyler, the Creator no le vengas a preguntar por mensajes ocultos. Tyler, the Creator hace las cosas porque molan. Y punto.

A Zane Lowe le contó la interesante historia tras la grabación de “I Ain’t Got Time!”: se hizo en el estudio de Kanye West, mientras éste se echaba la siesta. El beat iba a ser para él, pero no le gustó. A Nicki Minaj, quien se suponía que iba a contribuir con algún verso, tampoco le pareció gran cosa. Como historia no es para tanto, pero la recuperación del oscuro sample que en su día abrió el himno del proto-house “Groove Is in the Heart” (titulado “Introduction”, de Bel-Sha-Zaar, Tommy Genapopoluis & the Grecian Knights) sí es altamente estimulante. 911/Mr. Lonely” está dedicada a todo aquel que siga teniendo el santo valor de afirmar que Tyler, the Creator es un letrista mediocre. Ya pone un tentempié de la misma al final de “Who Dat Boy”, que sólo era un avance de sus capacidades voladoras. Se divide en dos partes: una primera pseudo-alegre y relajada, en la que trata el tema de la soledad desde la pasivo-agresividad o corrección política (que hoy en día son sinónimos), y otra segunda en la que revienta y se acelera. Ambas están separadas por unos coros de A$AP Rocky y ScHoolboy Q y embadurnadas del mejor rhythm & blues infantil heredado de Stevie Wonder. Fácilmente la pista mejor acabada de “Flower Boy”.

“Flower Boy” progresa más que adecuadamente, pero se intuye que podría haber aspirado a más.

Y si a alguien le ha parecido, al menos durante un destello de tiempo, que “Droppin’ Seeds” era la parte de Lil Wayne en “SMUCKERS” repetida, de nuevo, que no cunda el pánico; suenan tan peligrosamente similares que casi podría serlo. El eterno adolescente que se creía Tyler, enamorado más que nadie de su propia juventud, comienza a sentir nostalgias en “November”, y a la excelsa “FIND YOUR WINGS” de “Cherry Bomb” le sale una dignísima competidora en “Glitter”, otro de los puntos fuertes de su último trabajo discográfico, que casi podría entenderse que tiene una prolongación en la instrumental “Enjoy Right Now, Today”. Un paseo final por el enternecedor soul de la edad del pavo a través del cual Tyler, the Creator está intentando construir su universo particular y fantástico definitivo.

Pero todavía no, por ahora la obra no está terminada. Por suerte o por desgracia, su carrera artística parece ser de fondo; se aproxima a la meta, pero no la alcanza. Con toda la rabia, con toda la energía adolescente desbocada, disparando hambre y sed de vida y muerte a presión, a través de todos los orificios de su piel, con la ausencia total de filtros mentales y emocionales que mecen la guarida creativa de Tyler, the Creator, y aun así… Sigue habiendo algo que no acaba de petar, un click que no se escucha, una losa que no deja ir. El chico especial que nos instó a encontrar nuestras alas tiene todavía él mismo la tarea pendiente de encontrar su par. “Flower Boy” progresa más que adecuadamente, pero se intuye que podría haber aspirado a más.

Tyler, the Creator – Flower Boy

8.2

“Flower Boy” es la vuelta de Tyler, the Creator no sólo a la palestra de la controversia extramusical, sino también a los mini-mundos sónicos, a la narratividad incestuosa, a los múltiples voice-overs y alter egos y a la producción con ecos caseros. La obra maestra del líder de Odd Future está todavía por llegar, pero se presiente que no debe de andar muy lejos.

  • La recuperación de muchos trucos, clichés y manierismos Odd-Future-istas (tanto productivos como compositivos e interpretativos) que habían perdido protagonismo en el anterior y más sofisticado “Cherry Bomb”, así como la cinematografía/narratividad paralela de sus esfuerzos tempranos.
  • Las colaboraciones mejor encajadas de su discografía; hasta Jaden Smith suena convincente.
  • La autosuperación de Tyler, the Creator en su faceta de intérprete y compositor melódico.
  • La confirmación inequívoca de que estamos ante uno de los letristas más infravalorados del rap contemporáneo.
  • El afianzamiento de la arrolladora personalidad creativa de Tyler, the Creator, quien a la tierna edad de 26 años suena enteramente a él mismo.

  • La moderación. Tyler robó el corazón de una generación de alineados sociales por su capacidad de saltar de la extrema izquierda a la extrema derecha sin caer nunca por el centro. “Flower Boy” es pura corrección política, sónica y letrísticamente, cosa que aburre un poco viniendo de él.
  • La autocita/emulación casi calcada de momentos sónicos que ya había empleado en anteriores discos, una manía que, por otra parte, y con el inmenso ego del Creator, estaba tardando en manifestársele.

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