Fotografía: Nerea Coll

Tras cuatro intensos días en los que británicos, música, cervezas y sol, ingredientes fundamentales para el asentamiento del hooliganismo, han sido la constante, un servidor se pregunta para qué defienden los ingleses tanto Gibraltar si ya han conquistado el Festival Internacional de Benicàssim y se lo pasan mejor.  

Ya lo decían por allí: Los organizadores saben que su target se encuentra fundamentalmente en Reino Unido, y con los eventos nacionales similares que se han asentado y han hecho peligrar su trono, tienen que optar por esta vía, aunque nos duela. Es verdad que ésta es a la segunda edición a la que asisto (de las 22 que se han cumplido), y que tras hablar con varios artistas británicos, muchos dicen que han sido cocineros antes que frailes y que antes de ver los pogos, las bengalas y las banderas desde lo alto del escenario han sido parte de ello ante sus referentes.

Pero no nos engañemos. Estamos en España, y aunque es curioso ver –y seguro, desde la distancia– a miles de británicos extasiados ante los Liam Gallagher y Kasabian de turno, no compensa con todo lo que uno vislumbra y padece en el recinto. Piensen en cualquier burrada y acertarán. Y si ya se les ocurren burradas grandes que se puedan hacer dentro del reciento, imagínense en el camping. La anarquía se personaba en ese pequeño espacio entre las vías de tren y la montaña valenciana. Durante los días que se celebró el festival la basura no fue recogida ni una sola vez y el domingo algunas partes del reciento de acampada parecían un auténtico vertedero, en mi caso jamás había asistido a un festival con tanta suciedad y fallos de novatos, algo que  no se entiende en un evento que atisba al horizonte el cuarto de siglo.

Ante la sombra de verse relegado por los Mad Cool y BBK de turno, el FIB se esforzó por completar un cartel soberbio. Aunando fiables grupos nacionales con consagrados artistas internacionales –la mayoría anglosajones, lógicamente–, la costa mediterránea ha vuelto a estar a la altura.

Hecha la reivindicación, vamos con el meollo. Ante la sombra de verse relegado por los Mad Cool y BBK de turno, el FIB se esforzó por completar un cartel soberbio. Aunando fiables grupos nacionales con consagrados artistas internacionales –la mayoría anglosajones, lógicamente–, la costa mediterránea ha vuelto a estar a la altura, aunque como me dijo un conocido: Para ello, han traído un cartel que, salvo excepciones, podía ser de 1995.

JUEVES 13 DE JULIO

El certamen comenzaba el jueves con los neoyorquinos Sunflower Bean. La joven banda ponía su tesón ante el desangelado público que daba los primeros pasos dentro del mastodóntico recinto. Con solo un LP en el mercado, los de Brooklyn hacían lo que podían, aunque era con sus dos singles, “Easier Said” y “Wall Watcher”, cuando hacían que los presentes levantaran tímidamente los espumosos minis.

Gener y Belako ponían los primeros acordes nacionales. Desde luego, si yo fuera músico profesional elegiría a los vascos como grupo al que pertenecer. Se han recorrido absolutamente todos los festivales de nuestro país con apenas dos discos en el mercado, y su interminable gira ha provocado que haya perdido la cuenta de cuántas veces los he visto en vivo. Pero ahí siguen, desplegando energía y carisma y consolidándose como un valor seguro para este tipo de eventos.

La de Ride fue la primera gran actuación del día. Tras el mal sabor de boca que nos dejó la cancelación de Slowdive en el Mad Cool –aunque peor sabor de boca fue el motivo de ello– había ganas de quedar hipnotizados por uno de los estandartes del shoegaze. Con el sol dando sus últimos coletazos, los ingleses se subían al inmenso escenario Las Palmas con un nuevo trabajo recién estrenado, Weather Diaries (2017, Wichita Recordings/Play It Again Sam). Como ocurre con los pilares de géneros tan particulares como el shoegazing o el dream pop, los que somos fans de ellos disfrutaremos cada concierto al que asistamos, aunque para los enfervorecidos asistentes sedientos de puños en alto y cervezas por los aires supondrá un bajón con el que irse un rato a la zona de la música electrónica.

Ya entrada la noche, los islandeses Kaleo se presentaban con su estilo bluesero ante una afluencia más que considerable… en sus primeros 15 minutos. Lo malo de tocar justo antes de una gran actuación es que son muchos los que asisten para hacer tiempo y están más pendientes de que pasen los minutos que de lo que están presenciando. Cuando además la actuación es de un artista con el que poco tiene que ver, el eclecticismo brilla por su ausencia. Tras un cuarto de hora, una estampida de gente se dirigía al mencionado Las Palmas para ver salir a Stormzy. El rapero se enfrentaba a un ambiente caldeado, donde se escucharon cánticos a favor de Jeremy Corbyn con la sintonía del “Seven Nation Army”. Del concierto sólo puedo decir que, pese a no ser mi estilo, el MC actuó con sobriedad y ejecutó “Shut Up”, con ese reconocible sample del “Pale Shelter” de Tears for Fears. ¿Qué sería del hip hop sin sus referencias rockeras?

Tras Stormzy, otra vez la marabunta de gente corriendo en sentido inverso para coger buen sitio de cara a la actuación de The Courteeners. Poblado de millennials, la que fuera nombrada –como cada vez que sale alguna interesante– “gran promesa del rock británico” no defraudó en su directo. Quizá por el calor, por la sensación de ver a los de Middleton o simplemente por la nula capacidad de los ingleses para saber controlarse con el alcohol, las primeras filas estuvieron copadas por varios desmayos. Mareos aparte, con singles como “Are You In Love With A Motion?” o “Not Nineteen Forever”, el espectáculo y el desgaste físico están asegurados.

Llegada la media noche era el turno del primer gran cabeza de cartel. Abel Makkonen Tesfaye, a.k.a. The Weeknd, fue a lo seguro gracias a hits como “Starboy”, con el que abría el espectáculo, “Secrets” o “Can’t Feel My Face”. El problema: el conformismo de saber que, haga lo que haga, va a salir vitoreado y los excesivos arreglos que en ocasiones provocaban que el cantante fuera un maniquí bailón sobre el escenario. Pero sí, estaba a reventar de gente, por lo que imagino que la organización seguirá por estos lares.

Fotografía: Jota Martínez

Nada que ver con los genuinos hermanos Reid y su banda. The Jesus And Mary Chain, cabeza de cartel de la primera edición, –aunque canceló a última hora y al año siguiente tocó por partida doble, algo impensable en estos tiempos–, reunía a millares de espectadores deseosos de desengrasarse de tanta música enlatada. Hay bandas imperecederas, y pese a que si dabas un rodeo por el concierto veías a un público que podía haber sido el de hace veinte años, hay circunstancias inevitables.

Las actuaciones de los escoceses siempre han contenido un intimismo particular que se ha ido perdiendo en pos de las fotografías y los móviles alzados grabando en sus temas puntales. Por eso, para los que nos sobrevaloramos llamándonos melómanos y, además, nos consideramos románticos, tener que ver himnos como “Head On” o “Just Like Heaven” entre zooms y flashes se nos antoja frustrante. Aun así, ver a grupos tan solemnes siempre es un placer.

Fotografía: Adrián Morote

VIERNES 14 DE JULIO

Para la segunda jornada ya se esperaba aforo completísimo. Las estadísticas auguraban un lleno absoluto como hacía tiempo que no se daba, y al menos esa era la sensación que se respiraba. Tan sólo se atrevieron a asustar a los asistentes unos amenazadores nubarrones que se apoderaron de Benicàssim a última hora de la tarde. Pero nada podría parar las ganas de música y fiesta que se notaban.

Los pubescentes The Sherlocks abrían la tarde a base de riffs ruidosos y ritmos trepidantes. Con su álbum debut a punto de salir al mercado –”Live For The Moment” (2017, BMG)–, los de Sheffield beben con frescura de emblemas de las islas como Oasis, Stereophonics o The Libertines gracias a pegadizos temas como “Nobody Knows” o el que da nombre al disco. Tomaban el relevo en el escenario VISA (en mi opinión, el mejor emplazamiento en cuanto a sonido y localización) Childhood. El quinteto de Nottingham desplegó un show de tinte tropical acorde al lugar donde estaban tocando y durante cuarenta minutos hicieron las delicias de los asistentes.

Justo antes de comenzar la actuación de Temples hice una nota mental en la que criticaba a los programadores por poner a la banda a tocar tan pronto cuando merecía ser uno de los cabezas del viernes, visto el resto de grupos de este día. Nota mental que acabó tachada en cuanto cayó por completo el sol ante la narcótica melodía de “Colours To Life”. El grupo coliderado por James Bagshaw y Thomas Warmsley no disimula a la hora de cumplir con todos los clichés de las mejores bandas psicodélicas de los 60 y 70. Pero sin duda alguna asistir a uno de sus directos es lo más parecido que vamos a presenciar aquellos que por cuestión de edad no pudimos disfrutar de esa década alucinógenamente gloriosa. Los de Kettering fueron los que mejor amortizaron el tándem calidad-tiempo de toda la jornada. Con un total de nueve composiciones ejecutadas en apenas cuarenta y cinco minutos (otra nota mental negativa para los programadores, y ésta es impepinable), Temples consiguieron satisfacer a los presentes gracias a temazos como “Certainly” o la antes mencionada “Colours To Life”. Tampoco pudieron faltar hits como “Strange Or Be Forgotten” o “Shelter Song”, con las que clausuraron una actuación hipnótica que, debido a su brevedad, no pudo pasar de ser una confortable cabezada.

Con la llegada de Blossoms la redacción de El Quinto Beatle empezó a desdoblarse ya que este concierto coincidía en horario con Joe Crepúsculo y todo el mundo sabe lo irritante que llega a ser perderse a grandes artistas por cuestión de horario. En el escenario Las Palmas se pudo ver a una banda enchufadísima que disfrutaba de su público al 100% y que gozaba al ver a todas las personas asistentes (sí, en su mayoría británicos, al igual que ellos) cantar cada uno de sus versos. Prácticamente era como tocar en su mismísima Mánchester natal. Lo de Joe Crepúsculo es difícil de definir. Sus directos no dejan indiferente a nadie y, sobre todo, sirvió para que, durante al menos un rato, sólo se escuchara el castellano de los españoles más ‘indies’ mientras tarareaban y bailoteaban los temas alaskanianos del catalán, ante la incrédula mirada de los pocos extranjeros. “Suena Brillante” o “La canción de tu vida” han sido algunos de los éxitos que han sonado en esta liturgia verbenera propia de las fiestas de La Paloma.

Y, de repente, llegó un momento clave en el festival. Quizá fue el único momento en los cuatro días donde en el escenario principal se aglutinaron más españoles que extranjeros. Por desconocimiento del público inglés o por pereza a escuchar algo que no sea su idioma, la mayoría de personas se desplazaron al escenario VISA a ver a 2MANYDJS, y lo que se perdieron fue increíble. Los Planetas dieron un concierto fabuloso que estuvo empañado tan sólo por un sonido algo deficiente que hizo que a Jota se le entendiese poco o nada al cantar. Mucho de su “Zona Temporalmente Autónoma” y estos problemas mencionados propiciaron que tuviéramos que sabernos las letras a la perfección para darle sentido a la canción con tu misma voz. No obstante, fue un concierto apasionante de una de las bandas más míticas del FIB y que no dejó a nadie indiferente (bueno quizá a algún británico que esperaba a Foals, pero qué más da).

Y el plato fuerte de la noche llegó con Foals. Aquí sí se vio el éxito de público de la presente edición. Llenazo del escenario Las Palmas ante una banda que no defraudó. Foals en directo son un autentico espectáculo. Los asistentes no pararon de vibrar durante la hora y media (que apuraron al máximo) de concierto. Los británicos no se rompieron la cabeza y tiraron de todos y cada uno de sus clásicos para enloquecer a un público hasta arriba de alcohol y otras sustancias. Desde el primer minuto, con la puesta en escena de “Mountain at My Gates” (perteneciente a su último y notable álbum de estudio), los de Oxford pusieron en Benicàssim su mejor indie-rock. Destacable la actuación exultante del vocalista Yannis Philippakis, que llegó a bajarse hasta la zona del público y la seguridad tuvo que pararle para que no se arrojara hacia los fans. El espectáculo ideal para encender una noche en la que británicos y españoles tenían muchas ganas de pasarlo bien.

Con el 90% del público viendo a Foals, el cuarteto canadiense Austra, guiados por la poderosa voz de Katie Stelmanis, comenzaba gélida su actuación con “Future Politics”, single que da nombre a su último álbum. La majestuosa voz de la canadiense y temazos como “Utopia” iban congregando de forma progresiva  a una minoría que quedaba hechizada. “I Love You More Than You Love Yourself”, “I’m A Monster” o “Lose It” completaban una actuación en la que quedó cerciorado que la banda se basa exclusivamente en la vocalista. La nota electrónica la puso deadmau5. La zona de conciertos, de repente, se lleno de personas con gorros de orejas de Mickey Mouse, signo identificativo del mítico DJ. Ante un lleno algo más discreto que el de Foals, el canadiense impartió una clase magistral de techno-house. Para los entendidos en el género, no es muy habitual verle por nuestras tierras.

De esta manera terminaban los grandes conciertos de la segunda noche. Eran las 3 de la mañana, pero la noche sólo acababa de empezar para muchos. La fiesta continuó en el recinto con actuaciones de DJs en los escenarios menores y fiestas independientes en las que el desenfreno fue exponencial entre los asistentes. Especial mención a la fiesta con piscina que acabó en barrizal.

SÁBADO 15 DE JULIO

El sábado se presentaba como el día más fuerte de esta edición del FIB, por lo que había que estar preparado para la intensa jornada. La mañana comenzó en el camping con las pruebas de sonido de los Red Hot Chili Peppers. Canciones que hicieron olvidar a más de uno la resaca de la dura noche anterior y que levantaron al personal con muy buen humor. Curiosamente se ensayaron canciones míticas y no tan habituales como “Suck My Kiss” y “Aeroplane”, que presagiaban lo que quizá fuese un concierto de Red Hot algo diferente. Ya sabéis a lo que me refiero, sin saturación y monopolio del magnífico “Californication”. El panorama de la mañana del sábado era aterrador en el camping. Los ingleses sumidos en su habitual letargo matinal yacían rodeados de las botellas que habían bebido la noche anterior y sólo despertaron para tomar un poco de su dosis diaria de sol y dar aún mas color a su rojiza piel. El sábado era día de paellita valenciana y entrar pronto al reciento de música, porque las bandas que iban a tocar eran sensacionales.

La tarde comenzó con The Strypes, y no decepcionaron. Los irlandeses se reafirmaron como un grupazo al que su nuevo disco debe colocarle donde las expectativas le han situado siempre. Tienen absolutamente todo lo necesario para convertirse en baluartes del rock británico contemporáneo, y su directo engatusa desde el principio. Ante una oleada de banderas irlandesas, los de Dublín lo dieron todo sobre el escenario. Canciones como “Blue Collar Jane”, “Get Into It” o la maravillosa versión de “Psycho Killer” de Talking Heads les encumbran como unos fijos en futuras ediciones del festival. A media tarde les llegó el turno a los recientemente entrevistados LEICOMERS. Los sevillanos se presentaron en Benicàssim como una de las bandas jóvenes más prometedoras. Acaban de ganar el concurso Proyecto Demo del programa de Radio 3 Capitán Demo y decidieron demostrar su potencial en el R3 FIB Club. Una lástima que no hubiera mucha gente. Apenas un centenar de personas disfrutaron de un concierto que incluyó todas las composiciones del EP, innumerables improvisaciones y algún que otro tema inédito.

A las ocho y diez de la tarde aparecieron en el escenario Las Palmas una de las bandas más míticas (e infravolaradas al mismo tiempo) de la verdadera escena indie estadounidense. Dinosaur Jr. tocaban otro fin de semana más en España tras su paso por el Mad Cool Festival. Para los que llevamos años siguiendo a la banda de J Mascis es incomprensible como los de Massachusetts son aún unos desconocidos para mucha gente. Ellos se lo pierden, porque el concierto en Benicàssim fue magistral, una auténtica obra de arte que hizo gozar a una pista que se iba llenando progresivamente y que culminó cuando se tocó “Feel the Pain”. Uno de los sobresalientes del festival sin lugar a dudas.

Fotografía: Adrián Morote

Una larga media hora de espera separó su concierto del de Liam Gallagher. El ambiente se tornó en muy poco tiempo en el de un pre-partido. Cerveza, mucha cerveza. Guiris sin camiseta gritando: ¡Liam, Liam! Y muchas canciones cantadas a coro. Las Palmas se llenó con la puesta de sol y a las 21:30, sin hacer esperar a un público enloquecido, el pequeño de los Gallagher salió a escena con su andar habitual y “Fuckin’ in the Bushes” de fondo. Brazos caídos, actitud desafiante y piernas arqueadas. Liam estaba en casa y poco le importaba que hayan pasado dos décadas desde sus mejores tiempos, él sigue siendo una estrella de rock. Y así comenzó su concierto: “Rock ‘N’ Roll Star” encendió al público, que empezó desde el primer minuto con pogos en las primeras filas. “Morning Glory” siguió con la fiesta y ya para entonces los ingleses pasaban de mano en mano entre la gente, disfrutando como niños de uno de los iconos de su país. Tras aportar un poco de la buena nostalgia a los fans de Oasis comenzó la primera tanda de canciones de su ilusionante “As You Were”. “Wall of Glass” mejora aún más en directo siempre que la voz respete al de Mánchester (y lo hizo en Benicàssim) y sus nuevas “Greedy Soul” y “Bold” tienen muy buena pinta. En especial la primera, un tema cañero en el que Liam se deja la garganta cantando.

Liam estaba en casa y poco le importaba que hayan pasado dos décadas desde sus mejores tiempos, él sigue siendo una estrella de rock.

Una pausa y se vuelve a Oasis, “D’You Know What I Mean?” del polémico disco “Be Here Now”. La canción no es de las más tocadas en la historia de Oasis, y aunque estaba destinada a abrir el que iba a ser el mejor álbum de los 90, se quedó en una aspiración. El tema es sencillo de adaptar al rango vocal actual de Liam y la cantó de manera idéntica a 1997 para el goce de más de uno. A continuación, la mítica “Slide Away” y otra tanda del nuevo álbum. La épica “Chinatown” resonó en primera instancia y temazos como “You Better Run” o “Universal Gleam” pusieron fin a sus canciones en solitario.  

Quedaba sólo volver a “Be Here Now” con su canción homónima (Liam ha tocado en una noche más canciones del tercer álbum que Oasis en 12 años) y su odiada “Wonderwall” para contentar a la chavalería que le conociera menos, la cual ni terminó. Gesto de asco a la canción y para casa. Esta vez no hubo “Don’t Look Back in Anger” a capela, pero su voz se comportó mucho mejor que en Glastonbury. Liam fue simplemente Liam.

Mientras todo el recinto vibraba con el sorprendente directo del pequeño de los Gallagher, en el escenario VISA tenía lugar uno de los momentos más especiales de la jornada con el directo de los Surfin’ Bichos. Y no pudo ser mejor. Fernando Alfaro vaticinó que iban a tocar íntegro el “Hermanos Carnales”, álbum que editaron hace un cuarto de siglo y motivo de la reunión de la banda. Con toda la expedición británica en el escenario Las Palmas simulando un derbi de Mánchester, poco más de un centenar de personas disfrutábamos de himnos como “Humo Azul”, “Efervescente” o “Mi Hermano Carnal”. Una ceremonia que tuvo todo lo que anhelamos en la actuación de The Jesus And Mary Chain y que convirtió al concierto en una íntima oda a la particularidad.

Los Red Hot Chili Peppers se estrenaban en un festival del que hace unos años sería difícil imaginar que fueran cabeza de cartel. Pero más vale tarde que nunca. Prácticamente ningún alma se quiso perder a los californianos y tras una intro espectacular “Around The World” enloqueció al personal. El bajo de Flea sonaba increíble e hizo retumbar la caja torácica de aquellos que vivimos el espectáculo en las primeras filas. Afrontar un concierto de los Red Hot es todo un misterio porque no hay un setlist definido como con Liam Gallagher, deciden las canciones sobre la marcha y con tantos éxitos que tienen los Kiedis, Flea y compañía es inevitable pensar que alguno se va a caer. Sin tiempo para respirar uno de los temas insignia de “Stadium Arcadium” llena de color la pista y me pregunto, ¿hay una sola persona en el mundo que no conozca “Dani California”? Lo dudo.

Sigue la psicodélica “The Zephyr Song”, un temazo increíble que permitió respirar a los fans e hizo las delicias de los amantes de las canciones más pausadas. La voz de Anthony Kiedis sigue prácticamente intacta después de todos estos años. Toca seguir el show, y “Dark Necessities” es la canción elegida. Sin duda uno de los picos del más reciente “The Getaway”. Algo que sorprendió a todos fue que, de repente, sonasen los míticos acordes de “I Wanna Be Your Dog” de los Stooges. El homenaje a Iggy Pop fue magistral, aunque no tanto como los solos de batería de Chad Smith. Si fuera inglés, la reina ya le habría nombrado Caballero de La Orden. Se llevó el balón del partido, el MVP y el reconocimiento de todos. Espectacular. Con los años se le valorará aun más, pero no es descabellado afirmar que está en el top 3 de mejores baterías vivos.

A continuación sonó un tema poco conocido de “Californication”, “Right on Time”, antes de dar paso a uno de los últimos singles, “Go Robot”. Una pieza relajada muy en la línea del último disco de los de California. Y hablando de California… el que quizá sea el tema más icónico de la banda resonó con un público entregado al 100%. Poco que decir que no se sepa de “Californication”, sólo repetir que es apabullante que Kiedis pueda hacer que suene igual de maravillosa que en 1999. Sin embargo, no todo fue rodado para los Red Hot, ya que en primer lugar hubo fallos de sonido con el pinganillo de Anthony que cabrearon (y mucho) al vocalista, y luego está Josh Klinghoffer. No es por decir una vez más lo que ya se ha dicho mil veces, pero aunque haya mejorado sustancialmente respecto a la gira de “I’m With You” se echa de menos a Frusciante. Tocaba vuelta a “The Getaway” y el piano de “Dreams of a Samurai” se adueñó de la costa castellonense. Una apuesta diferente del cuarteto, escapando de sus moldes habituales de sonido de forma clara.

Seguidamente cover de Stevie Wonder con “Higher Ground” y el aire se torna místico con los primeros acordes de “Under the Bridge”. Como el buen vino, cada año que pasa es mejor. Atemporal y mítica, como “By the Way”. El final se atisba. El público sólo tendría la oportunidad de disfrutar “Goodbye Angels”, un clasicazo como “Fire” de Jimy Hendrix y el final apoteósico de “Give It Away”. El concierto se hizo corto y, aunque se quedaron en la cuneta clásicos como “Can’t Stop”, “Otherside”, “Slide Away” o “Parallel Universe”, lo único que se les puede echar en cara es no  haber tocado algo del “Mother’s Milk” y “Snow (Hey Oh!)”. Lo último es casi imperdonable.

Fotografía: Adrián Morote

El directo de Pete Doherty tuvo el inconveniente de coincidir de pleno con los Red Hot Chili Peppers y se notó mucho. En su escenario sólo se aglutinaron unos ya extasiados británicos que siguieron su particular aventura caótica ante un artista cada vez más deteriorado.

La parte más electrónica del tercer día corrió a cargo de los australianos Rüfüs y para finalizar las apuestas grandes del día los Biffy Clyro brindaron un show en mayúsculas. Personalmente, no eran una banda a la que siguiese concienzudamente, pero esa noche ganaron a muchos y se dejaron la piel en el escenario principal. El concierto no empezó con un gran lleno porque la gente necesitaba respirar tras horas de pie en el mismo sitio para ver a Liam Gallagher y a los Red Hot, pero se fue llenando progresivamente. Y es que lo que salía de sus guitarras sonaba potente y muy bien.

Fotografía: Adrián Morote

DOMINGO 16 DE JULIO

La última jornada notó en sus primeros compases los excesos del día anterior. Evripidis and His Tragedies y el compositor Ron Gallo abrían la velada con su mezcla de garage y punk. Con la sombra de Iggy Pop presente durante toda la actuación, el de Philadelphia llegó, vio y venció sin ningún tipo de floritura. Mención especial a la asombrosa versión rasgada del “You Gotta Be” de Des’ree.

El imberbe Declan Mckenna demostró en el escenario principal que es un artista a tener muy en cuenta en el futuro y esclareció por qué ganó el concurso de talentos emergentes de Glastonbury 2015. Mucho más destacada que la de los escoceses The View, una banda que pasó sin pena ni gloria por el festival. No toda la culpa es suya, pero salieron perjudicados por lo que vino después.

La actuación de Slaves fue, sin lugar a dudas, la sorpresa del festival. Si es difícil hacer un buen espectáculo siendo sólo dos, hacer enfervorecer a los allí presentes como lo hicieron Isaac Holman y Laurie Vincent es para invitarlos todos los años a todos los festivales importantes. A pesar de su controvertida fama, que sólo con el nombre de la banda uno imagina los motivos, el dúo se marcó un agresivo espectáculo que hizo que los asistentes al concierto de Liam Gallagher el día anterior parecieran de uno de Coldplay. Las trepidantes “Cheer Up London” o “The Hunter”, los constantes cantos políticos en favor de Jeremy Corbyn y la imponente presencia de Holman convirtieron la actuación en una congregación perturbadora donde los presentes podrían haber liderado una revolución contra lo que hubieran creído conveniente.

El toque español lo pusieron los enigmáticos Love of Lesbian. Enigmáticos porque, al menos a mí, me resulta desconcertante entender qué tiene de especial este grupo para tener tantos fans. Tras cambiar su hora y competir contra los sintetizadores de Years & Years en vez de contra Kasabian –las malas lenguas decían que obligaron a la organización a hacerlo así–, composiciones míticas como “Belice”, “Incendios de nieve” o “Planeador” conformaron un directo en el que los barceloneses juegan a caballo ganador ante un público entregado desde que salen a escena.

Pasadas las 00:30h, toda la atención se concentraba ya en el escenario principal. Veinte minutos después, Kasabian aparecían al son de “III Ray (The King)” para que el recinto entero estallara. Con un look tylerdurdiano, Tom Meighan saludaba a los presentes y hacía presagiar una actuación a la altura de la banda y el evento. “Bumblebee” hizo temblar los cimientos del festival y “Eez-eh” dejaba paso a los Kasabian de su más brillante etapa. “Underdog” y “Shoot The Runner” dejaban claro que los de Leicester cuentan con temas memorables que les permiten jugar con el eclecticismo musical y la electrónica. Mezclando piezas de su nuevo elepé como “You´re in Love With A Psycho” o “Comeback Kid” con las fiables “Club Foot”, “Empire” o “L.S.F” –con mención especial a cuando la tocaron por primera vez siendo teloneros de Oasis–, la banda de Meighan y Sergio Pizzorno reafirmó su potente puesta en escena. “Put Your Life On It”, móviles al aire, puso la nota sensiblera de la noche cerrada y “Fire” el colofón a la actuación de una banda que podía haberse comido el mundo, pero escogió vivir cada día sin expectativas.

Por último, Crystal Fighters puso la nota hippie con esa ductilidad mainstream que encandila a los adolescentes y aborrecen el resto para dar por concluido una de las ediciones más comerciales (no en sentido negativo) del FIB en los últimos tiempos.

Benicàssim ha presentado el mejor cartel en años para aplacar la cada vez mayor competencia y ha sido un éxito en cuanto a los conciertos brindados y asistencia. El enfoque al público internacional es cada vez mayor y se denota a la hora de elegir el cartel y sobre todo en el ambiente y los precios. Aun así el festival debe corregir multitud de aspectos en lo que se refiere a orden y sobre todo limpieza.

Textos: Borja Morais y Álvaro Cordero.