Lo que le ha pasado a Young Thug con su nuevo y reluciente “Beautiful Thugger Girls” recuerda bastante a la enésima fábula del artista prodigioso que no logra estar a la altura de los fantasmas de sus genialidades pasadas, como aquella del zorro de Augusto Monterroso, por ejemplo, maestro guatemalteco del microrrelato que poco tiene que ver con Thug, empezando por lo prolífico y acabando por todo lo demás. La del escritor habla de un tal Zorro cuyo primer libro fue “muy bueno, un éxito; todo el mundo lo aplaudió”. Tras éste escribió otro todavía mejor, y ahí se paró.

Ante el reclamo de sus seguidores para que publicara más libros, el Zorro entrevió las verdaderas intenciones del fandom, y pensó: “en realidad lo que estos quieren es que publique un libro malo; pero como soy el Zorro, no lo voy a hacer”.

Fábula del artista prodigioso que no está a la altura de los fantasmas de sus genialidades pasadas

Young Thug se asfixiará entre montañas de mixtapes mediocres y colaboraciones sin las que la humanidad podría sobrevivir a no ser que ponga restricciones a su (por otra parte) fascinante vomitera creativa.

Y no lo hizo. Lástima que Young Thug esté tan falto de la astucia canina de ese zorro comedido, y adolezca de una fiebre amarilla productiva que lo asfixiará entre montañas de mixtapes mediocres y colaboraciones sin las que la humanidad podría seguir su curso. Su anterior “JEFFERY” era un ente sencillamente imposible de emular, radical y bello en una acepción de ambas palabras única y diseñada exclusivamente por y para su creador. Nadie esperaba de “Beautiful Thugger Girls” una superación de su predecesor, de la misma manera en la que nadie le pide a Thugger que convierta el agua en vino; ni siquiera hacía falta un hito del country rap, como alguno se ha precipitado en catalogarlo. Lo que quizás sí que fuera necesario por su parte es que se parase a reflexionar de vez en cuando, ni que sea un ratillo corto, antes de dar total rienda suelta a la vomitera creativa. Es decir, que se tornara más selectivo, para variar. Yo qué sé. Es Young Thug, él sabrá lo que se hace, pero ahí lo dejo.

Fotografía: Harley Weir

Lo que sí que sería necesario por su parte es que se parase a reflexionar de vez en cuando, ni que sea un ratillo corto, antes de dar total rienda suelta a la vomitera creativa. Es decir, que se tornara más selectivo, para variar.

En “Family Don’t Matter” casi nos tragamos la historia de la obra maestra del country rap; está al borde de parecerse a que lo ha conseguido por segunda vez consecutiva, desafiando los límites cerebrales del hombre corriente, mandando a tomar por saco a la suerte del principiante. La ambientación satánica de un algo reproducido al revés desemboca en una mística balada para manifestación hippie o vaquera con la que jamás hubiésemos imaginado al héroe del trap sintiéndose cómodo. Y ya se sabe lo que sucede cada vez que un rapero acompaña su flow de una guitarrita o instrumento de cuerda, viento o percusión pertinente; que “La Flauta Mágica” de Mozart queda, según el criterio de sus admiradores, automáticamente desbancada por una tonada de tres minutos escrita en diez por un tipo cuyos conocimientos de solfeo se limitan al tatuaje de la clave de sol que se hizo un verano en el antebrazo.

Hay que sentir lástima por las personas que dicen no poder soportar la voz del nacido Jeffery Lamar Williams, más que nada porque pasar de su sistema bucal es perderse a una cincuentena de personalidades interpretativas condensadas en un cuerpo inimitable, entre cantantes, raperos, baladistas, susurradores, viejas escupiendo pollos y cabras montesas en celo. “Tomorrow Til Infinity”, eso sí, retrataría lo que no sin dudas podría ejemplificar el alter ego estándar de Young Thug: tirando a lo agudo y quejumbroso, vibrando de tanto en cuando y a punto de gritar todo el tiempo sin llegar a hacerlo nunca. Debería haber encajado en ésta a Future en lugar de en la horripilante “Relationship”, pero el mal ya está hecho. She Wanna Party” y “Daddy’s Birthday” son el resultado de haberse ido de gira con Drake y de dejarle producir el disco con la esperanza de que lo convierta en un mini-él (incluso hay ecos en la base del primero de esos dos temas del celebérrimo “Controlla” de Drizzy), pero Drake no hay más que uno, aparte de que alguien debería comentarle a Young Thug que con esos tatuajes faciales va a convencer a pocas madres de todas formas, así que mejor que se resigne de antemano a ser el malo de la película, que suele ser mucho más divertido. ¿Quién querría ser Drake cuando ya se es Young Thug?

“Beautiful Thugger Girls” es, en resumidas cuentas, un tobogán de lucidez sin sobresaltos; de lo más excelso en el track 1 a lo peorcito en el 14.

El Papa canadiense del rap sigue ejerciendo presión a lo largo del álbum, y proyecta sus obsesiones por el dancehall y Nigeria en casos como “Do U Love Me”. “You Said” no pasa de revisita agradable al “Bills, Bills, Bills” de las Destiny’s Child, al igual que “On Fire” no supera el guiño al grime de Giggs hasta que se cae en la cuenta de que se trata en realidad de un guiño a James Blake a tiempo parcial y la situación se vuelve de repente interesante. Se empieza a evidenciar que la sobre-estimulante complejidad de “JEFFERY” no volverá a hacer acto de presencia en “Beautiful Thugger Girls” cuando aparece Snoop Dogg en una pista titulada “Get High”. Young Thug tiene una tendencia bastante sana a recurrir a colaboradores desconocidos (Millie Go Lightly, Gunna, e incluso Lil Durk o Jacquees), así que esa es sólo la primera de una serie de razones por las que el estatus de Snoop Dogg ha pasado sin pena ni gloria por el estudio de grabación, en ésta ocasión.

Take Care”, y muy especialmente “Feel It”, son la comunión bien hecha de la rítmica minimalista pop de Drake y su compi productivo 40 con el barroco congelado de Thugger y su respectivo colega London on da track. Pero luego está lo de Post Malone produciendo “Me or Us”, quien además parece estar inmerso, junto a Miley Cyrus, Taylor Swift, Katy Perry et al, en una cruzada personal para convertir la música urbana afroamericana en una parodia inofensiva de sí misma. No entiendo cómo se ha dejado liar Young Thug, pero deseo fervientemente que se le pase pronto. Porque “Oh Yeah” tampoco es que sea notablemente mejor que la anterior, y “For Y’all” es un “no, gracias, más Santanas no, gracias” rotundo de principio a fin con todo nuestro ser.

“Beautiful Thugger Girls” es, en resumidas cuentas, un tobogán de lucidez sin sobresaltos; de lo más excelso en el track 1 a lo peorcito en el 14. No se esperaba mucho más teniendo en cuenta que “JEFFERY” estuvo en la cúspide de lo mejor del año pasado y que su sombra, desde la icónica portada hasta el infame videoclip de “Wyclef Jean” que se convirtió en tal sin siquiera llegar a serlo, será alargada durante décadas. Les pasa a todos los genios, es normal. Y no digo que Young Thug tenga que hacer como el señor Zorro de Monterroso y jubilarse mañana, pero tomarse la vida con calma y aprender a discernir lo que es llanamente potable de lo que le ha enviado Zeus directamente des del Olimpo en forma de beat… Eso sí. Pero repito que lo dejo ahí como sugerencia porque Young Thug sabe mucho más que yo de trap y de él mismo, dónde va a parar.

Young Thug – Beautiful Thugger Girls

7.0

A nadie le gusta ser el que va después del mejor, ni siquiera a los discos. “Beautiful Thugger Girls” sigue a “JEFFERY”, y por esa sola razón ya está condenado a ser, como mínimo, una ligera decepción. Era inevitable, debía suceder, y pese a que la originalidad y brillantez de Young Thug continúan siendo tan flexibles y flagrantes como siempre, el experimento con el country rap era excesivamente arriesgado para sus delicadas circunstancias profesionales.

  • La garganta y el aparato bucal de Young Thug son la navaja suiza de las gargantas y aparatos bucales.
  • Lo dolorosamente (en el buen sentido) distintivo del estilo de Thug y su manera de marcar territorio de rebuzno a grito pasando por fraseo.
  • Siento tener que insistir tanto, pero es que cualquier otro mortal rapeando y canturreando sobre un 50% de las 14 pistas del “Beautiful Thugger Girls” no merecería ni un 3, y éste álbum es un 7.

  • Que Drake le absorbiera la esencia a Young Thug, se la guardara toda para su “Sacrifices” del “More Life” y lo dejara seco y debilitado para así poder proyectar sus delirios obsesivos de minimalismo pop, dancehall y afrobeat en éste su nuevo disco.
  • El intento fallido de country rap podría haber estado bien.
  • La abstinencia total del estilo intrincado y complejo que hicieron de “JEFFERY” una obra maestra contemporánea.

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