Ay, la psicodelia: guitarras reverberadas, ritmos hipnóticos, la paz, el amor, los hippies, un verano que duró más de tres meses, San Francisco… ¿os acordáis? Pues no, es imposible. El universo simbólico que rodea a la música psicodélica puede resultarnos más o menos conocido a quienes hacemos y visitamos EQB, pero lo cierto es que, en términos generacionales, nos es completamente ajeno. Quizá haya alguna excepción, pero lo más probable es que tú, lector de esta página, no hayas sido joven a finales de los años sesenta, ni llevado flores en el pelo o coqueteado con el LSD en Haight-Ashbury al ritmo de Grateful Dead. Vamos, que aquel Verano del Amor de 1967 ensalzado en estos días en los que se cumple su 50 aniversario tiene poco que ver contigo.

Lo mejor es aceptarlo. No vas a ver a Jefferson Airplane en directo, no puedes cambiar el mundo, el hippiesmo ya no se lleva y el Festival de Woodstock (1969) no se repetirá. Y aunque está bien mirar al pasado (sobre todo a sus sonidos, si uno es un enamorado de la música), nadie puede obligarnos a vivir cargando con el peso de la nostalgia de aquello que nunca vivimos. Roky Erickson (13th Floor Elevators) cantaba que un día íbamos a levantarnos al amanecer y le echaríamos de menos al notar su ausencia. No seáis ilusos, no nos lo decía a nosotros; era 1967 y ni siquiera habíamos nacido, así que, ¿a qué viene tanta melancolía?

Si a pesar de todo quieres reivindicar tu juventud, aprovechar que se vuelven a llevar las barbas y camisas horteras, disfrutar de la experiencia sensorial que supone sumergirse en los compases de la psicodelia y, en definitiva, de ninguna manera estás dispuesto a renunciar a tu verano del amor, tienes dos opciones: rebuscar entre los vinilos de tus mayores o acompañar tus noches de verano con esta selección de canciones de psicodelia millennial (que suena casi igual de mal que aquello de neo-psicodelia).

Así es, aprovechando que en todas partes se celebra la media centuria de la eclosión de la música psicodélica, en EQB no hemos querido pasar por alto esta nueva oleada de grupos psicodélicos que empezó a coger fuerza en San Francisco (¿dónde si no?) a principios de esta década y sigue dando sus últimos coletazos en Australia y los confines del globo. Porque si sois de los que pensáis que los millennials también nos merecemos nuestro verano del amor, estaréis con nosotros en que no hay mejor forma de hacerlo propio que con nuestra música. El propósito de este especial es brindarnos el homenaje que quizá nadie se encargue de dedicarnos dentro de otro medio siglo. De manera que durante las próximas líneas ofrecemos una serie de piezas que podrían perfectamente ser otras distintas, pero nos sirven para rendir un tributo a algunas de las bandas que, especialmente durante el último lustro, están haciendo de la nueva psicodelia algo más que un ejercicio de copy-paste revivalista. Empezaremos con un repaso a algunos ejemplos de lo mejor o más interesante que nos ha dejado el rock psicodélico prestando especial atención a su versión pop y folkie para después comprobar lo que pasa si encierras a un grupo punk en un garaje y le das anfetaminas o haces lo propio con el cannabis y una de las muchas reencarnaciones de Black Sabbath (eso será en siguiente entregas, cuando hablemos de manera específica sobre garage psicodélico y heavy-psych).

1Pop y folkJosé Sanz Gil-Cepeda

1 | The Fresh & Onlys – Summer of Love

Me vais a permitir que me remonte a finales de 2010, pero es que sería imperdonable no inaugurar esta lista con una canción de The Fresh & Onlys. La referencialidad del título, a la postre, no ha sido más que un criterio incidental para elegir uno de los tracks de aquel fantásticoPlay It Strange” (2010, In The Red). Aunque en sus últimos trabajos se hayan expresado acercándose a la saturada escena garage perdiendo algo de su ADN genuino por el camino, uno debe quitarse el sombrero ante la que es, más que una banda de culto, una auténtica institución de la nueva psicodelia de la Costa Oeste. Las razones, además de su carácter pionero, la cantidad de bandas de la escena con que se puede relacionar a Tim Cohen de una u otra manera (veánse Magic Trick, Sonny & The Sunsets o Cool Ghouls) o el hecho de provenir de la mítica San Francisco, las encontramos en canciones como “Summer of Love”: esa mixtura del aroma de lo añejo y el sabor agridulce del pop ácido que no queda comprometido por la ambientación oscura que presentan sus composiciones, todo ello servido en un formato folk-rock casero que rehuye las comparaciones con Buffalo Springfield o Bob Dylan.

Y lo mejor es que todo en el trabajo de Tim Cohen y los suyos se hace sin caer en la impostura, la presuntuosidad ni el homenaje excesivo al 67. No me cansaré de reivindicar a los Fresh & Onlys como un grupo hacedor de un folk-pop-psych-whatever tan personal, evocador, atemporal y sencillo como imprescindible. Este agosto vuelven a la carga con un nuevo disco, la espera puede hacerse más corta repasando éste y algunos de los caramelos de su discografía en las noches de verano, y si es frente a una fogata de campamento imitando la portada de su tercer disco, mejor que mejor.

2 | Crystal Stilts – Flying Into the Sun

Otros que han abierto decenas de caminos durante esta última hornada psicodélica son los Crystal Stilts. Resulta complicado explicar en pocas palabras a qué suena esta banda proveniente de Brooklyn, pero “Flying into the Sun” podría darnos algunas de las claves de por qué se les ha definido como una mezcla de Joy Division, los Doors y la Velvet Underground. Precisamente en la aproximación de sonoridades tan dispares es donde reside el mérito de estos chicos de quienes no sabemos demasiado desde la publicación de su último disco con el también psicodélico y neoyorkino sello Sacred Bones hace más de tres años.

Siempre evitando caer en el manido saco del garage-psicodélico, han sabido forzar la fórmula del rock lisérgico de Morrison y Manzarek, el post-punk de su ciudad y la oscuridad velvetiana sin perder de vista el toque folkie del jangle pop de los Smiths, The Clean o la propia Velvet Underground. Crystal Stilts son todo un tratado de cómo mezclar influencias sin caer en la parodia ni la pérdida de la propia personalidad. Reconozco que no a todo el mundo puede gustar la oscuridad seca que imprime la banda a través de la ruidista guitarra de JB Townsed y las maneras de crooner indolente de Brad Hargett, pero es escuchar ese “There’s a black hole behind these eyes / That takes everything with it when it dies” y yo ya no respondo.

3 | Allah-Las – Catamaran

Cualquier canción de su último disco hubiera encajado a la perfección, pero el cuerpo me pedía acudir al debut discográfico de Allah-Las, un álbum que es EL VERANO. “Catamaran” no sólo es uno de sus singles más icónicos, sino que expresa a la perfección la esencia de esta banda: rasgueos lánguidos y soleados, un uso maraviloso del hammond, cierta querencia por el surf y el espíritu de todas esas bandas underground que uno puede encontrar en álbumes recopilatorios de finales de los años sesenta.

A pesar de querer desprenderse de su etiqueta ‘sixties’, donde mejor funciona la banda es en temas como los de su primer álbum, situándose en una suerte de tierra de nadie fronteriza con el sonido de conjuntos como Buffalo Springfield, Love y The Human Expression. Es ahí cuando multiplican su efecto evocador; si no me creéis, probad a escuchar “Catamaran” en noviembre y decidme si no os transporta al verano de manera inmediata. Es por eso que, a pesar del evidente revivalismo, no podía faltar en nuestra selección la psicodelia surfera y perezosa de Allah-Las, ideal para acompañar tus siestas del mes de agosto o musicar tus viajes a la costa estas vacaciones.

4 | Foxygen – San Francisco

A semejanza de la canción de igual título de Scott McKenzie (1967), el triunfo comercial de Foxygen, sin ser una banda exclusivamente psicodélica, puede explicar por qué de pronto volvieron las flores en el pelo y los looks sixties a los artículos de las revistas de moda sobre ‘outfits recomendados para ir de festivaleo. Si otros nombres de esta lista han procurado crear un estilo más o menos personal, Foxygen han copiado con alevosía, simulación e histrionismo lo mejor del glam, blues lisérgico y rock psicodélico de hace cincuenta años, siendo quizá su actitud desbocada y exagerada lo que les hace realmente auténticos.

De aquel segundo LP más exitoso aunque menos original salen pildorazos como “On Blue Mountain”, pero es al rebajar el fuzz y mirar al pop psicodélico más barroco, infantil y tontorrón cuando se ganaron el reconocimiento de público y crítica con temas como “San Francisco”: Una pieza con evidentes alusiones al Verano del Amor a la que es imposible encontrar mácula alguna y que no puede faltar en nuestra banda sonora del verano.

5 | The Paperhead – Dama de Lavanda

De Los Ángeles nos movemos a Nashville para rescatar esta preciosidad del último disco de The Paperhead (2017, Trouble In Mind). Sus influencias jazzeras y latinas explotaron este año haciendo de su pop psicodélico un producto de gran calidad que podría valerles comparaciones con el “Forever Changes” de Love (1967) o un Syd Barret colocado y cubierto de caramelo. Un grupo de pop que huye de las tendencias dreamy e intimistas en las que se refugian la mayoría de sus competidores.

La pista escogida, “Dama de Lavanda”, exhibe de manera magistral esa tensión entre las atmosféras psicodélicas y la concisión del mejor pop que define el sonido de la agrupación.

6 | Quilt – Eliot St

Pero también hay espacio para el desamor en este nuestro Verano del Amor particular. Quilt lo expresan con belleza y amargura en el agridulce estribillo de “Eliot St.”:

Oh, I can’t sleep
I’m thinking all too much
And never showing up
And I’ve had no luck”

La formación de Boston es otra de las que juega a la psicodelia desde el pop construyendo una carrera ascendente. A pesar del cuidado en los arreglos, sus referencias no son tan preciosistas como las de The Paperhead. Quilt reproducen un folk/pop psicodélico luminoso acercándose al jangle pop, pero resultando más convincentes en su faceta lisérgica que grupos más conocidos como Real Estate o Beach Fossils. Digamos que si su género fuera Nocilla, The Fresh and Onlys serían la parte negra y Quilt la de chocolate blanco.

7 | Black Market Karma – Heady Ideas

Si lo que queremos es emprender un viaje espacial, los siete minutos y medio de “Heady Ideas” podrían traducirse en un considerable ahorro en sustancias estupefacientes este verano. Los londinenses se han pasado el último lustro facturando de manera compulsiva algunas de las mejores piezas del rock psicodélico de nuestra generación. Rebajando la violencia de los grupos de garage actuales con quien se les suele comparar, los Black Market Karma han conseguido un estilo muy particular entre el shoegaze, el space rock y la psicodelia al fusionar elementos de la discografía de Spacemen 3, la Velvet o The Brian Jonestown Massacre y The Black Angels (estas dos últimas bandas, por cierto, no han encontrado acomodo en esta lista al ser anteriores al período temporal que pretendemos abarcar en este artículo).

8 | The Holydrug Couple – If I Could Only Find You (Eternity)

Pero para hacer psicodelia no es necesario vivir en California, ni siquiera en los Estados Unidos. Así lo demuestran ciudades como Santiago de Chile con una escena psicodélica de lo más envidiable con bandas guitarreras como Chicos de Nazca, Vuelveteloca o La Hell Gang, los kraut-psicodélicos Föllakzoid o estos reverberantes The Holydrug Couple.

El dúo santiaguino exacerba su vertiente pop más lennonesca en “If I Could Only Find You (Eternity)” como si estuviéramos ante una suerte de Tame Impala latinoamericanos algo más sugerentes. Otro gran fichaje de la Sacred Bones Records que demuestra que esto de la música psicodélica no entiende de fronteras.

9 | Kikagaku Moyo – Kogarashi

Otro lugar al que ha llegado la fiebre psicodélica del tercer milenio es Japón. Nacidos de la asociación juvenil y callejera conformada por dos jóvenes tokiotas en el verano de 2012, Kikagaku Moyo no han dejado de crecer asentándose en el circuito independiente psicodélico europeo y americano con recurrentes apariciones en festivales del género como el Levitation Fest (antes conocido como Austin Psych Fest).

No es necesario entender la letra de “Kogarashi” para disfrutar de la magia de Kikagaku Moyo. La lengua aquí no actuará como frontera sino como puente que trenza las influencias orientales de su folk psicodélico, espacial y prácticamente inclasificable. Una opción tremenda para acompañarte en tus mañanas de resaca veraniega.

10 | Goat – Goodbye

Pero si hay una banda que ha roto esquemas en la psicodelia a partir de la experimentación y la mezcla de influencias y tradiciones culturales aparentemente antitéticas ésa es Goat. Los suecos, que en su último disco se confirmaron como el enorme grupo que son, combinan en “Goodbye” ritmos tribales de la música africana, la sensibilidad empírica de las bandas kraut de los setenta y mántricos arpegios importados directamente desde la India.

Casi ocho minutos de viaje lisérgico a ninguna parte que en directo resultan aún más sugerentes gracias a las máscaras y disfraces africanos de los que echan mano los miembros de la banda.

11 | Wooden Shijps – These Shadows

¿Qué es psicodelia?, dices mientras clavas en mis oídos un hammond y tu guitarra distorsionada. ¡Qué es psicodelia! ¿Y tú me lo preguntas? Psicodelia eres tú.

Ha sido dura la decisión de no introducir en esta lista a la otra gran banda del bueno de Ripley Johnson, quizá de mayor actualidad en estos días: Moon Duo, el proyecto que co-lidera junto a su mujer y que es uno de los estandartes de Sacred Bones. Pero es que nos parecía imperdonable permitir que algún jovencito confuso y sediento de las sensaciones que producen en su sistema nervioso central sustancias como el LSD se perdiera un temón como “These Shadows”, no podíamos permitirlo. Por lo que, a pesar del carácter limitado de nuestro número potencial de lectores, queremos asegurarnos de que nadie se quede sin su dosis de fuzz sanfranciscano este verano.

La voz lánguida de Ripley, un abuso de los teclados que a mí me parece estupendo, retales de space rock, un riff perezoso y repetitivo que rezuma ácido y marca el ritmo… Todo está dispuesto para dejarse llevar sin preguntar cuál es el camino.

12 | Hookworms – On Leaving

Otros que demuestran que lo importante es el viaje y no el destino son Hookworms. Los británicos se mueven entre la psicodelia fiera, ruidosa y acelerada y el krautrock más alucinado y drogata. Es por esta segunda vía por donde Hookworms nos llevan de la mano durante los seis minutos hasta los que se extiende “On Leaving”. Normalmente suelo preferir los grupos que lo ponen todo patas arriba y Hookworms saben cómo hacerlo, pero es en su versión lenta y embriagadora cuando realmente brillan.

Casi tres años han pasado desde la publicación de “The Hum”, quizá este verano decidan sorprendernos con el anuncio de un nuevo álbum de estudio. Hasta entonces, siempre podremos introducirnos en el trance absoluto al que nos invitan piezas como ésta.

13 | Ryley Walker – The Halfwit in Me

De los ambientes viciados pasamos al aire puro que nos regala Ryley Walker en sus composiciones. Por mucho que se le compare con Nick Drake, Walker no es un cantautor folkie al uso. Así lo demostró el pasado 2016 con el personalísimo discurso de “Golden Sings That Have Been Sung” (Dead Oceans).

Con un pie en el jazz, otro en la psicodelia y mirando de reojo al progresivo, el estadounidense nos deja joyas como “The Halfwit in Me” capaces de expresar una gama de colores más vivos que los que componen la portada de su disco. Por supuesto ahí siguen las referencias sesenteras y el agradable sonido orgánico de la tradición norteamericana, pero que nadie te engañe: Ryley Walker es un artista apto para los tiempos que corren, sobre todo para el verano. Nada como pinchar este tema en las tardes de amodorramiento de julio y agosto tirado en el sofá, con la tele encendida pero en silencio (quizá emitiendo alguna etapa del Tour), haciendo absolutamente nada…

14 | Woods – Love is Love

Llegamos al final, pero no vamos a olvidarnos de la que es una de las bandas de cabecera (tanto en el psych como en la música en general) de algunos redactores de esta casa. Woods llevan una década haciendo música como quien se dedica a la repostería: respetando la tradición, midiendo con mimo la cantidad empleada de cada ingrediente y logrando un sabor casero y personal. Igual que no hay dos bizcochos de tu abuela que te sepan igual, no vas a encontrar dos discos de esta gente que suenen a lo mismo. De un garage lo-fi a medio gas, Jeremy Earl y compañía han evolucionado hacia un folk-rock luminoso que sabe cómo tratar los mejores elementos de la psicodelia sesentera y el pop-de-toda-la-vida. El apartado emocional es otro de los aspectos en los que la música de Woods no ha dejado de superarse proyectando momentos de catarsis, tensión, amargura o alegría a borbotones. El resultado es un grupo que parece no tener fecha de caducidad.

En su último esfuerzo analizan el mundo en el año 2017 y responden a tanta violencia, conflictos bélicos, raciales y de todo tipo con “Love is Love”, manteniendo vivo el espíritu del Verano del Amor. Un canto al amor y la fraternidad que, interpretado desde su faceta más afro-jazz, invita a la humanidad a convivir como hermanos. Han pasado 50 años desde 1967, pero quizá no hemos cambiado tanto.

15 | Amen Dunes – Lonely Richard

El proyecto personal de Damon McMahon es otra de las joyas de la corona de la Sacred Bones. En “Love” su último disco, contó con la colaboración de miembros de Iceage y Godspeed You! Black Emperor dando como resultado una sorprendente colección de canciones accesibles, finísimas y tremendamente evocadoras.

La más reseñable de ellas, acaso la mejor pieza de su carrera, es la nostálgica “Lonely Richard” en la que se vale de apenas tres repetitivos acordes que salen de una dolida e hipnotizante guitarra acústica creando un efecto drone irresistible. Se trata de una especie de autorretrato a cargo del propio Damon que, en su faceta de cantautor folkie borrachuzo, se dedica unas cuantas palmaditas de ánimo en las espaldas: “Have yourself a good time”. Sí, amigos, también puede haber momentos de melancolía en nuestro verano del amor; si este sentimiento te asalta a finales de agosto, ya sabes a dónde puedes acudir.

2Garage psicodélicoFernando Pérez

1 | King Gizzard & The Lizard Wizard – Head On/Pill

Antes de que se volvieran completamente locos y montaran su propio mundo apocalíptico de ciencia ficción y fantasía a través de sus discos, los australianos King Gizzard & The Lizard Wizard coquetearon con sonidos que se acercaban más a la psicodelia clásica. Durante esos días tempranos gestaron esta “Head On/Pill”, su primera obra megalómana, una pieza de más de 16 minutos formada por dos canciones distintas que reflejan las sensaciones vividas al experimentar con sustancias psicotrópicas. Una primera parte mucho más lenta, con guitarra y sitar, en contraste con una segunda mucho más acelerada cargada de riffs, solos de guitarra y un Stu que ya empezaba a definir su característico estilo melódico, acentuando cada sílaba al compás de la música y doblando la melodía de voz con su guitarra. Para los que somos veteranos con el Rey Lagarto este tema ya nos produce cierta nostalgia e incluso ternura sabiendo lo que han llegado a conseguir actualmente.

2 | Ty Segall – Sad Fuzz

Otro al que le ha cundido la vida como a nadie. Hay quien ahora mismo tilda a Ty Segall de mainstream, y aunque se podrían dar bastantes motivos por los que no es el caso es cierto que las composiciones del californiano se han vuelto mucho más variadas, ricas y, en resumen, grandes, con el tiempo. Pero para esta ocasión nos hemos querido remontar al que quizás fue su primer gran trabajo y culmen de su primera etapa más directa e inexperta: “Melted”. Un disco crucial dentro de su carrera en el que se puede apreciar una evolución respecto al sonido de anteriores álbumes y un montón de nuevas influencias que desarrollaría más adelante. Una de sus canciones fue esta “Sad Fuzz” de aroma pop, como si los Beatles se hubieran encerrado en un garaje a grabar “Revolver”. Armonías de voz y fuzz que se volverían un sello de identidad en los discos venideros, llegando a su apogeo este mismo año con canciones como “Thank You Mr. K”.

3 | Thee Oh Sees – Sticky Hulks

Si con Ty hemos querido mostrar una psicodelia garajera prematura y acelerada, con los de John Dwyer buscamos lo contrario: acercarnos a uno de sus últimos trabajos y mostrar lo que puede dar de sí una forma de concebir y producir la música tan aparentemente limitada y encasillada. “Sticky Hulks” es una de las canciones más puramente psicodélicas que los de San Francisco han compuesto nunca, dejando en un segundo plano las guitarras y haciendo una demostración de que la sensación de agobio y de claustrofobia que impera en sus piezas se puede mostrar con algo más que con riffs afiladísimos y velocidades estratosféricas. Para ello se valen de un teclado que asemeja un día anodino y unas guitarras puntuales que anuncian tormenta. Lisergia pura y melodías que se desarrollan y se retuercen en una espiral continua asemejando el carácter alucinante de la música psicodélica. No sabemos si Dwyer volverá a explorar esta senda o seguirá por los sonidos más kraut de su último disco, pero un caramelo como este siempre deja con ganas de más.

4 | Dead Ghosts – Roky Said

Referenciando de forma directa a Roky Erickson de los 13th Floor Elevators, grupo icónico de los 60 y uno de los mayores exponentes de la psicodelia primigenia, los Dead Ghosts dieron aquí con la fórmula perfecta para conformar su canción más representativa hasta la fecha. Tres minutos son suficiente para hacer referencias directas a, como mínimo, dos temas distintos de 13th Floor Elevators, “Postures (Leave Your Body Behind)” y “You’re Gonna Miss Me”. Pero esto sólo sirve para acrecentar un poquito la leyenda de los canadienses, puesto que la grandeza del tema reside sobre todo en ese punteo casi infantiloide, ese estribillo con aire de himno encerrado en los entresijos del lo-fi y ese aire veraniego que hace que nunca falte por estas fechas cada año. Dead Ghosts es uno de los grupos más fáciles de disfrutar y más satisfactorios dentro de la escena garajera y psicodélica, siendo su principal virtud el no tomarse demasiado en serio a sí mismos, lo que les permite casi de manera inconsciente parir temas tan grandes como este.

5 | King Tuff – Black Moon Spell

Cuando escuchamos la palabra ‘psicodélico’ seguramente lo que se nos viene a la mente son canciones extensas, poco accesibles, no muy melódicas y de sonidos retorcidos y experimentales, alejadas del rock más comercial y directo. Nada más lejos de la realidad: el garage y la psicodelia han demostrado por méritos propios que pueden ser tan directos y adictivos como una canción de AC/DC, además de tener la capacidad de hacer propios estilos muy diversos. King Tuff ha hecho muestra de ello a lo largo de su carrera y creo que el culmen de su trabajo llegó con “Black Moon Spell”, abanderada del garage con toques glam, un riff y un estribillo de esos que se te pegan y un solo de guitarra de los que pueden motivarte a desempolvar la tuya o incluso a hacerte con una y aprender a tocarla. King Tuff nos quiso hipnotizar con un conjuro de luna negra y nosotros no pudimos sino caer en él.

6 | Cosmonauts – Pure Posture

2013 fue quizás el año en el que garage y psicodelia explotaron a lo largo y ancho de todo el mundo, especialmente en Estados Unidos y Australia, desde donde llegaron una cantidad de grandes discos inabarcable en este artículo. Es por eso que no hemos querido centrarnos únicamente en ese año y hemos intentado hacer ver que desde entonces se han seguido lanzando obras a la altura. Si hablamos de Cosmonauts no podíamos destacar un trabajo que no fuese “Persona Non Grata”, álbum que nos introdujo a muchos en su discografía y que nos voló la cabeza a la mayoría. Con esas voces a medio camino entre el post-punk y el jangle pop, esa forma de alargar las sílabas, esos guitarrazos tan contundentes y esas letras sobre el hartazgo con el mundo, “Pure Posture” es un ejemplo perfecto del sonido de Cosmonauts, a veces tan actual y a veces tan añejo.

7 | Night Beats – Egypt Berry

Pero si hablamos de sonido añejo tenemos que destacar irremediablemente a Night Beats, la banda de Seattle capitaneada por Danny Lee Blackwell. Declarado como un amante del sonido de Hendrix y el de los grandes grupos de los 60, su último elepé “Who Sold My Generation” reflejó mejor que ninguno ese amor por la década que vio nacer a tantos de los grupos más importantes de la música moderna, entre los que se encontrarían muchos que darían forma precisamente a la psicodelia. A pesar de ser su trabajo más directo nos dejaron como cierre una maravillosa “Egypt Berry” que combina el ritmo rápido y agresivo similar al de “My Generation” de The Who con sonidos mucho más lisérgicos y distorsionados, más cercanos a Cream o a Blue Cheer. Quizá más cercana ya a los sonidos de los 70, Night Beats conforman aquí una de sus canciones con más carácter, ideal para enamorar a los más veteranos del mundillo y a los más nostálgicos por esas décadas.

8 | The Roaring 420s – Hipster Bums

No necesitas tomar drogas para ser psicodélico” nos decían los alemanes en la entrevista que les realizamos, y canciones como “Hipster Bums” son prueba de ello. Anclados en mayor medida al sonido retro, al igual que Night Beats The Roaring 420s se valen de ciertos elementos clave para lograr ese sonido psicodélico, tales como el uso del sitar, combinándolo con melodías tremendamente pop y guitarras puramente rock and roll, recordando a grandes como Jefferson Airplane o Creedence Clearwater Revival, por no mencionar esa voz de Florian Hohmann tan rockabilly que te trae a la mente a los Stray Cats. Parece mentira que un sonido tan de Western americano provenga de tierras alemanas, pero eso no es sino una prueba más de hasta dónde se ha extendido la tradición garajera y psicodélica en estos últimos años. Una pena que su última referencia pasase tan desapercibida entre la crítica, pues estaba llena de grandes canciones como esta.

9 | Crocodiles – My Surfing Lucifer

Estos muchachos de San Diego han tenido la mala suerte de irse diluyendo poco a poco con el paso de los años y de haberse quedado en un segundo plano, a pesar de haber seguido al pie del cañón con un ritmo casi de disco por año, si bien es cierto que su último trabajo, “Dreamless”, no estuvo al nivel de los anteriores. Y es que en su haber cuentan con grandes álbumes como “Sleep Forever” (2010) o “Endless Flowers” (2012), al que pertenece esta “My Surfing Lucifer”, canción que no puede contener su alma adolescente y pop y se desborda entre guitarras que arañan el noise-pop, versos escupidos con la chulería y la seguridad de una estrella del rock y coros femeninos que nos trasladan a las tardes de playa, sol y mar veraniegas, invitando a repetir esos “yeah” una y otra vez. Un himno generacional tapado que queremos redescubrir aquí para todos aquellos que sepan que la juventud puede ser algo efímero o algo que dura para siempre gracias a canciones como esta.

10 | Wand – Self Hypnosis in 3 Days

Amigos y compañeros de Ty Segall, Wand se mueven por distintas vertientes que a veces acarician la cara más folk de la psicodelia y otras rozan el heavy-psych, como en esta “Self Hypnosis in 3 Days” que bien podría haber salido de aquel “Slaughterhouse” de la Ty Segall Band. Y es que casi parece que el californiano se llevó el garage y la psicodelia con él cuando se mudó a Los Ángeles y se la contagió a los de Cory Hanson, que en “Golem” se desataron completamente y nos dieron canciones tan alocadas como esta, con esos “my mind” que se nos inyectan en el cerebro y esos sonidos electrónicos que cortan el tema para responder con guitarrazos y tramos cercanos al noise-rock y al post-punk. Más agresivo y más alejado de las décadas y los grupos de los que beben la mayoría de propuestas hechas aquí, pero con la misma energía y el mismo espíritu pop que tanto nos gusta.

11 | The Limiñanas – Votre côté yéyé m’emmerde

Antes hemos viajado a Alemania y ahora nos vamos hasta Francia para traeros a The Limiñanas, grupo residente en Perpignan, al sur del país, y que esta vez nos cantan en su lengua materna. “Votre côté yéyé m’emmerde” es una suerte de medio tempo de ambiente Western combinado con el spoken-word de sus dos componentes, Marie Limiñana y Lionel Limiñana, quienes parecen deconstruir en este tema el género yé-yé, característico en Francia durante los años 60 por sus ritmos marcados, sus influencias del rhythm and blues y de la música beat y su presencia no sólo en el mundillo musical, sino en la moda. Así, el dúo se carga aquí las melodías de voz fáciles y pegadizas y nos entrega un tema en el que Marie parece dueña de sus propios versos, algo que no era tan común hace 50 años cuando las discográficas tenían casi el control en muchos casos de la creatividad y la voluntad de sus artistas.

12 | Cool Ghouls – New Moon

Uno de los últimos soplos de aire fresco que ha dado San Francisco son estos Cool Ghouls, quienes dieron su primer paso justo en 2013 con un disco homónimo que remataron en 2014 con “A Swirling Fire Burning Through The Rye”, publicado a finales de ese año, justo a tiempo para colarse en alguna lista de lo mejor del año. “New Moon” pertenece a ese segundo trabajo y en ella se puede apreciar la cara principal de Cool Ghouls, más cercana a las melodías vocales de los Beach Boys o Grateful Dead pero combinada con los medios tempos y la psicodelia de The Doors y Love. Lisergia y brisa surferas entremezcladas para dar lugar a canciones frescas y resultonas, de disfrute menos inmediato pero perfectas para recrearse en ellas durante un viaje sinestésico y surrealista. No tan alocados como los australianos King Gizzard pero más evocadores a la hora de hacernos vislumbrar paisajes en los que perdernos.

13 | Levitation Room – Crystal Ball

Si tuviera que definir el concepto de este grupo en pocas palabras, estas serían ‘psicodelia casera’. Levitation Room es de esas bandas que suenan muy pequeñas y a la vez muy grandes, con canciones tímidas y a la vez atrevidas, coloristas, llenas de simpatía y capaces de animar el ambiente de cualquier fiesta al aire libre, con ese aroma tan flower-power como el de esta “Crystal Ball”, hipnótica y hechizante. Las guitarras son más brillantes y menos cargadas de fuzz que la mayoría de las que pueblan esta lista y el estribillo avanza en un in crescendo que nos invita a corear ese “Sometimes when you trip you fall / Looking through a crystal ball” para desvanecerse y reencarnarse en forma de jam totalmente fuera de control. Levitation Room transmiten esa sensación de grupo que en estudio suena hermético y contenido y en directo domina el ambiente y se expande como nadie.

14 | The Shivas – You Make Me Wanna Die

Si algo me ha enseñado la experiencia dentro del campo de la psicodelia y del garage es que nunca hay que dejar pasar los EPs. El carácter breve y directo de estos los hacen un formato perfecto para que grupos de esta guisa se desenvuelvan de manera cómoda y sin irse demasiado por las ramas, como pasa a veces en los álbumes. Ejemplo de ello es esta “You Make Me Wanna Die” de The Shivas, grupo procedente de Vancouver que nos regaló esta joya en un pequeño EP lanzado en 2014, haciéndonos rememorar el merseybeat de los primeros Beatles y otros contemporáneos como The Searchers o de Gerry and The Peacemakers, a pesar de separarlos una distancia de 50 años y un continente entero al estar hablando por un lado de Vancouver y por otro de un estilo musical de los 60 característico de los grupos de Liverpool cercanos al río Mersey. Estrofas y estribillos dominados por las líneas de guitarra claras, las armonías de voz, los “lalala” y, por supuesto, las palmas, resultando en canciones alegres, vivaces y pegadizas.

15 | together PANGEA – She’s a Queen

Queríamos cerrar por todo lo alto el apartado de garage y pocas canciones se nos ocurren tan ideales para ello como esta “She’s a Queen” de together PANGEA, perteneciente al EP “The Phage” publicado en 2015. Arranque acústico para desembocar pronto en melodías eléctricas épicas y capas de guitarras entre las que se desenvuelven versos de amor. Tema un poco más alejado del garage característico de este grupo de Los Ángeles, ciudad que actualmente parece la nueva cuna de este estilo tal y como San Francisco lo fue en su día, y más cercano al rock de estadio y al glam de T. Rex o The Rolling Stones. En realidad podrían haber entrado muchos de los temas de su último LP “Badillac” (2014), pero hemos preferido decantarnos por una pieza más grandilocuente, madura y meditada, con un William Keegan que se viste de cuero y se pone en modo crooner para darlo todo y construir un corte totalmente épico.

3Heavy-psychDiego Moral Pombo

1 | Elder – Sanctuary

En esta tercera entrega, toca hablar del stoner rock y sus derivados. En este estilo se produce una extraña hibridación entre los sonidos hippies y la actitud punk que impide que se pueda asociar automáticamente su sonido crudo y desértico a los collares de flores o las camisetas teñidas. Sin embargo, es indudable que el stoner bebe de la psicodelia como ningún otro subgénero del metal, y como tal, está en una deuda eterna con el San Francisco de Scott MacKenzie y la California de The Mamas & The Papas, guste o no a sus barbudos y fumados representantes

De Elder sólo cabe decir que si no son la mejor banda del género que te puedes echar a la cara hoy en día, que venga alguien tras escuchar su discografía al completo y me lo rebata. Quitando un primer disco algo más discreto, los estadounidenses han encadenado tres obras maestras sin paliativos (con quizá su cumbre en “Lore” y su reciente sucesor) con las que han perfeccionado el arte de peinar para atrás sin atronar ni apisonar, sino desde la belleza pura de su música. ¿Que si tengo más razones? Una en cada uno de sus acordes.

2 | Mars Red Sky – Strong Reflection

Una línea de bajo tan opresiva que te aplasta contra el suelo rítmicamente, un aire oriental y una voz casi alienígena (la de Julien Pras), capaces de teletransportarte instantáneamente a la desolada superficie del planeta rojo como sólo son capaces de hacer los mejores Sleep (de cuyo “Dragonaut” viene el nombre de la banda francesa, por cierto). Con esos tres ingredientes se construye el himno más épico y conocido de una de las bandas más recientes (su debut es de 2012) y prometedoras del stoner europeo. Como curiosidad añadida, ese primer álbum, del que procede este tema, se grabó en Las Bárdenas Reales de Navarra, a.k.a. el Mar Dothraki de ya-sabéis-qué-serie. Y vaya si se empapó del aire del desierto.

3 | Fuzz – Loose Sutures

Así como la mayoría de las canciones de esta lista están seleccionadas expresamente entre los repertorios de sus autores por alguna razón concreta, en el caso de Fuzz hubiera valido prácticamente cualquiera de su primer álbum (y un buen puñado del segundo). No es amor: lo que tenemos hacia Ty Segall en EQB se llama obsesión.

Y el que probablemente sea el más brillante de sus proyectos paralelos es Fuzz, una banda que además del mejor nombre de la Historia del guitarreo cuenta con tres fieras auténticas a la batería (el propio Ty), guitarra (Charles Moothart) y bajo (primero Roland Cosio y después Chad Ubovich, de Meatbodies). Partiendo de la base de rock garajero de sus miembros y pasando por su adoración por Black Sabbath y Hawkwind se erige en este proyecto un monumento al riff pesado y al hard rock psicodélico. Por algo el suyo fue para el que escribe, y algunos más, el mejor disco de 2013.

4 | Truckfighters – Desert Cruiser

No podía faltar en esta lista uno de los himnos más icónicos del stoner rock de este milenio. Una de las bandas que mejor han sabido capturar la esencia del desierto y manifestarla en sus canciones es paradójicamente este trío que ya ha logrado consolidarse como reyes del stoner europeo, además de ser unos tipos más majos que las coronas suecas. Y por si alguien se queda con ganas de más, cualquier amante de los sonidos stoner más puros puede echar un vistazo al creciente pero aún asequible catálogo de Fuzzorama Records, el sello creado por la banda que se está descubriendo como una verdadera cantera de talento fuzzero escandinavo.

5 | Uncle Acid And The Deadbeats – Melody Lane

Una vez leí que Uncle Acid And The Deadbeats serían la banda en la que los Beatles se habrían transformado si se hubieran pasado al metal siguiendo la senda de “Helter Skelter”. Si a eso le añadimos que suenan escalofriantemente parecidos a unos Iron Maiden ralentizados (hagan el experimento en YouTube, este es verídico) tenemos una banda, cuanto menos, curiosa. Y cuanto más, una de las cosas más interesantes que le han pasado al metal sesentero de corte psicodélico en esta centuria. Estos ingleses obsesionados con Charles Manson, las sectas y el estilo de serie B son capaces de construir atmósferas con personalidad propia y tremendamente distinguible. En “Melody Lane”, como en prácticamente cualquier corte de su repertorio (especialmente de su debut), dan fe de ello. Una vez te unes al culto del tío ácido escapar de él es más difícil que del Opus Dei.

6 | Witchcraft – The Outcast

Una guitarra acústica que muta en unas flautas que se transforman en una guitarra eléctrica que de repente es un monstruo de mil cabezas. Así comienza “Nucleus”, el último disco de los suecos Witchcraft, del cual nos quedamos con el ejercicio de folk meets metal que es “The Outcast” (que no folk metal a lo vikingo trilladísimo). La banda, formada originalmente para rendir homenaje a Bobby Liebling de Pentagram y a Roky Erikson de 13th Floor Elevators, no tiene reparos en mostrar su devoción por el sonido vintage de los setenta del que pusieron las primeras piedras los Cream, Blue Cheer y compañía. Y si para ello se tiene que acercar a sonoridades pop y tirar de una voz jodidamente angelical como la de Magnus Pelander, no tienen ningún inconveniente en hacerlo.

7 | Filthy Lucre – Sail

Como se trata de dar variedad de puntos de vista a todo el mundo del stoner y derivados se me ocurre que una versión hard rocker y proto doom de la famosa “Sail” de la banda de rock electrónico Awolnation encaja a la perfección en esta lista. Los autores del cover son la banda más desconocida de estas quince: unos Filthy Lucre que beben tanto de Queens of the Stone Age como del blues del delta. Una combinación ganadora y, sobre todo, diferente, que cristalizó en su disco debut del pasado año, “Mara”. Totalmente recomendable.

8 | 1000mods – Vidage

Habrá quien diga que entre rescates, troikas y decadencia de su imperio los griegos no levantan cabeza desde hace 2200 años (quitando aquella Eurocopa que 13 años después aún nadie comprende). Pero el caso es que en el microcosmos del stoner resulta que la península helénica ha resultado ser tierra fértil, con bandazas como Nightstalker, Naxatras o Druid quemando pedales en honor a Brant Bjork. De todas ellas, la que mejor ha conseguido sublimar el espíritu de Kyuss y actualizarlo es el trío 1000mods, con este “Vidage” como ejemplo perfecto de himno desértico sólo disfrutable con el volumen al máximo.

9 | White Hills – A Trick of the Mind

Los caminos de la psicodelia son inescrutables, y por ello aparecen en esta lista al lado de admiradores de los Fu Manchu y compañía esta banda de Nueva York que arrolla desde el krautrock más pesado. Un estilo difícil de describir (post-motorik fuzz y pre-space goth, según ellos mismos) y uno de los directos más sencillamente brutales que uno ha tenido la suerte de presenciar son las principales armas con las que cuentan White Hills para ponerte a alucinar a base de pedales y distorsión.

Ego Sensation y Dave W. son además dos de los músicos más veteranos de esta lista, y esa experiencia no hay dinero que la pague. Este tema, del que se dice (o al menos yo digo) que puede conducirte a la locura si lo escuchas tres veces seguidas en bucle, representa fielmente la opresión sonora y rozando el sadomaso que esgrimen las colinas blancas.

10 | Yuri Gagarin – Cluster of Minds

Un enfoque más definido de la psicodelia es el de Yuri Gagarin. Como su propio nombre indica, el de los suecos es un viaje espacial sin complicarse la vida. Space rock del nuevo siglo que actúa como una droga psicoactiva directamente sobre el córtex frontal. Un viaje al centro del cúmulo doble de Perseo, al agujero negro supermasivo de Sagitario A* y a los Pilares de la Creación en la Nebulosa del Águila; y todo con darle al play. Si Syd Barrett les hubiese escuchado con toda seguridad habría dado su aprobación. Y, quién sabe, quizás hasta hubiese dejado el LSD. Al fin y al cabo el efecto es prácticamente el mismo.

11 | Causa Sui – The Source

Causa Sui comparten con los anteriores la facilidad para hacerte viajar sólo con su música, si bien los daneses cambian el factor ciencia-ficción por una especie de misticismo chamánico con resultados similares. Aunque su mejor disco es el absolutamente sobresaliente “Euporie Tide”, este track de su último álbum de estudio “Return to Sky” no puede ser superado por ninguno de su especie. Sin alzar la voz (literalmente, pues es puramente instrumental) los seis minutos que nos regala la música de los puntas de lanza de El Paraiso Records (otro sello del género a seguir) desprenden THC sin quemarte el pulmón. Si además los quieres aliñar con algo de tu propia cosecha para aumentar el viaje eso ya es cosa tuya.

12 | Ampacity – Masters of Earth

Con influencias reconocidas desde el jazz de Herbie Hancock a la banda previa de esta lista, el abanico de referencias de Ampacity es de lo más variado. Pero si hubiese que citar un sonido directo del que beben estos polacos sería el de los Pink Floyd más puros y ácidos. Y es que no hay que olvidar que, aunque tuviesen poca conexión en su momento, el verano del amor californiano también fue el verano en el que Barrett y los suyos publicaron “The Piper At the Gates of Dawn”, pilar fundamental del rock psicodélico pero a menudo olvidado frente al “Sgt Pepper’s…”. Medio siglo después el hombre ya no va a la Luna, pero Ampacity se siguen empeñando en aparcarnos en órbitas elípticas en torno a astros lejanos.

13 | Hijo de la Tormenta – Alienación

Muchos rasgos distinguen esta canción del resto de esta lista. Primero: pertenece a un grupo de habla hispana. Concretamente Hijo de la Tormenta, de la Córdoba argentina. Segundo: en su sonido, al que denominan psicodelia de monte, se mezcla el post-rock de Explosions in the Sky con una versión distorsionada y progresiva del stoner clásico. Y tercero y no menos importante: son de las pocas bandas del género al que les hemos escuchado meter en sus temas reivindicaciones sociales y de clase claramente y sin complejos. Como en esta “Alienación”, que incluye un fragmento de un discurso (pura poesía, por cierto) del revolucionario anarquista Buenaventura Durruti.

A nosotros no nos dan miedo las ruinas,
porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones”

14 | Dopelord – Reptile Sun

Cuando pensaba razones para incluir cada una de las canciones de esta lista a veces me costaba decidir entre ciertas bandas de corte similar (caso de Colour Haze y Causa Sui, por ejemplo, o 1000mods y los muy recomendables y también polacos Palm Desert). Sin embargo, el caso de Dopelord fue muy sencillo: están aquí por bestias pardas, y punto.

Los polacos (habrá que investigar qué toman allí para gustarles tanto la candela) han sacado este año uno de los elepés más completos y pesados que el stoner-doom ha visto en años. Y de entre toda la salva de cañonazos que éste contiene, aquí optamos por la que tiene menos escuchas en Spotify. ¿Por qué? Porque es, obviamente, la más impopular de todas: por cruda, bruta y geológicamente inestable.

15 | Graveyard – Too Much is Not Enough

A lo largo de esta lista reconozco que ha habido momentos en los que el verano del amor quedaba enterrado entre capas de distorsión, tempos demoledores y riffs más pesados que un collar de melones. Para redimirme, cierro la tercera y definitiva colección de temas psicodélicos con una balada de una banda que no oculta en ningún momento sus credenciales. Un pie en Black Sabbath y otro en el San Francisco del 67, pero en vez de quedarse estáticos se dedican a brincar de un lado a otro como Bart en la embajada estadounidense de Australia.

Sirva además la carrera de los suecos como metáfora del espíritu hippie que tanto añoramos sin haberlo siquiera conocido con vida. El año pasado anunciaron su ruptura, para volver a los pocos meses con energías renovadas. Y es que lo siento punks, pero si al “Peace and Love” se le añade “… and Riffs and Fuzz”, no hay quien pueda ni con el flower power ni con una veintena de pedales wah-wah zumbando como mosquitos a la luz del neón. Ni cincuenta ni cien años después.