Ay, la psicodelia: guitarras reverberadas, ritmos hipnóticos, la paz, el amor, los hippies, un verano que duró más de tres meses, San Francisco… ¿os acordáis? Pues no, es imposible. El universo simbólico que rodea a la música psicodélica puede resultarnos más o menos conocido a quienes hacemos y visitamos EQB, pero lo cierto es que, en términos generacionales, nos es completamente ajeno. Quizá haya alguna excepción, pero lo más probable es que tú, lector de esta página, no hayas sido joven a finales de los años sesenta, ni llevado flores en el pelo o coqueteado con el LSD en Haight-Ashbury al ritmo de Grateful Dead. Vamos, que aquel Verano del Amor de 1967 ensalzado en estos días en los que se cumple su 50 aniversario tiene poco que ver contigo.

Lo mejor es aceptarlo. No vas a ver a Jefferson Airplane en directo, no puedes cambiar el mundo, el hippiesmo ya no se lleva y el Festival de Woodstock (1969) no se repetirá. Y aunque está bien mirar al pasado (sobre todo a sus sonidos, si uno es un enamorado de la música), nadie puede obligarnos a vivir cargando con el peso de la nostalgia de aquello que nunca vivimos. Roky Erickson (13th Floor Elevators) cantaba que un día íbamos a levantarnos al amanecer y le echaríamos de menos al notar su ausencia. No seáis ilusos, no nos lo decía a nosotros; era 1967 y ni siquiera habíamos nacido, así que, ¿a qué viene tanta melancolía?

Si a pesar de todo quieres reivindicar tu juventud, aprovechar que se vuelven a llevar las barbas y camisas horteras, disfrutar de la experiencia sensorial que supone sumergirse en los compases de la psicodelia y, en definitiva, de ninguna manera estás dispuesto a renunciar a tu verano del amor, tienes dos opciones: rebuscar entre los vinilos de tus mayores o acompañar tus noches de verano con esta selección de canciones de psicodelia millennial (que suena casi igual de mal que aquello de neo-psicodelia).

Así es, aprovechando que en todas partes se celebra la media centuria de la eclosión de la música psicodélica, en EQB no hemos querido pasar por alto esta nueva oleada de grupos psicodélicos que empezó a coger fuerza en San Francisco (¿dónde si no?) a principios de esta década y sigue dando sus últimos coletazos en Australia y los confines del globo. Porque si sois de los que pensáis que los millennials también nos merecemos nuestro verano del amor, estaréis con nosotros en que no hay mejor forma de hacerlo propio que con nuestra música. El propósito de este especial es brindarnos el homenaje que quizá nadie se encargue de dedicarnos dentro de otro medio siglo. De manera que durante las próximas líneas ofrecemos una serie de piezas que podrían perfectamente ser otras distintas, pero nos sirven para rendir un tributo a algunas de las bandas que, especialmente durante el último lustro, están haciendo de la nueva psicodelia algo más que un ejercicio de copy-paste revivalista. Empezaremos con un repaso a algunos ejemplos de lo mejor o más interesante que nos ha dejado el rock psicodélico prestando especial atención a su versión pop y folkie para después comprobar lo que pasa si encierras a un grupo punk en un garaje y le das anfetaminas o haces lo propio con el cannabis y una de las muchas reencarnaciones de Black Sabbath (eso será en siguiente entregas, cuando hablemos de manera específica sobre garage psicodélico y heavy-psych).

1 | The Fresh & Onlys – Summer of Love

Me vais a permitir que me remonte a finales de 2010, pero es que sería imperdonable no inaugurar esta lista con una canción de The Fresh & Onlys. La referencialidad del título, a la postre, no ha sido más que un criterio incidental para elegir uno de los tracks de aquel fantásticoPlay It Strange” (2010, In The Red). Aunque en sus últimos trabajos se hayan expresado acercándose a la saturada escena garage perdiendo algo de su ADN genuino por el camino, uno debe quitarse el sombrero ante la que es, más que una banda de culto, una auténtica institución de la nueva psicodelia de la Costa Oeste. Las razones, además de su carácter pionero, la cantidad de bandas de la escena con que se puede relacionar a Tim Cohen de una u otra manera (veánse Magic Trick, Sonny & The Sunsets o Cool Ghouls) o el hecho de provenir de la mítica San Francisco, las encontramos en canciones como “Summer of Love”: esa mixtura del aroma de lo añejo y el sabor agridulce del pop ácido que no queda comprometido por la ambientación oscura que presentan sus composiciones, todo ello servido en un formato folk-rock casero que rehuye las comparaciones con Buffalo Springfield o Bob Dylan.

Y lo mejor es que todo en el trabajo de Tim Cohen y los suyos se hace sin caer en la impostura, la presuntuosidad ni el homenaje excesivo al 67. No me cansaré de reivindicar a los Fresh & Onlys como un grupo hacedor de un folk-pop-psych-whatever tan personal, evocador, atemporal y sencillo como imprescindible. Este agosto vuelven a la carga con un nuevo disco, la espera puede hacerse más corta repasando éste y algunos de los caramelos de su discografía en las noches de verano, y si es frente a una fogata de campamento imitando la portada de su tercer disco, mejor que mejor.

2 | Crystal Stilts – Flying Into the Sun

Otros que han abierto decenas de caminos durante esta última hornada psicodélica son los Crystal Stilts. Resulta complicado explicar en pocas palabras a qué suena esta banda proveniente de Brooklyn, pero “Flying into the Sun” podría darnos algunas de las claves de por qué se les ha definido como una mezcla de Joy Division, los Doors y la Velvet Underground. Precisamente en la aproximación de sonoridades tan dispares es donde reside el mérito de estos chicos de quienes no sabemos demasiado desde la publicación de su último disco con el también psicodélico y neoyorkino sello Sacred Bones hace más de tres años.

Siempre evitando caer en el manido saco del garage-psicodélico, han sabido forzar la fórmula del rock lisérgico de Morrison y Manzarek, el post-punk de su ciudad y la oscuridad velvetiana sin perder de vista el toque folkie del jangle pop de los Smiths, The Clean o la propia Velvet Underground. Crystal Stilts son todo un tratado de cómo mezclar influencias sin caer en la parodia ni la pérdida de la propia personalidad. Reconozco que no a todo el mundo puede gustar la oscuridad seca que imprime la banda a través de la ruidista guitarra de JB Townsed y las maneras de crooner indolente de Brad Hargett, pero es escuchar ese “There’s a black hole behind these eyes / That takes everything with it when it dies” y yo ya no respondo.

3 | Allah-Las – Catamaran

Cualquier canción de su último disco hubiera encajado a la perfección, pero el cuerpo me pedía acudir al debut discográfico de Allah-Las, un álbum que es EL VERANO. “Catamaran” no sólo es uno de sus singles más icónicos, sino que expresa a la perfección la esencia de esta banda: rasgueos lánguidos y soleados, un uso maraviloso del hammond, cierta querencia por el surf y el espíritu de todas esas bandas underground que uno puede encontrar en álbumes recopilatorios de finales de los años sesenta.

A pesar de querer desprenderse de su etiqueta ‘sixties’, donde mejor funciona la banda es en temas como los de su primer álbum, situándose en una suerte de tierra de nadie fronteriza con el sonido de conjuntos como Buffalo Springfield, Love y The Human Expression. Es ahí cuando multiplican su efecto evocador; si no me creéis, probad a escuchar “Catamaran” en noviembre y decidme si no os transporta al verano de manera inmediata. Es por eso que, a pesar del evidente revivalismo, no podía faltar en nuestra selección la psicodelia surfera y perezosa de Allah-Las, ideal para acompañar tus siestas del mes de agosto o musicar tus viajes a la costa estas vacaciones.

4 | Foxygen – San Francisco

A semejanza de la canción de igual título de Scott McKenzie (1967), el triunfo comercial de Foxygen, sin ser una banda exclusivamente psicodélica, puede explicar por qué de pronto volvieron las flores en el pelo y los looks sixties a los artículos de las revistas de moda sobre ‘outfits recomendados para ir de festivaleo. Si otros nombres de esta lista han procurado crear un estilo más o menos personal, Foxygen han copiado con alevosía, simulación e histrionismo lo mejor del glam, blues lisérgico y rock psicodélico de hace cincuenta años, siendo quizá su actitud desbocada y exagerada lo que les hace realmente auténticos.

De aquel segundo LP más exitoso aunque menos original salen pildorazos como “On Blue Mountain”, pero es al rebajar el fuzz y mirar al pop psicodélico más barroco, infantil y tontorrón cuando se ganaron el reconocimiento de público y crítica con temas como “San Francisco”: Una pieza con evidentes alusiones al Verano del Amor a la que es imposible encontrar mácula alguna y que no puede faltar en nuestra banda sonora del verano.

5 | The Paperhead – Dama de Lavanda

De Los Ángeles nos movemos a Nashville para rescatar esta preciosidad del último disco de The Paperhead (2017, Trouble In Mind). Sus influencias jazzeras y latinas explotaron este año haciendo de su pop psicodélico un producto de gran calidad que podría valerles comparaciones con el “Forever Changes” de Love (1967) o un Syd Barret colocado y cubierto de caramelo. Un grupo de pop que huye de las tendencias dreamy e intimistas en las que se refugian la mayoría de sus competidores.

La pista escogida, “Dama de Lavanda”, exhibe de manera magistral esa tensión entre las atmosféras psicodélicas y la concisión del mejor pop que define el sonido de la agrupación.

6 | Quilt – Eliot St

Pero también hay espacio para el desamor en este nuestro Verano del Amor particular. Quilt lo expresan con belleza y amargura en el agridulce estribillo de “Eliot St.”:

Oh, I can’t sleep
I’m thinking all too much
And never showing up
And I’ve had no luck”

La formación de Boston es otra de las que juega a la psicodelia desde el pop construyendo una carrera ascendente. A pesar del cuidado en los arreglos, sus referencias no son tan preciosistas como las de The Paperhead. Quilt reproducen un folk/pop psicodélico luminoso acercándose al jangle pop, pero resultando más convincentes en su faceta lisérgica que grupos más conocidos como Real Estate o Beach Fossils. Digamos que si su género fuera Nocilla, The Fresh and Onlys serían la parte negra y Quilt la de chocolate blanco.

7 | Black Market Karma – Heady Ideas

Si lo que queremos es emprender un viaje espacial, los siete minutos y medio de “Heady Ideas” podrían traducirse en un considerable ahorro en sustancias estupefacientes este verano. Los londinenses se han pasado el último lustro facturando de manera compulsiva algunas de las mejores piezas del rock psicodélico de nuestra generación. Rebajando la violencia de los grupos de garage actuales con quien se les suele comparar, los Black Market Karma han conseguido un estilo muy particular entre el shoegaze, el space rock y la psicodelia al fusionar elementos de la discografía de Spacemen 3, la Velvet o The Brian Jonestown Massacre y The Black Angels (estas dos últimas bandas, por cierto, no han encontrado acomodo en esta lista al ser anteriores al período temporal que pretendemos abarcar en este artículo).

8 | The Holydrug Couple – If I Could Only Find You (Eternity)

Pero para hacer psicodelia no es necesario vivir en California, ni siquiera en los Estados Unidos. Así lo demuestran ciudades como Santiago de Chile con una escena psicodélica de lo más envidiable con bandas guitarreras como Chicos de Nazca, Vuelveteloca o La Hell Gang, los kraut-psicodélicos Föllakzoid o estos reverberantes The Holydrug Couple.

El dúo santiaguino exacerba su vertiente pop más lennonesca en “If I Could Only Find You (Eternity)” como si estuviéramos ante una suerte de Tame Impala latinoamericanos algo más sugerentes. Otro gran fichaje de la Sacred Bones Records que demuestra que esto de la música psicodélica no entiende de fronteras.

9 | Kikagaku Moyo – Kogarashi

Otro lugar al que ha llegado la fiebre psicodélica del tercer milenio es Japón. Nacidos de la asociación juvenil y callejera conformada por dos jóvenes tokiotas en el verano de 2012, Kikagaku Moyo no han dejado de crecer asentándose en el circuito independiente psicodélico europeo y americano con recurrentes apariciones en festivales del género como el Levitation Fest (antes conocido como Austin Psych Fest).

No es necesario entender la letra de “Kogarashi” para disfrutar de la magia de Kikagaku Moyo. La lengua aquí no actuará como frontera sino como puente que trenza las influencias orientales de su folk psicodélico, espacial y prácticamente inclasificable. Una opción tremenda para acompañarte en tus mañanas de resaca veraniega.

10 | Goat – Goodbye

Pero si hay una banda que ha roto esquemas en la psicodelia a partir de la experimentación y la mezcla de influencias y tradiciones culturales aparentemente antitéticas ésa es Goat. Los suecos, que en su último disco se confirmaron como el enorme grupo que son, combinan en “Goodbye” ritmos tribales de la música africana, la sensibilidad empírica de las bandas kraut de los setenta y mántricos arpegios importados directamente desde la India.

Casi ocho minutos de viaje lisérgico a ninguna parte que en directo resultan aún más sugerentes gracias a las máscaras y disfraces africanos de los que echan mano los miembros de la banda.

11 | Wooden Shijps – These Shadows

¿Qué es psicodelia?, dices mientras clavas en mis oídos un hammond y tu guitarra distorsionada. ¡Qué es psicodelia! ¿Y tú me lo preguntas? Psicodelia eres tú.

Ha sido dura la decisión de no introducir en esta lista a la otra gran banda del bueno de Ripley Johnson, quizá de mayor actualidad en estos días: Moon Duo, el proyecto que co-lidera junto a su mujer y que es uno de los estandartes de Sacred Bones. Pero es que nos parecía imperdonable permitir que algún jovencito confuso y sediento de las sensaciones que producen en su sistema nervioso central sustancias como el LSD se perdiera un temón como “These Shadows”, no podíamos permitirlo. Por lo que, a pesar del carácter limitado de nuestro número potencial de lectores, queremos asegurarnos de que nadie se quede sin su dosis de fuzz sanfranciscano este verano.

La voz lánguida de Ripley, un abuso de los teclados que a mí me parece estupendo, retales de space rock, un riff perezoso y repetitivo que rezuma ácido y marca el ritmo… Todo está dispuesto para dejarse llevar sin preguntar cuál es el camino.

12 | Hookworms – On Leaving

Otros que demuestran que lo importante es el viaje y no el destino son Hookworms. Los británicos se mueven entre la psicodelia fiera, ruidosa y acelerada y el krautrock más alucinado y drogata. Es por esta segunda vía por donde Hookworms nos llevan de la mano durante los seis minutos hasta los que se extiende “On Leaving”. Normalmente suelo preferir los grupos que lo ponen todo patas arriba y Hookworms saben cómo hacerlo, pero es en su versión lenta y embriagadora cuando realmente brillan.

Casi tres años han pasado desde la publicación de “The Hum”, quizá este verano decidan sorprendernos con el anuncio de un nuevo álbum de estudio. Hasta entonces, siempre podremos introducirnos en el trance absoluto al que nos invitan piezas como ésta.

13 | Ryley Walker – The Halfwit in Me

De los ambientes viciados pasamos al aire puro que nos regala Ryley Walker en sus composiciones. Por mucho que se le compare con Nick Drake, Walker no es un cantautor folkie al uso. Así lo demostró el pasado 2016 con el personalísimo discurso de “Golden Sings That Have Been Sung” (Dead Oceans).

Con un pie en el jazz, otro en la psicodelia y mirando de reojo al progresivo, el estadounidense nos deja joyas como “The Halfwit in Me” capaces de expresar una gama de colores más vivos que los que componen la portada de su disco. Por supuesto ahí siguen las referencias sesenteras y el agradable sonido orgánico de la tradición norteamericana, pero que nadie te engañe: Ryley Walker es un artista apto para los tiempos que corren, sobre todo para el verano. Nada como pinchar este tema en las tardes de amodorramiento de julio y agosto tirado en el sofá, con la tele encendida pero en silencio (quizá emitiendo alguna etapa del Tour), haciendo absolutamente nada…

14 | Woods – Love is Love

Llegamos al final, pero no vamos a olvidarnos de la que es una de las bandas de cabecera (tanto en el psych como en la música en general) de algunos redactores de esta casa. Woods llevan una década haciendo música como quien se dedica a la repostería: respetando la tradición, midiendo con mimo la cantidad empleada de cada ingrediente y logrando un sabor casero y personal. Igual que no hay dos bizcochos de tu abuela que te sepan igual, no vas a encontrar dos discos de esta gente que suenen a lo mismo. De un garage lo-fi a medio gas, Jeremy Earl y compañía han evolucionado hacia un folk-rock luminoso que sabe cómo tratar los mejores elementos de la psicodelia sesentera y el pop-de-toda-la-vida. El apartado emocional es otro de los aspectos en los que la música de Woods no ha dejado de superarse proyectando momentos de catarsis, tensión, amargura o alegría a borbotones. El resultado es un grupo que parece no tener fecha de caducidad.

En su último esfuerzo analizan el mundo en el año 2017 y responden a tanta violencia, conflictos bélicos, raciales y de todo tipo con “Love is Love”, manteniendo vivo el espíritu del Verano del Amor. Un canto al amor y la fraternidad que, interpretado desde su faceta más afro-jazz, invita a la humanidad a convivir como hermanos. Han pasado 50 años desde 1967, pero quizá no hemos cambiado tanto.

15 | Amen Dunes – Lonely Richard

El proyecto personal de Damon McMahon es otra de las joyas de la corona de la Sacred Bones. En “Love” su último disco, contó con la colaboración de miembros de Iceage y Godspeed You! Black Emperor dando como resultado una sorprendente colección de canciones accesibles, finísimas y tremendamente evocadoras.

La más reseñable de ellas, acaso la mejor pieza de su carrera, es la nostálgica “Lonely Richard” en la que se vale de apenas tres repetitivos acordes que salen de una dolida e hipnotizante guitarra acústica creando un efecto drone irresistible. Se trata de una especie de autorretrato a cargo del propio Damon que, en su faceta de cantautor folkie borrachuzo, se dedica unas cuantas palmaditas de ánimo en las espaldas: “Have yourself a good time”. Sí, amigos, también puede haber momentos de melancolía en nuestro verano del amor; si este sentimiento te asalta a finales de agosto, ya sabes a dónde puedes acudir.