Fotografía: Loles García

Si Glastonbury es (o era) la referencia de festivales a nivel mundial, poco o nada le falta al Bilbao BBK Live para serlo en España. Y es que el evento se ha convertido en uno de los mejores de nuestro país por derecho propio. La organización es uno de sus puntos fuertes, salvo alguna cosa como el ascenso a Kobetamendi, que se intenta corregir con un flujo casi ininterrumpido de buses, pero que no evita las largas colas de espera en horas puntas como la entrada o la salida.

Salvando esto, el interior del festival es una auténtica maravilla. Muchos y variados escenarios, puestos con todo tipo de comida, actividades paralelas, zonas de descanso y hasta un invento genial: una torre de observación para prensa desde donde se ve todo el festival, el monte y hasta la ciudad de Bilbao en una panorámica única. Un gran acierto. Pero una cosa no quita la otra. Toda la magia se pierde cuando tienes que luchar con una multitud excitada para ganar un sitio más o menos decente desde el que intuir a Depeche Mode. O cuando quieres ver algo de The Killers que no sea la imagen en la pantalla. No es que sea algo que sólo suceda en el BBK Live, pero no quería dejar pasar la oportunidad de mencionar a.k.a. criticar la sobremasificación en la que se han instalado casi todos los festivales grandes de nuestro país.

DESPUÉS DE DEPECHE MODE TODO SABE A POCO (JUEVES 6 DE JULIO)

Dicho esto, la oferta musical de este año ha sido variada y divertida. Así lo pude comprobar cuando el autobús me dejaba a mitad de camino para iniciar la ascensión al monte. Una vez superado el cacheo protocolario, lo primero que se ve son pequeñas tiendas de madera como si unos indios Tomahawk hubieran acampado allí. Las ilustraciones y casi todo lo relacionado con la imagen del festival lo ha diseñado Ricardo Cavolo. Punto a favor. Después, nos adentramos para disfrutar de los primeros cracks de la jornada, Cage the Elephant, conjunto que no incluimos en nuestras selecciones de imprescindibles y alternativas pero que hicieron más agradable nuestro paseo hasta el escenario principal y terminaron de convencernos gracias a un gran sonido y su imprescindible último trabajo “Tell Me I’m Pretty”.

Terminada la vuelta de reconocimiento nos tocaba que elegir: The 1975 o Austra. Así, optamos por la segunda propuesta, ya que que los de Mánchester estuvieron por Benicàssim el año anterior. Tomamos el camino del escenario Starman, más conocido como esa carpa gigante triangular que se ve desde todos lados, y allí disfrutamos de la potente electrónica del grupo canadiense y de su nuevo disco, del que desplegaron bastantes temas.

Fotografía: Dena Flows

Aunque todo esto era únicamente el preámbulo del prime time en el que tocarían uno detrás de otro Depeche Mode, Spoon/The Avalanches y Justice. Una combinación tan peligrosa como los chupitos de Jäger y la cerveza que iban cayendo como rayos a esa hora de la noche. El trío británico fue el primero en poner bocabajo el escenario principal, que se llenó de fieles y de primerizos. He de admitir que no son ni de lejos una de mis bandas favoritas, pero hay que reconocerles que han logrado envejecer muy bien y sus temas más icónicos siguen pegando fuerte. Así que, aunque suene a tópico, hay que explicar que los años parecen no pasar por Dave Gahan y que lo da todo bailando y moviéndose en el escenario como si aún tuviera algo que demostrar. Y eso que apostaron más por los temas nuevos que por los viejos éxitos. Un tirarse a la piscina que les salió bien gracias a que su nuevo single “Where’s The Revolution” es todo un temazo que ya se saben los fans y también a que el nuevo disco no está nada mal (pese a que acabe condenado a la irrelevancia). Aunque faltó “Just Can’t Get Enough”, sí que encararon una recta final con perlas como “Enjoy The Silence” o “Never Let Me Down Again”. Iban a volver, claro, para hacer cuatro bises antes de despedirse con la imperecedera “Personal Jesus”. Después de Depeche, todo te sabe a poco.

Y esto fue lo que ocurrió en el siguiente tramo horario. Las prisas por ver a Spoon, un poquito de los Avalanches y por no hacerle el feo al bueno de Xoel López hizo que nos moviéramos de barra en barra para poder absorber un poco de todo. Los primeros, que dejarían también su sello en el Mad Cool Festival la jornada siguiente, están de presentación de su último trabajo, aunque también saben darle bien a esto de los trallazos de rock a base de una carrera sólida como pocas. Fue justo lo que hicieron, con un repertorio muy parecido al que tocaron en Madrid, ante un público que ya estaba repartiéndose en varios escenarios.

Porque tampoco nos queríamos perder a The Avalanches, que pusieron sobre las tablas su acertada elección de samples en canciones como “Because I’m me” o “Frankie Sinatra”, con las que abrieron el show para dar paso a una versión del “The Guns of Brixton” de The Clash. Dos cortes imprescindibles de su gran segundo trabajo de larga duración “Wildflower”, el primero tras 16 años de silencio. Una gran vuelta a la palestra. Después de disfrutar con los australianos, nos fuimos a ver a Xoel López para comprobar que sigue con el mismo show de la semana anterior en el Cultura Inquieta. Paso a paso, va calcando su concierto antes de despedirse con “Que no”.

Ya entrada la madrugada un zumbido de graves empieza a resonar en Kobetamendi. Casi como una llamada divina. Todos los fieles de Justice comienzan a acudir desde todos los rincones, pareciera que de todo Bilbao, hacia el escenario principal. Una pared de 9×4 pantallas Marshall emite una cantidad de graves que preocupa y eso que el concierto aún no ha empezado. En cuanto sale a escena el dúo francés todo el público enloquece. A pesar de la colección de temazos que tienen aunque su último “Woman” resultara algo insípido, el absurdo nivel de los graves hace imposible disfrutar de la música a no ser que ya vayas: a) muy drogado o b) lleves tapones para los oídos. Pero no era nuestro caso. Fuimos a disfrutar del espectáculo y lo hicimos gracias a la efectista puesta en escena a través de un sistema de luces móviles francamente impresionante, con la mítica cruz símbolo del grupo al frente. En mitad de la actuación tuvieron problemas técnicos que les hicieron parar durante unos 15 minutos (que por supuesto no recuperarían) e incluso cambiar la mesa de mezclas. Y así concluyó nuestra primera jornada.

Fotografía: Tom Hagen

THE KILLERS ME MATAN (VIERNES 7 DE JULIO)

Después del subidón de anoche comprobamos que aún seguimos con el sentido del oído intacto y nos adentramos de nuevo en un Kobetamendi que empieza a parecerse cada vez más a un festival británico, con el intenso verde de la montaña combinado con una niebla gris que empieza a descender por la loma. Con este panorama, lo que apetece es una taza de té caliente. Justo lo que está tomando el cantante de Fleet Foxes que ya entona su preciosista folk para todos los presentes. Es sin duda una posta idílica. Antes, Explosions in the Sky habían calentado el ambiente con su post-rock en el mismo escenario para una buena cantidad de público. Pero volvamos a los Fleet Foxes, uno de los cabezas de cartel de este año que cumplieron con creces gracias a una formación en plena forma que lo toca todo. Se fueron alternando guitarras acústicas, eléctricas, teclados, flautas y hasta un contrabajo para cuajar un concierto redondo en el que repasaron todo su gran repertorio hasta el clímax de “Mykonos”, aunque las composiciones de su reciente “Crack-Up” también tuvieron el merecido espacio y quedaron muy bien acopladas a los temas de anteriores referencias.

Pasado el momento dulce de la jornada, fuimos a bailar un rato con Phoenix, que presentaron su nuevo disco (empezaron directamente por “Ti Amo”) y sus mejores temas en el escenario Heineken. Una actuación muy divertida que se hizo algo corta pero muy especial por el pornográfico espejo del techo del escenario, que otorgaba una panorámica genial de todo el grupo. Sucesivamente fueron cayendo temazos aunque muy pocos del, en mi opinión, genial “Bankrupt!”. No obstante lo dieron todo y nos hicieron bailar con una buena recta final formada por “Armistice” y “1901”.

Pero hoy hemos venido a ver al verdadero plato fuerte de la noche y probablemente del festival: The Killers. Los de Las Vegas parece que no han cambiado mucho su fórmula desde el concierto que ofrecieron en el DCODE de 2012: encadenar súper éxitos y, si acaso, meter alguna de los últimos trabajos, que se exhibieron como claramente los momentos de más bajona de todo el bolo. Pero un show que empieza, así como si nada, con “Mr. Brigthside”, “Spaceman” y “Somebody Told Me” no puede acabar mal. Con un arranque tan apoteósico todos nos miramos incrédulos preguntándonos qué iban a guardar para el final. La respuesta, claro, eran más temazos, durante un último tramo en el que homenajearon a Joy Division con esa cover que les sale mejor a ellos, “Shadowplay”, la eterna “All These Things That I’ve Done” y se despidieron añorando tiempos mejores con “When You Were Young”. Conciertazo.

Con la euforia por las nubes aún quedaba mucho por disfrutar y por eso nos fuimos a ver a otras de las estrellas: Royal Blood. La pareja impuso su ley a ritmo de trallazos de rock duro con ese bajo que suena a guitarra y esa batería omnipresente. Un crescendo general desde la potente apertura de “Where Are You Now?” que estalló con sus impactantes “Hole in Your Heart” y “Figure It Out”, las cuales enloquecieron al público. Sólo 11 canciones pero con temazos como “Loose Change” o “Out Of The Black” no hace falta mucho más.

Tras un breve descanso, optamos por no entrar en el terreno de los DJs antes de las 2:00, lo que nos dejó casi como única elección el concierto de Los Punsetes. La banda trajo lo mejor de su nuevo disco, pero alternado con algunos temas de sus anteriores referencias demasiado lentos para un festival. Y es que el primer tramo lo iniciaron con “Tus amigos” o “Mabuse”, aunque alternadas con “Museo de Historia Natural” se quedaba un poco flojo. Era eso o que después de la euforia con la que veníamos nos dio algo de bajón. Ellos venían a lucirse y trajeron un repertorio muy completo, pero a su estilo hasta las últimas consecuencias (nunca nos cansaremos de ver a la pétrea Ariadna). Aun así, lo bordaron al final con “Tu puto grupo” antes de que todos cantáramos esa ópera sadomasoquista que es “Me gusta que me pegues”. Y todavía quedaban los bises “Opinión de mierda” y “¡Viva!” antes de irnos a casa. Otra excelente jornada.

CHAPARRÓN DE BUENA MÚSICA (SÁBADO 8 DE JULIO)

Sin cabeza de cartel claro a la vista (no, lo siento, Die Antwoord no lo son) teníamos por delante una interesante jornada en la que descubrir otras propuestas y tomarnos con más calma esto de conocer todos los rincones del festival. Como el mágico escenario Basoa, que ofrecía electrónica en medio del bosque, o los diferentes puestecitos del que tengo que destacar el karaoke a la entrada, porque esto de los festivales no va únicamente de escuchar, sino también de cantar. En fin, actividades paralelas antes de ir a ver a Los Bengala, uno de los conciertos obligatorios de la jornada; el dúo zaragozano no defraudó con su mezcla de energía a la batería y su actitud punk e irreverente en el escenario. Sólo ocho canciones, pero no pararon: “Ataco”, “Máquina infernal”… hasta ponernos a cantar “Jodidamente loco” por su amor. Algo parecido a la que liaron The Orwells poco después. La jornada estaba siendo tan plácida que se podía disfrutar de los conciertos de manera tranquila y sin grandes aglomeraciones. A no ser que fueras a ver a los de Illinois y te metieras en uno de los pogos que se organizaron en las primeras filas… algo que, por descontado, hicimos. Teníamos nuestras dudas en cuanto a lo que podrían ofrecer, escuchado y reseñado el último disco, pero la verdad es que las canciones crecen en directo como las nubes que se iban formando de nuevo en Kobetamendi, y fue una de las actuaciones que más disfrutamos de todo el sábado.

Porque luego llegó el momento más emotivo pero también decepcionante del festival: la actuación de Brian Wilson. Poco o nada queda del líder de los Beach Boys que ahora se parapeta detrás de su teclado y se sienta a intentar cantar como puede sus grandes éxitos. Es una suerte que lleve una banda tan potente detrás, quienes consiguen remontar la actuación, pero nos invadió un poco de tristeza ver así al bueno de Brian. Estuvimos hasta que espetó: “Ésta es la mejor canción que he compuesto nunca…”, tocó “God Only Knows” y salimos corriendo para ver a Kokoshca. Una actuación que no defraudó en absoluto, y es que en el escenario Matusalem se vieron algunas de las mejores propuestas del día y de todo el fin de semana. Una buena apuesta por el producto nacional.

Los navarros fueron la pausa perfecta antes de ir a romperlo con Two Door Cinema Club, que empezaron petándolo con una de sus canciones más conocidas: “Cigarettes in the Theatre”. El resto fue un auténtico derroche de temas bailables coreados casi al unísono, con especial relevancia los de aquel magnífico “Tourist History”. A esas horas los fieles ya abarrotaban el escenario principal para disfrutar de su acertada mezcla de electrónica e indie rock que fueron alternando con otras canciones nuevas de corte más disco y ochentero. Pero volvieron a la senda del estilo que los trajo aquí con “Someday”, antes de cerrar, como no podía ser de otra forma, con su súper éxito “What You Know”.

Entonces llegó el momento del diluvio. Mientras nos acercábamos a ver a Primal Scream lo que el día anterior había sido un mero fino spray ahora se convertía en una auténtica tormenta de montaña que lo empapaba todo y convertía el prado verde en un tremendo barrizal. Al principio tiene su gracia un poco de refresco veraniego, pero cuando se te calan hasta los gayumbos algo en tu interior se rompe. Con semejante tiempo fue complicado disfrutar la actuación de los escoceses que, eso sí, lo dieron todo para los pocos fieles de corazón que desafiaron a la tormenta con el fin de verlos en primera fila en lugar de resguardados bajo algún techado de un puesto de comida thai. Pero llegado el momento ni las ganas por verlos vencieron al tiempo y nos fuimos a refugiarnos en el escenario Starman, donde The Lemon Twigs no se habían visto en otra. La gente se agolpaba e incluso parecía que se quedaba público fuera. Debió ser toda una experiencia para ellos ver a unas 2.000 personas abarrotando su concierto en competencia directa con Primal Scream. Aparte de agradecer el techo y el calor humano, también fue delicioso disfrutar de su particular propuesta de pop barroco y rock sesentero-setentero que de otra manera no habríamos visto.

Acabado el chaparrón sólo quedaba marcharse para ver qué tenían preparado los Die Antwoord. Al fin y al cabo, nunca sabes cuándo será la próxima vez que podrás ver a los sudafricanos, que se marcaron una actuación muy efectista, llena de trucos luminosos, coreografías y vídeos muy alocados en las pantallas. Pero los grititos de Yo-Landi y el rap pandillero de Ninja resultaron bastante banales y de nuevo la manía de estos grupos por torturar al público con los graves a toda pastilla nos hizo replantearnos nuestra elección. Así, después de unos cuantos temas nos fuimos a disfrutar con Biznaga. Y nunca mejor dicho, porque de nuevo optar por un concierto sin masificar ya resultó ser una buena elección, y si a eso le añadimos los temazos de su nuevo disco y su potente sonido terminamos por redondear la jornada más floja del festival.

Y con la última nota de “Una ciudad cualquiera” me despido del BBK. Los últimos valientes están ahora acostados cerca de las tiendas de madera de la entrada. Según bajo Kobetamendi, con la panorámica de Bilbao al fondo, pienso en lo que he disfrutado con este festival. Con la música, la organización, el lugar idílico y, por qué no decirlo, con pasar un poco de frío en verano. Aprendo por el camino mi segunda palabra en euskera: ordainetan. Lo que haré el año que viene.

Fotografía: Rock In Focus