Fotografía: Sergio Albert

En el momento de escribir estas líneas todavía no sé cómo afrontar la crónica de un festival que ha dado alegrías y desgracias a partes iguales. Todo el mundo, tanto las personas que han asistido al festival como las que no, son conscientes de sobra ya del principal hecho que ha marcado una edición llena de problemas y que tenía muchas cosas en contra para poder ser celebrada. Me he planteado una y mil veces dejar a un lado todo lo ajeno a la parte más relacionada tanto con el festival como con nuestro medio, es decir, la música, pero no me veo capaz, no me parecería justo ni tampoco humano al fin y al cabo. El fallecimiento de Pedro Aunión Monroy hizo pedazos a todas las personas que veíamos su espectáculo, ‘Claustrofobia’, mientras esperábamos a que Green Day empezaran su concierto. No estaría bien obviar ese trágico acontecimiento por respeto al propio artista y porque nada fue como debería haber sido desde ese momento. Creo que uno nunca está preparado para presenciar un hecho de tales características ni tampoco para escribir sobre ello, así que pido disculpas a cualquier persona que pueda sentirse ofendida o sienta una falta de sensibilidad o tacto por parte de quien escribe este texto, pues la intención no es otra que mostrar el máximo respeto y apoyo posibles y de dar nuestras condolencias a sus familiares y amigos.

NI UNA LLUVIA TORRENCIAL ES CAPAZ DE PARAR LA MÚSICA (JUEVES 6 DE JULIO)

Cuando anunciaron lluvias para los días en los que se iba a celebrar el Mad Cool creo que nadie esperaba un torrente como el del primer día. La lluvia y los nubarrones llevaban amenazando desde la madrugada y todos teníamos miedo y rezábamos tanto porque no se cancelase el festival como para que parase. La gente anunciaba entusiasmada por las redes sociales que ni una tormenta iba a impedir que acudiesen al festival y la organización insistía en que la jornada de conciertos se iba a celebrar sí o sí sin ninguna cancelación. La pelea entre la música y la naturaleza duró hasta ya comenzada esta segunda edición del Mad Cool, con un montón de gente teniendo que hacer cola en el barro, chubasqueros de todos los colores, otros que decidieron dar media vuelta al ver que la lluvia no paraba y con un montón de personas intentando resguardarse como podían. La fuerte tormenta resultó ser un factor determinante para que gran parte del público no se decidiera a ir hasta que paró, pero a pesar de ello todo siguió según lo planeado.

Los artistas encargados de inaugurar el festival fueron, por un lado, los portugueses Plastic People, que demostraron su buen hacer con una propuesta guitarrera que no tiene nada que envidiar al indie anglosajón y, por otro, Nora Norman, quien hizo las delicias de los amantes del soul con su fantástica interpretación vocal. A las 18:55 George Ezra comenzaba su concierto en el escenario Koko, preparado para dejar atónitos a todos con su increíble y particular voz y sus dotes de crooner sin ganas de embarrarse demasiado. El caos reinaba en el recinto pero a pesar de ello el joven artista británico se marcó un concierto divertido en el que predominaron sus grandes éxitos. Tras él vendrían los primeros problemas de la jornada. Aún no sabemos las causas, pero The Lumineers no sólo retrasaron sino que acortaron su actuación, ofreciendo un concierto escueto en el que al menos dio tiempo para que sus fans celebraran sus temazos folk-rock más conocidos, como “Ho Hey” y “Stubborn Love”. Al mismo tiempo teníamos a Warpaint, quienes consiguieron sobreponerse a los problemas con los micros, y Neuman, que presentó parte de su nuevo disco, “Crashpad”, en el escenario MondoSonoro, el único cubierto de todo el recinto. Mientras la gente ya calentaba motores para la gran actuación de la noche, Foals rompían el hielo con un setlist cargado de éxitos pasados y de su último disco como “Inhaler” o “My Number” y un directo muy enérgico que gana enteros respecto a sus discos.

Tras seis años sin pisar un escenario por España, a eso de las 22:20 salían Foo Fighters al escenario con ganas de revolucionar la noche. Dave Grohl sonreía e incitaba al público a contemplar la preciosa noche que se había quedado y la maravillosa Luna que se dejaba ver entre las nubes. No se equivocaba. Pero no sabía que lo mejor de la noche no eran la Luna o el cielo, sino ellos mismos. A pesar de que las pantallas del escenario no funcionaron en ningún momento y de que el sonido fue algo caótico durante las tres o cuatro primeras canciones, los Foo dieron un concierto espectacular de principio a fin. Dos horas y media cargadas de algunas de las mejores canciones de las últimas dos décadas, como esa mítica “Everlong” con la que abrieron la noche. “Tenemos muchos discos, vamos a tocar canciones del primero, del segundo, del tercero, del cuarto, del quinto, del séptimo, del octavo… y puede que algo nuevo ahora que tenemos un noveno” anunciaba Dave Grohl ante un público muy entusiasmado. “Incluso podríamos grabar el décimo esta noche si queréis”, bromeaba el líder del grupo, tan simpático y lleno de buen rollo como siempre. El ritmo del concierto fue perfecto. La mayor parte la ocuparon sus canciones más guitarreras y rápidas, tales como “Times Like These”, “This Is A Call” o “Learn To Fly”, además de las salvajes “White Limo” y “Run”. Pero también hubo tiempo para los grandes himnos como esas “Walk” y “These Days” de su aclamado “Wasting Light”, o unas “Big Me” y “Wheels” ralentizadas que hicieron que más de uno nos emocionáramos. Entre medias hubo espacio para presentar a la banda, para los grandes discursos de Dave, para que Taylor Hawkins se marcase una destacada “Cold Day In The Sun” y para que nos prometieran no volver a tardar tanto en pasar por España. “No somos el tipo de grupo que hace bises, no vamos a hacer la tontería de irnos a fumar y a beber y volver a salir. Simplemente vamos a tocar hasta que no nos dejen seguir, ¿os parece bien?” explicaba en la recta final un Dave Grohl que supo encandilar al público durante toda la noche. “Best Of You” puso fin a una velada inolvidable con la que Foo Fighters sentaron cátedra y nos dejaron con ganas de poder volver a disfrutar de ellos.

“No somos el tipo de grupo que hace bises, no vamos a hacer la tontería de irnos a fumar y a beber y volver a salir. Simplemente vamos a tocar hasta que no nos dejen seguir, ¿os parece bien?” explicó Dave Grohl casi al final de su concierto, y lo cierto es que Foo Fighters desplegaron un show espectacular de principio a fin. Dos horas y media cargadas de algunas de las mejores canciones de las últimas dos décadas.

Pero todavía quedaba noche por delante. Belle & Sebastian fueron una alternativa muy a la altura (y dolorosa), con un setlist que dio repaso a toda su carrera y dejó claro que siguen en plena forma y que aún tienen ganas de bailar y pasarlo bien con el público. Pero es que poco después aparecían Kurt Vile & The Violators sobre el escenario Koko para ofrecer uno de esos conciertos íntimos, mucho más pequeño y discreto, perfecto para descansar y dejarse llevar tras dos horas y media sin respiro. El setlist estuvo principalmente compuesto por canciones de sus dos últimos discos, destacando las excelentes “Pretty Pimpin” y “Wakin’ On A Pretty Day”, además de otros temazos como “KV Crimes” o “Wild Imagination”, con la que puso fin el de Philadelphia, que se mostró bastante tímido con el público pero consiguió hacer brillar sus canciones. La crudeza y la energía se volvían a apoderar poco después con unos Catfish & The Bottlemen que lideraron el escenario principal. Sus dos trabajos de estudio sirvieron para completar un setlist idóneo para mostrar sus mayores virtudes y esconder los defectos de ese “The Ride” que tan fríos nos dejó por esta casa.

Fotografía: Sergio Albert

CONVIVIR CON LA TRAGEDIA (VIERNES 7 DE JULIO)

La verdad es que la tarde del viernes empezó mucho mejor que la del jueves. Apenas cayeron unas gotas de camino al festival y aunque el cielo seguía encapotado y las nubes todavía nos acorralaban, no llovió en toda la jornada. Nada más llegar fue sorprendente ver la cantidad de gente que había haciendo cola en comparación con el día anterior, personas de todas las edades que en su mayoría iban para ver a Green Day, algo fácil de adivinar dadas las camisetas que llevaban muchos.

Gran parte del público nos sorprendimos al ver a Aurora & The Betrayers sobre el escenario Koko debido a un cambio con Peter Bjorn and John por un retraso con su vuelo. La oportunidad le vino que ni pintada al grupo de Madrid para hacer gala de todas sus capacidades, ofreciendo un concierto de gran nivel en el que además de tocar sus mejores temas se marcaron una versión más que digna de “In The Heat of the Morning” de David Bowie. Deap Vally, por su parte, descargaron guitarrazos sin piedad a lomos de sus dos álbumes de estudio, demostrando que no hacen falta más de dos personas para hacer ruido y animar a la gente.

Rancid continuaron la fiesta con un set cargado de clásicos que los fans coreaban y disfrutaban como enanos. Si bien sus temas nuevos no fueron tan bien acogidos, la gente se volvía loca con las canciones de sus “Let’s Go” y “…And Out Come The Wolves”, entre las que hubo pogos en varias zonas del escenario y una adrenalina irrefrenable incluso cuando bajaron las revoluciones (tampoco demasiado, claro). El ska-punk dominó el festival durante todo el concierto y calentó motores para lo que más esperaba la gente de aquella noche. Pero a su vez teníamos a unos Spoon desmembrando su último trabajo, “Hot Thoughts”, en el que tampoco faltaron canciones de sus discos más aclamados, y es que con una discografía tan sólida y la experiencia a sus espaldas era imposible que el resultado decepcionara. Un concierto de rock con todas las letras y una madurez encomiable. Y por si fuera poco, a un lado y a otro del festival se podía vislumbrar un arcoíris que hacía ideal la tarde.

El guitarreo siguió con un Ryan Adams que pisó muy fuerte tras más de una década sin pasarse por España. Su nuevo trabajo, “Prisoner”, sonó espectacular, y los clásicos como “Fix It” levantaron al público y demostraron que a pesar de su corta tendencia a pasar por nuestro país se le quiere como a pocos y había ganas de disfrutarlo. alt-J tampoco se quedaron atrás ni mucho menos, y es que el concierto de los británicos fue redondo de principio a fin, tanto en sonido como en escenografía. Las luces y la disposición de los músicos sobre el escenario fue muy original y combinaba perfectamente con el estilo del grupo, cediendo casi todo el protagonismo eso sí a sus dos primeros álbumes, a pesar de haber lanzado “RELAXER” el mes pasado y que además fue muy bien recibido y sonó muy bien, como esa “3WW” con la que abrieron. No obstante, todos deseábamos escuchar ese debut que fue disco del año en 2012 para muchos medios y nos volvimos locos con temazos como “Matilda” y “Breezeblocks”, siendo ésta la pieza con la que pusieron punto y final a un directo que dio mucho más de sí de lo que en un principio se podía imaginar.

Los momentos antes del concierto de Green Day fueron de caos, confusión, conmoción y mucha tristeza tras el fatídico accidente de Pedro Aunión. Las redes sociales ardían y la gente se debatía entre quedarse o irse a casa a la par que nos preguntábamos si el grupo actuaría o no o si se habrían enterado siquiera. Al final, con media hora de retraso comenzó a sonar “Bohemian Rhapsody” y tras un pequeño show de Drunk Bunny, la mascota del grupo, comenzaban lo que iba a ser el último concierto de la gira de “Revolution Radio”. Las críticas con el grupo fueron duras por no cancelar la actuación; lo cierto es que el comienzo no fue plato de buen gusto y la situación se presentó tan surrealista que uno no podía sino dar con la conclusión de que el grupo no había sido advertido de nada, algo que confirmaron nada más acabar el concierto con un comunicado en Twitter y otro mucho más extenso de Billie Joe en Instagram. El concierto en sí fue una demostración de que Green Day no están donde están por casualidad, y es que aparte de grandes músicos saben dar espectáculo, sobre todo gracias a Billie Joe, un showman en toda regla. Nada más empezar con “Know Your Enemy” subieron a una fan al escenario y la animaron a hacer crowdsurfing, algo que repitieron en varias ocasiones, incluso regalándole una guitarra a otro fan que se preguntaba atónito si de verdad estaba pasando lo que estaba viendo. El sonido fue claro desde el principio y el setlist una locura, con mucho protagonismo para “Dookie” y para “American Idiot”, sus dos discos más emblemáticos, pero también con mucho de “Revolution Radio” (en directo no desentonó para nada) y en general de todos sus trabajos, llegando a tocar incluso “Going To Pasalacqua” de su primer álbum de estudio y una “Paper Lanterns” que interpretaron en honor a la primera vez que pasaron por España en 1991, cuando gran parte de los asistentes ni siquiera habíamos nacido. Billie Joe supo mantener a la gente en vilo en todo momento gracias a un carisma envidiable y a sus dotes como frontman, animando al público a cantar y a saltar, a seguirle con sus “eeeooh” y proclamando varios discursos en contra del fascismo, el racismo y la homofobia. Los momentos álgidos vinieron cuando sonaron de carrerilla clásicos como “When I Come Around” y “Basket Case”, pero cuando parecía que ya estaba todo el pescado vendido volvieron a aparecer para encadenar “American Idiot” y “Jesus of Suburbia”, que sonaron especialmente increíbles dada la épica característica del rock de estadio que tan bien profesan. El broche final lo dio Billie en solitario con su guitarra acústica, dejándonos con “Ordinary World”, “21 Guns” y una “Good Riddance (Time Of Your Life)” que nos hizo soltar la lágrima a más de uno.

El concierto de Green Day en sí mismo demostró que no están donde están por casualidad, y es que aparte de grandes músicos saben dar espectáculo, sobre todo gracias a Billie Joe, un showman en toda regla que supo mantener a la gente en vilo en todo momento gracias a un carisma envidiable y a sus dotes como frontman, animando al público a cantar y a saltar, a seguirle con sus “eeeooh” y proclamando varios discursos en contra del fascismo, el racismo y la homofobia.

Por su parte, Cage The Elephant y Benjamin Booker ofrecieron grandes propuestas, los primeros con una carrera ya bastante consolidada compuesta por pildorazos pop rock con tintes británicos mientras el segundo hizo gala de sus canciones de tradición más clásica, a veces más cercanas al blues, otras al soul y otras al garage rock, con esa voz tan característica capaz de ensuciar canciones que en manos de otros tendrían un sonido mucho más limpio y que por el contrario piden más fuzz, algo que el músico ya controla con gran destreza. El fin de la noche vino con la cancelación de Slowdive, grupo que no quiso actuar tras enterarse de lo ocurrido, decisión totalmente coherente y respetable.

Fotografía: Alfredo Arias

LOS CABEZAS NO SIEMPRE SON LOS QUE MÁS BRILLAN (SÁBADO 9 DE JULIO)

Volver a pisar el festival el sábado fue incómodo y en cierto modo violento. A día de hoy sigo sin saber si hice bien o si lo correcto hubiera sido unirse a los manifestantes de la entrada, pero la decisión fue entrar para comprobar que la seguridad del festival se incrementó esta última jornada, suponemos que debido a lo sucedido el día anterior y a las consecuentes quejas de muchos asistentes. Para empezar, el personal de seguridad cortaba la entrada tras dejar pasar a un pequeño número de personas y esperaba unos segundos antes de dejar entrar al siguiente grupo. Aparte de eso, las pantallas mostraban continuamente planos del festival, haciendo hincapié en las salidas de emergencia y dando indicaciones y pasos a seguir para mantener la seguridad y el bienestar del público, algo que se debería haber hecho al menos desde el momento en que las pantallas estuvieron en marcha.

El primer plato fuerte (en realidad el más fuerte de todos) del último día vino con Wilco, quienes sonaron tan limpios, tan profesionales y tan infalibles que daba miedo verlo. El grupo de Jeff Tweedy hizo una demostración de cómo se debe dar un concierto, desplegando un setlist dedicado sobre todo a sus dos últimos trabajos en la primera mitad y a sus grandes éxitos en la segunda. Podría parecer que los de Chicago ya no están para tantos trotes pero nada más lejos de la realidad. Canciones como “Spiders (Kidsmoke)” o la catártica “Impossible Germany” sonaron espectaculares, y sus piezas más recientes como “Random Name Generator” no desentonaron en ningún momento. Wilco es un grupo tremendamente emocional y en directo lo plasmaron a la perfección. Todo sonó tan nítido y tan en su sitio que fue imposible no emocionarse con “Jesus, Etc.” o “California Stars”. No me voy a parar a enumerar las bondades de cada miembro, pero, si a veces el conjunto hace más que la suma de todas las partes, cuando cada parte ya es un todo de por sí el resultado final es algo estratosférico. Qué corto se hizo, qué intenso, y qué ganas de volverlos a ver; eso sí, esperemos que la próxima vez con un público entregado de verdad y no charlando e ignorando semejante delicia delante de sus narices.

Wilco es un grupo tremendamente emocional y en directo lo plasmaron a la perfección. Todo sonó tan nítido y tan en su sitio que fue imposible no emocionarse. Si a veces el conjunto hace más que la suma de todas las partes, cuando cada parte ya es un todo de por sí el resultado final es algo estratosférico.

Nada más acabar Wilco comenzaron unos Manic Street Preachers con intención de mantener la energía entre la gente, ofreciendo un concierto de aire muy noventero en el que se respiraban unas ganas tremendas por parte del grupo de mantenerse jóvenes y seguir dando guerra a pesar de su veteranía en el mundillo. Los galeses dieron un repaso a toda su carrera haciendo hincapié especialmente en los clásicos, destacando himnos generacionales como “Everything Must Go”. Pero Savages tampoco se quedaron atrás. Las londinenses capitaneadas por Jehnny Beth dieron un concierto sólido con un sonido mucho más equilibrado que el de hace un año en el Primavera Sound, consiguiendo enamorar al público con una inmensa “Adore Life” y la ya clásica “Fuckers” que dejaron para cerrar un directo arrollador y contundente.

Un servidor tenía ganas de poder disfrutar del grupo de J. Mascis, Dinosaur Jr., después de no haber tenido la oportunidad en el Primavera Sound 2016 y las expectativas se vieron más que cumplidas con el trío de Amherst. J. Mascis apenas se pronunció en todo el concierto, pero tampoco le hizo falta, puesto que el conjunto sonó potentísimo tanto en los temas de su último trabajo como en los clásicos (sirva de ejemplo esa “Feel The Pain” que tanto ansiaba por escuchar en directo), y con un Barlow entregadísimo que se marcó una gran cover de “Training Ground” de los Deep Wound, aportando el toque hardcore a una banda que mantiene imbatible su noise rock incluso con problemas de sonido en el micro.

Fue durante este concierto cuando se celebró el sentido homenaje a Pedro Aunión que la organización del Mad Cool había anunciado durante la madrugada de la noche anterior. A la hora en la que se produjo el terrible accidente toda actividad se detuvo y las pantallas mostraron el mensaje “En memoria de nuestro compañero Pedro, te recordaremos siempre” mientras sonaba esa “Purple Rain” de Prince que formaba una parte esencial de la performance del artista. El público se deshizo en aplausos al concluir, y es que tal y como mostraron las pantallas nunca olvidaremos a alguien que dio su vida por el arte.

Tras la vuelta de las actuaciones, Kings of Leon atacaron con fuerza el escenario principal y al público. A pesar de ser bastante menos numeroso que las noches anteriores se entregó al máximo incluso con las canciones de sus últimos trabajos, en los que el propio grupo parece confiar plenamente ya que acabaron con “Waste a Moment” del reciente “WALLS” (2016). Eso no quiere decir que las más celebradas no fueran las clásicas, con unas “Sex On Fire” y “Use Somebody” que absolutamente todo el mundo coreó. A pesar de no ser un nombre tan grande como los otros cabezas de cartel, Kings of Leon demostraron estar a la altura con el rock de estadio y la épica grandilocuente como fórmula. Por su parte, los vizcaínos Belako se sacaron de la manga un recital intenso como pocos, dando rienda suelta a toda la furia característica de su sonido a medio camino entre el post-punk y el noise y con letras que combinaban el inglés y el euskera. A pesar de contar con un setlist breve, tuvieron tiempo para repasar los mayores éxitos de su debut, un poquito del segundo y también de tocar “Render Me Numb”, single más reciente que formará parte de un tercer disco que verá la luz en septiembre (del que también tocaron “Over The Edge”).

Fotografía: Selector Marx

Con todos los conjuntos mastodónticos que actuaron en el festival podría sonar descabellado o increíble decir que el concierto de Foster The People fue uno de los más animados, pero con un grupo de tales características resulta lógico. Si bien el sonido una vez más no fue todo lo correcto que podría haber sido, las ganas de Mark Foster de bailar se contagiaron muy rápidamente entre el público y todo el mundo enloqueció ante los éxitos de su primer disco, tales como “Pumped Up Kicks” o “Don’t Stop (Color On The Walls)”. Los nuevos temas también fueron recibidos con entusiasmo, tanto la tameimpalesca “Doing It For The Money” como la discotequera “Pay The Man”, sorprendiendo al final con una “Lotus Eater” mucho más guitarrera que asombró a todos los asistentes. La hora que duró el concierto se pasó volando y nos dejó a todos con la fiesta encima, y es que pocos grupos se me ocurren más idóneos para un festival.

Antes de poner fin al festival con una sesión de electrónica a manos de Moderat, Junior Boys y los DJ set de SBTRKT y Floating Points, M.I.A. coronaba el escenario Radio Station dispuesta a ser la reina de la noche y a conquistar a todos los allí presentes con un repaso a toda su discografía y unas ganas de bailar que no decayeron en todo el concierto. “Bad Girls” Y “Paper Planes” fueron irremediablemente las más celebradas, pero también hubo tiempo para una “Fly Pirate” que la artista dedicó a Pedro Aunión en un gesto sensible y emotivo.

Con un montón de emociones a flor de piel y una sensación agridulce se puso fin a un festival lleno de contratiempos y que a pesar de tener un cartel increíble dejó entrever que todavía tiene bastante margen de mejora en lo que a organización y seguridad se refiere, si bien factores como la lluvia no acompañaron y dificultaron todavía más las cosas.

Fotografía: Sergio Albert