Fotografía: Rafa Rubiales

Si nos preguntáis por un titular que resuma la edición del festival Vida que acabamos de dejar atrás os diríamos que ha sido un reencuentro en todos los sentidos. Por una parte, el ya tópico reencuentro con un festival bucólico y su entorno natural, en el que uno puede estar relajado mientras disfruta de la música. Por otro lado, y quizá el más importante de este año, el reencuentro con muchas bandas que emergían de sus silencios respectivos: Phoenix, Fleet Foxes, La Casa Azul o La Iaia nos hicieron sentir verdaderamente privilegiados al escoger el locus amoenus que ofrece el festival para presentar sus recientes novedades discográficas.

Así pues, cerramos un nuevo Vida pensando que es un festival al que no hay que restarle ningún valor por su tamaño, sino todo lo contrario; cada año se esfuerzan más en buscar la mejor experiencia para un público mayoritariamente familiar, que busca en el Vida un festival fácil, sin muchas caminatas y adaptado a los pequeñines. Pero el Vida no acaba aquí: con la incorporación del Vida Club, un espacio donde bailar al son de DJs, la organización apostó fuerte por una programación bailable que era una alternativa ideal a los grupos más tranquilitos que suelen frecuentar el festival.

Pasamos, ahora, a detallar lo que pudimos ver y vivir durante las tres jornadas principales del festival:

JUEVES 29 DE JUNIO

Llegamos justo a tiempo para asistir al concierto de Les Sueques en el escenario La Cova Movistar. Con el cuarteto barcelonés el Vida lo tenía claro: querían que los primeros asistentes empezaran su jornada bien arriba. No fueron pocos los que corearon algunos de sus temas más conocidos tanto de anteriores trabajos (por ejemplo “Cor Pelut”) como otros de su último lanzamiento (“Moviment”), en el que se incluyen “Tu em caus molt bé” o “Heroïna de Montserrat”. El rock ‘punki’ con dejes poperos también lo abanderan la actitud de Blanca, Tuixén, Raquel y Pau que saltaron y lo dieron todo bajo el soleado cielo Vilanovense. Su set fue ganando energía progresivamente y nos trasladó con las ganas y buenas vibraciones suficientes para ver a otra figura clave de la canción catalana, aunque bastante más veterana: Joan Miquel Oliver.

El Vida es un festival al que no hay que restarle ningún valor por su tamaño, sino todo lo contrario; cada año se esfuerzan más en buscar la mejor experiencia para un público mayoritariamente familiar, que busca un festival fácil, sin muchas caminatas y adaptado a los pequeñines.

El mallorquín estrenó el escenario Estrella Damm, el más grande del recinto, pese a la mala fama que tienen las primeras horas de los festivales. No tardó mucho en recordarnos lo cosechado en más de diez años de trayectoria; pronto sacó a relucir su repertorio más significativo, encadenando “Surfistes a Càmera Lenta”, “Flors de Cactus”, “Final Feliç” y “Hansel y Gretel” con pocas pausas y de manera coherente bajo una pauta instrumental mucho más bailable, que contrarresta la aparente timidez del cantante en el escenario. Joan Miquel aprovechó su paso por el Vida para presentar “Atlantis”, del que lamentamos no poder escuchar su apertura, “Nins a Tobogans”, pero del que sí sonaron temas clave del disco como “Atlantis” o “Rumba del Temps”.

Justo después de Joan Miquel Oliver el escenario Estrella Damm acogía la primera propuesta internacional, la de los australianos afincados en Berlín Parcels. Ellos fueron la insignia del #VidaNextBigThing, un escaparate que ofrecía el festival para presentarnos a grupos emergentes. Si la expectación por Parcels ya se había consolidado gracias a sus actuaciones en las fiestas de presentación del Vida, ahora se le sumaba su reciente colaboración con Daft Punk para el tema “Overnight”. Ante este panorama, esperábamos la seguridad con la que pisaron el escenario, sin temor a interactuar con un público entregado desde el principio que no dejó de bailar temas como “Gamesofluck” o “Hideout”. Todos ellos se exhibieron mucho más percutivos en directo, demostrando un dominio de Parcels sobre sus propios temas, con los que podían jugar con éxito sin ningún miedo al riesgo. Desde luego nos apuntamos su nombre y estaremos atentos.

Con un descanso razonable para poder cenar con comodidad (en el Vida la palabra agobio no se utiliza demasiado), volvimos al escenario Estrella Damm para ver a los franceses Phoenix, cuyo regreso estábamos esperando con bastante ansia. Thomas Mars y los suyos se lo pusieron difícil a aquellos que querían irse pronto, puesto que empezaron su set con una batería de hits difícil de abandonar: la reciente “Ti Amo” (que retomarían al final del concierto), “Lasso”, “Entertainment” y “Lisztomania” sobrevolaron Vilanova y levantaron mucho polvo a raíz de un público cada vez más apasionado, apaciguando la falta de volumen en la voz de Thomas en los primeros temas. A mitad de dicho repertorio se disculparon por la ausencia del espejo posterior, que permitiría ver las llamativas figuras que aparecían en una pantalla bajo los pies de la formación (nada que una cámara en cenital no pueda arreglar). No obstante, suponemos que nadie sintió demasiada pena por el dichoso espejo cuando empezó “Long Distance Call”, uno de los pocos temas antiguos que nos tenían preparados, junto con “If I Ever Feel Better”, que fue uno de los momentos estelares de la noche. En general, un concierto basado (quizá demasiado) en el que es su álbum más característico, “Wolfgang Amadeus Phoenix”, que casi pudimos escuchar íntegramente (con mención especial a las emotivas “Love Like A Sunset” parte uno y dos). A pesar de ello, nos dimos cuenta de lo bien que defienden en directo los temas de su nuevo disco, que sonaron con menos azúcar y bastante más garra. Para el colofón final, Thomas quiso darse un buen baño de masas lanzándose al público retomando “Ti Amo” y arrancarnos las últimas fuerzas que nos quedaban.

Fotografía: Christian Bertrand

VIERNES 30 DE JUNIO

Nuestro primer concierto fue el del veterano Micalet Landete, cuyo sobrenombre Senior lleva años sumando adeptos y, por si quedaba algún alma dubitativa, estamos seguros de que la versión LOMAX que presentó en el Vida logró enandilar. Hace poco Senior lanzó el curioso disco “Valenciana, Vol. 1”, que no es nada menos que un disco repleto de colaboraciones que adaptan al catalán temas de artistas tan dispares como Tom Waits, Courtney Barnett, The Jesus and Mary Chain o Grupo de Expertos Solynieve. El terreno del cover podría considerarse la zona de confort del valenciano, sobre todo en un directo la mar de risueño con el que es muy fácil conectar. Precediendo a cada tema iba su introducción; un viaje desde Arizona a Glasgow pasando por Granada, todos situados en su contexto, y a nosotros nos situaba el entusiasmo por Senior bien arriba.

Poco después asistimos a un regreso esperado dentro de la canción catalana. El trío de Vic La Iaia decidió empezar la gira de su nuevo disco en el Vida y, de hecho, a muchos nos alegró verlos en el cartel, que confirmaba que estaban trabajando en algo nuevo. Este ‘algo nuevo’ se llama “Tornar a ser u” y viene acompañado por la producción de Paco Loco. Enseguida notamos que La Iaia venían con ganas de presentar material nuevo, por un lado porque se les veía especialmente emocionados (Ernest bajó al público a dar las gracias a todo aquel que se encontraba), y por otro porque los temas nuevos ocuparon buena parte del recital. Un gesto un poco arriesgado, pensando en quienes esperaban más volumen de sus temas clásicos que fueron ausencia: “La Platja”, “Explosió” o “El meu gos se’n va” no sonaron pero dejaron lugar a los temas nuevos de La Iaia cuyo directo sonó bastante correcto, “3/24”, “La Millor Flor del Balcó”, “Mariona”. No obstante y como es natural en estos casos, la calidez del público se la ganaron con la ya canónica “L’Ós”, con bailes incluidos. En general, un directo que dejó con ganas de más. Afortunadamente podremos mitigarlas gracias a la gira de verano que el trío tiene programada.

Justo después de La Iaia nos movimos casi al unísono hacia el escenario principal, en el que en pocos minutos aparecería Devendra Banhart. Al artista se le veía muy confiado en el escenario, y más frente a una audiencia con la que pudo establecer feedback enseguida. Banhart, no obstante, es uno de esos artistas a los que uno adora o detesta, polaridad reforzada con la retórica de encantador que tiene: “No te quiero, ¡te amo!”, nos declaraba. Ciertamente en el Vida fueron más los admiradores que los detractores, y es que su set cada vez parecía más hipnotizante, ganándose al público enseguida y consiguiendo que su banda fuera parte de esa fiesta de amor colectiva, cargada de besitos hacia el público. Se notó que era un artista al que muchos llevaban tiempo esperando, ya que los fieles acompañaban a Devendra en casi todas sus canciones, sobre todo las del disco “Mala”, de las que “Mi Negrita” destacó por ser uno de los momentos más aplaudidos de la noche.

Justo después de Devendra Banhart, en el escenario La Masia nos encontramos con Real Estate. Uno de los grupos que suenan tal y como uno se espera que suene el Vida: tranquilos, relajados, sugerentes… Estamos de acuerdo con los comentarios que lamentan que sus melodías empezaran a las 23:30, quizá un atardecer con ellos hubiera sido más mágico, pero los norteamericanos lograron mantener el tipo a medida que avanzaba la noche. La naturalidad con la que fundían canciones de su último trabajo “In Mind” con temas clásicos como “It’s Real” o “Crime”, (que, por cierto, repitieron al final del concierto) fue su punto fuerte, pese a que sean uno de esos grupos que si uno escucha por primera vez le van a sonar bastante monótonos, y quizá por eso en el tramo final del concierto ya había más gente esperando a The Flaming Lips que pendiente de las cálidas melodías guitarreras de Real Estate. Esa anticipación para lograr estar cerca de Wayne Coyne y compañía quedó justificada con cada minuto que The Flaming Lips estuvieron sobre el escenario. Su gran despliegue de medios visuales comprendía desde tiras de led a unicornios o figuritas hinchables gigantes. The Flaming Lips no ofrecen un directo cualquiera, la expectación por ‘a ver qué hacen ahora’ la tienen, toquen lo que toquen. Lo mismo da si de repente se sacan un cover de David Bowie y Coyne se pasea por encima del público en una enorme bola o si nos llenan de confeti, la fiesta trasciende a su música y se convierte en un auténtico espectáculo de rarezas y proezas. A lo mejor sí nos sobró un poco la insistencia con la que Wayne Coyne nos hacía gritar y aplaudirles (probablemente repitió “come on” medio centenar de veces), pero tanto su escenografía como su música lo valieron. Cantamos al unísono “The Yeah Yeah Yeah Song”, flipamos con las explosiones en “Pompeii Amb Götterdämmerung” y, cómo no, lo dimos todo en “Do You Realize??” con la que cerraron un espectáculo portentoso, cuya potencia sonora aún retumba en nustros oídos.

Lo mismo da si The Flaming Lips de repente se sacan un cover de David Bowie y Coyne se pasea por encima del público en una enorme bola o si nos llenan de confeti, la fiesta trasciende a su música y se convierte en un auténtico espectáculo de rarezas y proezas.

Poco tiempo tuvimos para respirar tras la magia audiovisual de The Flaming Lips: estaba a punto de empezar La Casa Azul, otro de los regresos más esperados del año que el Vida nos desveló directamente en su edición anterior. A pesar de que seguimos aguardando un nuevo disco cuyo adelanto “Podría Ser Peor” ya tiene casi un año y su larga sequía de conciertos no es menos inquietante, Guille Milkyway y su banda se mostraron en plena forma en el que acabaron considerando uno de sus mejores conciertos. Empezaron con “Podría Ser Peor” y siguieron con “Los Chicos Hoy Saltarán a la Pista” y toda una batería de temas que repasaban la discografía de todas las épocas de La Casa Azul, desde sus inicios como banda ficticia de pop azucarado hasta los momentos más eléctricos que nos trajo “La Revolución Sexual”. Un concierto en el que Milkyway atendió a los nervios habituales al hablar con el público pero en el que las canciones se fundían entre cánticos del público y la destreza de Milkyway para rememorar himnos como “Enola Gay” al introducir sus canciones. Los temas más representativos de La Casa Azul estuvieron ahí: “Superguay”, “Chicle Cosmos”, “Esta Noche Sólo Cantan Para Mí” y una versión a piano de “Como Un Fan”. Para colofón final: el estreno de una nueva composición, que suponemos será “La Gran Esfera”, tal y como se llamará el nuevo disco, y un apoteosis al son de “La Revolución Sexual” que dejó al Vida bailando incluso después del concierto.

Fotografía: Christian Bertrand

SÁBADO 1 DE JULIO

Entramos al recinto el último día de festival con una palabra en mente: Rosalía. Si bien no han sido pocas las oportunidades de verla, sobre todo en Barcelona, un concierto en un paraje como el del Vida, con Rosalía y Refree subidos a la barca amarrada en el bosque, fue algo que nadie se quiso perder. La barca y el bosque quedaron pequeños ante la multitud que se congregó para ver a una de las promesas del cante español. Teniendo en cuenta, eso sí, y sin voluntad desmerecer al dúo, que no tenían ningún tipo de contraprogramación. Ni siquiera el non-stop del Vida Club (que tuvo que bajar el volúmen para no interferir con Rosalía) fue una opción.

La voz de Rosalía y la guitarra de Refree nos cautivaron sin remedio. Nadie se atrevía a romper el aura formada desde las primeras notas de “Si Tú Supieras Compañero”. Rosalía, igual de impecable que siempre, catalizaba todo el sentimiento de cada palabra que entonaba. Su voz versátil, sumada a una actitud entre frágil y agresiva, hace que todos los temas destaquen; no sólo “Catalina” sino también otros como “De Plata” o “Nos Quedamos Solitos” son flechas directas al corazón, canciones cuyo directo acaba siendo una experiencia casi religiosa.

La voz de Rosalía y la guitarra de Refree nos cautivaron sin remedio. Su voz versátil, sumada a una actitud entre frágil y agresiva, hace que todos los temas destaquen; no sólo “Catalina” sino también otros como “De Plata” o “Nos Quedamos Solitos” son flechas directas al corazón, canciones cuyo directo acaba siendo una experiencia casi religiosa.

Después de una experiencia tan íntima como la vivida con Rosalía nos movimos al escenario más grande del festival para vivir algo más colectivo: Mishima volvían a uno de sus festivales favoritos con un disco que ya lleva unos meses rodando. “Ara i Res” es el octavo álbum de estudio de una de las formaciones del pop catalán más destacadas. Compitiendo con un atardecer que pedía Instagram a gritos, los catalanes pudieron comprobar el enganche que estaban teniendo los temas nuevos, que ya no resultaban tan desconocidos y mantenían al público a un nivel de euforia perfecto para embadurnarse en clásicos como “Tot Torna a Començar”, “Mai Més”, “Guspira, Estel o Carícia” o el ya himno “L’Olor de la Nit” que no dejó a nadie quieto, gracias a unos subidones sobrados de épica.

Pasamos directamente de Mishima a los ansiados Fleet Foxes, que tras un largo silencio nos trajeron disco nuevo bajo el brazo: “Crack-Up”. En directo los norteamericanos demuestran un virtuosismo bastante apabullante: cambios de guitarra a mitad de las canciones sin despeinarse demasiado y miembros que tocaron hasta cinco instrumentos a lo largo del recital. Ya sólo con ese comienzo sin pausas entre canciones e hilándolas con los sonidos del mar del final de “I Am All That I Need / Arroyo Seco / Thumbprint Scar” y el inicio de “Cassius, -” que quedaban muy orgánicos nos dimos cuenta de que para Robin Pecknold y los suyos lo primero es la música, consiguiendo interactuar con el público sin tener que hacer parlamentos. Fleet Foxes disiparon cualquier duda, y más allá de la majestuosidad de momentos como “He Doesn’t Know Why”, “Mykonos” o “White Winter Hymnal” que vinieron seguidas, temas como “Fool’s Errand”, “The Cascades” o “The Shrine / An Argument” fueron grandes instantes para apreciar el dominio musical de una banda cuyas armonías y melodías dejaron poco espacio a los ‘peros’.

El de Warpaint, en cambio, fue probablemente el concierto que nos resultó más decepcionante. Si bien salieron con una actitud bastante festiva a la hora de hablar con el público o saludar a Jagwar Ma (o mejor dicho a sus técnicos que probaban en el escenario de enfrente), en las canciones se mostraron muy ausentes, ensimismadas y con poca destreza para contagiar el rock atmosférico con toques afilados que las caracteriza. Y eso que “Heads Up”, su último disco, es bastante más popero y accesible, pero nada parecía remediar un recital bastante plano y monótono, al menos para el estado emocional con el que salíamos de Fleet Foxes.

Tras lo fríos que nos dejaron Warpaint decidimos irnos a buscar calor humano, no en Jagwar Ma sino en el escenario La Cabaña con los locales Anímic, aprovechando que el Vida los había programado en una hora bastante acorde a su nueva onda musical. La electrónica industrial de los de Collbató estuvo a la altura en todo momento, con pocas pausas para que su música fluyera de manera natural. Anímic estaban al 100%, ya fuera por la hora o por la cantidad de gente que se congregó a verlos. Louise estaba encantada, eufórica, coordinando bailes con unas primeras filas entregadas por completo. Un set de 40 minutos basado en “Skin”, su último trabajo, que se hizo verdaderamente corto. No obstante, Favx se subieron poco después al escenario para acabar de molernos los huesos a base de caña punk. Un cierre la mar de movido para un bosque y un festival que si bien de día se muestran plácidos e íntimos, por la noche sacan la artillería más pesada a relucir.

Fotografía: Mika Kirsi