La extravagancia es un modo de vida. Uno no puede ser extravagante sin haberse abandonado antes al más completo vacío identitario, abrazándose sin miedo a una originalidad completamente radical, originalidad que sólo es locura si uno lo quiere. Cuando hablas de “canciones preciosas que vienen de algo que sangra y que está a punto de morir” la gente probablemente te tachará de extravagante y, ¿para qué engañarnos? Lo más seguro es que tengan razón. Lo bonito de escuchar a Arca es que el oyente puede, por un momento, olvidarse de esa gente e incluso de uno mismo. Al contrario que los pseudo-raros de turno, el productor venezolano hace que, sin palabras, te creas lo que estás escuchando. No es fácil. Es una historia oscura, tan cruda como la muerte misma, que tiene lugar en la imaginación de una mente atormentada, pero que viene de una realidad tan concreta que se puede tocar en las texturas del mundo hostil de Alejandro Ghersi.

“Arca”: el miedo se escucha

Lo bonito de escuchar a Arca es que el oyente puede, por un momento, olvidarse de la gente e incluso de uno mismo. Al contrario que los pseudo-raros de turno, el productor venezolano hace que, sin palabras, te creas lo que estás escuchando.

Llevaba siete años sin abrir la boca, dejando sus sentimientos fluir a través de maquinaria muda. Si Arca no cantaba era porque un adolescente Ghersi se había asustado de lo que sus canciones tenían que decir sobre sí mismo, algo que suena extraño, pero también terriblemente sincero. Fue Björk la que lo convenció, o por lo menos la que encendió la chispa que le llevó a usar una voz de la que no habíamos visto más que retazos distorsionados hasta este momento. Al contrario que sus trabajos anteriores, influidos por un sonido más industrial y acallador, Arca es un álbum en el que Ghersi se susurra a sí mismo, no sólo a través de poemas espontáneos, sino también mediante una parte instrumental que, sin abandonar su esencia, no deja de fluir apaciblemente en lo que necesito definir como un silencio de estruendos, por pretencioso que suene.

Fotografía: Daniel Shea

Al contrario que sus trabajos anteriores, influidos por un sonido más industrial y acallador, “Arca” es un álbum en el que Ghersi se susurra a sí mismo, no sólo a través de poemas espontáneos, sino también mediante una parte instrumental que, sin abandonar su esencia, no deja de fluir apaciblemente en un silencio de estruendos.

Sin duda lo que mejor se le ha dado al productor en este proyecto es la creación de ambientes tan inquietantes como el del primer e impactante single Piel, presagio que revela uno de los temas más recurrentes de un LP homónimo en el que Ghersi se auto-examina para saldar las deudas de su pasado, quitándose la piel a veces con reposo, a veces a bocados como en Saunter, intempestivo corte en el que el mismo motivo es revisitado de un modo turbulento y desesperado, como si la calma hubiera roto en lágrimas eléctricas representadas por los sonidos húmedos de una instrumental punteada por chasquidos de corriente. La voz, distante, dicta: “Quítame la piel de ayer. Anochees indudablemente otro de esos temas que se meten en el espacio entre la piel y las uñas para crear una extraña sensación de incomodidad que se parece al miedo a la oscuridad de esa noche en la que Ghersi canta a un amante desconocido que bien podría ser el mismo. La música de Arca está compuesta de fragmentos que funcionan como un todo, dando una sensación de estar escuchando una memoria que, pese a estar incompleta, se presenta como una narrativa cerrada y redonda. Percusiones caóticas y secciones de cuerda de otro mundo terminan por introducirnos en un trance sin salida que se sufre y se disfruta a partes iguales.

La música de Arca está compuesta de fragmentos que funcionan como un todo, dando una sensación de estar escuchando una memoria que, pese a estar incompleta, se presenta como una narrativa cerrada y redonda.

Arca no deja de lado los sonidos que ya escucháramos en sus aclamados “Mutant” y “Xen”. Ahí está Castration, por ejemplo, o Urchin, temas que recogen muchos de los sonidos por los que Arca se ha caracterizado hasta hoy, arrojándoles nueva luz en el contexto de un disco lleno de palabras que exponen unos sentimientos desconocidos hasta este momento. Si hablamos de contexto no podemos olvidar el infierno a latigazos de Whip, corte sin más palabras que las de un látigo en el que cristaliza el infierno ascendente de Ghersi. Otras veces, sin embargo, la música no habla sólo de oscuridad y flagelación, sino también de los brillantes rayos de sol que iluminan las memorias de un niño, o al menos eso me dicen a mí los destellos de Child, el positivo y onírico final del álbum.

Lo positivo, sin embargo, es una excepción. “Arca” es un lamento ascendente que pone voz a lo que había sido un grito mudo en el resto de la discografía del productor venezolano. Una de las ventajas de ser capaz de escuchar esta voz es reconocer las marcas de nacimiento de un nombre que hasta este momento había permanecido en las sombras inintencionadamente. En Reverie”, por ejemplo, Arca moldea a su forma una canción tradicional venezolana para hacer suyo lo que le parece tan ajeno. No es que Ghersi suene a extranjero, es que suena a extraterrestre. Es por eso que escucharlo cantar canciones tradicionales se convierte en una experiencia familiar e inesperada al mismo tiempo. Otra de las sorpresas es la preciosa Desafío, una grabación a medio camino entre la experimentación y la electrónica comercial de Flume o el R&B de FKA twigs (con la que ha trabajado). Por supuesto, Fugaces se lleva la palma cuando se trata de comparar al venezolano con FKA, aunque eso no quita para que podamos afirmar que este corte es sin duda un pico emocional del álbum que asciende lentamente mediante una magistral introducción de diferentes capas de sonido: coros digitalizados, interferencias electrónicas y sonidos avant-garde. En definitiva, la música de Arca se ha beneficiado terriblemente de la adición de voz.

Los sonidos son interesantes y la producción excelente, pero eso no quita la sensación de que más que un disco, lo que Ghersi nos ha traído es una especie de obra de arte contemporáneo, algo que no es malo, pero difícil de considerar estrictamente como álbum.

Vale, todo han sido palabras buenas y es cierto que, en conjunto, se podría decir que “Arca” es una gran experiencia sónica que te perseguirá en tus pesadillas hasta que puedas olvidarte. Sin embargo, tengo que poner mi puntilla y decir que, pese a todo lo bueno, Arca no termina de convencerme, y es que detrás de todo su brillo nuclear y su purpurina extraterrestre hay algo que no acaba de ser musical en las composiciones del venezolano. Por supuesto que sus sonidos son interesantes y su producción excelente, pero eso no me quita la sensación de que más que un disco, lo que Ghersi nos ha traído aquí es una especie de obra de arte contemporáneo, algo que no es malo en sí mismo, pero que sería difícil considerar estrictamente como álbum. Las cacofonías de Arca son excelentes retazos sónicos de la locura individual provocada por los traumas individuales, una reflexión sobre la vida, una obra conceptual, un… ¿álbum?

Aun así, una experiencia muy interesante que le recomiendo a todo aquel que se atreva a sumergirse en la oscuridad del productor… y en la suya propia.

Arca – Arca

7.5

Arca vuelve a poner música (y ahora voz) a sus diatribas internas, intentando saldar las deudas con su yo pasado y descubriendo verdades feas en el intento. La belleza de su música radica en su tristeza interna, una fuente de sonidos melancólicos y pesadillescos que asusta y da placer a partes iguales.

  • Excelente producción que agarra tu oído y no lo suelta hasta el final.
  • La adición de voz a sus composiciones termina por ser un acierto muy refrescante y renovador.
  • El álbum crece sobre sí mismo y se convierte en un ser oscuro e inquietante más allá de su artista.

  • La música de Arca roza el límite del arte conceptual, abandonando la musicalidad en favor del interés puramente sónico y textural.
  • Arca tira demasiado de sonidos anteriores, especialmente en los temas puramente instrumentales.

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