¿A qué suena una gran ciudad? Seguramente a tantas cosas a la vez que la mejor respuesta a esta pregunta sea afirmar que a nada en absoluto. De la misma manera que cuanto más crece la densidad de población del lugar donde vives más se diluyen los lazos que te unen con quienes te rodean, es más difícil prestar atención a los estímulos sonoros que recibes por la calle cuando estos se multiplican. No es que haya venido hoy con ganas de enaltecer lo rural, pero las grandes ciudades, por lo general, representan todo aquello de lo que quiero alejarme cuando me pongo a escuchar música. Lugares llenos de gente a rebosar (en los que, a pesar de todo, lo más fácil es sentirse solo), ajetreo constante, atascos, horarios imposibles y en general un clima muy favorable a la creación de un bullicio que sólo podremos esquivar si echamos mano de un buen par de auriculares. Porque, seamos sinceros, a respirar y disfrutar de la acústica ambiental se va uno al campo. En la ciudad ni loco me quito los cascos, no vaya a ser que me descuide y entre tanto ruido infernal se cuele una canción y tenga que enfrentarme a alguno de esos hitazos que de tan universales resultan víricos, como el “Despacito”.

Y, a pesar de todo, en el rock no es difícil encontrar discos ambientados en determinadas ciudades de gran tamaño, y es que ese ambiente decadente y tóxico tiene su punto, especialmente si se presta atención a la vida nocturna y los rincones más marginales de metrópolis como Nueva York, como hiciera Lou Reed a finales de los años sesenta.

Otro enamorado de las grandes ciudades y muy especialmente de La Gran Ciudad es Kevin Morby. El texano afincado en Los Ángeles empezó a hacerse un nombre en la escena independiente en la ciudad de Nueva York a la que homenajeó en “Harlem River”, su primer trabajo en solitario. Tras dejar aquella urbe que le vio nacer como músico y recorrer medio mundo de concierto en concierto llega a este “City Music” habiendo perdido aquella inocencia del chico nuevo en la ciudad, pero manteniendo intacta su fascinación por las luces brillantes y las grandes avenidas. “City Music” se presenta como una metropolitana carta de amor en once capítulos dedicada “a esas ciudades que no me puedo quitar de la cabeza, que están dentro de mí”. Londres, París, Barcelona, Los Ángeles, Berlín, Ámsterdam, Oporto o Kyoto son algunas de las ciudades de las que Morby se acuerda en este cuarto disco en solitario.

Pero, un momento, ¿qué pasa si vivo en Albacete? Para empezar, que Kevin Morby y nosotros te queremos igual o incluso más que a todos los seguidores del norteamericano que viven en grandes megalópolis. Pero es que además, como ya te imaginas, “City Music” te resultará igual de atractivo. El concepto del ábum se manifiesta tan elástico y tenue que no compromete la labor en la que mejor se desempeña el ex-miembro de Woods: crear canciones sencillas e irresistibles.

“City Music”: ¿El éxodo rural de Kevin Morby?

El concepto del ábum se manifiesta tan elástico y tenue que no compromete la labor en la que mejor se desempeña el ex-miembro de Woods: crear canciones sencillas e irresistibles.

A pesar de moverse a menudo entre las grandes ciudades, la música de Morby siempre me ha traído a la mente, aunque quizá sólo de soslayo, los ecos del campo y la América tradicional. Acaso por la forma en que las guitarras acústicas han sido quienes normalmente marcaban la dirección que tomaban sus temas, sus looks de cowboy o la inspiración que admite haber recibido de grandes figuras del folk como Dylan y Joni Mitchell, el caso es que las canciones del texano siempre han dejado en mi pabellón auditivo los ecos de lo añejo. En este sentido, “Singing Saw”, su meta compositiva hasta el momento, mezclaba a la perfección el tributo al folk dylaniano con el dulzor pop del indie-rock de los 2010s quedando muy alejado de la figura del simple revival. Con el presente “City Music” no parece que la fórmula de su sonido haya variado en exceso. Pese a querer convencernos de haber cambiado el campo por la ciudad, lo cierto es que en esta ocasión Kevin Morby vuelve a hacer uso de una mezcla exitosa de ingredientes y unas maneras que poco a poco va haciendo suyas pero que ya habían aparecido en 2016.

Pese a querer convencernos de haber cambiado el campo por la ciudad, lo cierto es que en esta ocasión Kevin Morby vuelve a hacer uso de una mezcla exitosa de ingredientes y unas maneras que poco a poco va haciendo suyas pero que ya habían aparecido en 2016.

Con todo, algunas cosas han cambiado, lo de Morby no es un mero ejercicio de copy-paste de sí mismo y en “Come to Me Now” nos trae uno de los temas más etéreos de su discografía. Una pieza de cadencia reposada y de la que cabe destacar el inusitado protagonismo que ejerce un órgano cuyos aires de solemnidad tejen un relato de soledad y desamor.

Crybaby” recoge la habitual receta del garage menos fiero y folk popero de su exbanda The Babies. Un corte que entra enseguida, pero que refleja el lado más crudo de vivir en la gran ciudad. También desde el filtro de The Babies nos llega “1234”, el particular homenaje de Morby a los Ramones y a la escena del primer punk neoyorquino. Se trata de uno de los momentos más inspirados del elepé, donde el artista pone el frenesí punk al servicio de su ingenio pop. En “Aboard My Train” amaga con fijarse en Dylan aunque es finalmente el Lou Reed de “Transformer” quien aparece entre los “ha-ha’s y la repetición de los mismos acordes, paseando una vez más por la ciudad de Nueva York mientras apura un cigarro. Mientras, “Dry Your Eyes” destierra la premura ganando la belleza y sugestión propias del góspel, el soul e incluso el surf más reposado.

Kevin Morby continúa avanzando sin dar demasiados volantazos respecto a lo planteado en “Singing Saw”. No es costumbre en la carrera de Kevin Morby el andar dando palos de ciego y “City Music” nos lo recuerda con once canciones que le asientan como uno de los artistas rock más fiables de los últimos años.

Flannery” actúa como prólogo de la pieza central del álbum. “City Music” es, quizá sin quererlo, un enorme tributo al “Marquee Moon” de los neoyorquinos Television. Las largas partes instrumentales (al menos para lo que Morby nos tiene acostumbrados) construidas a partir de inquietas guitarras de cristal son lo más destacado de un track en el que el autor no deja de jugar con la caja de cambios procurando que el motor no se resienta. Como si se hubiera olvidado de que esto es un disco urbano, cambia a Lou Reed por Dylan en “Tin Can”, acercándose al folk del que Morby nunca ha sido un pureta, como demuestra esta misma canción a partir de su ecuador. En esa misma tierra de nadie en la que el texano lleva años asentado entre el folk sutil y el indie-rock discurren las notables “Night Time” y “Caught in My Eye” (The Germs). Vuelve a hacer gala de su condición de cantautor ecléctico en la luminosa “Pearly Gates”, seguramente una de las más gratas sorpresas de este “City Music”. La luz se vuelve tenue en “Downtown’s Lights”, una delicada balada folkie que demuestra que, si le diera por ponerse revivalista, Morby podría mirar a los ojos a Conor Oberst jugando a su propio juego.

Al final, queda la sensación de contemplar a un Kevin Morby que continúa avanzando sin dar demasiados volantazos respecto a lo planteado en “Singing Saw”. No es costumbre en la carrera de Kevin Morby el andar dando palos de ciego, “City Music” nos lo recuerda con once canciones que le asientan como uno de los artistas rock más fiables de los últimos años.

Kevin Morby – City Music

7.8

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Kevin Morby canta a su amor por las grandes ciudades adoptando la figura de referentes estéticos del rock urbanita como Lou Reed, Patti Smith o los Ramones sin traicionar su corazón pop y envoltorio folkie.

Up

  • “Tin Can”, “Pearly Gates”, “Aboard My Train”, “City Music”… Kevin Morby sólo sabe traer frescura pop en forma de canciones haga lo que haga.
  • Ha encontrado un equilibrio muy interesante entre el garaje pop de The Babies y el folk-rock.
  • Sigue probando cosas nuevas, pero preocupándose porque el experimento sea bueno antes que nuevo.

Down

  • Se le da muy bien hacer canciones y algo peor ordenarlas para configurar un tracklist equilibrado.

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