Después de años queriendo ver un directo de Guadalupe Plata, resulta que la primera vez me toca hacerlo en Londres. Así, de primeras, promete ser toda una experiencia. El concierto es en The Lexington, un legendario garito de Islington por el que han pasado todos los nombres que uno se pueda imaginar. Hoy toca el grupo jienense y el bar de la parte de abajo está a reventar de gente que no tiene ni idea de lo que es un olivo, pero no pasa nada porque aquí lo que importa es el rock. “I’m excited to see Guadailupo Plaite me dice un guiri haciendo cola conmigo. Me flipan estas cosas.

El concierto en sí es en el piso de arriba, en una sala pequeña y oscura no apta para claustrofóbicos. El ambiente está cargado y conforme va llegando gente se crea una especie de microclima tropical que nos aísla de cualquier atisbo de la brisa que corre por la calle. Las luces se vuelven rojas de repente y el grupo sale por una desvencijada puerta a la derecha del escenario. No hablan, ni falta que hace: los Guadalupe son un grupo de acción. Envueltos en un aura demoniaca tocan con las cabezas gachas, concentrados en sus instrumentos. Eso todos menos Paco, porque Paco siempre está atento a todo lo que pasa a su alrededor, visiblemente concentrado en no perder el ritmo con su ya mítico caldero-bajo, el instrumento del que todos quieren llevarse una foto. Pedro, el enjuto cantante, pretende no llamar mucho la atención, aunque falla en su intento. Encorvado sobre su guitarra, el tío tiene una presencia extrañamente mística, su silueta recortada sobre un halo rojo. En cuanto a Carlos… bueno, Carlos es visiblemente el guaperas del grupo, el que tiene más actitud blues. Es uno de esos baterías a los que parece que no les cuesta tocar, soltando espontáneas sonrisas pícaras desde detrás de los platillos.

Una hora y media después, el mismo Carlos le da golpecitos a la pantalla de mi móvil preguntándome si está grabando o no. Estamos rodeados de botellas de cerveza vacías (San Miguel, que no se diga) y todo tipo de aperitivos, desde patatas fritas hasta munición para sándwiches como el que se está zampando Paco. Los tres componentes me miran entre serios y divertidos, conscientes de lo surrealista de la situación. Piensen lo que piensen sobre el inexperimentado chaval que se sienta enfrente de ellos, lo cierto es que me tratan de lujo, haciendo gala de su mejor cordialidad.

¡Bienvenidos a Londres! Cuando uno mira las fechas parece que estáis más por Europa que por España y encima trayendo gente local…. ¿Es la universalidad de vuestra música algo intencionado?

Pedro: Tenemos un estilo muy universal que puede entender cualquiera. Blues, rock and roll… ya sabes, todo el mundo conoce a Chuck Berry.

Paco: Pedro, que te ha preguntado que si es intencionado.

Pedro: Bueno, más que intencionado… nos gusta y sale natural.

Ahora mismo tenemos la suerte de poder ganarnos la vida con esto, pero si no tuviéramos esa posibilidad lo seguiríamos haciendo igualmente.

Creo que sois uno de los pocos grupos españoles que se pueden permitir estar girando a semejante nivel internacional, eso si obviamos a gente como Alejandro Sanz. En ese sentido sois un grupo muy exitoso, no sólo en términos de público sino también cuando se trata de recibir reconocimiento fuera de España, algo que se ve por ejemplo en el premio Impala de 2014.

Carlos: Bueno, las cosas no cambian mucho. Suena a topicazo pero si lo enfocas en pasártelo bien y hacer lo que te gusta lo demás viene solo. Ahora mismo tenemos la suerte de poder ganarnos la vida con esto, pero si no tuviéramos esa posibilidad lo seguiríamos haciendo igualmente. Tenemos una manera de hacer las cosas que no es falsa y eso se nota en tu actitud y en tu música.

Lo del premio Impala es que… Marc les envió un jamón. [Risas]

En cuanto al nuevo disco… cuando estaba escuchándolo lo primero que me vino a la mente es que sonaba mucho más redondo y envolvente pero también más reposado. ¿De dónde viene ese sonido?

Pedro [En segundo plano]: De tocar en pijama.

Paco: Bueno, normalmente grabamos los discos en un par de días o tres. Esta vez, sin embargo, estuvimos en un cortijo, en La Mina. Estuvimos allí dos semanas, reposando y tocando los temas. Luego hicimos una primera toma y a los seis meses volvimos a juntarnos un par de semanas y lo grabamos de nuevo. La clave está en que lo hemos hecho muy tranquilos. También nos ha ayudado mucho Raúl, el técnico, así como el tiempo que hemos tenido para buscar el mejor sonido.

Me suena también a mucha reflexión, como si hubierais llegado a un punto concreto de vuestra carrera…

Pedro: Bueno… creo que fue más la tranquilidad. Lo de grabar en pijama lo he dicho de verdad. No es lo mismo estar sentado con zapatillas de andar por casa que estar en un estudio con toda la presión. La impronta es diferente y eso se refleja en el disco.

Carlos: En cada disco se busca una cosa diferente y siempre se refleja hasta cierto punto lo que te pide el cuerpo. En este momento el cuerpo nos pedía hacerlo así. Hay temas que tienen una cadencia muy diferente y nos hemos acercado a otros estilos, algo que siempre hemos hecho pero que se hace más evidente aquí.

Paco: También hay que tener en cuenta que llevamos tocando once años y las personas evolucionan. Al final esa evolución se manifiesta en tu forma de entender la creación y el arte.

¿Y las portadas? Me he hinchado a ver entrevistas y siempre os están dando la vara con lo de que no ponéis título. Sinceramente, a mí eso me encanta porque olvidándoos del título le dais más importancia a las portadas. Cuando pienso en un disco vuestro siempre lo identifico con una portada, como si la ilustración trajera el sonido…

Pedro: Bueno, las portadas las hago yo y siempre depende de por dónde venga la ventolera. A veces hay una idea previa y otras veces te pones a pensar y llegas a la conclusión de que un perro de vieja puede quedar bien.

Tenéis una capacidad para crear una atmósfera, un universo alrededor de vosotros. Lo hacéis en vuestros conciertos y videoclips y desde luego eso se plasma en todos vuestros discos.

Paco: También es cierto que el hecho de que lo hagamos todo nosotros siempre hace que todo tenga un toque personal y que se empapen unas cosas de otras.

Otra cosa que me llama mucho la atención de vosotros es vuestra cercanía. Cuando veo vuestras entrevistas me da la sensación de que podríamos ser vecinos. Bueno, de hecho vengo de Granada, que a efectos prácticos es lo mismo que Jaén…

Paco: Eh, lo mismo no es. [Risas]

Vale, vale, cierto.
A lo que quería llegar es a que nadie lo diría cuando uno escucha vuestra música, que tiene un toque tan negro, tan…

Pedro: Malafollá.

Ahí le has dado. Estaba comentándolo con un amigo que he hecho en el concierto y me ha dicho algo que no había pensado nunca: “Tienen un toque muy David Lynch”.

Pedro: Pues le ha dado en el clavo. A mí me flipa. Me encanta el universo de este hombre y siempre que pienso en música me gusta que tenga un brazo metido ahí, que esté esa atmósfera presente.

En cada disco se busca una cosa diferente y siempre se refleja hasta cierto punto lo que te pide el cuerpo. En este momento el cuerpo nos pedía más tranquilidad.

Yo, que soy hijo de funerario, he crecido con un expositor de cajas fúnebres debajo de mi salón y eso me ha ayudado a entender que hace falta tomarse la oscuridad con humor. Cuando veo vuestros shows, con el mal rollo y el ambiente demoníaco, veo mucho de eso en vosotros.

Pedro: Tiene mucho que ver también con el toque oscuro pero irónico de Twin Peaks…

Paco: Mucha gente le canta al amor y a otras cosas bonitas pero hay que tener en cuenta que cosas como el odio, penurias, etc… son tan importantes como las cosas buenas y están igual de presentes. Es importante no olvidarse de eso.

Carlos: Ya te buscaremos para una fotillo con los ataúdes.

La primera vez que os escuché una de las cosas que más me impactó es que fuerais capaces de tener un sonido tan extranjero y tan español a la vez. Hay muchísimos grupos que intentan tener ese sonido del sur de los Estados Unidos como Fito o M-Clan y simplemente no les sale. A estos últimos, precisamente, hace poco los estuve viendo; decían que habían grabado el último disco en Tennessee… y la verdad es que como si lo hubieran grabado en Albacete.

Paco: Bah, pero eso es como el cipote ese… ¿cómo se llamaba?

Pedro: El de La Oreja de Van Gogh.

Carlos: No, no, el de las zapatillas, Dani Martín, que fue a grabar a Abbey Road. Luego tú escuchas el disco y no se nota en nada. A mucha gente le pierde el tema ese de decir que han estado en no sé dónde y conocido a no sé cuántos. Nosotros hemos grabado en Estados Unidos, en Londres, en Sevilla, en Úbeda… al final da igual donde grabes. Influye algo, pero porque vayas a Tennessee no vas a grabar el mejor álbum de folk de la historia.

Quedándonos en el mismo tema, ¿cómo veis la escena española? Hasta cierto punto, vuestra música es una respuesta a la situación musical, una llamada de atención…

Carlos: Bueno, ahora mismo está la cosa mejorando mucho. Muchos grupos saliendo de las cloacas. Estamos hartos de música de suavoneo y eso se tenía que manifestar de algún modo ¿no, Paco?

Paco: Yo qué sé, que hay gente pa tó y hay gente que le gusta Bisbal y hay que respetarlo porque tiene su público. También es cierto que la educación es muy importante y muchas veces nos dejamos llevar demasiado por los medios.

Pedro: Siempre hay grupos interesantes, lo que pasa es que no salen en las noticias. No hay ni un programa de música en televisión. Lo único medio decente son los conciertos de Radio 3 a las 3 de la mañana. Una cosa más sosa…

Yo los veía a las 6 o las 7 antes de ir al colegio.

Carlos: Ha habido muchas intentonas y al final se queda en un reflejo del sistema de festivales de hoy en día: los mismos en distintos sitios.

¿Os reciben mejor aquí o en España?

Carlos: En todos lados. Si vamos a donde tenemos público nos sentimos bien recibidos en Pekín y en Pokón [Risas]. Hemos estado en muchos sitios. Algunas veces te equivocas, pero cuando vas a un garito de los de verdad, un sitio que te ha buscado expresamente, siempre es una buena experiencia.

La entrevista termina abruptamente. Hay que recoger las cosas del escenario y aquí no hay técnicos que lo hagan por ellos. A Paco le ha llegado al alma lo de que mi padre es funerario y comenta conmigo las vicisitudes de un negocio que tiene muy cercano, puesto que viene de una familia de carpinteros (los antiguos funerarios). Carlos, con gesto divertido, me vuelve a repetir: “Te tenemos que buscar para hacernos una foto con los ataúdes”.

Supongo que no podía haber una frase mejor para terminar mi velada con Guadalupe Plata.

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