Los medios musicales somos un lastre. Me explico: en nuestro afán por clasificar, definir y ordenar el incontenible caudal de música que se crea cada día ayudamos a que los géneros se encasillen, que no haya tanta permeabilidad entre ellos y que las bandas o artistas al recibir una determinada etiqueta sean juzgados y prejuzgados por el público con demasiada facilidad. Por eso, cuando un crítico se encuentra un grupo o un disco que no puede definir con un par de prefijos y palabras, se queda fuera de juego. Y después de eso, siente un extraño cosquilleo placentero mientras se rasca la barbilla pensando en cómo va a plasmar ese sonido esquivo en negro sobre blanco. (Somos una gente extraña).

Y así es exactamente como estoy yo en el momento de escribir esta reseña, la del segundo disco del gallego Christian Senra, a.k.a. Sen Senra. Un disco que dejará con el culo torcido a todo el que le conociese de antes. Ponemos en situación a los que no: Sen Senra debutó en 2015 con Permanent Vacation, un buen disco de garage sesentero y aroma a surf y a gente como Mac DeMarco o Allah-Las. Sin embargo, como ya nos confesó en su día: no hago garage en sí: hago música que se puede considerar garage porque está grabado en tres mañanas con 100 euros”. Dicho y hecho, la producción en este nuevo disco ha cambiado radicalmente y, efectivamente, si había alguien no convencido del todo por las declaraciones del propio Senra, basta escuchar una canción cualquiera de este su nuevo álbum para ver que de aquel garage californiano que alumbró entonces sólo quedan trazas en “The Art of Self-Pressure”, como las de cacahuete en una bolsa de pipas.

El Dr. Jekyll y Mr. Senra

La plasticidad de este trabajo es tal que sin desviarse nunca demasiado de ciertos lugares comunes las canciones se suceden con una facilidad y un disfrute máximos.

Mi Gentemarcará el camino por el que transcurrirá este “The Art of Self-Pressure”. Un camino que discurre entre dunas de playa, parkings al Sol, palmeras mediterráneas y melodías tan líquidas que se escurren entre los dedos. La plasticidad de este trabajo es tal que sin desviarse nunca demasiado de ciertos lugares comunes las canciones se suceden con una facilidad y un disfrute máximos. Así, como por un casual, nos encontramos con la espectacular “You Could Be the Last One, con esa guitarra tan desangelada como surfera, o una Same Love to Shareque es de las que te hacen maldecir cuando no encuentras las letras de una canción en el omnipotente Google.

El comienzo sin falsete de Last Time Wasn’t the Last Time recuerda inevitablemente a otra de las referencias más claras del sonido de Senra, el británico King Krule. Christian se desvela como un Archie Marshall sin tanto gesto grave, y eso que tampoco es que el sonido de Senra sea una explosión de alegría. Al contrario, como buen gallego y buen cantautor, reviste a su música de una capa muy fina de melancolía y morriña que aporta a sus canciones un poso perdurable más allá de su frescura. A destacar el cartel que aparece en el videoclip y reza algo así como un refrán actualizado al 2017:

A buen entendedor, un ‘en línea’ sin respuesta basta”.

Como buen gallego y buen cantautor, Sen Senra reviste a su música de una capa muy fina de melancolía y morriña que aporta a sus canciones un poso perdurable más allá de su frescura.

En esa onda de juventud y amor millennial parecen ir las etéreas y sencillas letras de “The Art of Self-Pressure”, aunque a menudo aparecen tan ahogadas en la pecera de reverb de su vena garajera que pierden importancia frente a la melodía pura y dura. Tampoco es que sea algo grave, doctor. Y sino que se lo digan a otra de las dianas del álbum, Cluster-B, cuyo nombre viene del conjunto de trastornos de la personalidad relacionados con el dramatismo. O a So Good Being a Trouble for You” que, como una versión maqueada del éxito de la Unknown Mortal Orchestra, funciona a la perfección y añade una dosis de psicodelia sencilla pero bien entendida a la fórmula. En un acierto de orden del tracklist, se genera un perfecto contraste entre la calmada “Blessed by the Devily la animada But You Don’t Know That(con ese final de los primeros Crystal Fighters). Por su parte, Smile bebe de un rock ‘n’ roll más clásico, de corte surf y demoledora pegada allah-lasiana, para acabar de confirmar que estamos ante un disco mucho más grande de lo que a priori se podría haber pensado.

Sé que es darle una responsabilidad no buscada y que probablemente incluso quiera evitar, pero tras este disco no puedo dejar de pensar en Sen Senra como un último rayo de esperanza para los que pensamos que el trap no puede ser la solución musical que representa a las nuevas generaciones. Ojo, en este disco hay algo de ello (Pretty Empty, curiosamente el que fue su sorprendente adelanto), pero es un trap manufacturado de manera totalmente distinta al de los PXXR GVNG y Kinder Malo de turno. Y eso que a los mandos se haya Royce Rolo, parte de Agorazein. Bien de autotune y una base mucho más electrónica, aunque sorteando el reggaetón de base que empantana la inmensa mayoría del trap patrio. Para terminar, una rareza algo fuera de lugar:Mírala qué Linda Está con Carlangas de Novedades Carminha. Única concesión al castellano en un tema que con algún arreglo podría haber entrado en el último LP de los Carminhas, aquel Campeones del Mundo que pretendía jugar la misma baza de romper con el estilo precedente que este y que, sin embargo, se quedaba en una tierra de nadie. Al igual que esta última pista, con pinta de bonus track que echa para atrás y emborrona el final de un disco por lo demás prácticamente intachable. Intachable y lo más importante, que contiene un sonido sino rompedor, al menos novedoso en nuestro país. Ese es el gran triunfo de Sen Senra, y sería una lástima que pasase desapercibido.

Sen Senra – The Art of Self-Pressure

8.1

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Playa tropical (o atlántica), un peta, amor millennial, sonido lo-fi. Sen Senra se revela con su segundo disco en el profeta destinado a juntar el garage con la música urbana más fresca. Si esta descripción os echa para atrás os estaréis perdiendo uno de los discos nacionales del año.

Up

  • El disco más fresco del año. (Sin. Una. Puta. Duda).
  • ¿Os acordáis del primer álbum? Esto no es evolución, esto es un volantazo en condiciones.
  • Temas como “You Could be the Last One” o “Same Love to Share” deberían sonar este verano en todos los chiringuitos desde el Puerto de Santa María hasta el Cap de Creus.

Down

  • El final le quita algo del brillo que se había ganado a pulso.
  • ¿Cuánto es del gallego y cuánto es prestado? (En el fondo, nos da un poco igual).

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