Las expectativas son una mierda. Compras la entrada para ese festival porque te encanta el cabeza de cartel y cancela su actuación en el último momento, o peor: asistes a su concierto y resulta ser una solemne basura. Acudes al cine para ver la última de tu director favorito y acabas la sesión mirando la hora cada cinco minutos. Votas a un partido que ha venido a pegarle un revolcón al bipartidismo y acaba enredado en las mismas luchas de poder de siempre. Empiezas una carrera universitaria prometedora y acabas preguntándote qué estás haciendo con tu vida. Seguro que para la mayoría estas situaciones os son más que familiares, la vida suele tener este tipo de sinsabores que se acentúan cuando colocamos el listón demasiado alto. No todo puede ser tan fácil como escuchar una canción por casualidad buceando por la web y determinar con acierto que acabas de encontrarte con uno de los grupos guitarreros de tu juventud y que tus perspectivas acaben siendo incluso superadas, pero a veces ocurre.

Conocí a King Gizzard & The Lizard Wizard a finales de 2013, cuando trataba de dar abasto para asimilar todo lo que el garage psicodélico había dado de sí para los amantes del género dicho año. Los más de quince minutos de duración de aquella pieza titulada “Head On/Pill” bastaron para entregarles mi corazón, y os aseguro que no soy un chico fácil…

El resto de la historia ya la conocéis, y si no, os remito a las críticas que algunos de los redactores de esta casa hemos dedicado al conjunto australiano. La senda de maduración y crecimiento recorrida por los de Melbourne confecciona una carrera que, por inesperada, resulta doblemente atractiva.  De la psicodelia revivalista y el garage-rock acelerado los King Gizzard han pasado a coquetear con el space, las bandas herederas de Black Sabbath, el krautrock, el folk ácido, el jazz-rock y hasta el microtonalismo y la música de vanguardia de Turquía y los países orientales de la estepa euroasiática. Si a eso le sumamos un ritmo de producción endiablado, la fama de ser un torbellino sobre los escenarios y la creación de un universo simbólico tan absurdo y fantástico como propio que su creciente número de fans se empeña en reinterpretar constantemente, nos encontramos con que lo que prometía ser una banda de garage rock con un futuro brillante ha acabado convirtiéndose en algo más grande.

“Murder of the Universe”: ¡Sálvese quien pueda!

Con el segundo de los cinco discos para este 2017 King Gizzard todavía consiguen mantener el equilibrio entre la consolidación de un estilo y la experimentación y amplitud de miras tratando de asegurarse de que cada uno de sus álbumes tenga entidad propia y refuerce su genuina identidad al mismo tiempo.

Con una introducción así nadie se llevará las manos a la cabeza cuando se entere de lo que ha ocurrido: King Gizzard & The Lizard Wizard han vuelto a sacar un disco y nos ha encantado. Como es notorio y conocido (no nos hemos cansado de repetirlo) los australianos planean lanzar 5 discos durante el presente año. Una excéntrica decisión que volvía a sacar a la luz el debate sobre si la prolificidad está reñida con la calidad. De momento vamos por la segunda entrega y King Gizzard todavía consiguen mantener el equilibrio entre la consolidación de un estilo y la experimentación y amplitud de miras tratando de asegurarse de que cada uno de sus álbumes tenga entidad propia y refuerce su genuina identidad al mismo tiempo, como si fueran las piezas de un fenomenal mosaico. Entonces, ¿ofrece algo distinto “Murder of the Universe”? Stu y compañía nos brindan una especie de ópera-rock-espacial dividida en tres capítulos a lo largo de 21 piezas. Por el camino aparecerán bestias, posesiones mentales, lugares inhóspitos, criaturas diabólicas, robots y otros elementos del universo gizzeriano galopando al hipnótico ritmo que marcan los compases de los de Melbourne. Un ambicioso trabajo en el que el conjunto aussie volverá a dar una vueltita de tuerca a su sonido mezclándolo con un spoken word que intensifica el componente narrativo del álbum sin comprometer la efervescencia de sus canciones. Aviso a navegantes: la mejor manera de disfrutar este disco es respetando la unidad de cada uno de sus bloques, así que no me seáis cutres y desactivad el botón de aleatorio.

Fotografía: https://www.last.fm/

Chapter 1: The Tale of the Altered Beast

Una especie de ópera-rock-espacial dividida en tres capítulos a lo largo de 21 piezas. Por el camino aparecerán bestias, posesiones mentales, lugares inhóspitos, criaturas diabólicas, robots y otros elementos del universo gizzeriano galopando al hipnótico ritmo que marcan los compases de los de Melbourne.

A New World” sirve para que Leah Senior (quien hace las veces de narradora en los dos primeros capítulos) introduzca el marco en que se desarrollará la historia: “As soon as the dust settles, you can see / A new world in place of where the old one had been / Your skin is crawling with dry, crusted mud / And your naked feet are wet in a pool of blood…”Es entonces cuando nos damos cuenta de que nuestro protagonista no está solo: “I think I see / An altered beast by the tree, oh”. Su encuentro con la bestia se desarrolla a través de la concatenación de diversas secciones numeradas cuyos títulos son “Altered Beast” y “Alter Me”, que en realidad forman una única pieza cuyo leitmotiv retuercen una y otra vez creando una sensación  parecida a montarse en un cohete espacial. La banda adopta niveles variables de urgencia manteniendo la música siempre viva a través de sus guitarras fuzzeadas que se llenan de lodo en “Altered Beast IV” cuando el personaje principal se ha convertido en una bestia con sed de carne fresca:

True, I went to hell and back
But it was so I could be this
An altered beast until the end
And I will not give up on this
Never!”

Los australianos exhiben ferocidad y creatividad en el terreno donde mejor se desenvuelven: el de las jams cíclicas que proponen un viaje interminable. Alguno pensará, y con razón, ¿voces en off sobre guitarrazos de garage psicodélico? No hay nada que temer, la narrativa, en este caso, parece estar al servicio de la música y no al revés. En último término, las letras y la inclusión de una narradora logran afianzar un argumento a priori algo desdibujado haciendo incluso más interesante y disfrutable la escucha.

Chapter 2: The Lord of Lightning Vs. Balrog

Un ambicioso trabajo en el que el conjunto aussie volverá a dar una vueltita de tuerca a su sonido mezclándolo con un spoken word que intensifica el componente narrativo del álbum sin comprometer la efervescencia de sus canciones.

No tengo del todo claro si las tres historias están relacionadas o el Rey Molleja está jugando a ser Quentin Tarantino con tramas argumentales divididas en bloques independientes o que se solapan en el tiempo, incluso es posible que absolutamente todos sus discos desarrollen una misma y desquiciada historia. Algo así me sugiere la inclusión de “Some Context”, que utiliza durante unos poco segundos un sample de su famoso “People-Vultures”. Centrándonos en lo que sí sabemos, que no es demasiado, llegamos al segundo capítulo en el que la narradora promete relatarnos la épica batalla entre ‘el Señor del Rayo’ y una criatura conocida como ‘Balrog’. Una auténtica frikada a medio camino entre el anime, la ciencia ficción y el western que ríete tú de lo de la Princesa Leonor y Kurosawa.

Cuando finaliza “The Recinter Raconteur” es fácil sentirse como si acabásemos de entrar en otra dimensión del gizzverse. “The Lord Of Lightning” es, sin duda, el single principal del álbum y propone el motivo central de este capítulo, con una trama sencilla que no va más allá de la consabida batalla entre ambos personajes. En lo musical, la banda vuelve a demostrar su habilidad para hacer magia tirando de un simple hilo. El ambiente se vuelve más sórdido, escabroso e hipnotizante en “The Balrog” con sintetizadores, órganos, flautas traveseras, guitarrazos, redobles y distorsión por doquier. Tras sumergirnos en las profundidades con la experimental “The Floating Life” para recuperar el riff dominante asistimos a la derrota del Balrog en una “The Acrid Corpse” teñida de solemnidad y misterio.

Chapter 3: Han-Tyumi and the Murder of the Universe

Cualquier posible inconsistencia narrativa queda compensada con creces durante la última media docena de pistas, las cuales, para más inri, conservan el poso musical fascinante y adictivo del resto del disco incorporando nuevos ingredientes a la fórmula sonora del Rey Molleja. Eso sí, que el equilibrio entre la trama y la instrumentación sea perfecto y sugerente no significa que la historia que quieran contarnos no sea algo palmariamente desquiciado y casi fuera de toda lógica.

Hasta aquí la mayoría de lo ofrecido, al margen del spoken word y la conceptualidad (que no es poca cosa), son unos King Gizzard deudores de sí mismos reinterpretándose con solvencia y sin caer en la parodia. Habrá quien no se lleve demasiado bien con esa vena obsesivo-compulsiva que les lleva a forzar la estructura de sus canciones una y otra vez, en ese caso quizá lo mejor sea aceptar que esta banda no es para ti. Así, el disco enamorará a aquellos que conocieron a la banda con “I’m In Your Mind Fuzz” y su superlativo “Nonagon Infinity”, pero, para aquellos que busquen ese algo más que los australianos suelen ofrecer, se ha concebido este tercer capítulo.

Es durante el desarrollo de la historia de Han-Tyumi cuando King Gizzard vuelven a marcar la diferencia haciendo que sea imposible evaluarlos por debajo del notable alto. Cualquier posible inconsistencia narrativa queda compensada con creces durante la última media docena de pistas, las cuales, para más inri, conservan el poso musical fascinante y adictivo del resto del disco incorporando nuevos ingredientes a la fórmula sonora del Rey Molleja. No obstante, no nos llevemos a engaños: que el equilibrio entre la trama y la instrumentación sea perfecto y sugerente no significa que la historia que quieran contarnos no sea algo palmariamente desquiciado y casi fuera de toda lógica. Al fin y al cabo es de King Gizzard de quienes estamos hablando.

El más agresivo, oscuro e intrincado de los bloques del LP localiza la trama en un futuro distópico y oscuro que se nos presenta en “Welcome to an Altered Universe” y “Digital Black” en el que toda la humanidad ha sido convertida en máquinas. Especialmente reseñable es la segunda de aquellas canciones que deja patente lo bien que se podrían ganar la vida Stu y compañía tocando doom metal. La banda nos introduce en una escena opresiva y demencial para hablarnos de un cyborg llamado Han-Tyumi que es además el narrador de este capítulo. Se presenta formalmente en “Han-Tyumi, the Confused Cyborg”, con la banda recogiendo el testigo de bandas de krautrock como Faust de manera impecable. El caso es que Han-Tyumi echa de menos sus emociones y todo aquello que le hacía ser humano. Nos explica el protagonista que hay dos cosas que desea por encima de todo, dos cosas que no puede hacer siendo un cyborg: vomitar y morir.

De ser un conjunto interesante con canciones endiabladamente divertidas, King Gizzard & The Lizard Wizard han pasado, sobre todo en sus últimas entregas, a confeccionar productos en los que el todo es más grande que la suma de las partes. Y lo han hecho partiendo de un género tan trillado en este final de década como el garage, transitando desde él hacia terrenos más densos y enfangados pero sin descuidar su toque pop y el atractivo de la individualidad de sus canciones.

Para satisfacer sus deseos, Han-Tyumi ha creado una ‘máquina humana’ a través de proteína de soja y acero, una máquina capaz de vomitar. Los breves y volátiles compases de “Soy-Protein Munt Machine” se esfuman a base de guitarrazo limpio en “Vomit Coffin” que, adoptando la versión más bruta de King Gizzard, describe la frenética actividad de la invención de Han-Tyumi, la cual no deja de vomitar sin descanso, como tu primo aquella Nochevieja. La máquina adquiere conciencia de sí misma y se niega a seguir vomitando por lo que Han-Tyumi decide conectarse a su invento, hacerse uno con la máquina que ha creado y vomitar hasta la muerte. “Murder Of The Universe” acompaña mediante un truculento crescendo instrumental el relato con el que nuestro protagonista nos narra cómo vomita sin control aumentando su tamaño y presión interna hasta entrar en erupción y destruir el universo, que desaparecerá en medio de esa vorágine de vómito que crece de manera exponencial.

De ser un conjunto interesante con canciones endiabladamente divertidas, King Gizzard & The Lizard Wizard han pasado, sobre todo en sus últimas entregas, a confeccionar productos en los que el todo es más grande que la suma de las partes. Y lo han hecho partiendo de un género tan trillado en este final de década como el garage, transitando desde él hacia terrenos más densos y enfangados pero sin descuidar su toque pop y el atractivo de la individualidad de sus canciones. Aunque muchas veces me puedan las expectativas, estos chicos siempre consiguen reventarlas y dejarme con el culo torcido. Pudiera llegar el día en que meen fuera del tiesto o caigan con exceso en el autohomenaje, pero hoy no es ese día. En cualquier caso, si alguna vez nos fallan, tened por seguro que encontrarían la oportunidad de enmendar su error a los pocos meses regresando con un buen disco debajo del brazo, como hacen siempre.

King Gizzard & The Lizard Wizard – Murder of the Universe

8.4

Inteligencia artificial, bestias, puertas al infierno, jams psicodélicas y litros de vómito es lo que nos traen los australianos más carismáticos del momento. Todo empaquetadito y distribuido en una ópera de rock ruidoso y espacial dividida en tres capítulos. Casi nada.

  • La narrativa, a pesar de diluirse en el segundo acto, dota de mayor relevancia a este LP dentro de su discografía. Hicieron algo parecido en “Eyes Like Sky”, pero esta vez el concepto no perjudica a las canciones sino que ambos elementos se sitúan en planos paralelos mejorando el resultado final.
  • Recuperan el raca-raca garajero que se extiende hasta el infinito propio de sus álbumes más psicodélicos e incendiarios.
  • Coquetean de manera evidente con el krautrock y las bandas herederas de los tributos que homenajeban a quienes rendían pleitesía a Black Sabbath.

  • Que dentro de unos meses ya estaremos a otra cosa.