Enfrentarse a un disco como “OK Computer” y a un grupo como Radiohead es muy complicado porque desde la primera línea sabes que es una derrota total. Nada de lo que digas va a estar a la altura de la citada obra. Ni las palabras más rebuscadas serían capaces de plasmar lo que un disco así transmite. Y no sólo eso. En veinte años se ha dicho de todo sobre él. De todo, por no decir todo. Las obras más populares son por lógica las más manoseadas, y al igual que yo todo el que se atreve a tratarlas tiene el deseo de hacerles justicia, de aportar algo que no se haya dicho ya, o repetir lo mismo con palabras más adecuadas. Pero creo que lo más importante para un crítico de discos no debe ser que el texto sea adecuado en cuanto al nivel del grupo, sino que lo sea para el lector. Cuando se habla de uno de tus discos favoritos, una crítica debe intentar convencer al lector de que a partir de ese momento ese disco también va a pasar a ser parte de sus favoritos. O que al menos tiene la capacidad de hacerlo. Esa debe de ser nuestra victoria. Porque sí, lo que nos mueve a escribir sobre arte en primera instancia es el propio arte y el amor que profesamos hacia éste, el deseo de expresar ese cúmulo de sensaciones que nos transmite. Pero, ¿por qué queremos decirle a alguien que algo nos parece genial? Probablemente también tiene mucho que ver que alguna vez alguien nos dijera a nosotros que algo era genial. Algo que desconocíamos, que no sabíamos que estaba allí y que requirió que alguien nos abriera los ojos para poder verlo e incluso apreciarlo si ya le habíamos dado una oportunidad anteriormente y no nos había convencido. Estoy seguro de que todos hemos pasado por ese proceso alguna vez, y de que todos deseamos que nuestras palabras puedan servir de conector al lector y oyente con el álbum pertinente. Porque aunque hoy tratemos un trabajo más que trillado, siempre queda gente despistada y siempre llega gente novata que quizá necesite una pequeña ayuda. Y si esa no es nuestra mayor aspiración, que al menos sirva de consuelo.

Antes de empezar es necesario advertir de que esta va a ser una crítica larga y pausada, así que aconsejo leerla con calma, sin prisa y, sobre todo, escuchando el álbum del que hablamos a la vez, si no inmediatamente después. Ese ha sido mi pequeño ritual personal más frecuente durante años a la hora de intentar abrir mis oídos a nuevos sonidos, y es el que más éxito me ha dado. Sin más dilación, es hora de entrar en materia.

Antecedentes y proceso

Radiohead buscaban un lugar alejado, diferente a un estudio y capaz a la vez de captar el entorno natural en el álbum.

Nos situamos a principios de 1996. La banda de Thom Yorke acaba de comenzar los primeros ensayos del que será su tercer disco, “OK Computer”. Tenían en mente grabar este nuevo trabajo por su cuenta, comprando su propio equipo para ello, pero finalmente acabarían contando con la ayuda del ya indispensable Nigel Godrich, quien había producido varios b-sides de “The Bends”. Sus primeros pasos fueron en Canned Applause, un cobertizo cercano a Oxford, donde no contaban ni con baño ni comedor y apenas tenían espacio para el equipo. El grupo buscaba un lugar alejado, diferente a un estudio y capaz a la vez de captar ese entorno natural en el disco. Pero tras varias sesiones decidieron que aquel tampoco era el sitio adecuado, por lo que decidieron realizar una pequeña gira, volviendo a grabar en septiembre de  1996. Esta vez el lugar elegido fue la Corte de Santa Catalina, una mansión propiedad de la actriz Jane Seymour.

Radiohead habían encontrado su lugar definitivo. Un sitio grande, completamente aislado, con muchas habitaciones y con grandes posibilidades sonoras, como el eco que producían las escaleras de piedra de uno de los pasillos. Además, su discográfica no les había puesto fecha límite para entregar su nuevo largo y el hecho de estar tan alejados les permitía trabajar con mucha más libertad a las horas que les apeteciese. La mayor parte del disco fue grabada en directo con todo el grupo tocando en conjunto y la mayoría de tomas escogidas fueron las primeras, especialmente en las de la voz de Thom, finalizando en octubre de 1996 y acudiendo durante los siguientes meses a Abbey Road y otros estudios para grabar las secciones de cuerda y masterizar el álbum.

Se pasó de las letras introspectivas de “The Bends” a otras de carácter más universal. En “OK Computer” Yorke perfeccionó al máximo y combinó con la propia música su habilidad para desarrollar su angustia vital y proyectarla hacia la sociedad.

En cuanto al contenido de “OK Computer”, al objetivo que el grupo perseguía y las influencias que contribuyeron a su formación, cabe destacar el paso de una lírica introspectiva vista en “The Bends” a una de carácter más universal. “The Bends” ya había dado un gran paso de madurez para el grupo en todos los sentidos; Yorke se había vuelto mucho más críptico y agudo, había aprendido a desarrollar su angustia vital y a proyectarla hacia la sociedad. En “OK Computer” la perfeccionó al máximo y la combinó con la propia música, con la enorme cantidad de instrumentos que forman parte del disco, con las atmósferas conseguidas en la Corte de Santa Catalina y con la fusión de elementos clásicos y electrónicos, capaces de reflejar fielmente el mundo que Yorke y el resto quisieron plasmar: el nuestro. En cuanto a las influencias jugó un papel crucial el “Bitches Brew” de Miles Davis, especialmente el contraste entre momentos de explosión sonora y momentos de silencio, pero también fueron importantes compositores como Ennio Morricone y grupos como The Beatles, Queen o los Pixies.

Destruyendo falsas etiquetas

“OK Computer” consiguió eliminar de Radiohead la etiqueta de one-hit wonder por esa “Creep” que ellos mismos llegaron a odiar y del mismo modo logró definir la propia identidad de los británicos.

Un trabajo como este tiene su importancia y su marca como hito en la historia de la música moderna a varios niveles. El primero de ellos es el del propio grupo y la concepción por parte de todo el resto de personas sobre este. Hasta la salida de “OK Computer”, Radiohead seguían siendo considerados prácticamente un grupo de one-hit wonder por esa canción que ellos mismos llegaron a odiar llamada “Creep”. Ni siquiera un disco repleto de grandes canciones como fue “The Bends” sirvió para quitarles esa etiqueta, obteniendo críticas muy diversas y contradictorias en su salida. En aquel momento, el esfuerzo del grupo por demostrar que eran algo más que un single fue calificado por muchos como pretencioso. Sin embargo, “OK Computer” consiguió lo que su predecesor no pudo: la eliminación de ese calificativo y la unanimidad del público. Desde su lanzamiento todo el mundo coincidió en que estaban ante algo muy grande.

Pero no es esa la única etiqueta de la que se deshizo el grupo. Con “Pablo Honey”, su debut, la banda había recibido mil y una referencias y comparaciones con otros grupos de los 90. Había quien prefería acercarlos al britpop de Oasis, Blur, Pulp y demás, probablemente por pertenecer al igual que estos al Reino Unido; y había otros que por el contrario querían encajarlos en el grunge y en el rock alternativo americano de grupos como Nirvana o Pixies. Y es cierto que en aquel momento el grupo parecía destinado a acabar en un saco o en otro, ya que “Pablo Honey” no rompía moldes en ningún sentido. “The Bends” era un disco maduro, pero seguía siendo un disco de rock noventero. De una calidad altísima, sí, y con una identidad mucho más definida, pero sin desmarcarse completamente. Ese fue otro de los grandes méritos de “OK Computer”. No sólo dio un paso de gigante en el sonido del grupo, en su habilidad compositiva y en sus límites, sino que prácticamente consiguió romper las barreras del rock como una década antes se había hecho con el grunge, el post-rock, el shoegaze o el noise-rock. “OK Computer” reunió una cantidad enorme de testigos musicales de aquí y allá, del pasado y de su presente, del rock, la música orquestal y la música electrónica, consiguiendo un sonido que sería encasillado en el rock alternativo y en el art-rock por no ser capaces de definirlo con propiedad.

El grupo que antes había sido considerado un one-hit wonder y uno más dentro de las escenas principales del momento acabaría demostrando que la crítica y el público se habían precipitado al encasillarlos, ya que aún tenían mucho que decir. Pasarían de ser uno más a ser el grupo que redefiniría el rock y aquel que se convertiría en un referente obligatorio, si no el mayor, para cualquier grupo de guitarras a partir de ese momento.

La sociedad de ayer y de hoy

“OK Computer” no sólo dio un paso de gigante en el sonido del grupo, en su habilidad compositiva y en sus límites, sino que prácticamente consiguió romper las barreras del rock como una década antes se había hecho con el grunge, el post-rock, el shoegaze o el noise-rock.

Otro de los hitos del grupo con este trabajo fue su capacidad para reflejar la sociedad del momento en la totalidad de la obra. Es necesario mencionar que si bien la banda distribuyó las canciones de manera premeditada e intentando darles cierta continuidad, en ningún momento fue concebido como un álbum conceptual. Ya hemos hecho mención de la perfecta simbiosis del disco entre sonido y contenido lírico. “OK Computer” trata prácticamente todas las grandes preocupaciones del ser humano a nivel general y particularmente las del humano moderno. Yorke se dedica a señalar aquí y allá continuamente, al trabajo, al gobierno de aquel momento, a la tecnología, a los transportes, no hay ningún elemento de nuestro tiempo que se deje en el tintero. Pero para mí todos estos elementos giran en torno a un concepto presente durante todo el trabajo y que resume bastante bien lo que Yorke quiere transmitir: la alienación.

Cada vez que pienso en la temática de “OK Computer” no puedo evitar pensar que trata de la sociedad del siglo XXI más que la del propio siglo XX. Y en realidad no considero que esté muy equivocado y creo que es una de las razones por las que considero este un trabajo tan importante. Cuando escuchas un disco como este no tienes la sensación de estar escuchando algo que se ha publicado hace veinte años. Nada suena anticuado, alejado o distinto, al contrario: te convence de que podría haberse publicado ayer y sería exactamente igual. El grupo tuvo la perspicacia o quizás simplemente la suerte de dar en el clavo con todas las balas que disparó en este trabajo. Nuestra sociedad actual es la de hace veinte años crecida exponencialmente. La tecnología sigue ahí. La corrupción política tampoco se ha ido. Ni los transportes, ni los trabajos inhumanos. Todo se ha incrementado y se resume al tema que reclamo una vez más como principal: la alienación.

La propia portada y el título del disco reflejan y acentúan esta temática. La portada es un collage realizado por Thom Yorke y Stanley Donwood, en la que se puede observar una autopista, logos y varios niños junto a la frase “Lost Child”, mientras que el título hace referencia directa a la era de la tecnología, a afrontar el futuro y abrazar las nuevas tecnologías con todo lo que ello conlleva, y por encima de todo, al miedo y la paranoia provocados por estas. “OK Computer” es caos, es un pasaje apocalíptico que acaba de comenzar y que augura un futuro todavía más aterrador.

El Apocalipsis paranoico

Radiohead pasarían de ser uno más a ser el grupo que redefiniría el rock y aquel que se convertiría en un referente obligatorio, si no el mayor, para cualquier grupo de guitarras a partir de ese momento.

Sobra decir que no hablamos de un trabajo positivo ni alegre. De hecho, personalmente, mis momentos favoritos para escuchar este disco siempre han sido los días lluviosos, los viajes largos y los tramos de casa a la universidad y viceversa. Desde el riff de guitarra de “Airbag” percibimos que “OK Computer” evoca una atmósfera apocalíptica. Entramos con un tema inspirado por un accidente de coche que sufrió Thom Yorke años atrás, describiendo su supervivencia como una nueva vida, una reencarnación (“In a deep deep sleep of the innocent I am born again”) con la que piensa remediar y hacer todo lo que no pudo hacer en esa primera vida (“In an interstellar burst I’m back to save the univerese”). De ahí esas guitarras tan espaciadas, ese bajo que viene y va, los cascabeles, las cuerdas y una batería que deja entrever los primeros coqueteos del grupo con sonidos electrónicos. Lo más interesante del tema es la contradicción entre estar a punto de perder la vida por culpa de la tecnología, en este caso un coche, y a la vez salvarla gracias a ésta, gracias a un airbag.

Acabamos de empezar y ya tenemos el punto álgido de todo el largo. “Paranoid Android” es no sólo la canción que mejor resume “OK Computer”, sino probablemente lo que Radiohead son y han acabado siendo con el tiempo. Propiciada por una mala experiencia de Thom Yorke una noche en un bar rodeado de gente comportándose de manera violenta debido a la ingesta de estupefacientes, e inspirada por canciones como “Bohemian Rhapsody” o “Happiness Is A Warm Gun”, “Paranoid Android” es un microcosmos dentro del disco que cuenta con cuatro secciones diferentes, descritas por Yorke como cuatro estados de ánimo distintos. A partir de esta experiencia crea un hilo mucho mayor tomando a Marvin the Paranoid Android de la serie de Douglas Adams “The Hitchhikers Guide to Galaxy” como referente, comparando humanos y máquinas y la sociedad de aquella serie con la nuestra. La primera parte podría describir la angustia y la desesperación creadas por la vida moderna: Yorke se queja a través de su personaje de las exigencias de la sociedad y describe su incapacidad de responder ante todo el mundo (“I may be paranoid but not an android”). La segunda parte, mucho más agresiva y con un cambio de compás y tonalidad muy bruscos, critica la ambición humana y el abuso de poder y la violencia que este ejerce (“Off with his head man, why don’t you remember my name?”). Una tormenta de guitarras y un solo de Jonny Greenwood nos conducen hacia una catarsis que deriva en una tercera parte mucho más calmada en la que se describe el deseo de morir por parte de nuestro androide debido a la naturaleza del mundo moderno (“The dust and the screaming, the yuppies networking, the panic, the vomit”), concluyendo con ese “God loves his children, yeah”, un verso totalmente metafórico en el que establece el clásico pensamiento de que si Dios nos amara realmente no habría creado un mundo así. La última sección es puramente instrumental y es prácticamente un reprise de la segunda con el que se pone fin al tema.

Existe una perfecta simbiosis entre sonido y contenido lírico. “OK Computer” trata prácticamente todas las grandes preocupaciones del ser humano a nivel general y particularmente las del humano moderno.

Por su parte, “Subterranean Homesick Alien” es un corte más pausado con guitarras mucho más atmosféricas otra vez, en el que Yorke habla de un alienígena que se dedica a observar la Tierra y reflexiona sobre cómo la percibiría, criticando la alienación y el miedo de la gente a salirse de las convenciones sociales para no ser apartados (“I’d tell my friends but they would never believe me”). Por fin podemos escuchar una pieza mucho más acústica con “Exit Music (For a Film)”, escrita para el largometraje de Romeo + Julieta de 1996. Inspirada por la propia película, la canción describe el deseo de una pareja de escapar juntos donde nadie pueda impedirles nada, siendo una reinterpretación de la propia obra de Shakespeare en la que los dos amantes deciden luchar contra su destino y reescribirlo, consiguiendo escapar de este. Destacan los pasajes en los que se escuchan ruidos y voces, como si la pareja escapase de entre la multitud y el clímax al final con los ecos y el bajo tan saturado, reflejando el momento en el que ambos consiguen romper sus cadenas.

Grabada una noche de madrugada a las 3 de la mañana, “Let Down” es, para mí, la canción más triste y emocional que he oído nunca y la que me hizo darme cuenta de lo que significa un disco como este. “Let Down” me parece la pieza que mejor describe la alienación, el estar entre una multitud de gente y encontrarte desubicado, incapacitado para tomar el control de nada, sin ser capaz de sentir nada excepto la soledad y la derrota, describiendo a cada individuo como insectos aplastados por la sociedad, que se ha encargado de arrancar cualquier atisbo de esperanza que hubiese en ellos (“Let down and hanging around, crushed like a bug in the ground”). Los arpegios de guitarra reflejan a la perfección este sentimiento, contando además con un solo de teclado muy futurista y otro solo de Jonny Greenwood en un compás diferente al del resto de instrumentos, lo que ha hecho que la banda interprete el tema en directo en muy pocas ocasiones debido a su dificultad, a pesar de ser muy querido por el público.

No podemos evitar pensar que se trata de la sociedad del siglo XXI más que de la del propio siglo XX. Nuestra sociedad actual es la de hace veinte años crecida exponencialmente. La tecnología sigue ahí. La corrupción política tampoco se ha ido. Ni los transportes, ni los trabajos inhumanos.

Y llegamos a la que probablemente es la canción más conocida del grupo después de “Creep”: “Karma Police”. Surgida de una broma interna del grupo, esta pieza, compuesta por una progresión de piano y guitarra ensoñadora, hace referencia una vez más al abuso de poder y al castigo que reciben aquellos que se atreven a salirse de las normas de la sociedad (“This is what you’ll get when you mess with us”). La parte final da un giro total y en ella Thom describe cómo casi se deja llevar por la ira y se convierte en el mismo tipo de persona que aquellos que están en el poder (“For a minute there I lost myself”). Los coros hacen que la canción casi parezca una nana y transmite sensación de tranquilidad, de paz con uno mismo. Sin embargo, no tarda “Fitter Happier” en ponernos en tensión otra vez. Esta pieza no es sino un sintetizador de voz de un Macintosh que refleja diferentes anuncios publicitarios y mensajes que tratan de perfilar al humano moderno perfecto. En dos minutos Thom Yorke es capaz de describir todas las normas que un ser humano debe seguir para convivir de manera eficaz en nuestro siglo, haciendo alusiones a la vida sana, al trabajo, a la productividad, al alcohol, al deseo de no cuestionarse nada y al de abandonar su parte pasional, relacionada además con comportamientos infantiles. En resumen, “Fitter Happier” es una crítica al capitalismo y a cómo este pretende que los individuos seamos perfectos y nos comportemos como máquinas, algo enfatizado por la propia voz robótica del narrador.

Electioneering” es quizás el track que más recuerda a los Radiohead de sus dos primeros trabajos, lleno de muros de guitarras, un solo arrollador y un estribillo muy potente. Inspirada por las elecciones de Reino Unido de 1997, esta pieza es una crítica al gobierno, a su conservadurismo y a la economía de la oferta. La parte más oscura y estremecedora del largo la encontramos en “Climbing Up The Walls”, un tema que cuenta con una sección de cuerdas de 16 violines y que emplea metáforas constantes para hablar de la depresión, la ansiedad y los demonios internos de cada individuo y de los que nadie puede escapar (“And either way you turn, I’ll be there, open up your skull, I’ll be there, climbing up the walls”). La voz de Yorke suena igual de aterradora y desesperada, conformando una pieza escalofriante. Esta canción contrasta y a la vez tiene su continuidad en “No Surprises”, ante la que sólo puedo deshacerme en elogios y mencionar su belleza y la calma que siempre me ha transmitido. “No Surprises” es una nana, un tema dulce y reposado construido mediante guitarras acústicas y el glockenspiel, que habla del suicidio como única vía para escapar de la sociedad y de uno mismo, inhalando monóxido de carbono para tener una muerte tranquila y sin sobresaltos. No es que se plantee un deseo de suicidio como tal, sino que este es provocado por la necesidad del narrador de escapar de la realidad, tal y como se ve en el último estribillo acompañado de los coros: “No alarms and no surprises (let me out of here)”.

“OK Computer” es caos, es un pasaje apocalíptico que acaba de comenzar y que augura un futuro todavía más aterrador.

Una vez más, “Lucky” ofrece un contraste con lo expuesto antes. El pesimismo de los tramos anteriores comienza a converger en un conflicto entre el optimismo y la euforia máximos (“It’s gonna be a glorious day”) y el tono fatalista del resto del disco, concluyendo con un estado de paranoia continuo en el que estas dos caras se enfrentan una y otra vez (“We are standing on the edge”). Y finalmente, tras esta lucha constante con uno mismo y con el entorno, llegamos a una “The Tourist” mucho más pausada, espaciada y ambiental, con una batería casi jazzística y guitarras sin ninguna prisa por sonar. Y es que de eso habla la canción: de tomarnos las cosas con más calma, de intentar no sucumbir al ritmo extremadamente apresurado de la vida moderna y a tomar conciencia de lo que nos rodea, poniendo punto y final con el sonido de una pequeña campana y dejando un pequeño atisbo de esperanza, algo que al grupo siempre le ha gustado hacer.

Habrá quien considere a “OK Computer” un disco sobrevalorado y no seré yo quien trate de rebatirlo, pues al final el arte es algo completamente subjetivo, pero espero que todo lo redactado anteriormente anime al menos a alguien más a dar una oportunidad y a dejarse conquistar por los encantos de un trabajo con un valor innegable, al menos a nivel de repercusión. “OK Computer” vio la luz hace veinte años, pero nunca lo hemos podido sentir tan vivo como hoy.

Radiohead – OK Computer

10 INSTANT CLASSIC

1997 sería el año en el que nacería una nueva era en el rock con la publicación de “OK Computer”, tercer disco de Radiohead, con el que no sólo romperían etiquetas y sobrepasarían sus límites, sino que marcarían el camino a seguir a partir de entonces. Un trabajo que a día de hoy sigue sonando completamente actual y coherente con nuestra época.

  • Probablemente uno de los discos más importantes de las últimas dos décadas, si no el que más.
  • Que no haya envejecido apenas y a día de hoy siga sonando tan actual.
  • La atmósfera conseguida entre música y contenido lírico, todas las sensaciones que evoca, tan contradictorias entre sí.
  • Piezas de una calidad inconmensurable, capaces de disfrutarse tanto en conjunto como por separado.

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