38 años no son nada, mucho menos si se pretende crear una leyenda. Algunas veces, sin embargo, 38 años pueden parecer una eternidad, o como (seguramente) diría Ian Curtis, un abismo insalvable. Aunque ahora que lo pienso, ¿quién soy yo para poner palabras en la boca de nadie? Mucho menos en la de Curtis, ese hombre que se meneaba con gesto serio entre los sonidos de su propia oscuridad con gesto impenetrable y pensamiento incierto. De haber sido otra persona, la peña probablemente se descojonaría. Pero no, es ese hombre serio, de constitución enfermiza, que con su baile no provoca risa sino espanto, confusión y lo que es más inquietante: una tristeza inconmensurable en la boca del estómago.

En el caso de Joy Division, lo del post-punk es literal, porque antes de la melancolía vino la rabia de inspiración sexpistoliana y buzzcockiana, la de su álbum debut que nunca vio la luz: “Warsaw”. Afortunadamente para todos, la banda rompió con RCA, se subió al carro Tony Wilson (Mr. Manchester) y con su sello Factory Records lanzó el disco que se convertiría en la piedra angular del batiburrillo musical que hoy conocemos como post-punk. 38 años de “Unknown Pleasures” y yo con estos pelos. 38 años del día en el que cuatro chavales de Manchester se metieron con lo puesto en un estudio para dejar su oscuridad en la cinta magnética. El resto, como se suele decir, es historia, impresa en vinilo: en la cara A, el mítico sonido que marcaría una generación; en la B, la turbulenta trayectoria de un grupo destinado a pasar por el escenario como una estrella fugaz. Aquí hay siete cosas que quizás supieras o quizás no. En cualquier caso, no viene mal recordarlas.

El debut punk

Pese a ser considerado como el debut oficial de la banda, “Unknown Pleasures” no es el primer trabajo del grupo técnicamente hablando. Joy Division ya habían autoproducido un EP llamado “An Ideal for Living” en 1978, trabajo de evidente influencia punk que fue muy criticado por su portada, en la que aparece dibujado un miembro de las juventudes nazis tocando un tambor. A esto se añadían otros factores como el toque nietzscheano de su música, el anterior nombre de la banda (Warsaw) y el infame grito que se puede escuchar al principio de un track incluido en la compilación de Electric Circus de 1977: “Have you all forgotten about Rudolf Hess?. El grupo era acusado de usar el nazismo como algo chic, aunque los miembros siempre se desentendieron de semejantes acusaciones. Fue esto y la influencia de su nuevo manager Rob Gretton lo que hizo que para 1979 la banda dejase este tipo de tonterías a un lado, aunque conservarían su controvertido nombre inspirado por el grupo de mujeres judías violadas por los oficiales nazis de la novela “House of Dolls”.

Un placer desconocido

Ya había pasado antes. En 1978 una sesión de grabación en los estudios de RCA terminó en fracaso debido al descontento del grupo con el trabajo de post-producción y todo apuntaba a que su experiencia con la Factory Records de Tony Wilson iba a terminar de un modo similar cuando el grupo escuchó el resultado final de su productor Martin Hannett, más tarde conocido como el Genio Loco de Manchester. El proceso de grabación fue un ejercicio de continuo contorsionismo. Las órdenes de Hannett habían demostrado ser bastante difíciles de acatar en ciertas ocasiones, especialmente cuando al productor se le ponía entre ceja y ceja cosas como grabar la voz a través de un teléfono o mover la batería al cuarto de baño e incluso a la azotea del estudio. Hannett hacía caso omiso de las sugerencias de unos chavales que miraban con horror mientras su música se veía invadida por sintetizadores, adornos y efectos varios, precisamente los elementos contra los que se había revelado desde su nacimiento el punk que inspiró la creación de Joy Division. El sonido nunca terminó de complacer a los componentes (especialmente a Peter Hook), pues estos creían que las guitarras subordinadas y la atmósfera oscura y reverberada de la mezcla destruía la efervescencia que caracterizaba los directos de la banda. “Unknown Pleasures”, sin embargo, terminó por hacer las delicias tanto de la crítica como del público, adquiriendo un limitado éxito comercial por el que el grupo se dejó llevar sin oponer resistencia. La labor de Hannett acabó siendo reconocida por el bajista Peter Hook, quien lo acreditó como indiscutible creador del sonido Joy Division.

Fotografía: Rob Verhorst (Getty Images)

Ha perdido el control… de nuevo

Antes de pegar el salto a la fama con su debut, los miembros de la banda eran tipos muy normales, vecinos corrientes de Salford, aledaño del Manchester industrial de finales de los setenta. De todos ellos, Ian Curtis se llevaba la palma. Casado desde los diecinueve años con Deborah Woodruff, Curtis se ganaba la vida como funcionario de un centro de trabajo que empleaba a personas con discapacidad física y siguió trabajando incluso cuando el grupo empezó a adquirir cierta relevancia. Fue precisamente de ahí de donde sacaría la inspiración para escribir “She’s Lost Control”, un perturbador tema que habla sobre su encuentro con una mujer epiléptica que sufrió un ataque mientras era atendida. Ian recita los versos con urgencia e intranquilidad, envolviendo la música en un aura de terror que hace pensar que el incidente no es más que un vehículo para hablar de su propia condición de epiléptico, la cual le fue diagnosticada en 1978 tras sufrir un ataque en el camino de vuelta de un concierto. La enfermedad de Ian pasó a ser una parte más de la vida del grupo y su influencia es algo que puede verse incluso en el frenesí de muchas de las canciones de este álbum.

Hermanos de otro padre

Tanto “Transmission” como “Love Will Tear Us Apart” son indiscutibles clásicos del grupo de Manchester, aunque es importante destacar que ninguna de estas dos canciones pertenece, al menos literalmente, a la lista de canciones de “Unknown Pleasures”, un hecho que muchas veces da lugar a una especie de versión hípster del efecto Mandela. “Transmission” fue lanzada como single unos meses después del lanzamiento del debut y no es casual que tanto su espíritu como su sonido sean perfectamente compatibles con el universo sonoro de “Unknown Pleasures”. La canción pertenecía a las sesiones de grabación del mismo álbum, aunque debido a su energía, el grupo prefirió reservarla como lanzamiento estratégico que les permitiera extender la vida comercial del LP. Por otro lado, el single “Love Will Tear Us Apart” fue lanzado casi un año después del debut de la banda, funcionando como engañoso aperitivo de “Closer”, un segundo trabajo que poco o nada tenía que ver aquel single independiente. “Love Will Tear Us Apart” es, en cierto sentido, el punto y final de “Unknown Pleasures”. Es irónico que fuera precisamente esta canción la que se convirtiera en el mayor éxito del grupo, especialmente cuando uno analiza la oscura letra de un Ian Curtis cuya tristeza se desparrama por cada uno de sus melancólicos versos, contrastando con la brillante y armoniosa instrumental. Se dice, en retrospectiva, que la canción fue un aviso del suicidio que Ian Curtis llevaría a cabo apenas un mes antes de su lanzamiento. El título, inspirado por su matrimonio, fue grabado en su lápida por orden de su propia mujer. Sin duda un oscuro giro del destino.

El Principio del final

Por si el carácter de Joy Division no fuera lo suficientemente oscuro desde sus inicios, fue el final del grupo lo que acabó dándole el toque definitivo, convirtiendo la prometedora banda en el eco en blanco y negro que Joy Division pasó a ser para siempre. Efectivamente, “Unknown Pleasures” fue el primer y último trabajo lanzado mientras Curtis aún seguía con vida, algo que marcaría para siempre la trayectoria de un disco destinado a convertirse en hito, siempre con cierto aire de maldición. Curtis se suicidó en plena ascensión, justo antes de su primera gira en los Estados Unidos. No siendo la primera vez que intentaba suicidarse, su muerte no sorprendió a nadie. De hecho, parece casi como si el trágico final de Ian Curtis hubiera sido parte de algo mayor, una especie de eventualidad inevitable en un grupo que olía a suicidio desde su nacimiento. La muerte de Curtis pasó a ser parte integral no sólo del grupo sino también de su obra prima. Con su abrupto final, Curtis convirtió el principio en final y el debut en legado.

Visualizar lo invisible

Es casi imposible a día de hoy no reconocer la portada que se convirtió casi por accidente en uno de los más circulados iconos del siglo 21, algo especialmente cierto cuando hablamos de la cultura hipsteroide de Tumblr y sus derivados. La imagen encuentra su inverosímil origen en una enciclopedia de astronomía en la que la misma ilustración servía como representación gráfica de la primera señal de Pulsar de la historia. Para explicarlo en cristiano: cada una de las cien líneas es un pulso, un bip que da lugar a los ‘picos’ del centro. La imagen ejerció una atracción magnética inmediata no sólo sobre el diseñador Peter Saville sino también sobre un grupo que vio en aquellas señales de radio la representación perfecta de su sonido: apenas un puñado de trazos brillantes perdidos en la inmensa oscuridad, una foto a lo invisible. Su misteriosa presencia, carente de título o cualquier otra distracción, se rodea aún hoy de una atmósfera de misterio y oscuridad que ha acabado por convertirse en una parte inseparable de la experiencia sonora que es “Unknown Pleasures”. Aparte de esto, es imposible no mencionar el increíble éxito comercial de la imagen, equiparable al de iconos legendarios como la lengua de los Stones o el escudo de los Ramones. Camisetas, posters, tartas e incluso suelas de zapatos. Uno puede encontrar transmisiones de púlsar en todo tipo de recreaciones, lo que hace inevitable que nos preguntemos sobre qué pensaría el nietzscheano Ian Curtis si viera a una chavala de quince años llevando una de estas camisetas mientras escucha a The 1975

Una frecuencia que no se extingue

El legado de “Unknown Pleasures” es simplemente incalculable. Aparte de ser un trabajo unánimemente alabado por la crítica, su relevancia radica en lo puntero de un sonido oscuro y pesado acompañado de una estética musical y visual que marcaría las pautas de toda una generación de grupos post-punk como The Cure, Wire, Jesus & Mary Chain y más tarde, The Smiths. A día de hoy, el álbum no ha perdido ni un ápice de relevancia y sigue siendo una clara referencia para grupos obvios como Interpol o The National pero también para artistas de otros géneros como lo son Danny Brown o Vince Staples. “Unknown Pleasures” es, desde su concepción, un disco que se alimenta de su entorno, hallándose en un continuo estado de crecimiento que arrasa con todo lo que encuentra. Sea en camisetas o entre las líneas de otros grupos, que así sea por muchos años.