Hay música que, pese a no llevar castañuelas, pandereta o guitarra flamenca, suena inconfundiblemente andaluza, entendiendo tal adjetivo como algo aplicable a todo aquello que demuestra una cualidad castiza y ruda. Estoy hablando de sonidos secos como un polvorón, rasposos como el esparto y arenosos como la estepa. Soy consciente de que, así de primeras, esto también suena mucho a spaghetti western, pero es que no es casualidad que la mayoría de los filmes de directores como Sergio Leone fueran rodados en Andalucía. Es una de esas maravillosas paradojas del destino, una de las innumerables conexiones aleatorias que recorren el mundo de cabo a rabo. Y es que, en cierto sentido, el oeste de los Estados Unidos no puede entenderse sin el sur de España. Tenían que venir tres jienenses para reivindicarlo, y vaya si lo hicieron. Llevan, de hecho, once años pateando escenarios con su caldero-bajo y su blues oxidado para demostrarlo.

“Guadalupe Plata 2017”: Western entre olivos

El inquietante cánido que esta vez nos observa sobre el fondo negro oceánico vuelve a ser una representación increíblemente certera de un sonido que suena a la vez renovado y leal.

Como viene siendo costumbre, lo nuevo de Guadalupe Plata no tiene más nombre que el año de lanzamiento, porque una imagen vale más que mil palabras y un perro de vieja vale más que cuarenta títulos rimbombantes. Comento esto porque hablar de un disco de Guadalupe Plata es hablar de su portada y de la misma manera que en otras ocasiones un par de gatitos o un trío de diablos han hecho el apaño, el inquietante cánido que esta vez nos observa sobre el fondo negro oceánico vuelve a ser una representación increíblemente certera de un sonido que suena a la vez renovado y leal. Renovado porque los jienenses se han tomado su tiempo, reposando las tormentas que los caracterizan para adquirir un tono aterciopelado muy parecido a las lanas del chucho de la portada. Leal porque ni aun así han perdido la agresividad fea, incómoda, tan tuerta y trastornadora como, de nuevo, el perrete.

Fotografía: https://www.facebook.com/gpblues/

Los de Jaén siguen siendo una de las bandas más interesantes y originales del país y hasta cierto punto su nuevo trabajo es el pináculo en una carrera de éxitos camuflados, salas a reventar y sudor con destellos rojos.

Menos cavernoso, pero también más envolvente y cultivado. Así suena lo nuevo de Guadalupe Plata y así suena “Qué He Sacado Con Quererte”, el tarantinesco inicio de esta línea de tren conexión Úbeda-Tennessee. La guitarra de Pedro tiembla vacilante como la llama de una vela encendida para una especie de rito chamánico. A tono con la atmósfera íntima, el líder del grupo abandona los aullidos de su pasado para susurrarnos al oído, asustado: “No me esperes en la tumba, yo me quedo aquí y así “Miedo” coge el relevo con fuerza y ritmo, introduciendo el carácter de surf-rock de ultratumba que hará que, sin saberlo, estés temblando en menos tiempo de lo que dura un parpadeo. El bajo es adictivo, el ruido acogedor y la tensión inevitable. La pena es que el tema no llegue a alcanzar su apogeo y que antes de darnos cuenta nos metan un bajón con “Tan Solo”, bajón que se toma con reticencia pero que acaba entrando bien porque a ver quién le dice que no a un corte de semejante textura y psicodelia, digno del mejor episodio de Twin Peaks.

El viaje sideral continúa con la jazzística “Navajazo”, tema instrumental que hace de mediador entre el universo psicodélico de “Tan Solo” y el terrenal blues de “Perro de Vieja”, una toma de tierra suave pero contundente en la que apenas se entiende otra cosa que no sea el coreable título, ni falta que hace, porque sinceramente todos necesitábamos una frase tan contundente como esta en nuestras vidas. El sonido es redondo, dejándose llevar por un bajo sin esquinas que de vez en cuando se ve aguijoneado por el fuzz de una guitarra, como para mantenerlo despierto. Así de repente cambia el palo hacia un ritmo… ¿cómo llamo yo a esto?, ¿mexicano? Apenas hay tiempo para aclararlo. La parte más atragantada del disco ha empezado y como en un juego macabro, las canciones giran a nuestro alrededor en una danza de sombras. De la instrumental de “Preso” nos empujan a “Demasiado”, un tema demasiado bueno para ser tan corto. Es una pena, porque si algo caracteriza la segunda mitad del LP son sus buenas ideas y uno no puede más que cuestionarse lo que hubiera pasado si el grupo hubiera intentado estirarlas más allá de los dos minutos.

Un álbum fugaz que es más EP que otra cosa, porque de sus escuetos treinta minutos la mitad se pasan en devaneos desorientados e instrumentales esquemáticas.

En tracks como “Borracho” la brevedad se entiende, por supuesto. Poco más puede dar de sí un simpático interludio cuyo acierto descriptivo simplemente no necesita más palabras que el título. No digo lo mismo de “Nido de Avispas”, una atractiva composición arpegiada de tonos oscuros que pide más, mucho más, quedándose en anécdota cuando podía haber sido un tema de por lo menos dos minutos más. El viaje se acaba y no hay nada que podamos hacer. La escueta “Almería” llega con sus guitarras desperdigadas y uno se siente como si le hubieran quitado el edredón de golpe. Medio despiertos, medio dormidos, nos decimos en secreto: esto no es manera de terminar un disco.

Y no lo es, no sólo por la última canción sino por toda una segunda mitad que más que canciones parece una compilación de ideas a medio hacer. “Guadalupe Plata 2017” es un álbum fugaz que es más EP que otra cosa, porque de sus escuetos treinta minutos la mitad se pasan en devaneos desorientados e instrumentales esquemáticas. Que no se me malinterprete. Los de Jaén siguen siendo una de las bandas más interesantes y originales del país y hasta cierto punto su nuevo trabajo es el pináculo en una carrera de éxitos camuflados, salas a reventar y sudor con destellos rojos. Lo malo es que a pesar de la posición estratégica que el devenir les ha proporcionado, el trío no ha parecido plantearse la necesidad de demostrarle nada a nadie. Sus razones tendrán.

Guadalupe Plata – Guadalupe Plata 2017

6.3

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Lo nuevo de Guadalupe Plata es un enfado que empieza fuerte, pero se acaba convirtiendo en un murmullo con la boca medio cerrada. Mientras que la banda parece haberse puesto a grabar uno de sus trabajos más envolventes y ricos en sonido hasta la fecha, también parece haberse dejado en el aspecto compositivo, dejándose las cosas a medio hacer.

Up

  • Su sonido más envolvente y redondo hasta la fecha.
  • La habilidad para captar su música con ese oscuro perro de vieja.
  • Una dirección más calmada pero también más intensa en profundidad.

Down

  • Brevedad excesiva del álbum.
  • El inesperado bajón de una segunda mitad raquítica que se escapa entre los dedos sin dejar nada.