2017 está siendo un año de sonados retornos musicales. Sin ninguna duda, el más comentado ha sido el de los Guns N’ Roses, quienes pasaron recientemente por nuestro país para alegría de todos esos fans que veían esta reunión como una alegoría utópica y en la que, una vez testadas las reacciones, se puede afirmar que ha sido una vuelta en la que la nostalgia anulaba cualquier tipo de expectativa, dejando tras de sí una sensación descafeinada.

Tal vez por encontrarnos en medio de esta vorágine comercial o por referirnos a uno de los referentes underground de uno de los géneros más underground que ha existido, poco ruido ha hecho la vuelta de Slowdive, la banda que allá por 1995 y tras dos elepés memorables abandonaba la escena musical con la misma elegancia y discreción sonora que poseían sus canciones. Los británicos, que junto a Ride catapultaron al shoegaze como el movimiento al que se aferraban los jóvenes soñadores que entendían la música como forma de evasión más que como la forma de rebeldía que exponía el grunge primero y el britpop después, vuelven este año con un nuevo álbum que, como ellos han argumentado, supone un nuevo comienzo, no un retorno. Por ello, el título es tan simple como el nombre del grupo.

“Slowdive”: el shoegaze que mira más allá de sus zapatos

“Slowdive”, como ellos han argumentado, supone un nuevo comienzo, no un retorno.

Tras más de veinte años sin publicar y una fugaz gira en 2014 que los de Reading necesitaban para desengrasar y sobre todo para ver si el paso del tiempo había afectado a su cadencia creativa y a sus actuaciones en directo, la banda liderada por Rachel Goswell, Neil Halstead y Nick Chaplin trae su cuarto álbum de estudio en el que aúnan los elementos dream pop y shoegaze que convirtieron a “Souvlaki” (1993, Creation Records) en uno de los principales pilares de dichos géneros.

Slowdive” (2017, Dead Oceans) opta por centrarse en la progresión que ambos estilos han experimentado con el transcurso de los años para, con apenas ocho canciones, convertirse en uno de los mejores largos del año manteniendo la esencia del grupo y una frescura justificada por la participación de los integrantes en proyectos paralelos y la mano de Chris Coady como productor.

Fotografía: http://madcoolfestival.es/

Lejos de la repercusión que tuvieron “Souvlaki” y “Pygmalion”, este nuevo disco de los británicos mantiene un gran nivel que garantiza la continuidad de una banda con un magnetismo innato envidiable.

El LP comienza con Slomo, un embaucador y largo tema en el que la guitarra onírica, el teclado psicodélico y las majestuosas voces de Neil Halstead y Rachel Goswell reafirman el ‘nuevo comienzo’ mencionado anteriormente, aunque bebe del carácter mostrado en “Souvlaki”. Un excelente track de apertura para reflejar que los ingleses tienen claro que no han hecho este álbum por hacer. Star Roving conforma el single de presentación. Una composición que se antoja repetitiva pese a emanar una complejidad sonora que recuerda a The War On Drugs y otras bandas coetáneas, síntoma de que Slowdive se ha empapado de nuevas referencias. Este sonido contemporáneo puede apreciarse también en Don’t Know Why, una armonía onírica con una percusión contundente –en términos psicodélicos– que se acerca al experimentalismo de “Pygmalion” (1995, Creation Records).

El segundo single que se lanzó supone el mejor de la primera parte del elepé.Sugar For The Pill vuelve a los orígenes del grupo y certifica los motivos por los que Slowdive son una banda tan considerada. Con la voz de Halstead como protagonista absoluta, el tema invita al oyente a inmiscuirse en un hechizante efecto mecedor que durante más de cuatro minutos sirve de evasión. Todavía despertando del hipnotismo de “Sugar For The Pill”,Everyone Knows” mantiene el ambiente evocador del disco y ejerce de buen punto de inflexión, pese a pasar más desapercibido que su antecesor o que “Slomo”.

“Slowdive” opta por centrarse en la progresión que el dream pop y el shoegaze han experimentado con el transcurso de los años para, con apenas ocho canciones, convertirse en uno de los trabajos destacados del año manteniendo la esencia del grupo y una frescura justificada por la participación de los integrantes en proyectos paralelos.

Con No Longer Making Time volvemos al dream pop del siglo XXI y a la aparición de la distorsión como catalizador del ritmo mayestático del largo. La mezcla de un estribillo progresivo y un cuerpo que podría pertenecer a la atmósfera que The xx llevan representando más de una década, convierten a “No Longer Making Time” en otro de los puntos fuertes del álbum. Por su parte, Go Get It completa el aspecto más sucio de “Slowdive” y sigue la estela del anterior track. Con una distorsión creciente, la penúltima canción del LP cierra la trilogía de géneros donde los de Reading han jugado con sus inicios alternativos, el sonido hipnótico del dream pop actual y la distorsión comedida para cerciorar que su ansiado regreso está motivado por razones puramente artísticas que van más allá de la comercialidad. El tema que supone la clausura de la reaparición, Falling Ashes”, es el más desconcertante y monótono del elepé. Sus casi ocho minutos de duración reflejan una canción que posee una doble interpretación: por un lado, nos presenta al patito feo de un trabajo casi inmaculado a la altura de cualquiera de sus precedentes y, por otro, el hecho de que la banda no tiene miedo de ampliar su espectro y tantear otros géneros más grandilocuentes, aunque en “Falling Ashes” el resultado es agridulce y pomposo.

Aun así, la vuelta de Slowdive reafirma que no importa el paso del tiempo cuando se siguen las pautas adecuadas. Primero realizaron una pequeña gira en 2014 –parada en el Primavera Sound incluida– y tras ver que aún mantenían una gran sintonía, decidieron entrar en el estudio para crear un elepé que, lejos de la repercusión que tuvieron “Souvlaki” y “Pygmalion”, mantiene un gran nivel que garantiza la continuidad de una banda con un magnetismo innato envidiable.

Slowdive – Slowdive

7.7

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“Slowdive” es un gran disco en el que la banda británica disipa cualquier duda que podía surgir tras el anuncio de su lanzamiento. Con temas como “Slomo”, “Sugar For The Pill” o “No Longer Making Time” queda claro que, aunque el largo periodo de silencio mermó una carrera en permanente crecimiento, Slowdive anhelan una segunda oportunidad, con la ventaja de que conocen sus puntos fuertes y que sus miembros han estado al tanto de la evolución que han sufrido géneros como el dream pop y el shoegaze.

Up

  • “Slowdive” sirve para comprobar que el paso del tiempo no ha afectado en absoluto a una banda cuya personalidad y talento se mantienen intactos.
  • El ambiente sobrio y elegante que mantiene un grupo cuya corta trayectoria siempre ha sido alabada por crítica y público.
  • “Slomo”, “Sugar For The Pill” o “No Longer Making Time” entran dentro de los grandes éxitos de la banda.

Down

  • La voz de Rachel Goswell no es la de veinte años atrás. Mantiene su brillantez y limpieza, pero los fans más incondicionales de la banda quizá deban aceptar con resignación que, aunque el estilo del grupo se mantiene intacto, los integrantes son personas que están a punto de entrar en el medio siglo de vida.
  • Ante la falta de temas experimentales, el disco puede hacerse en ciertos momentos tedioso.
  • “Falling Ashes” es un cierre desconcertante que mancha el buen hacer del resto del LP. Ocho minutos de melodía eclesiástica que desentonan más de lo normal, debido a que el álbum se compone de sólo ocho canciones.

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