Creo que ocurrió en un ático de Nueva York. En los 70. Estábamos mirando una manta psicodélica cuyos colores y amebas giraban concéntricamente con gran armonía. A la vez, participábamos en un ritual sonoro. Fumábamos y escuchábamos el “The Dark Side Of The Moon”, discos viejos de Jethro Tull y algún bootleg de The Doors. Todos prestábamos atención a la música que salía de un primario tocadiscos que tenía pinta de haber funcionado en la URSS. Entonces, un tipo muy volado al que acababa de conocer me hizo la pregunta:

— ¿Te gustan Los Planetas?

Bueno, pensándolo mejor, puede que fuera el verano pasado. En Murcia. Nos habían invitado a un cumpleaños a mi chica y a mí. Mientras la mayoría de la gente normal pinchaba música en el portátil con Spotify, cuatro o cinco locos discutíamos –copa de vino en mano– si la cara B del “Abbey Road” es la mejor de la historia, mientras escuchábamos vinilos en la habitación de al lado. Al volver de golpe al presente, comenzamos a hablar de festivales.

— ¿Te gustan Los Planetas?
— La verdad es que sí. De hecho, voy a verlos al Low. No había escuchado nada de ellos, pero últimamente me ha dado muy fuerte. No sé, puede que sean mi nuevo grupo favorito del verano.

Automáticamente, como si el dragón de Bruce Lee del “Unidad de desplazamiento” cruzara nuestras mentes, nos miramos. Dos fans de Los Planetas conectan rápidamente. Porque se puede explicar cada sensación humana con sus temas. Las más primarias e instintivas. Porque sus canciones son, como diría Cesare Pavese: “con amor o con odio, pero siempre con violencia”.

Yo descubrí a Los Planetas hace muy poco. Con “Un Buen Día”. Me hacía gracia lo banal de la canción hasta llegar a la frase cumbre de “cuatro millones de rayas”. También me hace gracia que mucha gente odia esa canción precisamente por el mismo motivo. “El argumento es banal”, “la melodía es mediocre”, “no pasa nada en la canción”… No han detectado que la melodía cambia cuando se acuerda de ella. Cuando se le está jodiendo el día. Que la letra describe un día perfecto para cualquier artista trasnochado como J., pero se tuerce cuando le pinchan los recuerdos.

Poco después, en no sé qué reseña musical leí que la primera vez que el autor escuchó “Segundo Premio” su cabeza explotó. No tenía ni idea de lo que pasaba en esa canción, pero sabía que pasaba algo. Unos violines que no pintan nada ahí, unas guitarras cargadas de ruido, una letra de despecho monumental… Así que le di una oportunidad al disco “Una semana en el motor de un autobús” y ¡BOOM! Todo mi mundo musical empezó a orbitar en torno a sus compositores.

Como siempre que me obsesiono con un grupo, no me basta con una lista de reproducción. Accedo a toda su discografía y la voy repasando disco por disco. Es cierto que a veces no se entiende la letra o que algunas canciones son tan crípticas que caminan entre una obra cargada de simbolismo y lo que parece una broma de mal gusto para el oyente, pero seguí degustándolas. Y cada una me iba descubriendo un universo musical: a los Slowdive, a los Dinosaur Jr., a los Smashing, a My Bloody Valentine, Jesus and Mary Chain, Spiritualized, Ultra Vivid Scene… Los 90, esa época en la que yo estaba perdido en la vida escuchando pseudoflamenco en antros de música mala y alcohol peor, se me caían encima como libros de una estantería. Seguí buceando en su lado pop, me sumergí de lleno en la etapa de mayor brillantez compositiva y recorrí con ahínco y perseverancia el árido desierto de su etapa flamenca hasta llegar al Low.

Entonces, el cantante al que no se le entendían las letras de pronto se mostraba capaz de vocalizar a la perfección. Las atmósferas sonoras me transportaban de una canción a otra mientras las pantallas emitían vídeos ácidos y surrealistas. Cuando acabó el concierto, supe que esto no era un amor de verano.

— Sí, puede que sean mi nuevo grupo favorito.
— Cuando escuchas de verdad a Los Planetas pasa una cosa muy curiosa. Da igual lo que hagan, siempre te van a gustar porque son tu banda sonora, le ponen voz a lo que pasa por tu cabeza. Se convierten en el grupo de tu vida.

Su frase se me quedó grabada. Y lo entendí todo. Como diría El Pardo: “Yo no soy de izquierdas, tampoco de derechas. Yo sólo soy indie… Y fan de Los Planetas”.